¡Su Portentoso Futuro!

¡Su portentoso futuro!
Por Herbert W. Armstrong
Es algo verdaderamente asombroso. Algo que la ciencia no ha descubierto, que la educación superior jamás enseñó y que la religión organizada no ha revelado. ¿Por qué? Porque ha omitido de su doctrina el verdadero mensaje evangélico que Jesu­cristo trajo del cielo, el cual revela el extraordinario pro­pósito de la vida humana.
Prepárese para recibir la revelación más impresionante de su vida. ¿Quién no se sor­prende al enterarse de que la dimensión más importante de todo el saber fue traída a la Tierra por Jesucristo, procedente de Dios, y que ese mensaje fue suprimido en el primer siglo de nuestra era? ¿Que Jesucristo mismo fue muerto por haberla revelado? ¿Que sus apóstoles, quizá con una sola excepción, también sufrieron el martirio por haber­la proclamado?
Si la humanidad hubiese recibido y acatado este mensaje procedente del Dios vivo, habría evitado casi todos sus problemas, sufrimientos y males.
La palabra “evangelio” significa “buena noticia”. Este mensaje, cuando se entiende plenamente, revela un potencial humano tan estupendo, tan portentoso, que parece imposible creerlo. Sin embargo, ha estado oculto al mundo hasta ahora.
Es un mensaje que revela lo más importante acerca de la humanidad: qué es el hombre, con qué propósito está en la Tierra, a dónde vamos, cuál es el camino hacia la paz mundial,
la felicidad y la prosperidad, cuáles son los valores acertados, cuál el glorioso potencial humano y cómo se puede alcanzar.
Las respuestas a tales preguntas son el caudal de conocimiento más importante que jamás se haya ofrecido al hombre. Empero, este conocimiento fue rechazado, desprecia­do y pronto quedó suprimido.
El mensaje evangélico de Cristo, cuando se capta en toda su profundidad, revela lo que la ciencia ha sido totalmente incapaz de descubrir. Revela lo que las religiones de este mundo ignoran por completo. Revela lo que la educación superior jamás ha sabido ni enseñado.
Revela la verdad más maravillosa que la mente humana puede saber. Revela la dimensión perdida en el conocimiento, el conocimiento más vital y necesario para nosotros.
Fue la noticia más grandiosa jamás revelada por nuestro Hacedor. ¿Por qué, pues, quisieron rechazarla? ¿Por qué la aborrecieron y sentenciaron a muerte al mensajero que la trajo?
Sí, ¿por qué?
La respuesta es que la humanidad fue engañada. ¡Y todas las naciones están engañadas hoy!
El propósito de este folleto es revelar de qué manera estuvieron engañados los hombres y aclarar cuál es esa buena noticia.
El hecho es que la noticia fue suprimida. Aquella importantísima revelación del Dios viviente se dejó de proclamar al mundo hasta nuestra generación actual.
Aun hoy la mayor parte de la humanidad no ha escuchado el evangelio verdadero y glorioso. Y los millones que lo han oído están tan confundidos y adormecidos, anonadados por las religiones falsas y los “evangelios” ficticios, que no aciertan a distinguir la verdad. Esta, ciertamente, es más extraña que la ficción. Prepárese, pues, apreciado lector, para leer una verdad estupenda .. . difícil de creer, pero ¡cierta!
El maestro supremo del engaño
Hoy en día no es de buena pose intelectual creer en el diablo. Mas la revelación bíblica dice que existe.
Las profecías bíblicas dicen claramente que en nuestros tiempos el mundo entero sería engañado. Veamos una de estas predicciones en el libro de Apocalipsis, capítulo 12, versículo 9: “Y fue lanzado fuera el gran dragón, la serpiente antigua, que se llama diablo y Satanás, el cual engaña al mundo entero”.
Este Satanás se muestra aquí como el maestro supremo de todo engaño, el que ha embaucado al mundo entero. ¿Cómo pudo engañar a todo el género humano? En el tercer capítulo del libro de Génesis lo vemos como el ser astuto que engañó a nuestra madre Eva, y por medio de ella logró que Adán cometiera el primer pecado jamás incurrido por un ser humano.
Cuando Jesús nació en Belén, Satanás seguía aquí en la Tierra como “el dios de este mundo” (II Corintios 4:4, versión de Reina-Valera, revisión de 1977). También es el “príncipe de la potestad del aire” (Efesios 2:2) que ejerce su influencia sobre toda la humanidad.
El mensaje de Cristo reveló una noticia futura: el final del poder satánico sobre el mundo y el destierro de Satanás. Reveló que Cristo vendría como su sucesor para hacerse cargo del gobierno. Satanás se vio precisado a esforzarse al máximo para impedir que tal mensaje fuera proclamado al mundo.
¿Cómo ingeniárselas para lograrlo?
Primero, intentó matar al niño Jesús antes de que se hiciera adulto y proclamara el mensaje. Influyó al rey Herodes, gobernante romano sobre la tierra de Israel, para que hiciera matar a todos los niños menores de dos años en Belén y sus alrededores. Mas José y María, advertidos por Dios, huyeron a Egipto con el niño y permanecieron allí hasta la muerte de Herodes.
Más tarde, cuando Jesús tenía unos 30 años, Satanás quiso destruirlo espiritualmente antes de que El pudiera predicar palabra alguna de su mensaje. No obstante, la suprema tentación que ideó para hacer caer a Jesús cumplió el propósito contrario, pues con esa misma prueba Jesús se mostró apto para deponer a Satanás y convertirse en gobernante de todas las naciones.
Así, Jesús se hizo apto para restablecer el gobierno y el reino de Dios aquí en la Tierra. Sin embargo, según el plan maestro de Dios, Cristo no habría de ejercer su gobierno hasta que se hubiesen cumplido 6000 años de vida humana. Jesús, pues, siguió adelante con la misión que lo había traído a la Tierra: proclamó su mensaje y lo enseñó a sus discípulos.
Satanás, empero, seguía siendo el poder invisible que guiaba al mundo. Aunque muchos judíos que oyeron la predicación de Cristo creyeron en El como el Mesías prometido, la influencia satánica los puso en contra de su mensaje y no creyeron el evangelio.
¿Cómo es que Satanás engaña, mueve y desorienta a la humanidad? Más adelante daremos la sorprendente respues­ta.
El evangelio es rechazado
Veamos cómo y por qué el evangelio de Cristo llegó a ser rechazado.
En el capítulo octavo de Juan, versículos 30-46, leemos lo siguiente: “Hablando él estas cosas, muchos creyeron en El. Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en El: Si vosotros permaneciereis en mi palabra [su mensaje], seréis verdaderamente mis discípulos … pero procuráis matarme, porque mi palabra [su evangelio] no halla cabida en voso­tros … Pero ahora procuráis matarme a mí, hombre que os he hablado la verdad, la cual he oído de Dios … porque yo de Dios he salido, y he venido; pues no he venido de mí mismo, sino que él me envió … Y a mí, porque digo la verdad, no me creéis … Pues si digo la verdad, ¿por qué vosotros no me creéis?”
A su debido tiempo los romanos crucificaron a Jesús, mas El, resucitando de entre los muertos, ascendió al cielo y desde allí envió el Espíritu Santo de Dios para sus discípulos.
Los apóstoles de Cristo salieron como El los había comisionado y proclamaron su mensaje al mundo. Se fundó la Iglesia de Dios (en el año 31 D.c.) para respaldar la procla­mación del mensaje. La Iglesia empezó a crecer y multiplicar­se.
Satanás, por su parte, estableció a un poderoso dirigente religioso pagano con una religión falsa: la antigua religión babilónica de los misterios. Tramó un “evangelio” falso y aun se apoderó del nombre de Cristo llamando a esa religión “cristianismo”.
Sé que muchos quedarán estupefactos ante tal revela­ción. Sé que hoy, 1900 años más tarde, es difícil creerla. Mas no por eso deja de ser cierta.
El “evangelio” falso
En Samaría, al norte de Jerusalén, vivía un pueblo gentil a quienes los judíos de la época de Cristo llamaban despecti­vamente “perros”. El rey Salmanasar de Asiria, y otros, los habían transportado allí desde diversas regiones del Imperio Babilónico alrededor del año 700 A.c. (ver II Reyes 17:18, 21-24). Ese pueblo gentil llevó a la tierra de Samaría su religión babilónica de los misterios. En los Hechos de los Apóstoles, capítulo 8, se habla del jefe religioso que tenían en tiempos de Cristo: Simón el mago.
En el año 31 d.c. Cristo levantó la Iglesia de Dios para que respaldara a sus apóstoles en la misión de proclamar el mensaje evangélico. Ya en el año 33, luego de un período de crecimiento asombroso, sobrevino una gran persecución con­tra la Iglesia de Dios (Hechos 8:1). En esa época Simón el mago se hizo bautizar junto con una multitud de personas. Luego ofreció dinero a los apóstoles Pedro y Juan intentando comprar un cargo de apóstol en la Iglesia de Dios; pero fue, desde luego, rechazado y reprendido.
Simón el mago se apropió entonces el nombre de Cristo, llamando cristianismo a su religión babilónica. Satanás influyó en él y lo empleó como su instrumento para perseguir y casi destruir a la verdadera Iglesia de Dios. Antes de finalizar el primer siglo de nuestra era, probablemente alrededor del año 70, había logrado suprimir la predicación del mensaje que Cristo trajo de parte de Dios.
Trascurrió entonces el “siglo perdido” en la historia de la verdadera Iglesia de Dios. Hubo una conspiración bien organizada para borrar toda constancia de la Iglesia durante ese período. Cien años más tarde la historia nos muestra un “cristianismo” completamente distinto de la Iglesia que Cristo había fundado.
Este “cristianismo” había tomado el nombre de Cristo y lo había aplicado a la religión babilónica. Había remplazado el mensaje que Jesús trajera de Dios con un “evangelio” acerca de la persona de Cristo. Proclamaba al mensajero, mas suprimía toda la esencia de su mensaje: lo que ha venido a ser la dimensión perdida en el conocimiento.
Por espacio de unos 18 siglos y medio el verdadero evangelio quedó suprimido en el mundo.
Se difunde “otro evangelio”
Ya para el año 58, cuando el apóstol Pablo escribió su carta a los gálatas, muchos se habían dejado arrastrar por el nuevo “evangelio”. Estas son las palabras de Pablo: “Estoy maravillado de que tan pronto os hayáis alejado del que os llamó por la gracia de Cristo, para seguir un evangelio diferente. No que haya otro [porque ese no era una buena nueva], sino que hay algunos que os perturban y quieren pervertir el evangelio de Cristo” (Gálatas 1:6-7).
Alrededor del año 54 escribió a los tesalonicenses: “Porque ya está en acción el misterio de la iniquidad …” (II Tesalonicenses 2:7). Pablo se refería a la religión de los misterios establecida por Simón el mago (Hechos 8:9), una religión de iniquidad, de ilicitud, una religión que rechazaba la ley de Dios.
La iglesia falsa y la verdadera
El libro de Apocalipsis nos presenta dos iglesias, ambas con el nombre de Cristo. Una, descrita en el capítulo 12, es la verdadera Iglesia de Dios, numéricamente pequeña, reducida por la persecución y el martirio, pero obediente a la ley de Dios y aborrecida por Satanás. La otra, en el capítulo 17, se denomina “Babilonia la grande, la madre de las rameras y de las abominaciones de la tierra” (versículo 5). Es, en otras palabras, la religión babilónica de los misterios sumida en la iniquidad y que ha abolido la ley de Dios.
En tiempos del apóstol Pablo los ministros de Simón el mago andaban perturbando a los corintios, por lo cual Pablo escribió a éstos: “Porque os celo con celo de Dios; pues os he desposado con un solo esposo, para presentaros como una virgen pura a Cristo [la Iglesia verdadera, en la resurrección, se casará espiritualmente con Cristo], Pero temo que como la serpiente con su astucia engañó a Eva, vuestros sentidos sean de alguna manera extraviados de la sincera fidelidad a Cristo. Porque si viene alguno [un ministro de Simón el mago] predicando a otro Jesús del que os hemos predicado, o si recibís otro espíritu [el de rebelión y desobediencia] que el que habéis recibido, u otro evangelio . . (II Corintios 11:2-4).
Nótese que estos ministros estaban predicando otro Jesús así como otro evangelio y seguían otro espíritu: no el de obediencia sino el de rebelión. Tal engaño ha persistido a lo largo de los siglos y es el que rige hoy. Los falsos ministros tomaron el nombre de Cristo y lo aplicaron a su religión babilónica. No sólo presentaron un evangelio falso sino también un falso espíritu de egocentrismo y un Jesús falso, muy distinto al Jesús de la Biblia. Acerca de estos falsos ministros Pablo también dijo a los corintios: “Porque éstos son falsos apóstoles, obreros fraudulentos, que se disfrazan como apóstoles de Cristo. Y no es maravilla, porque el mismo Satanás se disfraza como ángel de luz. Así que, no es extraño si también sus ministros se disfrazan como ministros de justicia ..(II Corintios 11:13-15).
Desenmascarados por Pedro, Juan y Judas
También Pedro se refirió a estos engañadores en los siguientes términos: “Pero hubo también falsos profetas entre el pueblo, como habrá entre vosotros falsos maestros, que introducirán encubiertamente herejías destructoras … Y muchos seguirán sus disolusiones, por causa de los cuales el camino de la verdad será blasfemado, y por avaricia harán mercadería de vosotros con palabras fingidas …” (II Pedro 2:1-3).
Juan se refirió así a los ministros corruptores del evangelio que se negaban a seguir el camino de Dios: “El que dice: Yo le conozco, y no guarda sus mandamientos, el tal es mentiroso, y la verdad no está en él” (I Juan 2:4). “Salieron de nosotros, pero no eran de nosotros; porque si hubiesen sido de nosotros, habrían permanecido con nosotros ..(I Juan 2:19).
Judas nos advierte que debemos contender “ardiente­mente por la fe que ha sido una vez dada a los santos. Porque algunos hombres han entrado encubiertamente, los que desde antes habían sido destinados para esta condenación, hombres impíos, que convierten en libertinaje [licencia para desobede­cer] la gracia de nuestro Dios … de la misma manera también estos soñadores mancillan la carne, rechazan la autoridad y blasfeman de las autoridades superiores .. . ¡Ay de ellos! porque han seguido el camino de Caín, y se lanzaron por lucro en el error de Balaam, y perecieron en la contradicción de Coré. Estos son manchas en vuestros ágapes… nubes sin agua, llevados de acá para allá por los vientos … dos veces muertos y desarraigados; fieras ondas del mar, que espuman su propia vergüenza; estrellas errantes, para las cuales está reservada eternamente la oscuridad de las tinieblas” (Judas 3-4, 8, 11-13).
La palabra “evangelio” resulta confusa hoy
Aun la palabra “evangelio” se presta a confusión. El mundo ha sido inundado de “evangelismo” por la radio, la televisión, la palabra impresa y la predicación personal.
Si le decimos a alguien que el evangelio no ha sido predicado al mundo en los últimos 18 siglos y medio, pensará que estamos fuera de nuestros cabales. Mas el “evangelio” que se ha proclamado tan activamente todo este tiempo es un evangelio falso, pues habla del mensajero pero hace caso omiso de su mensaje. Este falso evangelio supone que Dios está tratando de salvar al mundo entero ahora. No obstante, los predicadores de tal mensaje ni siquiera saben lo que es la salvación ni mucho menos cómo se alcanza.
¿Cómo es posible que el mundo esté tan engañado? ¿Qué había en el mensaje evangélico de Cristo que motivó al diablo, poderoso e invisible, a suprimirlo y falsificarlo?
¿Qué es el verdadero evangelio?
El verdadero evangelio es la buena noticia que Dios envió desde el cielo por medio de Jesucristo. Ese mensaje, cuando se entiende plenamente, revela un potencial humano tan estu­pendo que al principio parece totalmente imposible de creer. Se trata de una noticia increíblemente maravillosa revelada por el Creador.
Revela la verdad más grandiosa que la mente humana pueda conocer.
Revela lo que hemos llamado la dimensión perdida en el conocimiento: ¡el conocimiento más necesario y más vital para el hombre!
¿Estamos aquí para cumplir algún propósito? ¿Cuál es ese propósito? ¿Tiene la existencia humana algún objetivo o significado que todo el mundo ignora? ¡Se trata de conoci­mientos esenciales que están fuera del alcance de la ciencia, la religión y la educación!
La dimensión perdida en el conocimiento
Si existe un propósito para la existencia humana, ¿de qué se trata? ¿Por qué nacimos? ¿Hacia dónde nos dirigimos? ¿Cuál es el potencial trascendental del hombre? ¿Cuál es el camino hacia ese fin? ¿Cómo lo alcanzamos?
¿Cuál es el camino hacia la paz entre individuos, naciones y grupos?
¿Por qué existe el mal en el mundo? ¿Por qué no podemos solucionar nuestros males? Sí, hay una manera, un camino, ¡y el evangelio lo revela! Es una ley básica que opera inexorablemente.
¿En qué consiste la naturaleza humana? ¿Acaso la creó Dios y la inculcó en la mente del hombre para perturbarnos? ¿Es algo que se hereda? ¿Cómo actúa? Ni la ciencia, ni las religiones ni el sistema educativo del mundo lo pueden decir.
¿Qué es la mente humana y en qué difiere del cerebro animal? ¿Por qué, siendo ella capaz de inventar una compu­tadora y de enviar hombres a la Luna, no puede resolver los problemas humanos en la Tierra ni le permite al hombre vivir en paz con sus semejantes?
¿Qué es el hombre? ¿Qué somos nosotros, al final de cuentas? La ciencia no puede descubrir ese secreto. Las religiones jamás lo han explicado correctamente. Pero el verdadero evangelio, cuando se entiende plenamente, revela las respuestas. ¡Y son la verdad!
¿Cuáles son los valores correctos? ¿Qué es importante y qué es insignificante? La humanidad disipa sus energías persiguiendo valores errados. Desperdicia sus esfuerzos y su mente persiguiendo metas inútiles que una vez alcanzadas no valen la pena.
El verdadero evangelio, cuando se entiende a fondo, explica el origen del diablo. ¿Creó Dios a este ser para desorientar y perturbar a la humanidad? El evangelio explica cómo Satanás llegó a convertirse en la gran potencia invisible y oculta que guía al mundo y lo gobierna. Explica por qué Satanás desplegó todas sus argucias y toda su sutileza para reprimir, por medio de los humanos en quienes influyó, este importantísimo mensaje que Dios envió al hombre por medio de Jesucristo.
Recordemos: Si el hombre hubiese acatado el mensaje del evangelio, éste le habría ahorrado casi todos sus problemas, angustias, sufrimientos y males.
Me es imposible, en pocas palabras, decir esto con la claridad y el énfasis que merece para que el lector comprenda el grandioso y trascendental significado, la importancia de aquel verdadero mensaje evangélico.
Aun hoy, cuando sí llega a escucharse, muy pocos captan de verdad todo su profundo significado porque Satanás ha levantado una espesa nube de religiones falsas, evangelios ficticios y enseñanzas erradas que dejan al lector o al oyente confundido, dudoso e incrédulo … o bien indiferente ante las cosas más importantes de la vida.
No obstante, el Dios Todopoderoso ha decretado que, justamente antes de terminarse esta era, se predique “este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin” (Mateo 24:14). Este es el mensaje que el eterno Dios está comunicando ahora por medio de su actual apóstol a los jefes de gobierno en distintas capitales del mundo.
El evangelio verdadero es el tema más amplio que puede entrar en la mente del hombre cuando se le capta con todo lo que encierra: su razón de ser, la verdad acerca de los primeros habitantes de la Tierra en tiempos prehistóricos, la razón por la cual fue creado el hombre, la causa de todos los males y sufrimientos humanos, la salvación espiritual y por qué es necesaria, el mundo de paz que nos espera, lo que hay más allá y el increíble potencial del hombre. Ante tal mensaje, todo lo demás se reduce a minucias. Esto es más grande que cualquier historia humana jamás escrita.
¿Cuál fue el evangelio de Cristo?
Dios Padre había prometido enviar al mundo un mensa­jero que traería consigo un mensaje para toda lá humanidad.
La promesa aparece en Malaquías 3:1: “He aquí, yo envío mi mensajero, el cual preparará el camino delante de mí [este mensajero fue Juan el Bautista, como se explica en Marcos 1:2]; y vendrá súbitamente a su templo el Señor a quien vosotros buscáis, y el ángel [o, más correctamente, el mensajero] del pacto, a quien deseáis vosotros ..El “Se­ñor” se refiere, desde luego, a Jesucristo.
Esta fue la profecía, y su cumplimiento se relata en el primer capítulo del Evangelio de Marcos: “Principio del evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios”. Sigue entonces la historia de Juan el Bautista, quien preparó el camino para su venida. Los versículos 12 y 13 narran la tentación de Jesús cuando Satanás intentó destruirlo espiritualmente antes de que pudiera proclamar el mensaje que traía de Dios Padre.
A continuación, en los versículos 14 y 15, leemos: “Después que Juan fue encarcelado, Jesús vino a Galilea predicando el evangelio …” ¿Cuál evangelio? .. el evange­lio del reino de Dios”. Este es el evangelio que Cristo proclamó. El mensaje que trajo fue acerca del reino de Dios.
¡Este es el mensaje que Dios quiso hacer proclamar como testimonio a todas las naciones! Mas desde el primer siglo de nuestra era el mundo nada ha sabido acerca del reino de Dios porque ese mensaje dejó de proclamarse entonces.
Dicho mensaje, explicado y comprendido a fondo, abarca una esfera muy amplia de conocimiento revelado. Revela, repetimos, lo que la ciencia ha sido totalmente incapaz de descubrir, lo que la religión jamás ha revelado, lo que el sistema educativo de este mundo nunca ha sabido ni enseñado.
Puntos claves
Hay varios puntos que merecen atención especial.
Uno de ellos se encuentra en la profecía de Malaquías: A Cristo se le llama un mensajero y también el “ángel” (mejor dicho, mensajero o enviado) del pacto. Esto es sumamente significativo, como veremos más adelante.
Nótense también los versículos 14 y 15 del primer capítulo de Marcos. Jesús fue a Galilea “predicando el evangelio del reino de Dios, diciendo: El tiempo se ha
cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentios, y creed en el evangelio”.
¿Qué quiere decir “el tiempo se ha cumplido”? ¿Por qué se acercó el reino de Dios en aquella época y no antes? Estos puntos son de gran importancia.
Ahora, antes de explicar más detalladamente lo que es el reino de Dios, notemos que éste es, definitivamente, el mismo mensaje del evangelio, el que Cristo trajo de Dios Padre, el mismo evangelio que proclamaron los apóstoles, el mismo que Pablo predicó a los gentiles.
Cristo no trajo otro evangelio
Jesucristo dijo: “Es necesario que también a otras ciudades anuncie el evangelio del reino de Dios; porque para esto he sido enviado” (Lucas 4:43).
Jesús comisionó a sus discípulos para que predicaran el reino de Dios. “Habiendo reunido a sus doce discípulos … los envió a predicar el reino de Dios” (Lucas 9:1-2).
“Pero cuando creyeron a Felipe, que anunciaba el evangelio del reino de Dios y el nombre de Jesucristo, se bautizaban hombres y mujeres” (Hechos 8:12).
“Y recorrió Jesús toda Galilea, enseñando en las sinago­gas de ellos, y predicando el evangelio del reino” (Mateo 4:23).
Las parábolas de Jesús se referían asimismo al reino de Dios. Al explicar la parábola del sembrador, dijo a sus discípulos: “A vosotros os es dado conocer los misterios del reino de Dios …” (Lucas 8:10), y entonces les explicó la parábola.
En otra ocasión dijo: “¿A qué es semejante el reino de Dios, y con qué lo compararé?” (Lucas 13:18), y luego les relató la parábola del grano de mostaza.
“Y volvió a decir: ¿A qué compararé el reino de Dios? Es semejante a la levadura …” (Lucas 13:20-21). Una de las parábolas más importantes aparece en el capítulo 19 de Lucas: “… prosiguió Jesús y dijo una parábola, por cuanto estaba cerca de Jerusalén, y ellos pensaban que el reino de Dios se manifestaría inmediatamente” (Lucas 19:11). En aquella oportunidad Jesús narró a sus discípulos la parábola del hombre noble que fue a un país lejano para recibir un reino y regresar. Esto representa su propio ascenso al cielo, donde había de efectuarse la coronación, y su regreso a la Tierra para gobernar a todas las naciones como Rey de reyes y Señor de señores con toda la majestad y la gloria del gran Dios.
¿Qué evangelio predicaron Pablo y los demás apóstoles?
Resucitado Cristo, los apóstoles estuvieron con El por espacio de 40 días. ¿Hablaron entre ellos de algún otro evangelio distinto al del reino de Dios? Nótese que Lucas relató las cosas que Jesús hizo y dijo “hasta el día en que fue recibido arriba, después de haber dado mandamientos por el Espíritu Santo a los apóstoles que había escogido; a quienes también, después de haber padecido, se presentó vivo con muchas pruebas indubitables, apareciéndoseles durante 40 días y hablándoles acerca del reino de Dios …” (Hechos 1:2-3).
Vemos que después de su resurrección Cristo habló con sus discípulos “acerca del reino de Dios”. Y justamente antes que El ascendiera al cielo le preguntaron: “Señor, ¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo?” (Hechos 1:6). Los apóstoles, al parecer, nunca pudieron entender que el reino de Dios no sería establecido en la Tierra en vida de ellos, aunque Jesús lo había explicado claramente, sobre todo en la parábola de las 10 minas (Lucas 19).
Dos años después de fundada la Iglesia de Dios, lo cual tuvo lugar el día de Pentecostés del año 31 d.c., comenzó el movimiento falso encabezado por Simón el mago. El libro histórico de los Hechos de los Apóstoles así lo relata: “En aquel día hubo una gran persecución contra la iglesia que estaba en Jerusalén; y todos fueron esparcidos por las tierras de Judea y de Samaría, salvo los apóstoles … Pero los que fueron esparcidos iban por todas partes anunciando el evangelio”.
¿Cuál evangelio? Continuemos la lectura: “Entonces Felipe, descendiendo a la ciudad de Samaría, les predica­ba… Pero cuando creyeron a Felipe, que anunciaba el evangelio del reino de Dios y el nombre de Jesucristo, se bautizaban hombres y mujeres” (Hechos 8:1-12).
El apóstol Pablo predicó en Efeso con valentía: “Y entrando Pablo en la sinagoga, habló con denuedo por espacio de tres meses, discutiendo y persuadiendo acerca del reino de Dios” (Hechos 19:8).
En otro viaje, estando en Mileto, Pablo convocó a los ancianos de la iglesia en Efeso y, despidiéndose de ellos, les dijo: “Y ahora, he aquí, yo sé que ninguno de todos vosotros, entre quienes he pasado predicando el reino de Dios, verá más mi rostro” (Hechos 20:25).
Estando en Roma, .. vinieron a él muchos a la posada, a los cuales les declaraba y les testificaba el reino de Dios .. (Hechos 28:23). También en Roma, Pablo permaneció dos años en una casa alquilada “y recibía a todos los que a él venían, predicando el reino de Dios …” (Hechos 28:30-31).
¿Acaso Pablo predicó algún otro evangelio? A los gálatas escribió lo siguiente: “Mas si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema. Como antes hemos dicho, también ahora lo repito: Si alguno os predica diferente evangelio del que habéis recibido, sea anatema” (Gálatas 1:8-9).
Los versículos 6 y 7 nos muestran que, no obstante, los gálatas ya estaban haciendo caso de otro evangelio.
Jesús se refirió a su mensaje del reino de Dios como la “palabra” que El hablaba. Y el libro de los Hechos ratifica una y otra vez que los apóstoles iban a todos los lugares predicando la misma “palabra”, es decir, el evangelio del reino de Dios.
Los “evangelios” que se predican hoy
Son muchos los programas de radio y televisión que afirman predicar el evangelio. Dicen predicar a Cristo. Quizá alguien diga: “Bueno, ¿qué hay de malo en predicar acerca de Cristo?” O bien: “¿Por qué no ha de predicarse un evangelio de gracia?” O: “¿Qué hay de malo en que se predique un mensaje sobre la salvación?” Hemos demostrado, citando las Sagradas Escrituras, que desde el primer siglo ya se estaba predicando a un Jesús diferente, un Cristo que supuestamente abolió los mandamientos de su Padre y que convirtió la gracia en libertinaje para desobedecer (II Corintios 11:4, 13-14 y Judas 4). No se predica al Jesús verdadero quien dijo: “Yo he guardado los mandamientos de mi Padre”, dando ejemplo para que nosotros hiciéramos lo mismo.
Si quienes proclaman el evangelio de salvación compren­dieran y proclamaran lo que la salvación realmente es, ya sea ir a determinado lugar o bien cambiar de condición, o si dijeran dónde y cómo se alcanza, tal vez esto formaría parte del evangelio verdadero. Mas los programas religiosos de hoy no enseñan lo que la salvación realmente es ni cómo se puede recibir. Cuando un ciego guía a otro, entonces ambos caen en el hoyo.
¿Qué es el reino de Dios?
Ya es hora de que comprendamos lo que es el reino de Dios.
¿Qué es un reino? La Biblia habla de varios reinos. El primer imperio mundial, el caldeo, llamado a menudo Babilonia, fue un reino. El profeta Daniel, inspirado por Dios, le habló así a Nabucodonosor, rey de ese imperio: “Tú, oh rey, eres rey de reyes; porque el Dios del cielo te ha dado reino, poder, fuerza y majestad” (Daniel 2:37). También estaba el reino de Israel, o sea la familia formada por los descendientes de Israel que se convirtió en una de las naciones o gobiernos de este mundo.
El reino de Israel fue un anticipo del reino de Dios, el cual estará formado por los hijos de Dios nacidos del Espíritu: la familia de Dios organizada como un reino gobernante. Por lo tanto, el reino de Dios será a la vez dos cosas:
Un gobierno. Un gobierno o reino está formado por cuatro elementos: (a) un rey que gobierna sobre (b) un pueblo formado por los súbditos o ciudadanos dentro de (c) una extensión territorial definida con (d) leyes y un sistema para administrarlas.
Una familia. El reino de Israel, por ejemplo, era la familia formada por los descendientes de Israel. En este caso será la familia de Dios, dentro de la cual podrán nacer los seres humanos. Será una familia gobernante, con jurisdicción sobre todas las naciones, es decir, sobre el mundo entero y más tarde sobre todo el universo.
El reino: un gobierno
Jesucristo será el rey en el gobierno de Dios. Es el Hijo de Dios, a quien se dirigía como su Padre. Cuando la Iglesia, mediante una resurrección o cambio instantáneo de mortal en inmortal (de composición física en espiritual) se convierta en la familia de los hijos espirituales de Dios, Cristo se desposará con ella, la cual vendrá a ser su esposa. Tendremos, pues, una relación de familia: ¡la familia divina!
Veamos ahora algunas profecías:
“Por tanto, el Señor mismo os dará señal: He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emanuel [nombre que significa “Dios con nosotros”]” (Isaías 7:14).
“Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de paz. Lo dilatado de su imperio y la paz no tendrán límite, sobre el trono de David y sobre su reino, disponiéndolo y confirmándolo en juicio y en justicia desde ahora y para siempre. El celo del Eterno de los ejércitos hará esto” (Isaías 9:6-7).
El ángel Gabriel es un superarcángel, un querubín (de los tres que menciona la Biblia). Y está escrito: “Al sexto mes [del embarazo de Elisabet] el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposa­da [comprometida] con un varón que se llamaba José, de la casa de David; y el nombre de la virgen era María. Y entrando el ángel en donde ella estaba, dijo: ¡Salve, muy favorecida! El Señor es contigo; bendita tú entre las mujeres … Entonces el ángel le dijo: María, no temas, porque has hallado gracia delante de Dios. Y ahora, concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre Jesús. Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre; y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin” (Lucas 1:26-33).
Cuando Jesús era juzgado ante Pilato, éste le preguntó si era rey, a lo cual Cristo respondió: “Tú dices que yo soy rey. Yo para esto he nacido, y para esto he venido al mundo, para dar testimonio a la verdad” (Juan 18:37).
Mas Jesús explicó también a Pilato que su reino o gobierno no era de este mundo, o sea de este tiempo o de esta era: “Mi reino no es de este mundo … mi reino no es de aquí” (Juan 18:36).
¿De qué trata el evangelio de Cristo?
El evangelio de Cristo, o sea el mensaje que El trajo del Padre, fue la buena nueva del establecimiento del reino de Dios en la Tierra. ¿Qué incluye dicho reino? ¿Por qué es necesario? ¿Cómo se relaciona con nuestra vida individual y personal? ¿En qué forma nos afecta?
El mensaje de Cristo acerca del futuro reino de Dios tiene que ver con las condiciones mundiales de hoy, con la naturaleza humana y su origen, y con los males, los sufri­mientos y la infelicidad del mundo, así como la paz universal. Tiene que ver con gobiernos. Explica por qué los gobiernos humanos no son benefactores del pueblo como deberían ser.
El mensaje toca la esencia misma de la felicidad personal y el potencial trascendental de cada vida humana. Tiene que ver con las causas de las actuales condiciones que afectan a todo ser humano, y con el camino que resolverá todos los problemas. Y abarca mucho, mucho más.
Incluye el grandioso e increíble propósito de Dios como Creador de todo lo que existe. Se relaciona con el inmenso universo, con sus incontables galaxias, nebulosas, soles, estrellas y planetas, y con el plan que Dios tiene para cada uno de estos astros.
Se refiere también a los ángeles, al hecho de que una tercera parte de ellos escogiera el pecado, y tiene que ver con el gran propósito y plan de Dios para impedir que el mismo desastre ocurra a los demás.
Las enseñanzas religiosas de este mundo no toman en cuenta tales cosas. El mensaje de Dios tiene que ver con toda la verdad.
¡El increíble potencial humano es por fin revelado!
No parece lógico el hecho de que la humanidad haya sido dotada de unas facultades mentales realmente asombrosas y que al mismo tiempo más de la mitad de la población mundial viva sumida en el analfabetismo, la miseria, el hambre, la suciedad y el abandono.
¿No parece paradójico que la civilización humana haya desarrollado la ciencia, la educación superior, las religiones y las instituciones gubernamentales, pero que nadie conozca el camino de la paz mundial? Nadie puede decirnos lo que es el hombre, si su existencia en la Tierra obedece a algún propósito, cuál es ese propósito, a dónde vamos o cómo llegaremos allí. ¿Parece racional que el hombre, dotado de poderes tan formidables, se haya acarreado tanta infelicidad, tantos problemas y males? ¿Acaso lo dispuso así el Creador, el Dios Todopoderoso?
Es hora de aclarar este misterio. Es hora de plantear la respuesta a estas preguntas aparentemente insolubles que desconciertan a todos los pensadores.
El hombre ha rechazado este conocimiento
¿Cuál es el conocimiento más necesario? Es el entendi­miento de lo que es el hombre, la razón por la cual está en la Tierra; el conocimiento de cómo realizar su propósito y del camino a la paz entre individuos, grupos y naciones; la comprensión de la causa de los males de la humanidad y de la solución para los mismos; el conocimiento de los valores acertados: qué es importante y qué carece de valor.
Esta es la dimensión que falta en el saber.
Analicemos la situación que impera en nuestro vibrante siglo 20. Se supone que esta es la era del esclarecimiento y de la producción masiva de conocimientos. Mas la ciencia y la educación han rechazado la única fuente del conocimiento básico: la revelación. Ninguna religión nos ha dado este conocimiento, si bien todo se halla en el libro que supuesta­mente sirve de base para las creencias de tres grandes religiones del mundo.
Analicemos la situación existente hace más de 1900 años. Jesucristo vino del cielo con un mensaje de Dios, el cual contenía este conocimiento. Pero aun de los que creyeron en El, la mayoría rechazaron su mensaje y lo hicieron crucificar a El por haberlo predicado. Los apóstoles salieron a predicar el mismo mensaje y también sufrieron martirio, quizá con una excepción. Antes de terminado el primer siglo, el mensaje del evangelio de Cristo ya estaba suprimido y se estaba procla­mando un “evangelio” falso.
Volvamos ahora a los albores de la vida humana en este planeta. Nuestros primeros padres rechazaron este mismo conocimiento revelado a ellos personalmente por su Hacedor. No creyeron lo que El dijo, mas sí aceptaron las mentiras de Satanás. Desobedecieron robando del fruto prohibido. Se arrogaron el conocimiento de lo que es bueno y lo que es malo, y desde entonces toda la humanidad ha seguido su ejemplo.
Sin embargo, el Eterno Dios no ha querido dejarnos sin este conocimiento. Por el contrario, lo ha revelado y ha ofrecido su verdad a quienes estén dispuestos a creer sus palabras. Esta verdad está en la Santa Biblia, el Libro de los libros, inspirado por Dios.
Se trata del libro de mayor venta en el mundo, que al mismo tiempo ha sido mal interpretado, tergiversado, torcido y desvirtuado como ningún otro.
Los hombres han escrito incontables millones de libros. Los lectores creen lo que hay en estos volúmenes, aunque puedan estar total o parcialmente equivocados y carentes de verdad.
Nadie duda que tales libros están diciendo exactamente lo que se lee en ellos. Mas tratándose de la Biblia exclaman: “¡No hay que tomar la Biblia al pie de la letra!” No creen que este libro quiera decir lo que dice. Es la Palabra misma del Dios viviente, pero se niegan a creer lo que Dios dice.
Así, la humanidad incrédula sigue su camino tropezando y tambaleando, acrecentando las montañas de dolor, sufri­miento, infelicidad, tristeza y muerte.
Mientras tanto, el Eterno Dios de verdad y misericordia ofrece, en estos tiempos finales del presente siglo malo, conocimientos esenciales y conmovedores para quienes estén dispuestos a creer lo que El dice y a obedecerlo.
Hace más de 50 años, al ver las pruebas, yo llegué a creer y obedecer.
El Dios viviente, por medio de su Palabra, me abrió el entendimiento para ver el asombroso potencial humano, la dimensión perdida en el conocimiento, las causas de los males del hombre, el camino hacia la paz mundial y cómo ésta por fin se hará realidad. Ese mismo Dios de toda la creación está abriendo las puertas para que yo sea bien recibido por jefes de estado en todo el mundo como “embajador sin cartera” que aboga por la paz mundial y como constructor de puentes en favor de la paz.
El vasto universo … y el hombre
En este Libro de los libros Dios se revela como Creador de todo, no sólo de la Tierra y el hombre sino también de todo el universo ilimitado. El Hacedor del hombre es también Creador de todo lo que existe. En una noche clara y despejada podemos admirar el cielo tachonado de estrellas. ¿Habrá algún nexo entre las galaxias con sus soles y planetas … y nosotros mismos?
En esta exposición del increíble potencial humano conviene mirar primero el propósito general que ha tenido el Creador del universo.
El lector recibirá conocimientos nuevos y asombrosos: verá el potencial increíblemente grande para el cual fue creado el hombre.
Winston Churchill declaró una vez ante el Congreso de los Estados Unidos que aquí en la Tierra se estaba cumplien­do un propósito. Pocos saben cuál es, aunque ha sido revelado claramente. ¡Y es la verdad más profunda y maravillosa, la fuente de esperanza más grande que se pueda revelar!
¿Nunca le han intrigado los incontables millones de estrellas que brillan en la noche oscura? A veces parecen destellos de un cohete estupendo que se hubiese desintegrado en una resplandeciente lluvia de luz.
Muchas de esas estrellas son soles inmensos, mucho más grandes que el nuestro. La mayoría probablemente están rodeados de planetas como nuestro sistema solar.
¿Nunca se ha puesto usted a pensar en estos astros? ¿Estará habitado alguno de ellos? ¿Son cuerpos celestes que han evolucionado según las teorías de los astrónomos, biólogos y geólogos? O bien, ¿fueron creados por un ser creador omnisapiente y todopoderoso? ¿Fueron creados y colocados en el espacio con alguna finalidad? ¿Habrá vida en alguno de esos planetas? ¿O son como nuestra Luna: astros muertos, vacíos, inhóspitos? Si se encuentran en estado de muerte y decadencia, ¿para qué los habría hecho así un Creador inteligente? ¿O fueron acaso creados de otra manera?
Todo indica que nuestro planeta Tierra es el único donde hay condiciones propicias para la vida. Los demás se parecen a nuestra Luna: muertos, deteriorados y vacíos. Nuestra Tierra es parte del sistema solar, que a su vez forma parte de una galaxia llamada la Vía Láctea. Más allá de la Vía Láctea hay muchas otras galaxias que se extienden por distancias tan vastas que la mente humana no puede concebirlas en términos de kilómetros, millas ni otras unidades de distancia excepto años luz.
La ciencia, pues, sabe poco acerca del universo ilimitado, pero la revelación sí nos dice cosas realmente asombrosas.
El primer versículo en la Palabra de Dios dice: “En el principio creó Dios los cielos y la tierra”. El rey David de Israel, cavilando acerca de las estrellas, nos dijo por inspira­ción divina que Dios las había creado.
Creadas .. . ¿para qué?
David escribió estas palabras: “¡Oh Eterno, Señor nues­tro, cuán glorioso es tu nombre en toda la tierra! Has puesto tu gloria sobre los cielos … Cuando veo tus cielos, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que tú formaste, digo: ¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria?” (Salmos 8:1, 3-4).
Probablemente a David no le fue revelada la relación que hay entre el hombre y los astros, pues continúa diciendo: “Le has hecho poco menor que los ángeles, y lo coronaste de gloria y de honra. Le hiciste señorear sobre las obras de tus manos; todo lo pusiste debajo de sus pies: ovejas y bueyes, todo ello, y asimismo las bestias del campo, las aves de los cielos y los peces del mar; todo cuanto pasa por los senderos del mar. ¡Oh Eterno, Señor nuestro, cuán grande es tu nombre en toda la tierra!” (Salmos 8:5-9).
Aquí David limita el dominio dado al hombre en la actualidad: el dominio que Dios le otorgó al crearlo, o sea la Tierra, su atmósfera y los mares (ver Génesis 1:26-28).
Estos son los dominios del hombre ahora. El Nuevo Testamento, escrito siglos más tarde, revela mucho más.
El increíble potencial humano es revelado
En la Epístola de Pablo a los Hebreos leemos: “Porque [Dios] no sujetó a los ángeles el mundo venidero, acerca del cual estamos hablando” (Hebreos 2:5). El tema aquí es “el mundo venidero”.
Hay una sola Tierra, mas la Biblia habla de tres mundos, edades o civilizaciones en ella: el “mundo antiguo” o antediluviano, que comprende el período de Adán hasta Noé (II Pedro 2:5; 3:6); el “presente siglo [mundo] malo”, que abarca desde el diluvio hasta la segunda venida de Cristo (Gálatas 1:4); y el “mundo venidero”, que comenzará con la segunda venida de Cristo y el establecimiento del reino de Dios (Hebreos 2:5).
Este versículo menciona los ángeles como si el mundo hubiese sido gobernado por ellos. De hecho, la Epístola a los Hebreos empieza hablando de Cristo y los ángeles y de la relación que existe entre estos últimos y el hombre.
Tengamos en cuenta cuál es el tema de este pasaje: “el mundo venidero, acerca del cual estamos hablando”, es decir, no la era presente cuyo fin se acerca rápidamente. En el versículo 6 leemos: “Pero alguien testificó en cierto lugar, diciendo ..y entonces Pablo cita solamente los primeros seis versículos del Salmo 8.
En dicho salmo David habló específicamente del dominio actual del hombre: la tierra, el aire y el mar. Mas ahora el autor de la Epístola a los Hebreos añade algo radicalmente diferente, ¡algo que ocurrirá en el mundo venidero.
Esta revelación del propósito de Dios para el hombre, del increíble y glorioso potencial humano, deja perpleja la imaginación. La ciencia nada sabe al respecto. Hasta donde yo sé, ninguna religión lo enseña. E indudablemente el sistema educativo de este mundo lo ignora por completo. Empero, es algo que Dios mismo dice tener preparado para aquellos que le aman (I Corintios 2:9-10).
Hemos dicho ya que Dios reveló el conocimiento indis­pensable a nuestros primeros padres, pero ellos no creyeron sus palabras. Unos 4000 años más tarde Jesucristo llegó a la Tierra con un mensaje que traía del Padre, el cual revelaba ese mismo conocimiento. Mas solamente un puñado de personas (120) creyeron lo que El dijo, si bien muchos dijeron creer en su persona (Juan 8:30-31, 37-38, 40, 45-46).
Hoy la ciencia, la religión y el sistema educativo siguen sin creer lo que El dijo.
Ahora veamos lo que dijo Pablo luego de citar sólo la primera parte del Salmo 8: “Todo lo sujetaste bajo sus pies [del hombre]. Porque en cuanto le sujetó todas las cosas, nada dejó que no sea sujeto a él” (Hebreos 2:8).
Dios habla aquí de “todas las cosas”. ¿Acaso quiere decir todo … sin excluir nada?
Para quienes estén dispuestos a creer lo que Dios dice, El mismo afirma que el hombre ha de tener dominio sobre el universo entero, con todas sus galaxias, sus incontables soles y planetas. Todo será puesto bajo dominio del hombre.
Antes de que usted rechace esta verdad, lea las palabras que siguen en el mismo versículo: “Pero todavía no vemos que todas las cosas [el universo ilimitado] le sean sujetas”. Recuérdese que Pablo está hablando del “mundo venidero” (versículo 5), no del mundo presente. ¿Qué es lo que vemos en el mundo actual? “Pero vemos a aquel que fue hecho un poco menor que los ángeles, a Jesús, coronado de gloria y de honra, a causa del padecimiento de la muerte”. Ningún hombre, con excepción de Cristo, ha sido “coronado de gloria y de honra” … todavía.
Sin embargo, vemos que Cristo sí fue coronado ya. Prosiguiendo leemos: “Porque convenía a aquel por cuya causa son todas las cosas [el universo entero], y por quien todas las cosas subsisten, que habiendo de llevar muchos hijos a la gloria, perfeccionase por aflicciones al autor de la salvación de ellos … por lo cual [Cristo] no se avergüenza de llamarlos hermanos” (versículos 10-11).
En otras palabras, los cristianos que han recibido el Espíritu de Dios son coherederos con Cristo y han de heredar todo lo que El ya ha heredado. El ya ha sido glorificado. Ya ha recibido como herencia el universo entero, el cual sostiene con su poder. El hombre, si se convierte y recibe el Espíritu Santo de Dios (Romanos 8:9), es heredero ahora; todavía no es poseedor de la herencia.
En cambio, Cristo ya ha sido coronado de gloria y honra; ya recibió la herencia. El primer capítulo de la Epístola a los Hebreos comienza así: “Dios … en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo [el universo entero], y por quien asimismo hizo el universo; el cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia, y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder ..(versículos 1-3).
El Cristo viviente ya sostiene el universo por su fuerza divina e ilimitada. El pasaje muestra que El es superior a los ángeles por tratarse del Hijo engendrado y nacido de Dios, mientras que los ángeles son apenas seres creados individual­mente. Los ángeles son ahora espíritus invisibles (para nosotros) que nos sirven a quienes por el momento ocupamos un rango inferior al suyo; mas nosotros somos los herederos de la salvación y recibiremos esa herencia cuando nazcamos como hijos de Dios al igual que Cristo (Hebreos 1:4-14).
El espacio sideral: planetas muertos
Relacionemos ahora todo esto con la revelación de Romanos 8:29 que nos habla de Cristo como Hijo de Dios: “… para que él sea el primogénito entre muchos hermanos”. Los que tienen el Espíritu Santo de Dios son herederos de Dios y coherederos con Jesucristo quien es el único, entre todos los seres humanos, que ya ha nacido como Hijo de Dios mediante una resurrección (Romanos 1:4). El es el primero de la familia humana que nació como miembro de la familia divina: el reino de Dios. Es nuestro pionero, el primero de todos. Nosotros lo seguiremos cuando regrese a la Tierra con supremo poder y gloria y los justos sean resucitados.
Este capítulo octavo de Romanos, versículo 9, dice que si tenemos el Espíritu Santo de Dios en nosotros somos hijos engendrados de El. Pero si no lo tenemos no somos suyos: no somos cristianos. Luego el versículo 11 dice que si el Espíritu de Dios está creciendo dentro de nosotros y nos está guiando, El nos levantará también de la muerte (o si estamos vivos cuando Cristo regrese nos transformará de mortales en inmortales). Ahora Pablo prosigue: “Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios… El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios. Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos [en esta vida] juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados. Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse” (Romanos 8:14-18).
Prosiguiendo leemos: “Porque el anhelo ardiente de la creación es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios. Porque la creación [todos los soles, planetas, estrellas y lunas] fue sujetada a vanidad, no por su propia voluntad, sino por causa del que la sujetó en esperanza; porque también la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios. Porque sabemos que toda la creación [estrellas, soles y lunas ahora sumidas en decadencia] gime a una, y a una está con dolores de parto hasta ahora; y no sólo ella, sino que también nosotros mismos [humanos concebidos o engendrados del Espíritu], que tenemos las primicias del Espíritu [las primicias, o sea los muy pocos que están siendo llamados ahora a la salvación], nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopción ..(versículos 19-23).
¡Qué revelación tan sorprendente y maravillosa! ¡No puede haber un pasaje más asombroso, portentoso y revelador que éste!
Habla de algo tan estupendo que no podemos captarlo plenamente con la primera lectura somera.
Hemos citado primero el versículo 19 de Romanos 8, donde leemos que Jesucristo fue el primogénito entre muchos HERMANOS.
En Hebreos 1 vemos que Cristo, el primer ser humano que nació mediante la resurrección, ha sido glorificado y que hoy sostiene el universo entero. El es nuestro pionero, el que nos ha precedido.
Cuando venga por segunda vez a la Tierra con gloria y majestad, los que se hayan convertido y tengan el Espíritu de Dios nacerán dentro de la familia divina mediante una resurrección. ¡Entonces todo el universo estará sujeto a ellos!
Romanos 8 nos dice que si tenemos el Espíritu Santo de Dios y nos dejamos guiar por él, resucitaremos con un cuerpo espiritual e inmortal como miembros de la familia divina, así como resucitó Cristo en el año 31 de nuestra era.
Ahora volvamos al versículo 19: “Porque el anhelo ardiente de la creación es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios”.
Esta manifestación ocurrirá en el momento de la resu­rrección, cuando los seres humanos se convertirán en hijos de
Dios mediante una resurrección o un cambio instantáneo de carne mortal en espíritu inmortal.
Tratemos ahora de comprender. ¿Por qué el universo entero, la creación, aguarda con anhelo ardiente el nacimien­to y la manifestación de los hijos de Dios que nacerán dentro de la familia divina? Los siguientes versículos nos muestran un universo poblado de planetas en decadencia y deterioro, mas dicen que aun en tal estado tienen una esperanza: “Porque también la creación misma [el universo entero que hoy no puede albergar vida] será libertada de la esclavitud de corrupción, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios”.
¿Cómo cayeron los planetas en tal esclavitud de corrup­ción? ¡Ciertamente Dios no los creó así!
Corrupción es una condición que resulta del deterioro y la decadencia. Entonces, Dios no creó los planetas en un estado de decadencia, sino que hubo algo que causó ese deterioro.
¿Cuál pudo haber sido la causa de tal estado? ¡Dios no creó cuerpos celestes decadentes! Las Sagradas Escrituras muestran que todo lo hecho por El fue “bueno en gran manera”. Aquellos ángeles, que fueron perfectos desde su creación hasta que se encontró en ellos iniquidad, hicieron que toda la faz de la Tierra cayera en estado de decadencia, caos y confusión.
¿Acaso creó Dios todo el universo propicio para la vida? La Biblia no revela específicamente que haya sido así, pero lo que sí nos dice aclara la razón por la cual Dios creó al hombre.
En Romanos 8:22 leemos: “Porque sabemos que toda la creación gime a una, y a una está con dolores de parto hasta ahora”. La creación se presenta aquí como una madre que gime con dolores de parto (versículo 20) esperando el nacimiento de los hijos de Dios mediante la resurrección a la vida inmortal. Es como si la creación fuese la madre y Dios el padre. El tema del pasaje es que cuando nosotros (los seres humanos convertidos) nazcamos de Dios, con el poder y la gloria de Dios, vamos a hacer lo que El hizo cuando el mundo quedó “desordenado” y “vacío” — tohu y bohu en hebreo — (Génesis 1:2). Cristo, quien “renovó la faz de la tierra” (Salmos 104:30), estaba renovando lo que había sido destruido por la rebelión de los ángeles.
Lo que estos maravillosos pasajes dan a entender va mucho más allá de lo específicamente revelado.
Este pasaje indica precisamente lo que señalan los hallazgos de la astronomía: que los soles son bolas de fuego que despiden luz y calor, pero que los planetas, salvo la Tierra, se hallan en estado de muerte, decadencia y futilidad. No obstante, ese estado no durará por siempre sino sólo mientras se espera que los seres humanos convertidos nazcan como hijos de Dios dentro de la familia divina, que es el reino de Dios.
El evangelio de Jesús hablaba del reino de Dios. Y dicho evangelio incluye todo el conocimiento que hemos presentado aquí: el universo entero será regido por nosotros, quienes, junto con Dios Padre y Jesucristo, formaremos el reino de Dios.
Dios es ante todo Creador, pero también es Gobernante. Es Educador, quien revela conocimientos más allá del alcance de la mente humana.
Si recopilamos todas las escrituras que hemos citado en este folleto, empezaremos a captar cuál es el increíble potencial humano. Nuestro potencial es nacer como miembros de la familia de Dios y recibir el poder total. ¡Vamos a recibir dominio sobre todo el universo!
Y entonces, ¿qué haremos? Las Sagradas Escrituras dan a entender que impartiremos vida a miles de millones de planetas muertos, tal como se ha impartido vida a esta Tierra. Crearemos bajo la dirección y las instrucciones de Dios. Gobernaremos por toda la eternidad. Apocalipsis 21 y 22 muestran que no habrá dolor, sufrimiento ni males porque habremos aprendido a escoger el camino del bien. Será una vida eterna de realizaciones, siempre con la esperanza de nuevos proyectos creativos y con una profunda satisfacción y alegría por lo ya realizado.
Jamás nos cansaremos ni fatigaremos. Estaremos siem­pre llenos de vida, llenos de vibrante energía, de vitalidad, de vida exuberante, de fuerza y poder.
¡Qué increíble potencial!

 

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