El Misterio de los Siglos

¿Se ha preguntado alguna vez quién es usted, qué es y por qué existe? El mundo que nos rodea es un misterio. Nosotros mismos somos un misterio. ¡Ahora usted puede comprenderlo!
HERBERT W ARMSTRONG
Quiero expresar mi gratitud hacia Aaron Dean, quien colaboró en la redacción y preparación de este libro. Sin él, a causa de mi pérdida casi total de la vista, no se hubiera podido escribir este libro.
Es propiedad.
Copyright © 1985, 1986 Iglesia de Dios Universal, Pasadena, California 91123, EE.UU.
Reservados todos los derechos.
Ni la totalidad ni parte de este libro pueden reproducirse sin permiso por escrito de la Iglesia de Dios Universal. Primera edición
Library of Congress Cataloging in Publication Data Armstrong, Herbert W. (1892-1986)
[Mystery of the Ages. Spanish]
El misterio de los siglos / by Herbert W. Armstrong, p. 336 cm. 21
Translation of: Mystery of the Ages.
Includes Index.
ISBN 0-943093-10-4 (pbk. : alk. paper)
Worldwide Church of God—Doctrines.
Bible—Criticism, interpretation, etc.
Life.
Churches of God, Seventh day—Doctrines etc.
I. Title.
BX6178.A7518 1987 87-20135
230’.99—dcl9 CIP
Quisiera dedicar este libro a la memoria de mi esposa de 50 años felices de matrimonio, Loma Armstrong.
DECLARACIÓN DEL AUTOR
POR QUÉ he escrito este libro? He tenido una vida larga, activa y repleta de interés que abarca ocho años y medio del siglo 19 y todo el siglo 20 hasta la fecha.
Conocí la era del coche de caballos, la era industrial y del automóvil, la era del avión, la era nuclear y ahora la era del espacio. He visto a mi país pasar de la era agraria cuando los granjeros cantaban alegremente detrás de su yunta, a la era urbana en que los agricultores se quejan y luchan por recibir más subsidios del gobierno a fin de evitar que se extinga la vida rural.
He visto el desarrollo de este siglo 20 hasta su actual estado de asombrosos adelantos y proezas industriales y técnicas. Al mismo tiempo, he visto la escalada alarmante de males deplorables, crímenes y violencia, y he visto surgir el crisol de la guerra mundial que amenaza con borrar al género humano de la tierra en esta actual generación. Estos hechos y condiciones son en realidad misterios que no han sido resueltos y ahora tienen que ser explicados.
He viajado por todo este globo que llamamos la Tierra. Me he visto hombro a hombro con los ricos, los pobres y los de en medio. He visitado a los magnates de la industria, a emperadores, reyes y primeros ministros. He conocido y me he asociado con los analfabetos y con los que viven en la
miseria. He observado este mundo muy de cerca, y de primera mano, como muy pocos.
Durante esta vida larga y agitada, llena de acontecimientos, me he planteado preguntas que fueron profundos misterios para mí y que siguen siendo incógnitas para el mundo en general.
Cuando tenía cinco años, mi padre decía que seguramente yo iba a ser abogado porque me la pasaba haciendo preguntas sobre muchos temas. Quería COMPRENDER. Ansiaba tener ENTENDIMIENTO. El rey Salomón, el hombre más sabio que jamás existió, anhelaba la sabiduría y Dios le satisfizo ese ardiente deseo. Hoy, transcurridos muchos años, comprendo que aquel mismo Dios me ha dado en su Palabra revelada el entendimiento de los misterios más profundos de la vida que siguen sin solución y sin explicación para la mayoría.
¿Cómo ocurrió todo esto? Mi familia era protestante y yo asistí a la iglesia hasta la edad de 18 años, pero nunca escuché la explicación de estas desconcertantes preguntas. Si la Biblia revela las respuestas, ¿por qué hay tantas denominaciones en la cristiandad y tanto desacuerdo en cuanto al mensaje de la Biblia?
Ahora bien, ¿quién podía entender la Biblia? Yo jamás la había entendido. Y en caso de que llegara a entenderla, ¿podría creerle a la Biblia? ¿Tenía acaso autoridad? Este interrogante me consumía, y es el misterio que será despejado en este libro. La historia de cómo llegué a entender ese conocimiento comenzó en 1926, a los 34 años de edad, pero ese fue apenas un comienzo. La razón final y definitiva que me impulsó a escribir este libro no se reveló a mi mente hasta diciembre de 1984. Fue un concepto sobrecogedor, una verdad crucial que será claramente explicada en este libro.
En el verano de 1926 me pregunté: ¿Quién soy? ¿Qué soy? ¿Por qué existo? Razonando, traté de hallar la respuesta, mas no pude. Era un misterio. Entonces, en el otoño de ese mismo año me encontré ante un desafío verdaderamente desconcertante acerca de un punto bíblico y acerca de la teoría de la evolución. El resultado fue que mi mente fue abierta ante un asombroso panorama de grandes profundidades de conocimiento y entendimiento.
Todo comenzó en torno a la teoría de la evolución y la observancia del domingo como día de reposo.
Sabía que la Biblia era el libro de mayor venta en el mundo, mas para mí había sido siempre un enigma. No la había podido entender.
Una vez afirmé: “La Biblia dice: ‘Guardarás el domingo’ Me preguntaron cómo lo sabía. ¿Acaso lo había leído en la Biblia?
Respondí que lo sabía muy bien porque todas las iglesias guardan el domingo como día de reposo y daba por sentado que sus enseñanzas provenían de la Biblia.
Pero a raíz de esto estaba en juego mi matrimonio. Me vi obligado a hacer un estudio profundo de la Biblia y otro de la teoría de la evolución, que en ese momento estaba ganando rápida aceptación universal en el campo de la educación superior.
Un estudio a profundidad de las obras de Darwin, Huxley, Haeckel y otros me llevó a dudar de la autoridad de la Biblia y de la existencia de Dios.
Esos pensadores intelectuales estaban al tanto del incremento en el conocimiento sobre el universo. Ellos no podían armonizar este conocimiento, que aumentaba rápidamente, con las enseñanzas religiosas de su tiempo. Mis investigaciones sobre el pensamiento de los fundadores de la teoría de la evolución me hicieron recordar lo que leí en el Salmo 8, sobre cómo el rey David, monarca de una antigua nación, observó las estrellas del cielo y, viendo la extensión del vasto universo, comenzó a meditar. En su mente, se preguntó qué era él y qué es el hombre… en la vasta extensión del universo infinito. Me di cuenta de que este antiguo rey jamás recibió una respuesta cabal a los interrogantes que le inquietaban. No obstante, más tarde en mis investigaciones descubrí cómo la respuesta final le fue revelada al apóstol Pablo y explicada en el segundo capítulo de la Epístola a los Hebreos.
Estaba decidido a hallar pruebas absolutas de la existencia de Dios y de la autoridad de la Biblia, o a rechazar tanto lo uno como lo otro. Me di cuenta de que la mayoría de las personas aceptan o rechazan una creencia, sin pruebas, basándose en una suposición descuidada de lo que han oído o lo que se les ha enseñado. Mas yo quería entender; quería estar seguro por pruebas contundentes, no por ilusiones o por suposiciones hechas a la ligera.
Después de muchos meses de estudiar prácticamente día y noche, las respuestas me fueron reveladas con pruebas contundentes y absolutas. Ya no daba por sentada la existencia de Dios de una manera descuidada por el simple hecho de haberlo oído o porque me lo hubieran enseñado. Encontré pruebas absolutas e irrefutables de la existencia del supremo Dios creador y también de la autoridad absoluta de la Santa Biblia como la Palabra de Dios: el mensaje y conocimiento de Dios revelados a la humanidad. Me di cuenta de que la Biblia es un libro escrito en cifra que contiene las respuestas a los grandes misterios que desconciertan a la humanidad.
La revelación de estos misterios se perdió aun para la Iglesia de Dios, si bien fue conservada en los escritos de la Biblia. Entonces ¿por qué no la ha entendido el mundo? Porque la Biblia fue escrita en cifra y Dios dispuso que no se entendiera hasta nuestros días, hasta esta segunda mitad del siglo 20.
En mi estudio de la Biblia, que se prolongaba hasta altas horas de la noche, aprendí por qué es el libro más incompren- dido de todos, aunque es el de mayor venta. La verdad o explicación completa de cualquier tema rara vez se revela en un solo pasaje. Otras porciones, factores o aspectos de un tema por lo general se encuentran en varios otros pasajes en otras partes de la Biblia, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento. Se puede lograr una comprensión total y verdadera de un tema sólo cuando varios otros pasajes, que se encuentran en diferentes partes de la Biblia, son colocados juntos.
Ante mis ojos atónitos se abrían nuevos horizontes de comprensión y conocimientos … conocimientos que para la mayoría de las personas han seguido siendo los más grandes misterios. Pero ese mismo libro dice que precisamente en los días de nuestra generación, este gran misterio se despejaría.
Para sorpresa mía, así fue.
Aprendí que la Biblia es como un rompecabezas, con millares de piezas que deben unirse. Y estas piezas sólo encajan de una manera. Entonces el cuadro aparece despejado y cristalino a los ojos de quienes estén dispuestos a creer las palabras de Dios, nuestro Creador.
El presente libro busca simplemente unir las muchas piezas del rompecabezas para facilitar su comprensión. Mientras usted lee y relee este libro, compare constantemente con la Biblia. Observe las verdades con sus propios ojos en las páginas de la Biblia, y mientras lo hace, abra su mente a Dios para que El lo guíe hacia su verdad. Su estudio cobrará un significado que nunca antes había experimentado.
El tiempo probará quizá que este libro ha sido el más importante en casi 19 siglos. No por su excelencia literaria ni su lenguaje florido y erudito, que hemos evitado deliberadamente, sino por la claridad de su lenguaje al exponer los conocimientos más importantes jamás revelados, provenientes de la fuente suprema de la inteligencia, conocimientos que han intrigado a todo ser humano desde el primero que pisó esta tierra.
La humanidad enceguecida no ha podido entender qué ni quién es el hombre, por qué existe ni cómo apareció en la tierra. Al hombre le ha inquietado su propia incapacidad para resolver sus problemas y para hallar respuestas a las preguntas desconcertantes del género humano y del mundo que habita.
La única autoridad suprema, dueña de todo conocimiento, reveló estos misterios hace mucho tiempo, pero en un mensaje escrito en cifra, y no permitió que el mensaje se revelara ni se descifrara hasta nuestros días.
En el primer siglo de nuestra era la Iglesia sufrió la infiltración de un evangelio diferente. Surgieron enseñanzas falsas e iglesias falsas que llevaban el nombre de “cristianismo tradicional”. Como lo revela Dios en Apocalipsis 12:9, el mundo entero ha caído en el engaño. Estas verdades básicas han permanecido en el misterio. Aun entre el clero, individuos sinceros y bien intencionados han recibido sus enseñanzas de otros hombres según la tradición de sus respectivas iglesias. Han creído que tales enseñanzas falsas correspondían a las verdades de la Biblia. En lugar de unir las diferentes piezas del rompecabezas en forma apropiada y acertada, se ha vuelto práctica y costumbre interpretar cada pasaje de la Escritura según una enseñanza falsa previamente aceptada que no proviene de ese pasaje. En otras palabras, interpretan las Escrituras para decir lo que ya se les ha enseñado y lo que han creído. La Biblia no necesita interpretación porque ella se interpreta a sí misma. Esto se hace evidente cuando se ven las diferentes escrituras sobre un tema ordenadas apropiadamente. La Biblia dice que se encuentran “un poquito allí, otro poquito allá” (Isaías 28:10). Aun el mundo de la cristiandad tradicional ha caído en el engaño.
A menudo he dicho que es mucho más difícil desaprender un error que ha sido enseñado como verdad, que aprender una nueva verdad. Aun en los pasados 58 años yo no me había dado cuenta cabalmente del significado del suceso revelado en Génesis 3:22-24: Que Dios verdaderamente había cerrado el acceso al Espíritu Santo y la vida eterna a la humanidad en general hasta que Satanás fuera quitado de  medio al tiempo de la segunda venida de Cristo. El cristianismo tradicional siempre ha supuesto que se está librando una competencia entre Dios y Satanás, que Dios ha estado tratando desesperadamente de “salvar al mundo”, pero que en esta gran controversia el diablo ha estado ganando. En otras palabras, que Dios envió a Jesucristo en su primera venida para tratar de ganar esta guerra interminable contra Satanás. El cristianismo tradicional ha enseñado que “quienquiera que lo desee” puede ser “salvo” por medio de Jesucristo.
Por algunos años me di cuenta sólo en parte del error de esta suposición, pero no toda la verdad de este asunto se hizo totalmente clara para mí hasta hace muy poco tiempo. Esta verdad es algo realmente sobrecogedor. Aclara lo que había estado oculto en el misterio.
Esperamos que este libro, escrito porque el tiempo designado por Dios para que saliera a luz ha llegado, abra los ojos de muchos a la verdad de estos misterios ocultos a lo largo de los siglos.
ahora, a los 93 años de edad, he sido inspirado a escribir este libro antes de que esta vida, colmada de experiencias, llegue a su fin. En sus páginas comparto, con todos los que quieran saber, las respuestas que la gran mente suprema de Dios revela en su Palabra, si es que estamos dispuestos a entender esa Palabra.
Contenido
DECLARACIÓN DEL AUTOR ix
PRÓLOGO 1
INTRODUCCIÓN
La revelación de los siete misterios 6
CAPÍTULO I
¿Qué y quién es Dios? 26
CAPÍTULO II El misterio de los ángeles
y los espíritus malignos 49
CAPÍTULO III
El misterio del hombre 80
CAPÍTULO IV
El misterio de la civilización 114
CAPÍTULO V
El misterio de Israel 133
CAPÍTULO VI
El misterio de la Iglesia 165
CAPÍTULO VII El misterio del reino de Dios
ÍNDICE ANALÍTICO
PRÓLOGO
SE HA PREGUNTADO ALGUNA vez quién es usted, qué es y por qué existe?
El mundo que nos rodea es un misterio. Nosotros mismos somos un misterio. No hemos visto nuestro propio cerebro, sede del intelecto y de todo lo que somos.
Nuestra vida está envuelta en misterios. Cuando reflexionamos, aun la existencia misma se muestra un misterio. ¿Es el hombre un ser que simplemente apareció por casualidad? ¿Es el resultado de fuerzas terrenales inmanentes, carentes de inteligencia, significado y propósito? ¿O acaso es el fruto de un diseño y una creación inteligentes, obra de un Dios todopoderoso y de una mente suprema, con un propósito que también ha estado oculto en el misterio? La tradición que ha persistido a lo largo de la historia humana y que habla de un Dios creador constituye un misterio tal, que el mundo de la educación superior occidental ha pretendido borrarlo acogiendo casi unánimemente la teoría de la evolución.
La difusión de la educación no empezó a nivel humano hasta la invención de la imprenta en el siglo 15. A medida que la educación se iba difundiendo, a medida que el intelectua- lismo avanzaba y que la astronomía difundía conocimiento del universo, las mentes pensantes empezaron a hacerse preguntas. ¿Qué decir del vasto universo? ¿Cómo se originó
todo lo que existe? Las mentes racionales y científicamente orientadas se hallaron incapaces de armonizar el conocimiento que se estaba desarrollando acerca del vasto universo con las enseñanzas de la Iglesia Católica Romana y el protestantismo, que habían dominado el pensamiento del mundo occidental. La enseñanza de un Jesús con cabello largo y rostro afeminado y el concepto de un Dios compuesto de espíritu invisible no les satisfacía intelectualmente. Todo esto era un misterio colosal. En la vanidad de sus mentes, consideradas por ellos mismos como eruditas, trataron de evadir totalmente el misterio basándose en el materialismo. Apaciguaron su curiosidad tratando de inventar una solución al misterio de los orígenes, la existencia y la vida por medio de un razonamiento materialista que les satisficiera intelectualmente.
Gradualmente, la teoría de la evolución se desarrolló en mentes pensantes, aunque ignorantes, llenas de vanidad intelectual. Este concepto se desarrolló hasta convertirse en la teoría de “uso y desuso” de Lamarck. En seguida de Lamarck vino Carlos Darwin con su teoría sobre la “supervivencia del más apto”. En realidad, Darwin murió sin estar seguro de la veracidad de su propia teoría. No obstante, dos colegas suyos, Haeckel y Huxley, lucharon vigorosamente por promover la aceptación pública de la teoría darviniana.
Pero las mentes humanas que dieron origen a la teoría, llenas de vanidad intelectual, ¿eran más sabias que la mente suprema que las creó a ellas? La teoría de la evolución ha sido inventada por mentes en un esfuerzo por explicar la presencia de una creación sin la prexistencia de un Creador divino.
Si el Dios todopoderoso fue nuestro Hacedor, y si existe como Creador divino de todo lo que hay, entonces Dios mismo surge como el primero y el más grande de todos los misterios.
¿Qué y quién es Dios? Este es un misterio que ninguna religión entiende. La ciencia no lo explica. La educación no lo enseña. Para los fundadores de la teoría de la evolución, llenos de vanidad intelectual, la existencia de Dios, como les fue presentada por la religión, era un misterio que ellos no podían entender ni aceptar. Pero ni siquiera los religiosos que ellos rechazaban pudieron entender el misterio de Dios. Sin embargo, Dios se revela a sí mismo por medio de su Palabra, la Santa Biblia, si estos religiosos tan sólo hubieran creído la revelación misma de Dios. Dios se revela en su Palabra, la Santa Biblia, mas casi nadie la entiende. La Biblia ciertamente es “el libro que nadie conoce”. La Biblia es en sí el misterio fundamental que revela todos los demás.
Si la verdad acerca de Dios constituye el misterio número uno revelado en la Biblia, sin duda le sigue en orden el misterio acerca de los ángeles y los espíritus malignos. ¿Existe o no el diablo? ¿Creó Dios al diablo? Y si existen ángeles santos, ¿cuál es su propósito y su función? La Biblia dice claramente que nuestro mundo está gobernado por potestades invisibles de los espíritus malignos. ¿Será posible que los espíritus malignos influyan en los hombres y aun en los gobiernos? ¿Hay espíritus malignos que afectan la vida suya, lector? Este asunto parece estar totalmente sumido en el misterio.
En tercer lugar tenemos el misterio de nuestra propia vida. ¿Qué es el hombre y por qué existe? ¿Tiene un alma inmortal? ¿Saben los muertos lo que hacen los vivos? ¿Es el hombre un ser de carne y hueso que lleva en su interior un alma inmortal? ¿Tiene la vida humana algún significado o propósito? ¿Hemos evolucionado por fuerzas materiales sin inteligencia, significado ni propósito? ¿Por qué afronta la humanidad tantos problemas aparentemente insolubles?
El cuarto lugar entre los misterios incomprendidos corresponde a la civilización de este mundo. ¿Cómo se desarrolló? ¿Por qué vemos un mundo de avances y progresos admirables pero al mismo tiempo con males deplorables cada vez peores? ¿Por qué las mentes que desarrollaron naves espaciales, computadores y demás prodigios de la ciencia, la tecnología y la industria no pueden resolver los problemas que ponen de manifiesto la incapacidad del hombre?
Luego viene el misterio de los judíos y la antigua nación de Israel. ¿Son los judíos los únicos descendientes de la antigua nación de Israel? ¿Por qué levantó Dios a Israel como una nación especial? ¿Por qué es el “pueblo escogido”? ¿Son ellos los preferidos de Dios? ¿Acaso discrimina Dios contra otras naciones? ¿Hace Dios acepción de personas? ¿Cuál es el propósito de Israel dentro del orden divino de las cosas?
Ahora llegamos al misterio de la Iglesia. ¿Por qué ha de existir la institución eclesiástica en el mundo? ¿Tendrá algún propósito oculto quizá aun para el cristianismo tradicional? La verdadera Iglesia, ¿sigue siendo la misma que Cristo fundó, o está compuesta ahora de muchas sectas y denominaciones diferentes? ¿Está la Iglesia bien organizada bajo un patrón creado por Jesucristo? ¿Hay gobierno y autoridad en la Iglesia? ¿Es una organización grandísima compuesta de muchos millones de miembros, o es un grupo pequeño y perseguido? ¿Cómo se puede reconocer a la verdadera Iglesia hoy?
Por último, ¿por qué está envuelto en el misterio lo que es el reino de Dios? El mensaje evangélico de Jesús fue el “reino de Dios”. ¿Es el reino de Dios algo que está dentro de cada persona? ¿Es algo que se puede establecer en el corazón de los hombres? ¿Es la Iglesia, o es algo enteramente distinto? ¿Por qué es un misterio el evangelio mismo de Jesucristo?
Estos son los siete grandes misterios que tocan la vida de cada hombre y mujer sobre la tierra. La pura verdad acerca de estos misterios se revela en la Biblia, mas parece que ni las iglesias ni los teólogos la han comprendido.
¿Por qué?
La Biblia es el misterio fundamental. Si uno la lee de comienzo a fin, puede terminar perplejo. La Biblia no se puede leer como se leen otros libros. Es un misterio por tratarse de un libro escrito en cifra. Es como un rompecabezas con centenares de piezas de formas diversas que sólo se pueden unir de una manera. Las verdades de la Biblia se revelan un poquito allí, otro poquito allá, dispersos de principio a fin, y se aclaran sólo mediante el Espíritu Santo que está en aquellos que se hayan entregado y sometido a Dios dispuestos a confesar sus errores y males, deseosos de CREERLE a Cristo, la Palabra viviente de Dios. Jesús fue la Palabra en persona; la Biblia es la misma Palabra impresa.
Nadie puede recibir el Espíritu Santo, único capaz de abrir la mente del hombre y darle la capacidad de entender la Palabra de Dios, si no se ha arrepentido profundamente y si no cree implícitamente en Cristo y en lo que Cristo dice. El arrepentimiento es posible sólo cuando se reconoce el error: lo que se ha hecho mal y lo que se ha creído erróneamente. Lo más difícil para el hombre es reconocer que ha estado equivocado y confesar sus creencias y convicciones erradas, así como desaprender conocimiento falso y adquirir conocimiento verdadero.
No es de extrañar, pues, que casi nadie entienda la Biblia.
Dios deliberadamente puso su libro en cifra para que no fuera entendido hasta nuestra era moderna. ¿Por qué lo hizo? Aun esto constituye un misterio. Lo explicaremos en las páginas de este libro.
En el capítulo 12 de la profecía de Daniel leemos que ni siquiera aquel devoto siervo de Dios comprendía el significado de lo que se le hizo escribir como parte de la Biblia. Dijo que oía pero no entendía. El ángel revelador le dijo: “Anda, Daniel, pues estas palabras están cerradas y selladas hasta el tiempo del fin” (versículo 9).
Hoy hemos llegado a ese tiempo. Dios ha dado entendimiento de su Palabra a los elegidos, a los que se han entregado y sometido a Él y a su Palabra sagrada. El capítulo 12 de Daniel dice que en este tiempo del fin los “entendidos comprenderán”, pero que “ninguno de los impíos entenderá” (versículo 10). ¿Quiénes son los “entendidos”, capaces de comprender la Biblia?
“El principio de la sabiduría es el temor del Eterno” (Salmos 111:10) y “buen entendimiento tienen todos los que practican sus mandamientos” (mismo versículo). Empero, el cristianismo tradicional ha negado los mandamientos de Dios diciendo que están abolidos o “clavados en la cruz”. El clero y los teólogos del “cristianismo” organizado no pueden entender la Santa Biblia, y de hecho no la entienden.
Cabe preguntar, pues, cómo nosotros podemos entender y revelar al lector tan desconcertantes misterios. La pregunta se responderá en la Introducción de este libro.
Introducción
LA REVELACIÓN DE LOS SIETE MISTERIOS
LA INQUIETUD NÚMERO UNO del mundo hoy ¡es la supervivencia humana! La ciencia y la tecnología han producido armas de destrucción masiva capaces de borrar toda vida humana de nuestro planeta.
Hoy son muchas las naciones que poseen armas nucleares, y un solo loco bastaría para encender la chispa de la tercera guerra mundial… que aniquilaría al género humano.
Sin embargo, la verdad de Dios, si se hubiera conocido y aplicado, ¡habría librado a la humanidad de tal amenaza y de todos sus males!
¡Detengámonos un momento y pensemos en esto!
Habitamos un mundo que parece muy adelantado en los campos de la ciencia, la tecnología, la educación superior y la diseminación de conocimientos. La gente considera que es un mundo de GRANDES ADELANTOS. Enviamos hombres a caminar en la superficie de la Luna y los volvemos a traer ilesos. En Marte aterrizan naves espaciales que toman fotografías de la superficie marciana y nos las envían a la Tierra. Otras naves, acercándose a Júpiter, nos mandan fotos increíbles de ese planeta y de los anillos de Saturno. Mientras tanto, los cirujanos implantan corazones artificiales y transplantan órganos vitales.
Parte de la humanidad vive en un mundo mágico, deslumbrante, donde basta apretar un botón para que alguna
máquina cumpla el trabajo del hombre. Es un mundo soñado de lujo, comodidad y licencia.
Paradójicamente, el nuestro es también un mundo de IGNORANCIA. Ni siquiera las personas de alto nivel educativo saben cómo resolver sus problemas ni los problemas del mundo. No conocen el camino de la PAZ ni los PRINCIPIOS de vida correctos. Mientras tanto, casi la mitad de la población mundial está sumida en el analfabetismo, la miseria y el abandono. El espectro de la enfermedad y la inanición cobra vidas por millones.
El nuestro es un mundo descontento, inquieto, frustrado, un mundo abocado a un futuro sin esperanza. Es un mundo azotado por el crimen y la violencia, la inmoralidad, la injusticia (aun en sus tribunales), la falta de honradez, la corrupción en el gobierno y los negocios… y como si todo esto fuera poco, las guerras incesantes van conduciendo hacia la guerra final: la tercera guerra mundial, con armas nucleares.
¿POR QUÉ tenemos esta paradoja de “PROGRESO” junto con DEGENERACIÓN?
La verdad de Dios lo habría resuelto
La verdadera religión, que es la verdad de Dios unida a su amor impartido por medio del Espíritu Santo, habría señalado el camino. Habría traído la felicidad, la abundancia y la salvación eterna.
Al descubrir el error de las religiones del mundo, habremos señalado la causa de todos los males.
¿Qué es religión? Se define como el culto y servicio a Dios o a lo sobrenatural. Es la relación del hombre con su Creador. Algunas religiones han torcido esta definición. No rinden culto al Dios que creó al hombre sino a los dioses que el hombre ha creado. La religión tiene que ver con el comportamiento humano, con los principios, el modo de vida y el concepto que se tiene del más allá.
Las verdaderas CAUSAS de la confusión religiosa del mundo y todos sus males se revelan en siete verdades básicas que han sido un misterio pero que claman contra esta Babilonia de confusión religiosa y de caos mundial.
¡La hora de Dios ha llegado! Ahora El envía una voz que clama con poder al mundo entero revelando el camino para salir de esta locura y entrar en el mundo de paz y justicia que pronto abarcará toda la tierra.
En el libro de Isaías hay una profecía para nuestros días: ‘‘Voz que clama en el desierto: Preparad camino al Eterno… levanta fuertemente tu voz, anunciadora de Jeru- salén; levántala, no temas; di… He aquí que el Eterno el Señor vendrá con poder, y su brazo señoreará; he aquí que su recompensa viene con él, y su paga delante de su rostro” (Isaías 40:3, 9-10).
¡Esa voz está clamando hoy!
El profeta Malaquías lo confirmó: “He aquí, yo envío mi mensajero, el cual preparará el camino delante de mí; y vendrá súbitamente a su templo el Señor a quien vosotros buscáis, y el ángel del pacto, a quien deseáis vosotros. He aquí viene, ha dicho el Eterno de los ejércitos” (Malaquías 3:1).
Elias vendría primoro
Ambas profecías tienen aplicación doble. En primera instancia, se refieren a Juan el Bautista, quien preparó el camino para ei ministerio humano de Jesucristo hace más de 1.900 años. Pero también se refieren a alguien que había de venir después de ese precursor, preparando el camino para la segunda venida de Cristo como Rey de reyes y Señor de señores, esta vez con el propósito de GOBERNAR a TODAS LAS NACIONES.
La profecía de Malaquías, como la de Isaías, se aclara leyendo más adelante del versículo primero. Ambas se refieren a un mensajero humano que prepara el camino para la segunda venida de Cristo, ¡que ya es inminente y que será con PODER y GLORIA supremos como Gobernante de todas las naciones!
Entendamos el principio de dualidad en la profecía. Estas profecías tienen un cumplimiento anterior y un cumplimiento posterior.
Juan el Bautista fue una voz que clamaba en el desierto físico cerca del río Jordán, preparando el camino para la primera venida de Jesús como ser humano físico a un templo material en Jerusalén y al pueblo físico de Judá. Pero éste fue también figura de una voz que había de clamar (con la amplificación de la prensa, la radio y la televisión) en medio del desierto espiritual de confusión religiosa actual, para anunciar la inminencia de la segunda venida de Cristo, como un Cristo GLORIFICADO espiritualmente, a su templo espiritual: la Iglesia resucitada a la inmortalidad (Efesios 2:21-22).
Jesucristo vino hace más de 1.900 años para anunciar el futuro reino de Dios. Esta vez vendrá para ESTABLECER ese reino.
El mensaje de advertencia se está difundiendo en estos tiempos del fin por el mundo entero. Este mensaje va a los reyes, emperadores, presidentes y primeros ministros de las naciones… ¡y a sus pueblos en todos los continentes de la tierra!
¿Cómo es posible que en esta era de confusión religiosa se llegaran a conocer los siete misterios básicos que desenmascaran el engaño de las creencias tradicionales que se han apoderado del mundo?
¿Por qué se puede decir, en términos generales, que los habitantes de Tailandia son budistas, los de Italia, Francia y España son católicos, los anglosajones son protestantes y los del mundo árabe son musulmanes? Principalmente porque se criaron dentro de estas religiones y las aceptaron automáticamente. Esperar que algunas de estas personas descubrieran la verdad que estaba oculta para ellas, y que es contraria a las enseñanzas de su niñez y de su edad adulta, sería algo así como esperar lo imposible.
¿Por qué cree la gente lo que cree? Pocos son los que se detienen a preguntarse cómo llegaron a acoger las ideas que hoy se encuentran arraigadas en su mente.
La fuente de la verdad
La mayoría de nuestros lectores han visto probablemente alguna fotografía de la escultura conocida como El Pensador. Representa a un hombre solitario, sentado con los codos apoyados en las rodillas, el cuerpo echado hacia adelante y la cabeza apoyada en la mano. Allí permanece sumido en su meditación profunda hora tras hora, día tras día… ¡sólo pensando! Se supone que esta obra representa la manera como llegaron a existir los sistemas de pensamiento humano y, por ende, algunas religiones del mundo.
Mas El Pensador carecía de base para sus pensamientos. Su raciocinio no tenía sobre qué fundamentarse. Sus conjeturas carecían de un fundamento firme.
La mente humana no está facultada para fabricar verdades sin una base para esas verdades.
Aun así, parece que no muchas personas se dedican a pensar. La mayoría acepta a la ligera todo lo que le han inculcado desde su niñez. Y al llegar a la edad madura acepta lo que ha oído, leído y aprendido repetidas veces. La gente sigue aceptando, generalmente sin dudar, lo que creen sus semejantes. La mayoría de las personas han creído lo que oyen sin verificarlo ni comprobarlo. Sin embargo, están más que dispuestas a defender sus convicciones acaloradamente. Es propio del hombre seguir la corriente, imitar a los demás, creer y hacer lo que creen y hacen sus semejantes.
Además, la mayoría de las personas se niegan obstinadamente a aceptar lo que no están dispuestas a creer. Hay un viejo dicho muy certero: “No hay nadie más ciego que el que no quiere ver”.
Yo era igual. Por mi propia cuenta y voluntad jamás hubiera descubierto estas grandes verdades. Tampoco el profeta Moisés hubiera descubierto las verdades que consignó por escrito: los cinco primeros libros de la Biblia. Fue necesario que mediara un acto milagroso de Dios, en el incidente de la zarza ardiendo, para abrir su mente y revelarle las cosas de Dios. Moisés no buscó a Dios, sino que Dios lo llamó y lo “reclutó”. Aun oyendo la voz de Dios mismo, Moisés protestó. Pero el mandato de Dios era irresistible, y Moisés acabó por ceder.
El apóstol Pablo, siglos más tarde, también estaba lejos de poder conocer o revelar las VERDADES de Dios por su propia voluntad. Por el contrario, se la pasaba “respirando aun amenazas y muerte contra los discípulos del Señor” (Hechos 9:1). Pero el Jesús viviente lo derribó, lo cegó, le hizo entender y le dio el conocimiento de Dios; y además, le hizo saber lo que El quería que hiciese. Cristo en persona le reveló muchas de las verdades que usted leerá aquí.
Ahora bien, ¿cómo llegué yo a entender )a preciosa VERDAD de Dios? Ciertamente no fue por mi propia cuenta, ni porque yo la haya buscado, ni porque tuviera virtudes superiores al común. Jesucristo me derribó, no como a Pablo, pero sí de una manera dolorosa y eficaz.
Estas VERDADES básicas no son producto del raciocinio humano sino que son reveladas. ¡No se originan en el hombre sino en Dios! Y en todos los casos mencionados en la Biblia, ¡la iniciativa provino de Dios!
El profeta Jeremías protestó aduciendo su juventud. Pero Dios respondió: “No digas: Soy un niño; porque a todo lo que te envíe irás tú, y dirás todo lo que te mande” (Jeremías 1:7). Isaías protestó que era hombre de labios impuros, pero Dios le hizo aceptar su misión.
Jonás quiso huir en un barco, pero Dios lo obligó a llevar el mensaje que había dispuesto. Pedro y Andrés pretendían ser pescadores, mas Jesús los llamó diciéndoles que abandonaran todo y lo siguieran.
De la misma manera, yo pretendía dedicarme a la publicidad. Pero mediante circunstancias que yo no escogí, Dios me trajo trajo para que cumpliera la misión que El tenía para mí.
Reiteramos aquí algo que es esencial en el asunto: La iniciativa es de Dios. Su propósito prevalecerá. El mundo está lleno de religiones surgidas de la imaginación, el razonamiento y la especulación de los hombres. Pero éstos no fundaban sus razonamientos sobre una base certera. ¡Es Dios quien revela la verdad!
¿No tienen acaso todos los hombres acceso a la verdad bíblica? Bueno, la gente cree que las iglesias enseñan lo que hay en la Biblia.
Es por eso que ahora les presento una sinopsis de la experiencia mediante la cual Jesucristo me derribó, por así decirlo, y me reveló verdades sorprendentes, verdades bíblicas que las iglesias no enseñan ni creen.
El despertar: una chispa de ambición
Yo nací en una familia común y corriente, de padres estables y honrados pertenecientes a la fe cuáquera. Mi genealogía se remonta a Eduardo I de Inglaterra y hasta el rey David de Israel. Con asombro descubrí esta genealogía y el hecho de que pertenezco a la “casa de David”. Mis antecesores emigraron de Inglaterra a Pensilvania con William
Penn 100 años antes de que los Estados Unidos se establecieran como nación.
Me crié desde la niñez en la fe cuáquera, pero en esos años de formación mi interés en ésta era pasivo.
A los 18 años abandoné todo interés por la religión y dejé de asistir a la iglesia. Me había hecho un autoanálisis intenso, junto con un estudio de los oficios y profesiones para saber cuál me convendría. No quería dedicarme a algo que fuese ajeno a mis aptitudes.
Había observado que la mayoría de las personas eran víctimas de las circunstancias. Pocas habían planeado su futuro con inteligencia. La mayoría estaban cumpliendo cualquier oficio que se les hubiera presentado. No habían escogido el lugar del país o del mundo donde les convendría vivir. Se movían en el mundo empujados aquí y allá por las circunstancias. Los que habían ido a la universidad estudiaron la carrera que les llamó la atención en ese momento.
Cuando tenía apenas 16 años, cierto individuo que me había contratado para trabajar durante las vacaciones de verano me encomió y me animó por un trabajo bien hecho, y al hacerlo despertó en mí el fuego de la aspiración. Tener aspiraciones no es sólo el querer hacer algo sino tener la fuerza de voluntad para llevarlo a cabo y estar dispuesto a pagar el precio.
Este autoanálisis me llevó a la profesión de la publicidad y al mundo de los negocios. En vez de los placeres juveniles, opté por el estudio diligente.
Tuve un éxito inusitado. Me esforzaba mucho y tenía reputación de afanoso. Estudiaba con diligencia y hacía todo lo posible por superarme. Todo esto desarrolló, como es natural, una gran confianza en mí mismo, que más tarde había de remplazarse con una confianza muy distinta: fe en Cristo.
Procuraba escoger empleos donde pudiera aprender, y me “vendía” al patrono. Los campos de mi preferencia eran aquellos que me ponían en contacto con hombres de éxito.
En 1915 fundé mi propio negocio como representante de editores en la ciudad de Chicago. Representé las nueve revistas más importantes del país en el campo de la banca. Eran revistas que llegaban a las manos de los altos funcionarios bancarios.
Hacía negocios con los presidentes de las mayores empresas industriales. Asistía a convenciones de banqueros estatales y nacionales y conocí a muchos altos funcionarios de Chicago y de Wall Street (sede de la bolsa en Nueva York). Antes de cumplir los 30 años de edad percibía un ingreso anual equivalente a unos US$375.000 de hoy.
Cuando me encontraba a este nivel de éxito en mi carrera, Dios empezó a trabajar conmigo.
Un llamado que no reconocí
Hacía poco había contraído matrimonio. Unos días después de la boda, estando en Chicago, mi esposa tuvo un sueño tan vivido e impresionante que la abrumó y la conmovió profundamente. Fue tan real que parecía más bien como una visión. Durante los dos o tres días que siguieron, todo lo demás parecía irreal, como cuando uno está aturdido; sólo aquel extraordinario sueño parecía real.
En su sueño, ella y yo estábamos atravesando una ancha encrucijada en el centro de Chicago a dos o tres cuadras de nuestro apartamento. Entonces apareció de repente algo impre­sionante en el cielo. Era un espectáculo deslumbrante: el firmamento se llenó de una gigantesca masa de estrellas brillantes que tomaron la forma de una inmensa bandera. Las estrellas empezaron a titilar y a separarse hasta irse desvaneciendo. En su sueño, cuando ella me decía que mirara las estrellas que se desvanecían, apareció otro grupo de estrellas brillantes que titilaron, se separaron y se desvanecieron como las primeras.
Mientras ella y yo, en su sueño, mirábamos hacia arriba, aparecieron en el cielo tres grandes aves blancas entre nosotros y las estrellas que se desvanecían. Estas tres grandes aves blancas volaron directamente hacia nosotros. Cuando se acercaron, ella se dio cuenta de que eran ángeles.
Uno o dos días después del sueño, mi esposa escribió una carta a mi madre. Por casualidad la encontré años después entre unas antiguas fotografías de la familia. Mi esposa continuaba así el relato: “Entonces me di cuenta de que era Cristo que regresaba y me sentí tan feliz que empecé a gritar de alegría. Pero de repente pensé en Herbert y me sentí preocupada”.
Ella sabía que yo había demostrado muy poco interés por la religión, aunque habíamos asistido a una iglesia cercana dos o tres veces.
Luego, en el sueño, ocurrió que “Cristo descendió de entre los ángeles y se detuvo directamente al frente de nosotros. Primero me sentí dudosa y temerosa de cómo nos recibiría, porque me acordaba de que habíamos descuidado nuestro estudio de la Biblia y teníamos nuestras mentes demasiado ocupadas en cosas distintas a sus intereses. Pero cuando nos acercamos a Él, ¡puso sus brazos alrededor de nosotros y nos sentimos muy felices! Y o creía que la gente de todo el mundo lo había visto venir. Hasta donde alcanzábamos a ver, la gente se estaba agolpando en las calles de aquella ancha encrucijada. Unos estaban contentos y otros tenían miedo.
“Luego pareció como si Él se hubiera cambiado en un ángel. Yo me sentí sumamente desilusionada al principio, hasta que Él me dijo que Cristo en efecto vendría dentro de muy poco tiempo”.
En aquellos días íbamos con frecuencia al cine. Mi esposa le preguntó al ángel si eso estaba mal, y él replicó que Cristo nos tenía reservado un trabajo importante en la preparación de su venida, de manera que no habría más tiempo para “películas” (aquellos eran los días del cine mudo). Después, el ángel se desvaneció con todo el espectáculo y ella se despertó impresionada e inquieta.
En la mañana me contó su sueño. Yo me sentí muy incómodo y no quería pensar en ello. Sin embargo, temía dejarlo completamente de lado. Se me ocurrió una manera lógica de solucionarlo y evadirlo. Le dije a mi esposa:
—¿Por qué no se lo cuentas al ministro de la iglesia de la esquina y le preguntas si tiene algún significado?
Con eso, me las arreglé para quitar aquello de mi mente.
Cabe anotar aquí que en nuestros días 99.999 veces en 100.000, cuando la gente cree que Dios le está hablando en un sueño o en una visión, es pura imaginación o algún género de autohipnosis o autoengaño. Pero si esta fue una visión de parte de Dios, yo, al igual que Jonás, traté de huir de ella. Con todo, después de esto, a su debido tiempo Dios obró conmigo en forma muy clara, así como obró con Moisés, Isaías, Jere­mías y Jonás, con Pedro y Andrés y con el apóstol Pablo.
El negocio se deshace
Luego vino la depresión repentina de 1920. No fue prolongada, pero sí desastrosa durante ese año. Mis principales clientes se dedicaban a la fabricación de tractores, implementos agrícolas y otros. Todos mis grandes clientes, entre ellos empresas como la Goodyear Tire & Rubber, J. /. Case, Moline Plow, John Deere and Company y Dalton Adding Machine Company, estaban intervenidas. Uno de mis conocidos en el mundo de los negocios, presidente de una gran empresa, se suicidó. Mi negocio se deshizo entre mis manos por motivos que no eran culpa mía y por fuerzas que yo no podía controlar.
En Portland, Oregon, adonde me trasladé con mi familia, establecí un servicio de publicidad para lavanderías. La industria de las lavanderías ocupaba el decimoprimer lugar en el país en volumen de transacciones, pero al mismo tiempo era la más atrasada. Uniéndome con un experto en eficiencia, que era uno de los mejores del país en su ramo, empecé a recibir sólo aquellos clientes que nos permitieran establecer una nueva eficiencia en sus negocios, tanto en la calidad del servicio de lavandería como en los métodos comerciales. Yo supervisaba esto personalmente y pude hacer promesas en mis avisos publicitarios sabiendo que mis clientes cumplirían.
Pero en 1926 una agencia publicitaria de escala nacional vendió a la Asociación Nacional de Propietarios de Lavanderías un contrato para publicar grandes avisos en las revistas femeninas. La Asociación pudo obligar a cada miembro a comprometer aproximadamente el 85 por ciento de su presupuesto de publicidad en ese negocio. Cuando me enteré, el negocio estaba hecho. Yo había estado duplicando y triplicando el volumen de ingresos de mis clientes. Mi negocio iba en auge. Ahora, por segunda vez, un negocio de gran éxito se desintegraba en mis manos por causas fuera de mi control.
Mas había una razón: Dios me estaba quitando mi negocio de publicidad.
Dos desafíos inquietantes
En el otoño de 1926, a la edad de 34 años, el techo pareció desplomarse sobre mí. ¡Me vi asediado por dos desafíos inquietantes!
Después de nueve años de felicidad matrimonial, ¡mi esposa comenzó a guardar el sábado en vez del domingo!
¡Me quedé atónito! Estaba furioso. Esto, para mí, era simple fanatismo religioso. ¿Qué pensarían mis amigos y colegas? Pero ella insistía en que había hallado tal enseñanza en la Biblia.
Vinieron a mi mente todos los argumentos posibles, mas ninguno sirvió.
—Pero la Biblia dice: ‘Guardarás el domingo’ —protesté.
—¿Me puedes mostrar dónde? —preguntó ella.
—No. No conozco muy bien la Biblia. Mis intereses han sido en el campo de los negocios. Pero no pueden estar equivocadas todas las iglesias. Ellas toman sus creencias de la Biblia y todas guardan el domingo.
Con una sonrisa sincera, pero que a mí me exasperaba, mi esposa respondió:
—Si puedes mostrarme un pasaje de la Biblia que ordene guardar el domingo, yo lo guardaré.
No pude evadir el desafío. ¡De él dependía mi matrimonio!
Al mismo tiempo, una cuñada mía recién casada y graduada de la universidad me lanzó un segundo desafío humillante:
—Herbert Armstrong —me acusó con desprecio—, eres sencillamente ignorante. Cualquier persona medianamente educada sabe que la vida humana surgió por evolución.
Yo era orgulloso. No había descuidado el estudio. Creía conocer la teoría de la evolución, y no creía en ella. Pero ahora tuve que reconocer que jamás había hecho un estudio profundo y detallado del tema.
Este desafío, que hube de afrontar en seguida del “fanatismo” de mi esposa, fue humillante. El doble atentado contra mi orgullo me golpeó precisamente cuando mi negocio había fracasado por segunda vez. El efecto fue demoledor. Me sentí perfectamente frustrado. No obstante, me propuse demostrar que tanto mi esposa como mi cuñada estaban equivocadas.
El doble desafío me llevó a emprender un estudio decidido. Durante seis meses estudié intensamente, casi día y noche, hasta encontrar la respuesta. Y aun después de encontrarla, el estudio continuó … hasta el día de hoy.
Los dos desafíos tenían un mismo punto de partida: el libro del Génesis y el tema de los orígenes, si bien este era sólo el principio.
Los desafíos se presentaron en un momento de la vida cuando yo tenía mucho tiempo libre. Me dediqué al estudio con intensidad.
La Biblia y Darwin
No empecé mis investigaciones con el Génesis. Primero ahondé en las obras de Darwin, Lyell, Haeckel, Huxley, Spencer, Vogt, Chamberlin y More. Luego fui más atrás, a las obras de Lamarck y su teoría del “uso y desuso” que fue anterior a la hipótesis darviniana de la “supervivencia del más apto”.
A primera vista, los escritos parecían convincentes (y tiene que ser así, pues de lo contrario no habrían alcanzado aceptación universal en el mundo de la educación superior). Vi claramente cómo la educación había quedado presa en las garras del concepto evolucionista.
La evolución es el intento del ateo por explicar la presencia de una obra creada sin la preexistencia de un Creador inteligente.
Esta primera etapa de mis investigaciones sacudió mi fe en la existencia de Dios. Me hizo comprender que yo había dado por hecho, sin probarlo, que Dios existía porque era lo que me habían enseñado toda la vida. Estaba perplejo. ¿Quería decir esto que todo lo que siempre había creído era un mito y un error? ¡Ahora estaba decidido a averiguar la verdad! Mi mente se estaba despojando de las ideas y creencias que había aceptado sin vacilar.
Entre los autores que sostenían el concepto evolucionista, sólo el Dr. P. E. More había entresacado muchas discrepancias de la teoría, si bien estaba de acuerdo con la doctrina en general.
En primera instancia, yo tenía que comprobar o refutar la existencia de Dios. No fue un estudio superficial ni por salir del paso. Proseguí la investigación como si de ella dependiera mi vida … y en realidad, así era. También de ella dependía mi matrimonio. Junto con los libros citados, estudié otros que sostenían los argumentos contrarios.
Baste decir aquí que sí encontré PRUEBAS irrefutables de la existencia del Dios creador. Y encontré pruebas positivas del error de la teoría evolucionista, a pesar de la arrolladora colección de cerebros lavados por las universidades que sostienen lo contrario. Tuve la satisfacción de ver retractarse a una defensora del pensamiento evolucionista que había hecho largos trabajos de posgrado en las universidades de Chicago y Columbia y tenía su título de doctorado. Esta persona reconoció que yo había derribado definitivamente el tronco del árbol de la evolución. Pero al igual que el Dr. More, tenía el cerebro tan lavado que hubo de continuar en la corriente que ella misma había reconocido como falsa.
También tuve el gusto de ver a mi cuñada “comerse sus palabras” y reconocer que yo no era tan ignorante. Todo esto era pura vanidad de mi parte, pues aún no la había erradicado.
¡Había comprobado la existencia del Dios GRANDE Y ma JESTUOSO! Pero me seguía atormentando el desafío de mi esposa. En mis estudios sobre la evolución ya había analizado el libro del Génesis. Sabía que cada una de las religiones del mundo tenía sus libros sagrados. Comprobada la existencia de Dios, pensaba hacer un estudio comparativo de las religiones para ver si alguno de estos escritos sagrados era auténtico. ¿Hablaría Dios a la humanidad por medio de alguno de estos escritos? Y en caso afirmativo, ¿por medio de cuál?
Como aún tenía que estudiar el asunto del sábado o domingo como día de reposo, y puesto que ya había comenzado a estudiar el Génesis, resolví proseguir mi estudio en la Biblia.
Una doctrina a la vez
Pronto encontré el pasaje de Romanos 6:23: “La paga del pecado es muerte”. Me detuve asombrado. La “paga” es lo que uno recibe por lo que ha hecho. Esta afirmación, pues, era diametralmente opuesta a lo que me habían enseñado en las clases de religión (antes de los 18 años de edad).
“¿Cómo puede ser?”, pensé. “A mí me enseñaron que la paga del pecado es la vida eterna en un infierno de fuego”.
Con asombro leí hasta el final del versículo: “Mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro”.
Desilusionado, musité: “Creí que ya tenía vida eterna. Soy (o tengo) un alma inmortal. ¿Por qué tengo que recibirla como dádiva?”
Estudié el significado de la palabra alma con la ayuda de una concordancia bíblica. Encontré dos veces la siguiente expresión: “El alma que pecare, esa morirá” (Ezequiel 18:4 y 18:20).
Entonces recordé lo que había leído en Génesis 2, que Dios había dicho al primero ser humano (que era un alma): “Del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás” (versículo 17).
En Génesis 2:7 leí cómo Dios formó al hombre del polvo de la tierra y sopló en su nariz el aliento de vida, y el hombre (el polvo o materia) fue un “alma viviente”. Aquí decía claramente que el alma es física, que está formada de materia. Descubrí que la palabra traducida como alma en mi versión de la Biblia viene del hebreo nefesh. [Nota: En la versión Reina-Valera de la Biblia, revisión de 1960, esta misma palabra se traduce como “ser viviente”. Ver también I Corintios 15:45.] También vi que en Génesis 1:20-21, 24 tanto las aves como los peces y mamíferos se llaman nefesh.
Leí entonces donde Jesús dijo: “Nadie subió al cielo, sino el que descendió del cielo; el Hijo del Hombre” (Juan 3:13). Estudié el tema del cielo y el infierno. Leí donde el apóstol Pedro dijo por inspiración, el día en que recibió el Espíritu Santo: “David no subió a los cielos ..(Hechos 2:34).
En mi estudio profundo de la Biblia me valí de todas las ayudas: concordancias, diccionarios bilingües de los idiomas griego y hebreo, comentarios bíblicos y enciclopedias teológicas. Tanto los comentarios como los diccionarios y enciclopedias eran obras de mentes eruditas pero carnales, según descubrí. Son una ayuda para la investigación de hechos históricos y puntos de índole material y física, pero en cuanto a la revelación divina de la verdad espiritual resultaron bastante inútiles.
En pasajes dudosos me valí también del Antiguo Testamento hebreo y del Nuevo Testamento griego, junto con los diccionarios. Estudié todas las versiones y traducciones que se habían publicado en inglés hasta la fecha.
Una experiencia única
El estudio que hice fue muy diferente del que hacen los estudiantes en un seminario. Estos absorben lo que se les enseña de acuerdo con las doctrinas de su religión. La educación se ha convertido en cuestión de memoria. El niño, y el adulto también, tiene que aceptar y memorizar todo lo que se le enseña.
Por ejemplo, a uno de mis nietos en la escuela primaria le preguntaron:
—¿Quién descubrió América?
—Los indios —respondió el chico sin vacilar. La maestra se mostró sorprendida:
—No —repuso—. ¿No sabes que América fue descubierta por Cristóbal Colón?
—No, señora. Los indios ya estaban aquí para recibirlo cuando él llegó.
Por su respuesta, el chico recibió un cero y una advertencia. Debía recordar siempre lo que el libro dice: ¡que Colón descubrió América!
Al estudiante universitario o de secundaria se le califica según su capacidad para memorizar y creer lo que le enseña el texto, el profesor o el instructor.
En la primera maqueta que hice de La Pura Verdad en 1927 (siete años antes de que se llegara a publicar el primer número), le pedí a un artista que dibujara un aula y los niños sentados ante sus pupitres, cada uno con un embudo en la cabeza. El maestro, jarra en mano, vertía su propaganda preconcebida en cada cabecita.
En un seminario metodista, los estudiantes reciben en su mente la doctrina y las enseñanzas metodistas. Al seminarista católico se le enseñan las doctrinas de la Iglesia Católica. El alumno de un seminario presbiteriano absorbe las ideas presbiterianas. De igual modo, un estudiante de historia en Alemania recibe cierta versión de las dos guerras mundiales, mientras que el estudiante norteamericano recibe otra versión enteramente distinta.
Pero a mí me había llamado el Dios viviente. Lo que yo me había propuesto demostrar era todo lo contrario de lo que hallé clara e irrefutablemente en la Biblia. Jesucristo me enseñó lo que yo no quería creer; Él me lo reveló como verdad.
Jesucristo es la Palabra de Dios en persona. Él instruyó personalmente a los 12 apóstoles originales y al apóstol Pablo. La Biblia es la misma Palabra de Dios impresa. Así, el mismo Jesucristo que instruyó a los primeros apóstoles empezando en el año 27 de nuestra era fue el que me instruyó a mí 1.900 años más tarde, a partir de 1927.
Debo agregar aquí que mi estudio de la revelación divina no se ha suspendido jamás. Más tarde, Cristo me utilizó para fundar tres centros de estudios superiores: dos en los Estados Unidos y uno en Inglaterra. Gracias al estudio constante, la labor educativa y la colaboración con los profesores de teología guiados espiritualmente, mi mente ha seguido abierta y ha aumentado su conocimiento de la verdad revelada.
Pero en mi primer estudio intensivo de seis meses sufrí un proceso de DESaprendizaje, en el cual descubrí que las enseñanzas de las iglesias ¡son diametralmente opuestas a la verdad de la Biblia!
A “pedir cacao”
No es este el lugar para hacer un recuento detallado de mi estudio intensivo de la Biblia ni de mi conversión. Me había empeñado en demostrar, para gusto mío, que “todas esas iglesias no podían estar equivocadas porque sus enseñanzas provenían de la Biblia”. El punto esencial aquí es un hecho muy sencillo: Hallé PRUEBAS IRREFUTABLES de la inspiración divina y de la autoridad SUPREMA de la Santa Biblia, tal como fue escrita originalmente, como la Palabra revelada de Dios. Incluso, sus aparentes contradicciones se desvanecían al analizarlas con mente ecuánime.
Lo más difícil para la mente humana es reconocer que ha estado equivocada, y no fue más fácil para mí que para los demás. Pero Dios me había llevado, mediante las circunstancias, al punto en que me dispuse a hacerlo.
Para desconcierto y desconsuelo mío, tuve que “pedirle cacao” a mi esposa respecto de su supuesto “fanatismo”. ¡Yo no quería creerle! Pero estaba derrotado. Tenía que aceptar la verdad comprobada, aunque fuera contraria a lo que yo deseaba creer.
Fue humillante tener que reconocer que mi esposa tenía la razón y que yo había estado equivocado en la discusión más seria que jamás hubo entre los dos.
Desilusión
Para desilusión y asombro mío, descubrí que muchas de las enseñanzas y prácticas más conocidas de las iglesias carecían de fundamento bíblico. Su origen, como lo demuestra la historia, fue el paganismo, y así lo habían predicho varias profecías bíblicas. La extraordinaria e increíble verdad es que aquellas creencias y prácticas tan arraigadas en la cristiandad tradicional ¡NO se originaron en la Biblia sino en el paganismo, en el razonamiento y en las tradiciones de los hombres!
Como primer paso, yo había dudado de la existencia de Dios. Había buscado pruebas y éstas me demostraron que sí existe, que la Santa Biblia es su revelación inspirada y su instrucción para la humanidad. Aprendí que a lo que uno obedece, este es su Dios. La palabra Señor significa AMO: ¡aquel a quien SE OBEDECE! La mayoría de las personas, según descubrí, obedecen a dioses falsos y se rebelan contra el único Creador verdadero quien es el Gobernante supremo del universo.
El punto de discusión era la obediencia a Dios.
Al abrir los ojos y ver la verdad, llegué a una encrucijada en mi vida. Aceptar esa verdad significaba asociarme con gente humilde y sin pretensiones, gente que yo había considerado como mis inferiores. Significaba apartarme de los grandes, los poderosos y los ricos de este mundo y abandonar todas mis aspiraciones en este sentido. Era el golpe de gracia a la vanidad. ¡Significaba un cambio total de vida!
Una batalla de vida o muerte
Significaba un ARREPENTIMIENTO verdadero, pues ahora comprendía que había estado quebrantando la ley de Dios. Había estado rebelándome contra Él en muchas maneras, no sólo quebrantando el mandamiento de guardar el sábado como día de reposo. Ahora tendría que dar media vuelta y seguir el camino DE Dios, el camino de su Biblia. Tendría que vivir por cada palabra de la Biblia y no por los rumbos de la sociedad ni por los deseos de la carne y la vanidad.
Se trataba de escoger un rumbo que había de seguir por el resto de mi vida. Ciertamente, ¡estaba en una encrucijada!
Pero había sido derrotado. Lo había hecho Dios. .. aunque en ese momento yo no lo veía así. Los reveses en mi negocio, los fracasos repetidos, habían destruido toda mi confianza. Estaba quebrantado de espíritu. Mi yo no quería morir. Quería levantarse de la ignominia y la derrota y lanzarse nuevamente por el ancho camino de este mundo, el camino de la vanidad.
Yo había sido parte de este mundo. No sabía entonces que este mundo no es de Dios sino de Satanás. Llegué a comprender que aceptar la verdad de Dios significaba rechazar y abandonar los caminos de este mundo, y en gran medida abandonar a mis amigos y conocidos en este mundo. Renunciar al mundo con sus caminos, intereses y placeres era como morir. Y yo no quería morir. Creo que una de las pruebas más difíciles que debe afrontar todo aquel que es llamado por Dios es renunciar a este mundo y dejar de ser parte de él. Mas ahora yo sabía que ese camino era EQUIVOCADO. Sabía que su pena final era la muerte, ¡pero no quería morir todavía!
Fue una verdadera lucha por la vida, una batalla de vida o muerte. Al final, la perdí, como había perdido todas las batallas mundanas en los últimos años.
Desesperado, apelé a la misericordia de Dios. Si de algo le servía mi vida, era suya. No se la entregaba en un suicidio físico sino como un sacrificio vivo para que la utilizara según su voluntad. Ya no valía nada para mí. Me consideraba poco menos que chatarra inútil, un desecho humano que no merecía estar siquiera entre los escombros.
Jesucristo había comprado mi vida con su muerte. Realmente le pertenecía a Él. Y ahora ¡yo se la estaba entregando!
Desde ese momento, mi vida derrotada e inútil sería de Dios. No me parecía que a Él le pudiera servir para nada, pero era suya para que la utilizara como instrumento suyo si así lo deseaba.
Alegría en la derrota
Esta entrega a Dios, este arrepentimiento, este renunciar al mundo, a los amigos y conocidos, a todo, fue el trago más amargo que jamás hube de apurar. Sin embargo, fue el único medicamento que alguna vez me sanó de algo.
Empecé a ver que dentro de esta derrota absoluta estaba encontrando una alegría inefable. Había GOZADO con el estudio de la Biblia, descubriendo nuevas verdades que hasta entonces habían permanecido ocultas para mí. Y al entregarme a Dios completamente arrepentido, experimenté la dicha indescriptible de aceptar a Jesucristo como mi Salvador personal y Sumo Sacerdote.
Comencé a ver todo bajo una luz nueva y diferente. ¿Por qué me había parecido tan difícil y penoso entregarme a mi Creador y mi Dios? ¿Por qué me había dolido entregarme a Dios para obedecer sus buenos caminos? ¿Por qué? Estaba adquiriendo toda una nueva perspectiva de la vida.
Poco a poco, sentí que a mi vida había llegado una nueva amistad y un nuevo compañerismo. Tomé conciencia del contacto y la comunicación con Jesucristo y con Dios el Padre.
Cuando leía y estudiaba la Biblia, era Dios quien me hablaba … ¡y ahora me encantaba escuchar! Comencé a orar, y sabía que en la oración hablaba con Dios. Todavía no lo conocía muy bien, pero las relaciones se estrechan mediante el contacto y la conversación constantes.
Continué, pues, el estudio de la Biblia. Comencé a escribir las cosas que aprendía en forma de artículos. No me imaginé que los artículos llegarían a publicarse. Los escribí por gusto. Era una manera de aprender más por medio del estudio.
Ahora puedo decir, con el apóstol Pablo, “que el evangelio anunciado por mí, no es según hombre; pues yo ni lo recibí ni lo aprendí de hombre alguno, sino por revelación de Jesucristo … Pero cuando agradó a Dios … revelar a su Hijo en mí… no consulté en seguida con carne y sangre, ni [fui a un seminario teológico sino que me enseñó Jesucristo, la Palabra de Dios (por escrito)]” (Gálatas 1:11-12, 15-17).
Por eso he dicho que la experiencia dolorosa que tuve en aquel primer estudio intensivo fue algo muy singular en la vida humana y en el comportamiento de nuestros días. No sé de ningún líder religioso en el mundo que haya recibido sus enseñanzas de tal manera. ¡Las enseñanzas religiosas de este mundo no vinieron de Dios! ¡Solamente Dios es infalible!
Para la primavera de 1927, Dios me había barrido la MENTE. Había sacado las suposiciones y creencias que tenía. La experiencia había sido dura.
La destrucción de dos negocios rentables me había dejado frustrado.
Entonces tuve que reconocer que las creencias religiosas que había profesado eran contrarias a la verdad de Dios … y no sólo lo que había creído yo sino ¡las iglesias también!
¡Me sentía azotado! Por fin me había dado cuenta de mi nulidad e inutilidad. El Dios grande y majestuoso me había VENCIDO. Me había traído al verdadero arrepentimiento, y también me había traído a una FE sólida en Jesucristo y en Dios el Padre, UNA FE QUE REPOSABA SOBRE BASES FIRMES. Me había traído al punto de la entrega completa a Dios y SU Palabra.
Fui bautizado, y al recibir el Espíritu Santo de Dios mi mente se abrió y experimenté la dicha INEFABLE de conocer a Dios y a Jesucristo, de conocer la VERDAD y de sentir el calor del AMOR divino.
Ahora amaba lo que antes había aborrecido. La alegría más grande y absorbente de mi vida fue buscar en la Palabra de Dios aquellas joyas de oro puro que son su verdad. El estudio de la Biblia me llenó de renovado entusiasmo.
Dios guió mi entendimiento para que comprendiera la revelación de estos siete misterios bíblicos que han desconcertado a la humanidad, y para que hallara la única y verdadera Iglesia de Dios, la que Jesucristo fundó en el día de Pentecostés del año 31 de nuestra era.
Evolucionistas, educadores, científicos y religiosos se han esforzado, sin éxito, por explicar el misterio de los siglos: el origen de la materia, del universo y del hombre; el misterio de la humanidad, con sus formidables realizaciones humanas paradójicamente paralelas a males aterradores, de grandes mentes que producen maravillas pero que no pueden resolver los problemas humanos.
Ahora revelaremos al lector las claves asombrosas, aunque racionales y lógicas, de los SIETE GRANDES MISTERIOS que han desconcertado a la humanidad.
Capítulo I
¿QUÉ Y QUIÉN ES DIOS?
Regresaba a mi hotel en Nueva Delhi hace algunos años después de una conferencia privada con la Sra. Indira Gandhi, primera ministra de la India.
Desde que llegué a la India había notado las vacas y bueyes que deambulaban por las calles. Nunca había visto tanto ganado suelto en las calles de las ciudades de otros países.
—¿Estos animales no se alejan mucho de su casa? —le pregunté al conductor.
—Claro que sí —respondió.
—Y cuando se van tan lejos, ¿cómo saben sus dueños dónde encontrarlos para traerlos por la noche?
Sonriendo, el conductor contestó:
—Los dueños no saben. Pero el ganado conoce a su dueño y sabe dónde vive. Los bueyes regresan solos por la tarde.
Recordé inmediatamente el pasaje de las Escrituras en el primer capítulo de Isaías. Nunca lo había entendido tan claramente como ahora, al verlo expuesto en la vida real.
“Oíd, cielos, y escucha tú, tierra; porque habla el Eterno: Crié hijos, y los engrandecí, y ellos se rebelaron contra mí. El buey conoce a su dueño, y el asno el pesebre de su señor; Israel no entiende, mi pueblo no tiene conocimiento. ¡Oh gente pecadora, pueblo cargado de maldad, generación de malignos, hijos depravados! Dejaron al Eterno… se volvieron atrás” (Isaías 1:2-4).
Estas palabras iban dirigidas a la antigua Israel, nación a la cual Dios se había revelado por muchos milagros y prodigios. ¡Cuánto más ignorantes son las otras naciones acerca de QUÉ y quién es Dios!
Pero las demás naciones son humanas lo mismo que Israel. Es importante notar desde el comienzo de este capítulo que Dios llama a estas personas sus propios hijos. Muchos dicen: “Dios no es real para mí”. Dios para ellos es un gran misterio. En cambio, su padre de carne y hueso no es un misterio; ese sí es muy real.
Por qué Dios les parece irreal
En este capítulo espero que Dios surja como un ser tan real como nuestro padre humano. Dios se nos revela en la Biblia, mas tenemos que entenderla para que El nos parezca real.
El apóstol Pablo, inspirado por Dios, escribió lo siguiente acerca de los pueblos del Imperio Romano: “Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad; porque
lo que de Dios se conoce les es manifiesto, pues Dios se lo manifestó. Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad [espiritual], se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas [físico], de modo que no tienen excusa. Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido. Profesando ser sabios, se hicieron necios” (Romanos 1:18-22).
Los miles de millones de seres que habitan la tierra no sólo ignoran lo más importante: QUÉ y QUIÉN es Dios, sino que, al parecer, ni siquiera desean saberlo. Por voluntad propia, siguen ignorando el conocimiento más importante y la relación más esencial del ser humano.
Parece inconcebible … ¡pero es cierto!
¿Qué razón hay para que el hombre haya ignorado voluntariamente esta importantísima relación? Sólo hay una explicación posible: ¡Todas las naciones están bajo engaño!
(Apocalipsis 12:9). Y siendo un hecho este engaño universal, tiene que haber un gran engañador. Esto lo veremos más adelante.
Dios era irreal para los antiguos
Adán, el primer hombre creado, al tomar del fruto del árbol de la ciencia del bien y del mal estaba también rechazando a Dios como Creador. Indudablemente, Dios había revelado algo acerca de sí mismo a Adán.
No obstante, Adán se aisló a sí mismo de su Creador. Sin duda, algunos de los conocimientos que Dios le había impartido fueron transmitidos con éxito de padres a hijos por muchas generaciones. Jesús llamó a Abel, segundo hijo de Adán, el “justo Abel”. Abel hizo lo correcto cuando ofreció un cordero en sacrificio a Dios. Más tarde, Enoc “caminó con Dios”. Dios también habló con Noé y le dio instrucciones sobre cómo construir el arca.
Ciertos recuentos históricos implican que Sem, uno de los tres hijos de Noé, tuvo algún conocimiento del Dios verdadero después del diluvio. Pero resulta claro que el conocimiento de Dios se fue desvirtuando cada vez más con el paso de las generaciones.
Como mencionaremos en el capítulo iv de este libro, Nimrod prácticamente se hizo a sí mismo un dios. Con el paso de las generaciones y los siglos, el conocimiento del Dios verdadero casi se perdió. Las antiguas naciones paganas hicieron muchos ídolos de arcilla, madera, piedra y otros materiales. Los arqueólogos han desenterrado muchas representaciones de dioses paganos, las cuales pueden ser vistas en museos hoy. Como dijo el apóstol Pablo, adoraron la creación en vez del Creador (Romanos 1:25).
El concepto del primer siglo
El Nuevo Testamento nos da a entender la ignorancia que imperaba acerca de qué y quién es Dios.
Los eruditos del mundo en el primer siglo eran los intelectuales atenienses. Algunos se encontraron con el apóstol Pablo en Atenas y comenzaron a discutir.
“Y algunos filósofos de los epicúreos y de los estoicos disputaban con él; y unos decían: ¿Qué querrá decir este palabrero? Y otros: Parece que es predicador de nuevos dioses; porque les predicaba el evangelio de Jesús, y de la resurrección. Y tomándole, le trajeron al Areópago [en la colina de Marte], diciendo: ¿Podremos saber qué es esta nueva enseñanza de que hablas? … Entonces Pablo, puesto en pie en medio del Areópago, dijo: Varones atenienses, en todo observo que sois muy religiosos; porque pasando y mirando vuestros santuarios, hallé también un altar en el cual estaba esta inscripción: Al Dios NO CONOCIDO. Al que vosotros adoráis, pues, sin conocerle, es a quien yo os anuncio. El Dios que hizo el mundo y todas las cosas que en él hay, siendo Señor del cielo y de la tierra… él es quien da a todos vida y aliento y todas las cosas. Y de una sangre ha hecho todo el linaje de los hombres, para que habiten sobre toda la faz de la tierra… Porque en él vivimos, y nos movemos, y somos …” (Hechos 17:18-19, 22-26, 28).
¿qué decir de los eruditos del mundo hoy? Sería de esperar que los de mayor nivel educativo conocieran qué y quién es Dios. Si preguntáramos a 100 decanos universitarios: “¿Cree usted en Dios?”, quizá tres o cuatro responderían: “Bueno, creo en la existencia de Dios como una primera causa”. Pero no podrían decirnos QUÉ ni quién es Dios. No podrían decimos cómo es Dios. El no es real para ellos; en otras palabras, Dios es un misterio. Quizá otros seis u ocho de este centenar reconocerían que son agnósticos, que no saben “con seguridad” si Dios existe.
He dicho que la educación se reduce a memorizar. Desde la escuela elemental hasta los niveles de posgrado, nuestros sistemas educativos inyectan conceptos e ideologías preconcebidas y una mezcla de realidad y fábula en la mente incauta de niños, jóvenes y adultos. Los estudiantes de nuestros sistemas escolares se califican según cómo acepten, memori- cen y reciten o escriban lo que se les ha enseñado, sea cierto o falso.
La educación ha dado acogida universal a la fábula de la evolución. La evolución es el intento del ateo por explicar la existencia de una obra creada sin la preexistencia del Creador. Hace caso omiso de Dios y de esta manera se enceguece ella misma ante el misterio de QUÉ y QUIÉN es Dios.
La creación física sí parece real
La creación es material y visible. Por lo tanto, parece real. El sistema educativo es enteramente materialista. El concepto científico moderno niega la existencia de lo invisible y lo espiritual. Empero, todos nuestros problemas aparentemente insolubles y los males de este mundo son de índole espiritual.
Cité arriba el primer capítulo de la Epístola a los Romanos. El versículo 28 dice: .. ellos no aprobaron tener en cuenta a Dios”. Es muy poco o nada lo que se enseña acerca de Dios, y aun en la escuela primaria el concepto básico, el que da el enfoque para todo el conocimiento, es la evolución.
¿Es de extrañar, pues, que los eruditos ignoren qué y QUIÉN es Dios? Simplemente creen lo que se les ha enseñado.
Escribo poco después de mi segunda visita de cuatro días a Pekín como el primer dirigente religioso del mundo cristiano invitado a dirigirse a grupos grandes en la capital china. Había tenido una conferencia privada con el vicepresidente del Comité Permanente del Congreso Nacional del Pueblo, Tan Zhen-lin, y ahora en esta segunda visita me reuní con Deng Xiaoping, jefe indiscutible de la China.
Hablando con él, sabía que me estaba dirigiendo al funcionario que moldea actualmente el pensamiento y las creencias de más de mil millones de personas, casi la cuarta parte de la población de la tierra. La China es la nación más poblada del mundo. En tiempos muy antiguos la religión de la China era el culto a los antepasados. Luego vino el confu- cianismo, con su rival el taoísmo, y más tarde el budismo, proveniente de la India. Después vino el cristianismo. Hoy la nación es comunista y atea.
Los dirigentes de la China me parecieron gente muy cordial, simpática y amigable … pero ciertamente no les interesa saber qué y quién es Dios. No intenté hablarles de estas cosas, pero sí afirmé ante dos grupos de dirigentes muy importantes lo que Dios va a hacer muy pronto, y anuncié este libro que estoy escribiendo ahora.
El segundo país del mundo en términos de población es la India. ¿Qué saben ellos acerca de qué y quién es Dios?
Rusia ocupa el tercer lugar en población. Allí existió el cristianismo ortodoxo ruso y ahora el ateísmo.
No condeno ni juzgo a estos pueblos. Creo que son tan bien intencionados como cualquier otro. Dios no los está juzgando ahora, como explicaré más tarde. El tampoco los condena. Los ama y los llamará a la salvación eterna a su debido tiempo. Pero ellos NO SABEN QUÉ NI QUIÉN es Dios.
Los egipcios de la antigüedad adoraban a Isis y Osiris. Los griegos y romanos tenían sus dioses mitológicos como Júpiter, Hermes, Dionisio, Apolo, Diana y muchos más. Pero no sabían, y sus pueblos no saben hoy, qué y QUIÉN es Dios. ¿POR QUÉ?
Ignorantes por voluntad propia
La cita del primer capítulo de Romanos ya nos ha dado una respuesta: Ignoraban al Dios verdadero por voluntad propia. Pero ¿POR QUÉ? ¿Por qué querían ser ignorantes?
Romanos 8:7 dice claramente que la mente natural del hombre es hostil contra Dios. Esto no significa necesariamente que todas las mentes inconversas sean activa e intencionalmente hostiles. La mayoría de los seres humanos guardan una hostilidad pasiva contra Dios: sencillamente no se detienen a pensar en EL Si alguien menciona a Dios, se sienten incómodos y muchas veces tratan de cambiar el tema. Probablemente no se dan cuenta de que esta es una actitud hostil, pero es precisamente la razón sicológica por la cual evaden el tema. En otras palabras, la mayoría de las personas tienen una hostilidad pasiva contra Dios y no se dan cuenta. Sin comprenderlo activamente, prefieren que Dios “las deje en paz” y no se meta con ellas … excepto cuando tienen un problema muy grande y claman a El.
Las cosas espirituales, las cosas invisibles, son un misterio para estas personas. No las entienden, aunque son muy reales, porque no las ven. Y siendo un profundo misterio, niegan su existencia.
Esta ignorancia voluntaria tuvo una causa, y la Biblia nos explica cuál fue. Fue una causa dual: 1) lo que ocurrió en la prehistoria, y 2) lo que Dios mismo instituyó después del pecado de Adán. Todo esto (que se explicará en los dos capítulos siguientes), así como la CAUSA de la creciente ola de males en nuestro mundo, se revelan claramente en la Palabra del Dios todopoderoso, que es la Santa Biblia. Esto se hará más claro a medida que avancemos.
Pero antes, ¿qué revela la Biblia acerca de qué y quién es Dios? Dios se revela únicamente en este libro inspirado. Pero la humanidad en general nunca le ha creído, es decir, ¡nunca ha creído lo que Dios dice! Dios habló cara a cara con Adán y Eva, la primera pareja humana. Luego permitió que Satanás se acercara a ellos. Satanás indujo a Adán a la desobediencia por medio de su esposa. Nuestros primeros padres creyeron a Satanás cuando les dijo: “No moriréis” (Génesis 3:4), siendo que Dios les había dicho: “Ciertamente morirás” (Génesis 2:17), si tomaban del fruto prohibido.
Cuando Jesucristo vino a la tierra y predicó 4.000 años más tarde, contadísimas personas creyeron sus palabras (Hechos 1:15), aunque predicó el mensaje de Dios a varios millares.
No es de extrañar, pues, que ninguna de las religiones, sectas y cultos, salvo la pequeña Iglesia fundada por Jesucristo en el año 31 de nuestra era, crea a Dios. Las demás no creen lo que Dios dice en su Palabra. ¡La Palabra de Dios revela claramente qué y quién es Él! Pero su ignorancia tiene una razón, como veremos más adelante.
Ahora bien, ¿exactamente QUÉ y QUIÉN es Dios? ¿Cómo se revela? Ya citamos al apóstol Pablo cuando dijo a los atenienses que Dios es el Creador que diseñó, formó y creó al hombre.
El profeta Isaías cita estas palabras de Dios: “¿A qué, pues, me haréis semejante o me compararéis? dice el Santo. Levantad en alto vuestros ojos, y mirad quién creó estas cosas; él saca y cuenta su ejército; a todas llama por sus nombres; ninguna faltará; tal es la grandeza de su fuerza, y el poder de su dominio” (Isaías 40:25-26).
Más aún, Dios les dice a los escépticos: “Alegad por vuestra causa, dice el Eterno; presentad vuestras pruebas, dice el Rey de Jacob. Traigan, anúnciennos lo que ha de venir; dígannos lo que ha pasado desde el principio, y pondremos nuestro corazón en ello; sepamos también su postrimería, y hacednos entender lo que ha de venir. Dadnos nuevas de lo que ha de ser después, para que sepamos que vosotros sois dioses; o a lo menos haced bien, o mal, para que tengamos qué contar, y juntamente nos maravillemos. He aquí que vosotros sois nada, y vuestras obras vanidad..(Isaías 41:21-24). Estos pasajes revelan el poder de Dios, pero no lo que Él es de una manera que lo haga real para el lector. Para esto, debemos buscar otros pasajes de las Escrituras.
Dios, Creador del universo
Dios es el Creador de TODO cuanto hay en el vasto universo: las estrellas, las galaxias en el espacio cósmico, la tierra, el hombre y todo lo que hay en la tierra.
Esto nos dice QUÉ es Dios, ¡nos dice qué hace! Dios CREA, diseña y da forma. ¡Da vida! Él es el gran Dador. Y su ley es su camino de vida; es el camino del DAR, no el del OBTENER, que es el camino de este mundo.
Ahora bien, ¿cómo es Dios? ¿Quién es Dios? Al respecto ha habido muchas conjeturas. Algunos creen que Dios es simplemente el bien, las buenas intenciones que hay dentro de cada ser humano. En otras palabras, Dios sería simplemente una parte de cada individuo. Otros han imaginado que Dios es un ídolo de oro o plata o tallado en madera, piedra u otro material. Mientras Moisés se comunicaba con Dios en el monte Sinaí, los israelitas pensaron que Dios era algo así como un becerro de oro.
Muchos creen que Dios es un personaje único, individual y supremo. Otros creen que es un espíritu.
Pero la enseñanza generalmente aceptada en el cristianismo tradicional es que Dios es una “trinidad”, o sea Dios en tres personas: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. La palabra trinidad, empero, ni siquiera aparece en la Biblia. La Biblia no enseña semejante doctrina. Sobre esto volveremos más tarde.
Dios en la prehistoria
Ahora volvamos al principio, a la prehistoria.
Si a usted le preguntaran en qué parte de la Biblia se encuentra la primera descripción de Dios en el tiempo más remoto de su existencia, probablemente respondería que en el primer versículo de la Biblia, Génesis 1:1. ¿Es correcto?
¡No es correcto! Cronológicamente, la primera revelación de QUÉ y quién es Dios aparece en el Nuevo Testamento, en Juan 1:1.
“En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Este era en el principio con Dios. Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho. En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres” (Juan 1:1-4).
El Verbo en este pasaje es una traducción de la palabra griega logos, que significa “vocero”, “palabra” o “pensamiento revelador”. Es el nombre empleado aquí para indicar un ser individual. Pero ¿qué o quién es este Logos? Veamos la explicación en el versículo 14: “Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad”.
Cuando nació como Jesucristo, fue carne y hueso. Tenía un cuerpo físico, de manera que lo podían ver y tocar. Pero ¿qué era? ¿Era como Dios … como el Logos? Esto se responde en Juan 4:24: “Dios es espíritu”, y el espíritu es invisible. Sabemos qué forma tenía como el hombre Jesús, pero ¿qué forma tenía siendo el Verbo? Esto lo explicaremos más adelante.
El Verbo, pues, es un ser que se hizo carne, que fue engendrado por Dios y que al ser engendrado se convirtió en su Hijo (y Dios en su Padre). Mas en aquel momento prehistórico al que se refiere el primer versículo del Evangelio de Juan, el Verbo aún no era Hijo de Dios. Él se despojó de su gloria como ser espiritual divino para ser engendrado como ser humano. Se convirtió en Hijo de Dios más tarde cuando fue engendrado por Dios y nació de la virgen María.
Aquí en el principio, pues, vemos reveladas dos personas: una es Dios, y con Dios había en aquella época prehistórica otra persona que también era Dios, que más tarde fue engendrada y nació como Jesucristo. Estas dos personas eran espíritu, que es invisible para el ojo humano a menos que se manifieste de una manera sobrenatural. En la época descrita en el versículo 1, Jesús no era todavía el Hijo de Dios y Dios no era su Padre.
¿Quién era Melquisedec?
Hay algo más acerca de la preexistencia de Jesús en el capítulo séptimo de Hebreos. Hablando de Melquisedec, rey de Jerusalén en tiempos de Abraham, dice que también era el sacerdote del Dios altísimo. Melquisedec había existido desde toda la eternidad, “sin padre, sin madre, sin genealogía; que ni tiene principio de días, ni fin de vida, sino hecho semejante al Hijo de Dios, permanece sacerdote para siempre” (versículo 3).
Como Melquisedec era “semejante al Hijo de Dios” y permanece sacerdote para siempre, y como Jesucristo es Sumo Sacerdote ahora, entonces Melquisedec y Jesucristo son la misma persona.
Por lo tanto, Cristo fue “sin padre, sin madre, sin genealogía [en tiempos de Abraham]; que ni tiene principio de días ni fin de vida”. Dios también había existido eternamente junto con el Verbo. Jesús, cuando era el Verbo, era un ser inmortal que había existido SIEMPRE. Jamás hubo un momento en que no existiera. El no tiene principio de días. Entonces era “semejante” al Hijo de Dios pero no era el Hijo de Dios. Él también era Dios junto con Dios.
Estos pasajes muestran que en el principio, antes de que se hubiera creado cosa alguna, el Verbo estaba con Dios y al mismo tiempo el Verbo era Dios. ¿Cómo se explica esto?
El hijo de un hombre de apellido Pérez puede estar con Pérez, su padre, y al mismo tiempo es Pérez porque toma el nombre de su padre. Pero es una persona diferente. Está con su padre, Pérez, y al mismo tiempo es Pérez.
La única diferencia en esta analogía es que en el momento de Juan 1:1 el Verbo todavía no era el Hijo de Dios. Pero estaba con Dios y también era Dios.
No eran Padre e Hijo, pero eran el fundamento de lo que había de convertirse en la familia DE Dios.
Esa familia se compone ahora de Dios el Padre y de su Hijo Jesucristo, y de muchos seres humanos que YA han sido engendrados COMO hijos E hijas de Dios (Romanos 8:14, 16;
Corintios 6:18; I Juan 3:2) y que constituyen la Iglesia de Dios.
Este aspecto de familia, la familia de Dios, es de importancia vital y se explicará en detalle más tarde.
Pero ¿dónde estamos ahora?
Mucho antes de que existiera algo más, había dos seres supremos inmortales que habían existido siempre. Es difícil para la mente humana captar el sentido de “siempre”. Pero también le es difícil captar lo que es la electricidad, y sin embargo todos sabemos que la electricidad existe y que ¡es real!
Cristo como Creador
Volvamos a nuestra pregunta inicial: ¿Qué y QUIÉN es Dios? Antes de que existiera cosa alguna, estaban Dios y el Verbo, compuestos de espíritu, no de materia, mas no por ello eran menos reales. Eran DOS personas, no tres. El versículo 3 de Juan 1 dice que todas las cosas (el universo) fueron creadas por el Verbo.
Esto se entiende mejor si le agregamos Colosenses 1:16 que dice, hablando de Jesucristo: “Todo fue creado por medio de él”.
Expliquemos. En la primera semana de enero de 1914 visité al famoso fabricante de automóviles Henry Ford para entrevistarlo para una revista que quería publicar un artículo sobre su nueva y revolucionaria política salarial de US$5 diarios. Me reuní con el Sr. Ford en el edificio administrativo. Vestía traje de calle, camisa blanca y corbata. Del otro lado de la calle vi una gran fábrica donde laboraban millares de obreros vestidos de overol ante sus máquinas impulsadas por energía eléctrica. Se decía que el Sr. Ford hacía los automóviles. Pero él los hacía por medio de estos obreros, que a su vez se valían de las máquinas y de la energía eléctrica.
De la misma manera, Dios el Padre es el Creador, pero creó todas las cosas por medio de Jesucristo. Jesús es el Verbo. Está escrito: “Él dijo, y fue hecho” (Salmos 33:9). Dios le dice a Cristo lo que debe hacer (Juan 8:28-29). Luego Jesús habla, como el obrero, y el Espíritu Santo es la FUERZA que responde y hace lo que Jesús ordena.
Por eso leemos en Colosenses 1, a partir del versículo 12: “Dando gracias al Padre … el cual nos ha … trasladado al reino de su amado Hijo… Él es la imagen del Dios invisible [tienen la misma apariencia, la misma forma y el mismo carácter] … Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él. Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten” (versículos 12-13, 15-17).
La Palabra de Dios, pues, revela que Dios y el Verbo, dos personas supremas, existieron siempre y antes de que se hubiera creado cosa alguna, incluso la tierra y el universo entero.
En los pasajes citados arriba vemos que Cristo tenía la misma imagen, o sea la misma forma, de Dios. Quizá Dios parezca más real para usted cuando comprenda que tiene forma de ser humano. De esto daremos más pruebas.
Hubo un tiempo en que estas dos personas existían, pero no existía nada más.
La Biblia no menciona a una tercera persona. ¿Se limita entonces Dios a dos personas? La falsa doctrina de la trinidad limita a Dios a tres personas, pero Dios no está limitado. Tal como El lo revela vez tras vez, su propósito es reproducirse a sí mismo hasta llegar a ser, probablemente, miles de millones de seres divinos. Es la falsa enseñanza sobre la trinidad la que limita a Dios, niega su propósito y, evidentemente, ha engañado a todo el mundo cristiano. Tanto Dios como el Verbo son espíritu y proyectan su espíritu.
Para ilustrar esto, me permito dar un ejemplo: Gracias al sentido de la vista, podemos ver algo que está al otro lado de un cuarto; también podemos ver el sol y aun estrellas muchísimo mayores que nuestro sol, con la diferencia de que están más lejos. No obstante, por medio de la vista no podemos efectuar cambios en esos objetos. Dios puede proyectar su espíritu a cualquier lugar, no importa cuán lejos esté, pero al mismo tiempo puede ejercer su poder y efectuar cambios a voluntad en esos objetos. Dios es entonces un ser omnipresente.
¡Quién sabe cuánto tiempo Dios y el Verbo pensaron, planearon y diseñaron antes de empezar a crear!
Pero la materia, o sea la tierra, las estrellas, las nebulosas y las galaxias, no fue lo primero que crearon. Antes de crear la materia, crearon ángeles.
Dios habla de la creación de la tierra en el capítulo 38 del libro de Job. Dice que cuando creó la tierra todos los ángeles alababan y se regocijaban (versículo 7). Por lo tanto, los ángeles ya existían cuando se creó la tierra.
En Génesis 1:1 se dice que Dios creó la tierra y los cielos, dando a entender que el universo material se creó simultánea­mente con la tierra. Esto se dice claramente en Génesis 2:4: “Estos son los orígenes de los cielos y de la tierra cuando fueron creados, el día que el Eterno Dios hizo la tierra y los cielos”.
Sin embargo, la palabra día en este contexto no se refiere necesariamente a un día de 24 horas sino a cierto espacio indeterminado de tiempo. Esto pudo haber sido hace miles de millones de años. Antes de la creación del hombre hubo ángeles en la tierra. Como los ángeles son seres espirituales inmortales, pudieron haber estado aquí millares o aun millones de años antes del hombre. Dios no revela cuánto tiempo fue. La tierra fue morada de los ángeles primero, pero Judas 6 nos dice que “no guardaron su dignidad, sino que abandonaron su propia morada [en la tierra] . ..”
¿Qué aspecto tiene Dios?
Ahora veamos más detalles sobre qué y quién es Dios.
Dios es espíritu (Juan 4:24). ¿Por qué es irreal para tantas personas? Porque Dios y el Verbo no se componen de materia sino de espíritu; no son carne y hueso como los humanos. Dios es invisible al ojo humano (Colosenses 1:15). No parece real. Para que algo parezca real, la mente quiere ver una forma. Pero aunque Dios se compone de espíritu y no de materia visible, la verdad es que El sí tiene forma.
¿Cuál es la forma de Dios? En Génesis 1:26 Dios dijo: “Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza”. Sabemos cuál es la imagen y forma del hombre; esta es la imagen y forma que tiene Dios.
En varias partes de la Biblia se revela que Dios tiene rostro, ojos, nariz, boca y oídos. Tiene cabello. Se revela que Dios tiene brazos y piernas. Y Dios tiene manos y dedos. Ningún ave, pez, insecto ni mamífero tiene manos como las del hombre. Si algún otro ser viviente que conocemos tuviera uya mente para pensar pero careciera de manos y dedos, no podría diseñar y hacer cosas como el hombre.
Dios tiene pies y dedos en los pies. Tiene un cuerpo. Tiene una mente. Los animales tienen un cerebro, mas no la facultad mental del hombre.
Si conocemos el aspecto de un hombre, conocemos la forma y el aspecto de Dios, pues Él hizo al hombre a su imagen, según su propia semejanza.
Uno de los discípulos de Jesús le preguntó qué apariencia tenía Dios el Padre. Jesús le respondió: “¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre” (Juan 14:9). Jesús se parecía al Padre. Jesús era “Dios con nosotros” (Mateo 1:23). Era el Hijo de Dios.
¿Cómo era su aspecto físico? Era el de un hombre, porque también era Hijo de hombre. Se parecía tanto a los demás judíos de su época que sus enemigos tuvieron que sobornar a Judas para que lo señalara y lo identificara entre la gente.
Sabemos, pues, que Dios tiene la misma forma del hombre. También sabemos que se compone de espíritu y no de materia como el hombre. El espíritu es invisible para nuestros ojos a menos que se manifieste por un proceso especial.
si se manifestara así, veríamos tanto a Dios el Padre como a Cristo glorificados en el cielo, con el rostro de forma humana pero resplandeciente como el sol, sus ojos como llamas de fuego, sus pies como bronce bruñido y su cabellera blanca como la nieve (Apocalipsis 1:14-16).
La naturaleza y el carácter de Dios
Pero lo más importante es la naturaleza de Dios, su CARÁCTER. ¡No podemos saber cómo es Dios si no conocemos su carácter!
El CARÁCTER, tanto de Dios el Padre como de Jesucristo, es de santidad espiritual, de justicia y perfección absolutas.
Ese carácter se puede resumir en una palabra: amor, que se define como un interés altruista y generoso. Amar es dar, servir, ayudar, compartir. No es OBTENER.
Es el camino que no conoce la codicia, la lascivia, la vanidad, el egoísmo, la competencia, el conflicto, la violencia ni la destrucción; no conoce la envidia ni los celos, el resentimiento ni la amargura.
La naturaleza inherente de Dios es el camino de la paz, la JUSTICIA, la MISERICORDIA, la FELICIDAD y la ALEGRÍA, que irradian de Él hacia todos los que Él ha creado.
El Verbo y Dios vivían. ¿Qué hacían? Creaban. ¿Cómo vivían? ¿Cuál era su estilo de vida? Su estilo o camino de vida era el camino de su carácter perfecto: el camino del AMOR altruista. Cuando Jesús fue bautizado, Dios el Padre dijo: “Este es mi Hijo amado” (Mateo 3:17). Dios amaba al Verbo y el Verbo amaba a Dios y lo obedecía en todo.
Dos no pueden andar juntos si no están de acuerdo (Amos 3:3). Ellos estaban plenamente de acuerdo y cooperaban en todo. Dos no pueden andar juntos en paz continua si uno de ellos no es el jefe o cabeza. Dios era el jefe.
Su camino de vida, o sea su manera de vivir, produjo paz, cooperación, alegría y realizaciones. Este CAMINO DE vida se convirtió en ley. Una ley es un código que rige la conducta o las relaciones entre dos o más personas. Las reglas de una competencia deportiva podrían considerarse la “ley” del juego. Si hay una ley, debe haber una sanción por su infracción. No puede haber ley sin una sanción cuando se viola.
Dios, autor del gobierno
La existencia misma de una ley presupone un GOBIERNO. El gobierno es la administración y aplicación de la ley por parte de uno que tiene autoridad. Esto supone la necesidad de un liderazgo con autoridad, de alguien que mande.
Cuando existían los únicos seres con vida consciente, Dios era el jefe, el que tenía el mando. Así pues, aun cuando los únicos seres vivos y conscientes eran Dios y el Verbo, había un gobierno con Dios a la cabeza. El gobierno de Dios es necesariamente un gobierno de arriba hacia abajo. No puede ser un “gobierno por consentimiento de los gobernados”. Sus leyes provienen de Dios. No son materia de legislación por parte del pueblo. Los gobernados no dictan la manera como el gobierno ha de regirlos. Como Dios creó otros seres vivos, pensantes y conscientes, este hecho necesariamente indica que el GOBIERNO DE Dios hubo de extenderse sobre toda la creación, con Dios como su gobernante supremo.
Nuestra civilización humana se ha apropiado la prerrogativa de crear leyes. Los gobiernos humanos, bien sea municipales, departamentales, estatales o nacionales, tienen cuerpos legislativos, concejos municipales, legislaturas estatales, congresos nacionales, etc. No obstante, 6.000 años de experiencia humana han demostrado la incapacidad total de los seres humanos para discernir entre el bien y el mal, o para formular leyes de conducta y relaciones humanas.
Los cuerpos legislativos humanos han hecho tantas leyes que a un agente de policía promedio no le es posible recordar siquiera el 20 por ciento de las leyes en cuyas violaciones él debe intervenir. Algunos quizá recordarán una tira cómica que se titulaba “Debería haber una ley”. Esta tira cómica se reía del hecho de que los legisladores han hecho tantas leyes y, sin embargo, no han podido abarcar todas las posibilidades de infracción.
La ley de Dios es espiritual y puede resumirse en una palabra simple pero que todo lo incluye. Esa palabra es amor. La ley de Dios para guiar la conducta humana se subdivide en dos grandes mandamientos: amor a Dios y amor al prójimo. Éstos, a su vez, se subdividen en 10 mandamientos. Jesús magnificó esta ley enseñando cómo su principio se extiende hasta abarcar prácticamente toda infracción posible. El tercer capítulo de II Corintios enseña que la ley de Dios ha de aplicarse en principio. Esta ley se resume en una sola palabra: amor. No obstante, es tan perfecta que al aplicar su principio es una ley completa. Sólo hay un legislador perfecto: Dios.
Téngase presente que el gobierno de Dios se basa en la ley de Dios, que es el camino de vida del amor altruista, la cooperación, el interés por el bien de los gobernados. Y esta ley de Dios produce paz, felicidad y cooperación mediante la obediencia.
Dios es una familia
Volvamos ahora a Génesis 1:1: “En el principio… Dios..Esto fue escrito por Moisés tal como Dios lo inspiró. Moisés escribió en hebreo, y la palabra hebrea traducida como Dios es Elohim. Esta palabra es un sustantivo o nombre de forma plural, pero en su uso gramatical suele ser singular. Es como las palabras familia, iglesia, grupo: una familia formada por dos o más miembros, una iglesia compuesta de muchos miembros, un grupo de varias personas.
Se refiere precisamente a las mismas “personas” que componen a aquel Dios único que encontramos en Juan 1:1: el Verbo y Dios. Cada una de estos DOS seres divinos es Dios.
En otras palabras, Dios ES una familia de personas, que ahora se compone solamente de dos: Dios el Padre y Cristo el Hijo. Pero si el Espíritu de Dios mora en uno y éste es guiado por el Espíritu, entonces es un hijo engendrado de Dios (Romanos 8:14), Cuando Cristo regrese a la tierra con poder y gloria supremos para establecer el reino de Dios y restaurar el gobierno de Dios que Lucero abolió, entonces todos los que estén llenos del Espíritu de Dios y sean guiados por él se convertirán en hijos nacidos de Dios. Entonces EL GOBIERNO DE DlOS SERÁ RESTAURADO en la tierra y ¡LA FAMILIA
de Dios gobernará a las naciones!
La doctrina de la trinidad
La doctrina de la trinidad limita a Dios a tres personas. Destruye el evangelio de Jesucristo porque este evangelio es la buena noticia del venidero reino de Dios, la única esperanza de este mundo y sus confundidos habitantes.
La trinidad es una doctrina de la gran religión falsa llamada en Apocalipsis 17:5 “Babilonia la grande, la madre de las rameras y de las abominaciones de la tierra”.
Mediante esta y otras doctrinas, Satanás ha engañado al cristianismo tradicional.
La enseñanza generalmente aceptada en el cristianismo tradicional es que Dios es una “trinidad”, o sea Dios en tres personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo.
¿Cómo entró esta doctrina en el cristianismo tradicional?
Decididamente, no vino de la Biblia. He citado Apocalipsis 12:9, según el cual todas las naciones han sido engañadas por Satanás el diablo. ¿Cómo fue que el diablo astuto introdujo semejante doctrina en el “cristianismo”?
La historia es interesante. Parece increíble que un ser como Satanás haya engañado no sólo al mundo en general sino también al “cristianismo”, la religión que lleva el nombre de Cristo y que se supone la verdadera. ¡Pero lo hizo!
Lo hizo por medio de su gran iglesia falsa fundada en el año 33 de nuestra era por Simón el Mago, a quien el capítulo 8 del libro de los Hechos describe como el jefe de la religión babilónica de los misterios en Samaria. En II Reyes 17:23-24 leemos que Salmanasar, rey de Asiria, quien había invadido y conquistado el reino del norte, el reino de Israel, deportó al pueblo de Samaria (al norte de Jerusalén) y lo remplazó con gente que profesaba la religión babilónica de los misterios. Eran gentiles, desde luego. En tiempos de Cristo habitaban la zona al norte de Jerusalén. Los judíos de Judea los despreciaban, llamándolos “perros”. Aun en el primer siglo de nuestra era seguían aferrados a esta religión pagana de los misterios.
En el año 33, dos años después de que Jesucristo, desde el cielo, fundara la Iglesia de Dios en el día de Pentecostés, el diácono Felipe, que más tarde fue evangelista, viajó a Samaria predicando el evangelio de Cristo. Aquel Simón el Mago vino con la multitud a oírlo.
Simón había encantado a los pobladores de esa tierra, quienes lo seguían como su jefe dentro de la gran religión $e los misterios, “desde el más pequeño hasta el más grande, diciendo: Este es el gran poder de Dios” (Hechos 8:10).
Cuando muchos creyeron las prédicas de Felipe acerca del reino de Dios, fueron bautizados, y con ellos Simón. Luego Simón se dirigió a los apóstoles Pedro y Juan y les ofreció dinero a cambio de que le dieran el poder para impartir el Espíritu Santo a quienes él impusiera las manos. Pedro lo reprendió fuertemente, pero de todos modos Simón se proclamó apóstol cristiano y le puso el nombre de “cristianismo” a la religión babilónica de los misterios. Adoptó la doctrina de la “gracia” para perdón de los pecados (algo que las religiones paganas no tenían), pero convirtió la gracia en licencia para desobedecer a Dios (Judas 4). Aspiraba a convertir su religión pagana, que ahora llevaba el nombre de “cristianismo”, en una religión universal para ganar así el dominio político del mundo.
Simón, el “Pater” (Pedro) con su religión falsificada, no logró esto durante su vida. Pero los dirigentes que le sucedieron, habiendo trasladado su sede a Roma, pudieron, más tarde, controlar políticamente el Imperio Romano y su prolongación medieval llamado ei “Sacro Imperio Romano”. ¡Este mismo imperio está actualmente en vías de restauración en Europa!
Un evangelio falso
Para fines de la sexta década del primer siglo, gran parte del Medio Oriente había abandonado el evangelio verdadero para adoptar otro falso (Gálatas 1:6-7). En la década del 90 el apóstol Juan escribió el libro del Apocalipsis en la isla de Patmos.
Poco después, la iglesia fundada por Simón en el año 33 pretendió convertir la Pascua cristiana en una ceremonia babilónica que ahora se llama la “Pascua Florida”. (Cristo había cambiado solamente su forma, o sea sustituyó el sacrificio del cordero por pan ázimo y vino.)
Muerto el apóstol Juan, un discípulo suyo de nombre Policarpo protagonizó una controversia con el jefe de la iglesia iniciada por Simón acerca de la Pascua bíblica y la Pascua Florida.
Más tarde, otro discípulo del verdadero cristianismo llamado Polícrates participó en un debate aun más acalorado sobre la misma cuestión. Esta batalla teológica se llamó la Controversia Cuartodecimana. Polícrates sostuvo, como habían enseñado Jesús y los primeros apóstoles, que la Pascua debía observarse en su nueva forma cristiana introducida por Cristo y apoyada por el apóstol Pablo (I Corintios 11): con pan ázimo y vino en vez del sacrificio de un cordero, en la tarde del 14 de nisán (primer mes del calendario sagrado). Pero sus contendores insistían en que debía celebrarse en domingo.
Más o menos al mismo tiempo surgió otra controversia entre el Dr. Arrio, dirigente cristiano de Alejandría que murió en el año 336 de nuestra era, y otros obispos acerca de la trinidad. El Dr. Arrio se opuso rotundamente a la doctrina de la trinidad y tuvo muchos seguidores.
En el año 325 el emperador Constantino convocó el Concilio de Nicea para resolver las controversias. Constantino no era “cristiano” todavía, pero asumió el control como jefe político. El Concilio aprobó la doctrina de la Pascua Florida y de la trinidad. Constantino, gobernante civil, las convirtió en LEY… ¡mas no pudo convertirlas en verdad!
Satanás ha engañado a todo el mundo respecto de la naturaleza de Dios, qué y quién es, y respecto de Jesucristo y el Espíritu Santo. También respecto del GOBIERNO DE DlOS, el cual está basado en la ley espiritual de Dios. Más aún, lo ha engañado respecto de QUÉ es el hombre y POR QUÉ existe, qué es la salvación y cómo se recibe, cuál es el evangelio verdadero, qué es la Iglesia y por qué existe, y qué ocurrirá en el futuro.
¿Cómo es Dios?
La palabra trinidad no aparece en ningún lugar de la Biblia. A medida que sigamos, va a quedar perfectamente claro que Dios no se ha limitado a ninguna trinidad. Esta sorprendente realidad, una vez comprendida, jes la revelación más extraordinaria que la mente humana pueda recibir!
El primer concepto o enseñanza acerca de la trinidad surgió en la segunda mitad del siglo segundo, muchos años después de haberse terminado de escribir el Nuevo Testamento. El cristianismo falso originado por Simón el Mago la promovía fuertemente junto con la Pascua Florida, de origen igualmente pagano. La verdadera Iglesia de Dios se opuso enérgicamente. La controversia se hizo tan violenta que amenazó la paz del mundo. Por eso el emperador Constantino, a la sazón pagano, convocó el Concilio de Nicea para resolver el asunto. Los seguidores del emperador romano eran muchísimo más numerosos que los miembros de la Iglesia de Dios perseguida.
En el libro del Apocalipsis hay una profecía acerca de estas dos iglesias. El capítulo 12 habla de la verdadera Iglesia de Dios, víctima de persecuciones. Jesús la llamó “manada pequeña” (Lucas 12:32). En Apocalipsis 17 encontramos la profecía acerca de la iglesia falsa, una iglesia muy grande que Dios llama “Misterio: Babilonia la grande, la madre de las rameras” (versículo 5). Ésta se alineó con los gobiernos políticos y se montó sobre ellos. El mundo entero quedará atónito (versículo 8) cuando este “Sacro Imperio Romano” medieval reviva como entidad religiosa y política. ¡Ahora mismo está en las etapas preliminares de su formación a partir del Mercado Común Europeo!
Un pasaje espurio
Solamente hay un pequeño pasaje en la versión Reina- Valera de la Biblia que los defensores de la trinidad pueden esgrimir para apoyar su doctrina. Este pasaje aparece en
Juan 5:7-8 y lo ponemos entre corchetes en la siguiente cita: “Porque tres son los que dan testimonio [en el cielo: el Padre, el Verbo y el Espíritu Santo; y estos tres son uno. Y tres son los que dan testimonio en la tierra]: el Espíritu, el agua y la sangre; y estos tres concuerdan”. Las palabras que se encuentran entre corchetes fueron agregadas por quienes publicaron la traducción de la Vulgata, probablemente a comienzos del siglo cuarto. No aparecen en ninguno de los manuscritos anteriores. Se agregaron a la Vulgata en el calor de la controversia entre Roma y el Dr. Arrio y el pueblo de Dios.
Los comentarios bíblicos explican que estas palabras jamás formaron parte del manuscrito del apóstol Juan ni de las primeras copias del mismo. En sus tres epístolas y en el Apocalipsis el apóstol Juan habla del “Padre y… su Hijo” (I Juan 1:3), pero nunca del “Padre y el Verbo” excepto en esta porción espuria de I Juan 5:7-8.
El archiengañador Satanás tuvo una razón para querer agregar este versículo a la Vulgata, el cual ha pasado a muchas versiones modernas. La doctrina de la trinidad anula por completo el evangelio de Jesucristo. Este evangelio es el mensaje que Jesucristo trajo de Dios el Padre, ¡la buena nueva acerca del venidero REINO DE Dios! Esto es lo que Satanás más desea suprimir y acabar. A medida que prosigamos, esto se hará más claro.
Cierto evangelista muy conocido dice: “Cuando empecé a estudiar la Biblia hace años, la doctrina de la trinidad fue uno de los problemas más complejos que hube de afrontar. Nunca lo resolví completamente, pues contiene un aspecto de misterio. Aunque no lo entiendo plenamente hasta el día de hoy, lo acepto como revelación de Dios … Explicar e ilustrar la trinidad es una de las tareas más difíciles del cristiano”.
También suele esgrimirse como argumento el hecho de que en algunos idiomas (por ejemplo el inglés) se emplea el pronombre masculino para referirse al Espíritu Santo. Este es un descuido, pues en otros pasajes sí se ha utilizado correctamente el pronombre neutro que indica no una persona sino una cosa. En el idioma español, el pronombre utilizado es “el cual”, que puede referirse tanto a una persona como a una cosa. Esto lo vemos, por ejemplo, en el pasaje que describe la primera venida del Espíritu Santo para fundar la Iglesia de Dios aquel día memorable de Pentecostés.
El Espíritu Santo derramado
El Espíritu Santo llegó del cielo en forma audible como un viento recio, “el cual llenó toda la casa donde estaban sentados”. Luego el Espíritu Santo se APARECIÓ, se manifestó: “Y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos” (Hechos 2:2-3).
En el versículo 18 Pedro cita al profeta Joel: “Derramaré de mi espíritu”. El Espíritu Santo puede derramarse como el agua. ¿Acaso una persona se derrama de una a otra, por ejemplo, de Dios a los que estaban reunidos? Juan 7:37-39 dice: “En el último y gran día de la fiesta, Jesús se puso en pie y alzó la voz, diciendo: Si alguno tiene sed, venga a mí y beba. El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva. Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en él; pues aún no había venido el Espíritu Santo, porque Jesús no había sido aún glorificado”.
nuevamente leemos en Hechos 10:45: “… de que también sobre los gentiles se derramase el don del Espíritu Santo”.
Resumen
Por último, resumiremos brevemente lo que hemos dicho hasta ahora: Dios es una familia compuesta en la actualidad de dos personas, las dos personas de Juan 1:1-4, pero con muchos millares ya engendrados mediante el Espíritu de Dios (que conforman la verdadera Iglesia de Dios) y que pronto nacerán como miembros de la misma familia divina al regreso de Cristo. Jesucristo, por su resurrección, NACIÓ como Hijo divino de Dios (Romanos 1:4) y fue el primero que nació así en la familia divina (Romanos 8:29).
Dios y Jesucristo se componen de espíritu. Tienen forma humana pero con ojos como llamas de fuego y rostro que resplandece como el sol con toda su fuerza.
Dios es Creador de todo lo que existe. Tanto Él como el Verbo (que se convirtió en Jesucristo) han existido eternamente y antes de todo lo demás. De ellos emana el Espíritu de Dios por el cual Dios es omnipresente y omnisapiente. Dios el Padre es el Padre divino de la familia de Dios, en la cual nacerán todos los cristianos verdaderamente convertidos.
Capítulo II
EL MISTERIO DE LOS ÁNGELES Y LOS ESPÍRITUS MALIGNOS
PUEDE HABER ALGO MÁS MISTERIOSO que el tema del mundo espiritual invisible? Los seres angelicales siempre han sido un misterio para el hombre. V* ¿Existen los ángeles en realidad? ¿Existe Satanás el diablo? ¿Es un ser real e inmortal? ¿Creó Dios al diablo?
Algunas religiones adoran a dioses que consideran ser espíritus malignos. Algunas de las grandes catedrales de la religión cristiana llevan tallados en su exterior rostros grotescos supuestamente para alejar a los espíritus malignos.
Todos los males y problemas del mundo se deben al choque entre mentes encontradas.
¿Cuál es la causa de que choquen las mentes? ¿Hay alguna relación entre tales actitudes de disensión y el mundo espiritual invisible? Es un misterio para casi todos, pero la Biblia revela un mundo tan real como invisible, otra dimensión, como la llamarían algunos, que coexiste con el nuestro y es perfectamente indiscernible para nuestros cinco sentidos. Se trata del mundo espiritual.
En el primer capítulo de la Epístola a los Hebreos leemos que los ángeles sirven de mensajeros secretos de Dios, enviados para ministrar a quienes Dios ha llamado a la salvación y la vida eterna.
Efesios 6:12 revela que nuestras contenciones y luchas no son contra otros seres humanos sino “contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad [espíritus malignos] en las regiones celestes”.
¿Cómo puede ser? ¿Por qué está el mundo tan lleno de conflictos y luchas entre las mentes humanas?
Efesios 2:2 nos dice que la humanidad anda “siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire [Satanás], el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia”. La gente sencillamente no se da cuenta de que hay un poder espiritual invisible que inyecta actitudes hostiles en su mente.
Estos pasajes de las Sagradas Escrituras han sido un misterio aun para la cristiandad. ¿Por qué ni siquiera los cristianos profesos han logrado entender este misterio?
El mundo espiritual e invisible (Colosenses 1:15-16) es real. Mas por ser invisible, ha permanecido en el misterio. El hecho de que tanto los ángeles santos como los espíritus malignos sean invisibles no niega su existencia. En realidad, el mundo espiritual invisible es más real que lo material y visible. La mayoría de las personas no saben lo que es la electricidad, pero no dudan de su existencia. La Biblia explica: “Si nuestro evangelio está aún encubierto, entre los que se pierden está encubierto; en los cuales el dios de este siglo [Satanás] cegó el entendimiento de los incrédulos” (II Corintios 4:3-4). Satanás es el dios de este mundo.
Ha llegado la hora de que entendamos.
El poder supremo e invisible
En el capítulo i explicamos que Dios desde la eternidad ha sido una familia, compuesta inicialmente de dos miembros: Dios y el Verbo (este último se convirtió en Jesucristo hace unos 2.000 años). Dios es invisible. Es el ser espiritual supremo y todopoderoso. Vimos que Dios vive, ¡que actúa! ¿Qué hace? Dios es la familia creadora. Pocos saben que lo primero que Dios creó no fue la tierra, los soles ni otros planetas del universo. Antes de todo esto creó el mundo espiritual formado por innumerables seres angelicales.
El gran Dios, mediante el Verbo, diseñó y creó primero a estos SERES ESPIRITUALES llamados ángeles. Cada uno fue creado individualmente, ¡y suman millones o quizá miles de millones! Los ángeles son seres espirituales reales y personales. Cada uno tiene una mente con capacidad superior a la humana. Pueden tener actitudes, propósitos e intenciones. Se ha revelado que aun Jesús, como hombre, fue hecho “un poco menor que los ángeles” (Hebreos 2:7). Los ángeles fueron hechos enteramente de espíritu. Recibieron vida inherente, o sea inmortalidad. No tienen sangre que circule por las venas y no necesitan respirar para conservar la vida. Llevan vida propia e inherente dentro de sí.
A los ángeles se les llama hijos de Dios (Job 1:6) porque Dios los creó, pero no fueron hijos engendrados y nacidos.
¿Para qué se crearon los ángeles?
¿Por qué creó Dios a los ángeles, seres invisibles y espirituales, antes de todo lo demás? ¿Por qué fueron creados antes de la materia y del universo físico? En fin, ¿para qué fueron creados?
Jesús dijo: “Mi Padre hasta ahora trabaja, y yo trabajo” (Juan 5:17). En Juan 1:1-5 se revela que Dios y el Verbo (la familia divina) viven. En el capítulo anterior vimos cómo viven: en amor mutuo, acuerdo absoluto y perfecta armonía. Sabemos, pues, que vivían, pero ¿qué hacían? Creaban. Podríamos decir que su profesión era la de creadores. Su oficio era crear. Lo primero que crearon fueron otros seres espirituales en un plano inferior al plano de la familia de Dios, para que les ayudaran en la labor de hacer, gobernar y administrar lo que se crearía. Estos seres fueron hechos ministros, agentes o auxiliares para la creación de Dios. Fueron hechos siervos del Dios viviente.
Dios fue supremo desde la eternidad. Para nuestra mente humana esto significa que Dios se sentaba en el trono de todo lo que existía o había de existir. En el capítulo 25 del libro de Éxodo encontramos una descripción terrenal del trono de Dios en el cielo. Es la descripción del arca construida por Moisés siguiendo las instrucciones de Dios. A lado y lado del trono divino había un arcángel, un querubín cuyas alas abiertas cubrían el trono. Esto significa que dichos ángeles superiores tenían que ver con la administración del gobierno de Dios sobre la obra creada. Eran auxiliares, ministros, siervos que ayudaban a Dios.
Podemos leer acerca de los ángeles en el primer capítulo de Hebreos. Este capítulo habla primero de Jesús, diciendo: “El cual, siendo… la imagen misma de su sustancia [de Dios], y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder… hecho tanto superior a los ángeles, cuanto heredó más excelente nombre que ellos. Porque ¿a cuál de los ángeles dijo Dios jamás: Mi Hijo eres tú, yo te he engendrado hoy, y otra vez: Yo seré a él Padre, y él me será a mí hijo? Y otra vez, cuando introduce al Primogénito en el mundo, dice: Adórenle todos los ángeles de Dios. Ciertamente de los ángeles dice: El que hace a sus ángeles espíritus, y a sus ministros llama de fuego. Mas del Hijo dice: Tu trono, oh Dios, por el siglo del siglo; cetro de equidad es el cetro de tu reino. Has amado la justicia, y aborrecido la maldad, por lo cual te ungió Dios, el Dios tuyo, con óleo de alegría más que a tus compañeros. Y: Tú, oh Señor, en el principio fundaste la tierra, y los cielos son obra de tus manos” (versículos 3-10).
“Pues, ¿a cuál de los ángeles dijo Dios jamás: Siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies? ¿No son todos espíritus ministradores, enviados para servicio a favor de los que serán herederos de la salvación?” (versículos 13-14).
Los humanos somos hechos un poco menores que los ángeles pero tenemos el potencial asombroso de llegar a ser muy superiores a ellos. Este hecho se expresa en el segundo capítulo de Hebreos.
La mayoría de nuestros lectores seguramente ignoraban que los ángeles fueron creados antes de la tierra y del universo físico. Job 38:1-7 muestra que los ángeles exclamaron de alegría cuando Dios hizo la tierra. En Génesis 1 y 2 se afirma que la tierra fue creada al mismo tiempo que el resto del universo físico.
Los ángeles son seres espirituales invisibles e inmortales dotados de poder y conocimientos superiores a los humanos (II Pedro 2:11). Han observado todas las actividades del hombre sobre la tierra y por lo tanto conocen la mente humana, la sicología, la sociología, la ciencia y todas las artes mejor que cualquier hombre.
Los ángeles cumplen una función importante en el desarrollo del propósito de Dios para la humanidad. Son sus agentes invisibles que nos sirven a nosotros, pobres seres humanos, herederos de la salvación, de maneras que pocos comprenden.
Experiencias personales
Mi esposa Loma y yo experimentamos esto personalmente. Cuando nuestra hija mayor era bebé, dormía con mi esposa junto a la pared de la alcoba. Cierta noche la Sra. Armstrong oyó una voz que decía: “Mueve a Beverly”. Pensó que era un sueño y siguió durmiendo. Pero volvió a oír la voz, esta vez más fuerte. Despertó a medias, pero no viendo nada, nuevamente creyó que era un sueño. Dio media vuelta y estaba a punto de dormirse otra vez cuando la voz habló por tercera vez, ahora con más fuerza y urgencia: “Mueve a Beverly”. Desconcertada, mi esposa pasó a la niña al otro lado de la cama y dos segundos después un cuadro que colgaba en la pared cayó con su marco pesadísimo sobre el lugar donde había estado la niña. De caerle encima, la habría lesionado gravemente. La única explicación es que Dios haya enviado un ángel para salvarle la vida a Beverly.
Una noche al comienzo de mi ministerio, alrededor del año 1934, conducía un automóvil en medio de una lluvia torrencial, cerca de Eugene, Oregon (EE.UU.). Iba a unos 65 kilómetros por hora sobre una carretera llena de curvas. Aproximándome a una curva muy cerrada, sentí que el timón de mi auto giraba abruptamente a la izquierda como si una fuerza invisible me lo arrancara de las manos. Delante de mí, y a pocos pasos, había un camión averiado. Lo pasé por la izquierda casi rozándolo. La noche era oscura y ahora mi auto se dirigía de frente contra un automóvil también dañado. Sentí que se me arrebataba el timón de las manos y que el auto viraba a la derecha. Regresé al carril derecho pasando entre el camión y el automóvil con apenas unos pocos centímetros de margen. Jamás había experimentado algo igual. Alguna fuerza incontrolable había hecho girar el timón entre mis manos.
La experiencia de la columna torcida
Unos años antes, en 1927, tuve una experiencia similar en el primer año de mi conversión.
Mi esposa y yo habíamos hecho algunos adelantos en el estudio de la Biblia y en el tema de la curación divina, cuando llegó a la ciudad de Portland, Oregon, una predicadora de nombre Aimee Semple McPherson.
La Sra. McPherson realizó una campaña evangelística en el auditorio de la ciudad. Mi esposa y yo fuimos una vez y luego yo volví solo en otra ocasión. Estábamos analizando distintas enseñanzas y grupos religiosos. No pude entrar porque el recinto estaba lleno, pero un acomodador me dijo que podría entrar por la puerta de artistas en la parte de atrás del auditorio. Corriendo, di la vuelta buscando la entrada de artistas. Allí me encontré con un triste espectáculo. Una señora y un niño se esforzaban por sacar a un hombre terriblemente lisiado de un automóvil y meterlo por la puerta del auditorio. Corrí a ayudarles. El hombre tenía la columna torcida, no recuerdo ahora si era por artritis, una enfermedad congénita o alguna otra enfermedad. Sea como fuere, el hombre completamente impedido movía a lástima.
Logramos llevarlo hasta la entrada. A mí no me habrían dejado entrar si no hubiera estado llevando al lisiado, quien había venido para que lo sanara la famosa evangelista.
No pudimos hablar con la Sra. McPherson antes de los servicios, y tampoco después. Ayudé al lisiado a regresar a su automóvil. Se veía muy desilusionado.
—Si realmente desea sanarse —le dije antes de partir—, yo tendré mucho gusto en ir a su casa y orar por usted. La Sra. McPherson no tiene poder en sí misma para sanar a nadie. Yo tampoco. Solamente Dios puede sanar. Pero sé lo que El ha prometido, y creo que me escuchará tan de buena gana como a la Sra. McPherson. Sólo se necesita que usted crea lo que Dios ha prometido y que ponga su fe en Él, no en la persona que esté orando por usted.
Me dieron su dirección, al sur de la calle Foster. Al día siguiente pedí prestado el automóvil de mi hermano Russell y me dirigí hacia allá.
Había estudiado el tema de la curación en la Biblia y había aprendido que Dios impone dos condiciones: 1) tenemos que guardar sus mandamientos y hacer las cosas que son agradables a Él (I Juan 3:22), y 2) tenemos que creer de verdad (Mateo 9:29).
Me daba cuenta de que muchas personas no comprendían la necesidad de guardar los 10 mandamientos de Dios y que Él mira el corazón. Lo importante es el espíritu, el deseo de obedecer. Por lo tanto, hay quienes reciben la sanidad cuando realmente CREEN aunque no guarden estrictamente todos los mandamientos. Pero una vez que saben la verdad, tienen que obedecer. En este caso, estaba seguro de que Dios quería que yo abriera la mente de estas personas haciéndoles conocer los mandamientos y mostrándoles que el pecado es infracción de la LEY de Dios.
Al llegar a la casa del señor, comencé por leer los dos pasajes citados arriba y luego expliqué lo que había aprendido en los últimos seis meses acerca de la ley de Dios y especialmente del sábado. Quería ver si este hombre lisiado y su esposa estaban dispuestos a obedecer a Dios.
No estaban dispuestos. Descubrí que eran “pentecosta- les” y que iban a los servicios religiosos para “pasarlo bien”. Hablaban mucho de “lo bien que lo pasaban” en las reuniones. En cuanto a obedecer a Dios, rechazaron la idea con burla y desprecio. Les dije que si no estaban dispuestos a obedecer a Dios y a cumplir las condiciones que Él había impuesto para la curación, yo no podría orar por él.
¿Fue un ángel?
El caso no se apartaba de mi mente. Sentí una profunda lástima por ese pobre individuo. Pero él no tenía la mente lesionada y yo sabía que Dios no transige con el pecado.
Unas semanas más tarde, conducía de nuevo el automóvil de mi hermano, otra vez por la calle Foster. Iba pensando en otra misión y el recuerdo del lisiado se había apartado de mí. Me encontraba profundamente distraído en otra cosa.
No obstante, cuando llegué a la intersección de la calle donde vivía aquel señor, me acordé de él. Me surgió la idea de visitarlo una vez más, pero no me pareció razonable. Ellos habían tomado muy a la ligera la idea de acatar a Dios. Más aún, se habían burlado. Los aparté de mi mente y volví a pensar en la misión que tenía en ese momento. Luego ocurrió algo extraño.
En la siguiente intersección, el timón del automóvil giró automáticamente a la derecha. Sentí que se movía y opuse resistencia, pero seguía girando a la derecha. Instantáneamente, apliqué todas mis fuerzas para contrarrestarlo y continuar hacia adelante. Fue inútil. Una fuerza invisible hacía girar el timón contra todas mis fuerzas. El automóvil había dado vuelta a la derecha una cuadra al oriente de la casa del lisiado.
Sentí miedo. Jamás había experimentado algo igual. Detuve el automóvil. No sabía qué pensar. En la calle Foster había mucho tráfico y ya no podía meterme allí en reversa.
“Bueno”, pensé, “seguiré hasta el final de esta cuadra y allí puedo dar una vuelta a la izquierda para volver a la calle Foster”. Mas al final de la cuadra, vi que la calle solamente seguía hacia la derecha. No había calle hacia el oriente. Para regresar a la calle Foster me vi obligado a pasar frente a la casa del lisiado.
“¿Será que algún ángel dio vuelta al timón para traerme aquí a la fuerza?”, me pregunté. Un poco tembloroso, decidí entrar para salir de dudas.
Encontré al hombre afectado por un envenenamiento de la sangre. La raya roja se acercaba al corazón.
Les referí lo que me había sucedido. Luego agregué:
—Ahora sé que Dios envió un ángel para hacerme venir aquí. Creo que Dios quiere que ore por usted, que El lo sanará del envenenamiento para mostrarle su poder y que le dará una oportunidad más de arrepentirse y mostrarse dispuesto a obedecer su ley. Si lo hace, le enderezará la columna y lo sanará completamente. Si lo desea, oraré por usted y le pediré a Dios que lo sane del envenenamiento. Mas no pediré que
lo sane de la columna hasta que se haya arrepentido y esté dispuesto a obedecer lo que usted vea que Dios le ordena.
Estaban desesperados. Probablemente le quedaban sólo unas 12 horas de vida. Ya no estaban bromeando ni hablando de “lo bien que lo pasaban” en las reuniones pentecostales. Querían que yo orara.
Yo no era ministro ordenado, por lo cual no lo ungí con aceite. Nunca en mi vida había orado en voz alta delante de otros. Les expliqué este hecho y les dije que me limitaría a poner las manos sobre el enfermo y orar en silencio, pues no quería sentirme incómodo orando en voz alta por primera vez, ya que esto podría interferir con el verdadero fervor y la fe. Sí tenía fe absoluta en que se sanaría del envenenamiento, y así sucedió.
Regresé al día siguiente. El envenenamiento había desaparecido inmediatamente cuando oré. Mas para tristeza y desilusión mía, estaban refiriéndose a la ley de Dios con el mismo sarcasmo y displicencia de antes. Volvieron a sus bromas sobre “lo bien que se pasaba” en las reuniones pen- tecostales.
Yo no podía hacer más. Fue una de las grandes desilusiones de mi vida. Jamás volví a saber de ellos.
Agentes invisibles de Dios
Dios ha tenido ángeles encargados específicamente de vigilar y proteger a su Iglesia a lo largo de su historia (Apocalipsis 1:4, 16, 20; 2:1, 8, 12, 18; 3:1, 7, 14). Tiene ángeles que andan continuamente por la tierra y le informan de las condiciones generales que aquí rigen (Apocalipsis 5:6; Zacarías 4:10; II Crónicas 16:9).
Dios asigna a otros ángeles la tarea específica de cuidar a sus hijos engendrados (Hechos 12:15; Mateo 18:10). Dios promete: “A sus ángeles mandará acerca de ti, que te guarden en todos tus caminos” (Salmos 91:11).
Doce ángeles de Dios cuidarán las puertas de la nueva ciudad de Jerusalén (Apocalipsis 21:12), uno por cada tribu de Israel. Es posible que esos 12 sean auxiliares del arcángel Miguel ahora mismo.
Los ángeles son mensajeros. Se les aparecieron a Abraham, Lot, Agar, Moisés, Gedeón, Elias y a muchos de los profetas y apóstoles.
Cuando estos ángeles se manifiestan a los seres humanos, suelen tener la apariencia de hombre.
La Biblia menciona a tres ángeles de rango superior: Lucero (Isaías 14:12), que ahora es Satanás el diablo; Gabriel, quien se le apareció a Daniel en dos ocasiones (Daniel 8:16; 9:21), a Zacarías, padre de Juan el Bautista (Lucas 1:19), y más tarde a María, madre de Jesús (Lucas 1:26); y el tercero, Miguel, uno de los principales príncipes (Daniel 10:13), identificado por Judas como un arcángel (Judas 9). Miguel es el arcángel encargado específicamente de proteger y servir a las 12 tribus de Israel (Daniel 12:1; 10:2-13, 21) y a la verdadera Iglesia de Dios hoy (Apocalipsis 12:7).
La obra maestra de la creación
Aunque Dios es el que asigna las responsabilidades de los ángeles, Él les ha dado una mente facultada para pensar, RAZONAR, ELEGIR y TOMAR DECISIONES.
Pero hay una cualidad importantísima que ni siquiera el poder de Dios puede crear instantáneamente por decreto: ¡el carácter perfecto, santo y justo que es propio de Dios y del Verbo!
Este carácter es algo que se tiene que desarrollar por voluntad y DECISIÓN de aquel en quien ha de existir.
Tómese nota de esta verdad esencial e importantísima: que el carácter perfecto, santo y justo es la obra suprema, la máxima realización posible para el Dios creador y todopoderoso. Y que también es el medio para cumplir su PROPÓSITO supremo, ¡su objetivo final!
¿Cómo?
Repetimos que tal carácter perfecto es algo que se desarrolla. Es imprescindible que el ente independiente en el cual ha de crearse este carácter esté dotado de libre albedrío y de la facultad para tomar decisiones. Más aún, dicho carácter ha de ser inculcado por Dios mismo y solamente puede provenir de Él, pues Dios es el único que tiene ese carácter justo y, por ende, es el único que puede darlo.
Ahora bien, ¿qué es ese carácter justo del cual estamos hablando?
El carácter perfecto, santo y justo es la capacidad, en un ente independiente, de llegar a discernir el camino correcto y verdadero del falso, de entregarse voluntaria, total e incondicionalmente a Dios y su camino perfecto, de acatar a Dios y rendirse ante Él, de decidirse a vivir bien y a obrar bien aun en contra de las tentaciones y los deseos, Y aun así, el carácter santo es don de Dios. Se recibe al entregarse a Dios para que Él inculque su LEY (su camino de vida) dentro del ente que así lo decide y lo desea.
Este carácter perfecto, pues, solamente puede venir de Dios y se inculca en el ente creado por Él cuando éste así lo desea voluntariamente, pero sólo después de pruebas severas.
He dedicado varios párrafos a este punto porque es el medio supremo y máximo dentro del desarrollo del propósito general de Dios.
Ahora bien, en cuanto a los ángeles prehistóricos: 1) Dios les dio una mente capaz de pensar, razonar, elegir y tomar decisiones voluntarias, y 2) les reveló claramente SU CAMINO VERDADERO y JUSTO. Pero Dios también les dio, necesariamente, libre albedrío para que aceptaran el camino recto de Dios o bien para que siguieran caminos contrarios ideados por ellos mismos.
¿Qué objeto tuvo la creación de los ángeles? Sin lugar a dudas, el objetivo de los ángeles era el mismo que se ha convertido ahora, a raíz de la rebelión angelical, ¡en el trascendental destino del hombre!
Dios creó el vasto universo material como un campo de prueba, como sitio donde existiría la oportunidad para la realización creativa y positiva.
Primero que todo, Dios había creado a los ángeles. Luego, para los ángeles y para los hombres que vendrían más tarde, Dios formó la tierra y el universo.
Ahora bien, Dios no sólo creó la materia sino que con ella y dentro de ella creó la energía y las leyes que el hombre ha descubierto en los campos de la física y la química. Dios formó materia de tipo orgánico e inorgánico.
Esto nos trae a lo revelado en Génesis 1:1: “En el principio [del universo físico] creó Dios los cielos y la tierra”. Estas son cosas materiales y físicas.
La palabra cielos está en plural en el hebreo original, por
lo cual se refiere no sólo a nuestra tierra sino a todo el UNIVERSO material.
Se indica, pues, que en ese momento, después de creados los ángeles, todo el universo llegó a existir simultáneamente con la creación de nuestro planeta. Encuentro fuertes indicios de este hecho en otras partes de la Biblia, y así se afirma claramente en Génesis 2:4.
Una creación perfecta
Las palabras originales escritas por Moisés dan a entender una creación perfecta. Dios se revela como el Creador de la perfección, la luz y la belleza. Todas las referencias en la
Biblia describen el estado de cada fase terminada en la creación de Dios como “bueno” o “bueno en gran manera”, es decir, perfecto.
Este primer versículo de la Biblia se refiere a la creación FÍSICA original en su totalidad, o sea el universo, incluso la tierra (algo que sucedió hace quizá millones de años), como una obra hermosa y perfecta en la medida en que era una obra terminada y acabada. ¡Dios es perfeccionista!
En Job 38:4, 7 Dios habla específicamente de la creación de la tierra. Dijo que todos los ángeles (“hijos de Dios” por creación) se regocijaron al ver la tierra. Esto muestra que los ángeles existieron antes de la creación de la tierra y probablemente antes del universo material. Los soles, planetas y astros son sustancia material. Los ángeles son seres espirituales creados individualmente y compuestos en su totalidad de espíritu.
Muchos se sorprenderán al saber que antes de la creación del hombre, nuestra tierra estaba habitada por ángeles. El pasaje de Job citado arriba así lo da a entender.
Los ángeles en la tierra pecaron
Otros pasajes de la Biblia sitúan a los ángeles en la tierra antes del hombre.
Nótese II Pedro 2:4-6. Los primeros que se mencionan cronológicamente son “los ángeles que pecaron”; después, también cronológicamente, el mundo antiguo a partir de Adán y hasta los tiempos de Noé. Luego siguen Sodoma y Gomorra.
Este Libro de los libros, que contiene el conocimiento revelado por el Creador, nos dice que Dios hizo a los ángeles de espíritu. Ahora bien, ¡imagínese a los ángeles convirtiéndose en pecadores! Los ángeles fueron creados con la facultad de pensar, de tomar decisiones y de elegir, pues de lo contrario no tendrían su propio carácter individual. Siendo el pecado la transgresión de la ley, estos ángeles al pecar se rebelaron contra la ley de Dios, que es el fundamento del gobierno divino.
Mas ¿cómo y cuándo pecaron los ángeles?
Nótese cuidadosamente lo revelado en II Pedro 2:4-5: “Porque si Dios no perdonó a los ángeles que pecaron, sino que arrojándolos al infierno los entregó a prisiones de oscuridad, para ser reservados al juicio; y si no perdonó al mundo antiguo, sino que guardó a Noé, pregonero de justicia, con otras siete personas, trayendo el diluvio sobre el mundo de los impíos..Las palabras arrojándolos al infierno en el versículo citado arriba son la versión castellana traducida del verbo griego tartaróo, palabra que no aparece en ningún otro pasaje de la Biblia. El sustantivo tártaros significa un lugar o condición de restricción.
Estos versículos muestran que el pecado universal trae destrucción universal a la tierra. El pecado de la antigüedad, que culminó en tiempos del diluvio, fue un pecado universal que se extendió por toda la tierra. “Y estaba la tierra llena de violencia… porque toda carne había corrompido su camino sobre la tierra … porque la tierra está llena de violencia ..(Génesis 6:11-13). “Pero Noé halló gracia ante los ojos del Eterno … Noé, varón justo, era perfecto en sus generaciones; con Dios caminó Noé” (versículos 8-9). Todo el mundo había pecado, toda la tierra. Solamente Noé “caminó con Dios”. Por lo tanto, el diluvio destruyó toda la tierra, a todos menos Noé y su familia.
La homosexualidad y demás pecados de Sodoma y Go- morra se habían extendido por todo el territorio de estas ciudades, y la destrucción física abarcó toda aquella zona. El pecado de los ángeles se extendió por toda la tierra, y asimismo la destrucción física fue mundial. (Y hay razones para creer que afectó todo el universo, como explicaremos en el capítulo vil.)
Los versículos citados arriba sitúan el pecado de los ángeles antes de los pecados de la antigüedad que comenzaron con Adán, o sea antes de la creación del hombre. ¡Esta es una sorprendente revelación de una fase del misterio! Los ángeles habitaron la tierra antes de la creación del hombre.
La Biblia revela en Isaías 14 y Ezequiel 28 que Dios colocó al arcángel Lucero sobre un trono en la tierra. Lo puso allí como gobernante de todo el planeta. Dios quería que este querubín rigiera la tierra administrando el gobierno divino. Y efectivamente, ese gobierno de Dios se administró en la tierra hasta la rebelión de los ángeles pecadores.
No se revela cuánto tiempo moraron los ángeles en la tierra antes del hombre. Pudieron haber sido millones de años o quizá miles de millones. Sobre esto volveremos más tarde. En todo caso, los ángeles pecaron. El pecado es la infracción de la ley de Dios (I Juan 3:4). Y la ley de Dios es la base del gobierno divino. Sabemos, pues, que estos ángeles (aparentemente la tercera parte del total: Apocalipsis 12:4) pecaron, rebelándose contra el gobierno de Dios. El pecado acarrea penas. La pena por el pecado de los ángeles no es la muerte, como lo es para el hombre. Los ángeles son seres espirituales inmortales; no pueden morir. Estos seres espirituales habían recibido dominio sobre la tierra física como su posesión y morada.
El pecado mundial y universal de los ángeles ocasionó la destrucción física de la faz del planeta.
Dios gobierna su creación
Dios es Creador. También es Gobernante de su creación. El conserva lo que crea mediante su gobierno. Lo que Dios crea, lo ha creado con un propósito: para que se utilice, se mejore, se desarrolle, se conserve y se mantenga. El gobierno de Dios rige esta utilización de lo creado. Cuando los ángeles se rebelaron contra el gobierno de Dios, el desarrollo y perfeccionamiento de la tierra, o lo que podríamos llamar sus “últimos toques”, se suspendieron. La conservación y desarrollo de la tierra física y toda su hermosura y gloria cesaron. ¡El resultado fue la destrucción física de la superficie terrestre!
Con este pecado angelical, Lucero se convirtió en Satanás el diablo y sus ángeles se convirtieron en demonios.
Dios es Creador, Preservador y Gobernante.
¡Satanás es destructor!
Por eso leemos en Judas 6-7: “Y a los ángeles que no guardaron su dignidad, sino que abandonaron su propia morada, los ha guardado bajo oscuridad, en prisiones eternas, para el juicio del gran día; como Sodoma y Gomorra y las ciudades vecinas, las cuales de la misma manera que aquéllos, habiendo fornicado e ido en pos de vicios contra naturaleza, fueron puestas por ejemplo, sufriendo el castigo del fuego eterno”.
Ahora volvamos a Génesis 1:1-2. Como dijimos antes, el versículo 1 implica una creación perfecta. Dios es autor de la vida, la belleza, la perfección. Satanás sólo ha traído fealdad, tinieblas, imperfección y violencia. El versículo 1 muestra la creación de una tierra perfecta aunque no terminada, una tierra gloriosa y bella. El versículo 2 revela la consecuencia del pecado de los ángeles.
“Y la tierra estaba [se volvió] desordenada y vacía”. Las palabras desordenada y vacía se han traducido del hebreo tohu y bohu, que significan “desolada y vacía” o “caótica, confusa, en estado de descomposición”. En otros pasajes del Génesis, la palabra estaba se traduce como se volvió, por ejemplo en Génesis 19:26. En otras palabras, la tierra, que en un principio fue creada perfecta y hermosa, se volvió caótica, desolada y vacía como nuestra luna, y su corteza quedó cubierta de agua.
David reveló por inspiración cómo Dios renovó la faz de la tierra: “Envías tu Espíritu, son creados, y renuevas la faz de la tierra” (Salmos 104:30).
Un hecho asombroso
Ahora, otra sorpresa para muchos lectores. Este es otro hecho que la religión, la ciencia y la educación superior han pasado por alto, aunque está revelado en la Biblia.
El capítulo 1 del Génesis, a partir del versículo 2, no describe la creación original de la tierra sino una renovación de la faz del planeta después de su asolamiento y destrucción a raíz del pecado de los ángeles. Lo que se describe es algo que ocurrió hace aproximadamente 6.000 años, según la misma Biblia. La creación original de la tierra descrita en el versículo 1 ¡pudo haber ocurrido millones, o millones de millones, de años antes!
Más tarde volveremos sobre el tema del tiempo que pudo haber transcurrido antes de la rebelión de los ángeles.
La tierra se había vuelto desolada y vacía. Dios no la creó desordenada y vacía ni en estado de confusión. Dios no es autor de confusión (I Corintios 14:33). Esta misma palabra hebrea, tohu, que significa “desolada y vacía”, se encuentra también en Isaías 45:18, donde se traduce como en vano. Si empleamos la palabra hebrea original, la que se escribió por inspiración, el pasaje reza así: “Porque así dijo el Eterno, que creó los cielos; él es Dios, el que formó la tierra, el que la hizo y la compuso; no la creó en vano [tohu], para que fuese habitada la creó”.
Ahora continuemos con el versículo 2 de Génesis 1. La tierra se había vuelto caótica, desordenada y vacía, “y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo [el océano o la superficie líquida del planeta], y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas. Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz. Vio Dios que la luz era buena; y separó Dios la luz de las tinieblas” (versículos 2-4).
Satanás es el autor de las tinieblas. La rebelión de los ángeles había ocasionado la oscuridad. Dios es el autor de la luz y la verdad. La luz revela y acentúa la belleza, y también revela el mal. La oscuridad oculta ambas cosas.
Los versículos que siguen en este primer capítulo de la Biblia describen la renovación de la faz de la tierra con prados hermosos, árboles, arbustos, flores, vegetación, y luego la creación de peces, aves, mamíferos y, finalmente, el hombre. Pero antes de llegar al hombre, debemos aclarar los sucesos de la prehistoria.
El gran Lucero
¿Cómo ocurrió el pecado de los ángeles? ¿Cómo empezó?
Recordemos que mediante su gobierno el Dios creador preserva, mejora y embellece lo que crea. Lo que Él crea, lo crea para que se utilice. Dios dispuso en un principio que los ángeles habitaran y utilizaran la tierra.
Cuando Dios colocó a los ángeles (al parecer, la tercera parte del total: Apocalipsis 12:4) sobre la tierra gloriosa y hermosa, recién creada y perfecta, puso sobre ellos a un arcángel, el gran querubín Lucero, como administrador del gobierno de Dios. Solamente había dos querubines más (los querubines son ángeles de jerarquía superior); éstos eran Miguel y Gabriel.
La revelación indica que estos seres son la obra máxima, en cuanto a seres espirituales, que Dios puede crear. Lucero fue un ser superior de majestuosa hermosura, deslumbrante resplandor, conocimientos supremos y gran sabiduría y poder … ¡perfecto tal como Dios lo creó! (Ezequiel 28:15). Pero recordemos que hay una cosa que Dios no pyede crear automática e instantáneamente por decreto: el carácter justos perfecto. Oíos, pues, creó en él necesariamente la facultad de elegir y decidir, pues de lo contrario no habría sido un ser con su propio carácter e individualidad.
En este punto debemos aclarar un hecho que casi nadie entiende. Dios crea siguiendo el principio de dualidad. Yo lo he comparado con una mujer que hornea una torta. Cuando la saca del horno, no está terminada, pues falta decorarla con algún batido o glaseado. Cuando Dios creó la tierra y demás planetas, aplicó el principio de dualidad.
Lo que se había creado era perfecto hasta allí, pero aún no era una obra terminada. Dios dispuso que los ángeles participaran en la terminación de la superficie terrestre. Dispuso que trabajaran en la superficie de la tierra para perfeccionarla, embellecerla, adornarla … en otras palabras, que “decoraran la torta”.
El mismo principio de dualidad se aplica a la creación de los ángeles. El carácter justo y perfecto no se puede crear automáticamente por decreto. Era necesario que los ángeles participaran en el desarrollo de su propio carácter. La creación de los ángeles no estaría terminada hasta que dicho carácter se hubiese perfeccionado en ellos.
Lucero, luego Satanás
Deseo que el lector comprenda la magnitud del esplendor de esta obra maestra creada por Dios. Hay dos pasajes en la Biblia que describen a Lucero en su estado original.
Primero, veamos lo revelado en Isaías 14. (Este famoso capítulo empieza con el momento, que vendrá pronto, cuando el Eterno Dios habrá intervenido en los asuntos del mundo. El pueblo de Israel, que no está compuesto necesaria ni exclusivamente de israelíes o judíos, habrá sido llevado en cautiverio y Dios intervendrá para devolverlos a su tierra prometida.) “Y en el día que el Eterno te dé reposo de tu trabajo y de tu temor, y de la dura servidumbre en que te hicieron servir, pronunciarás este proverbio contra el rey de Babilonia, y dirás: ¡Cómo paró el opresor, cómo acabó la ciudad codiciosa de oro! Quebrantó el Eterno el báculo de los impíos, el cetro de los señores; el que hería a los pueblos con furor… el que se enseñoreaba de las naciones con ira, y las perseguía con crueldad” (versículos 3-6).
Este pasaje no se refiere al rey Nabucodonosor de la antigua Babilonia. Se trata de una época futura, pero inminente. Se refiere al sucesor moderno de Nabucodonosor. Se refiere a aquel que será el gobernante del futuro “Sacro Imperio Romano”, una especie de “Estados Unidos de Europa”, una unión de 10 naciones que surgirá del actual Mercado Común Europeo (Apocalipsis 17). Dicho sea de paso, Inglaterra no formará parte de ese imperio.
Aquella Europa unida vencerá a Israel… y hay que saber quién es Israel en la actualidad. No me refiero a Judá, o sea el pueblo conocido hoy como los israelíes. Este tema encierra una serie de profecías que no podemos explicar aquí por falta de espacio. La explicación se encuentra en nuestra publicación gratuita titulada La llave maestra de la profecía.
Para la época de esta profecía, el tal “rey de Babilonia” habrá sido totalmente derrotado por la intervención del Cristo viviente con poder y gloria. Ahora prosigamos.
“Toda la tierra está en reposo y en paz; se cantaron alabanzas. Aun los cipreses se regocijaron … y los cedros del Líbano, diciendo: Desde que tú pereciste, no ha subido cortador contra nosotros” (Isaías 14:7-8).
(Permítaseme una pequeña digresión aquí para dar algunos datos interesantes. Los cedros del Líbano, famosos en la Biblia, han sufrido una tala casi total. Sólo quedan unos pocos en lo alto de los montes. Los he visto y fotografiado. Pero quizá el ejemplar más precioso de un cedro del Líbano es el que se encuentra en el terreno antes ocupado por nuestra Institución Ambassador en Inglaterra. Nosotros lo valorábamos muchísimo. Es interesante notar que esta profecía, escrita unos 500 años antes de Cristo, mencione la tala de estos hermosos y majestuosos árboles.)
Este pasaje en Isaías 14 habla del destino de un futuro rey humano a manos del Cristo glorificado y todopoderoso. Se refiere a él como el principal gobernante político de Satanás y como un destructor militar que caerá enteramente bajo el engaño de Satanás en los próximos años.
El trono de Satanás en la tierra
Ahora, llegando al versículo 12, esta representación humana y terrenal de Satanás el diablo pasa repentinamente a ser Satanás mismo, el antiguo arcángel Lucero: “¡Cómo caíste del cielo, oh Lucero, hijo de la mañana! Cortado fuiste por tierra, tú que debilitabas a las naciones”. Esto lo hizo el antiguo Lucero por medio del dirigente humano político- militar que estaba bajo su poder, el que se menciona en los
primeros versículos.
El nombre Lucero significa “estrella brillante del amanecer” o “portador de luz”, tal como Dios lo creó. Ahora continuemos: “Tú que decías en tu corazón: Subiré al cielo; en lo alto, junto a las estrellas [ángeles] de Dios, levantaré mi trono”.
Nótese que Lucero tenía un trono. Era gobernante. Su trono estaba en la tierra, pues él pretendía subir al cielo. Prosigamos: “Y en el monte del testimonio me sentaré [en el trono celestial de Dios], a los lados del norte; sobre las alturas de las nubes subiré, y seré semejante al Altísimo” (versículos 13-14).
Obviamente, lo que Lucero pretendía era nada menos que destronar al Dios creador y convertirse en un dios supremo.
¡Pretendía suplantar a Dios y tomar las riendas del universo!
Pero al final, el contexto vuelve al personaje humano: “Mas tú derribado eres hasta el Seol, a los lados del abismo” (versículo 15).
A partir de este versículo el tema es el rey humano. Como ser creado individualmente, Lucero fue la obra maestra suprema del poder creador de Dios. Al igual que un monstruo de Frankenstein, amenazó con destruir a su propio Creador y asumir todos sus poderes para luego gobernar sobre el universo.
Esta profecía habla literalmente de una guerra en el cielo que ha de ocurrir en nuestra época actual y que se describe así en Apocalipsis 12:7-9: “Después hubo una gran batalla en el cielo: Miguel y sus ángeles luchaban contra el dragón; y luchaban el dragón y sus ángeles; pero no prevalecieron, ni se halló ya lugar para ellos en el cielo. Y fue lanzado fuera el gran dragón, la serpiente antigua, que se llama diablo y Satanás, el cual engaña al mundo entero; fue arrojado a la tierra, y sus ángeles fueron arrojados con él”. Y también en
Daniel 12:1-2: “En aquel tiempo se levantará Miguel, el gran príncipe que está de parte de los hijos de tu pueblo; y será tiempo de angustia, cual nunca fue desde que hubo gente hasta entonces; pero en aquel tiempo será libertado tu pueblo, todos los que se hallen escritos en el libro. Y muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados, unos para vida eterna, y otros para vergüenza y confusión perpetua”.
El gobierno rebelde de Satanás no fue un gobierno basado en el principio del amor, del dar, del interés altruista y generoso por el bienestar de los demás, sino uno basado en el EGOCENTRISMO, en la vanidad, la codicia, la lascivia, la envidia, los celos, el espíritu de competencia, el odio, la violencia y la destrucción. Estaba basado en las tinieblas y el error, no en la luz y la verdad. No se basó en la belleza sino en la fealdad.
Nótese aquí nuevamente el principio de dualidad. Isaías 14:12-14 se aplica a un momento anterior a la creación del primer hombre, Adán. Pero Apocalipsis 12:7 y Daniel 12:1 nos dicen que Satanás intentará nuevamente arrebatar el trono de Dios en el cielo, hacia el final de los 6.000 años asignados para su reinado sobre la tierra.
Lucero, un ser creado
Veamos ahora Ezequiel 28, el otro pasaje bíblico que describe a este máximo exponente de los ángeles creados por Dios.
El capítulo 26 de Ezequiel habla de la antigua ciudad comercial de Tiro. Esta fue la metrópoli comercial del mundo antiguo, así como Babilonia fue su capital política. Tiro fue algo así como la Nueva York, Londres, Tokio o París del mundo antiguo. Tiro, puerto de los mercaderes del mundo, se gloriaba de su belleza, como París en nuestros días.
El capítulo 27 señala algunos aspectos paralelos con el capítulo 18 del Apocalipsis, que habla de un dirigente político-religioso que ha de surgir en el futuro (versículos 9-19).
Pero al llegar al capítulo 28, el tema se centra en el futuro inmediato, la misma época descrita en Isaías 14. Ezequiel 28 habla del príncipe de Tiro (un paralelo moderno del antiguo rey de Tiro). Dios le dice al profeta Ezequiel: “Hijo de hombre, di al príncipe de Tiro [refiriéndose a un poderoso dirigente religioso que surgirá PRONTO, en nuestros días]: Así ha dicho el Eterno el Señor: Por cuanto se enalteció tu corazón, y dijiste: Yo soy un dios, en el trono de Dios estoy sentado en medio de los mares (siendo tú hombre y no Dios), y has puesto tu corazón como corazón de Dios; he aquí que tú eres más sabio que Daniel; no hay secreto que te sea oculto. Con tu sabiduría y con tu prudencia has acumulado riquezas, y has adquirido oro y plata en tus tesoros … y a causa de tus riquezas se ha enaltecido tu corazón. Por tanto, así ha dicho el Eterno el Señor: Por cuanto pusiste tu corazón como corazón de Dios, por tanto, he aquí yo traigo sobre ti extranjeros, los fuertes de las naciones… Al sepulcro te harán descender, y morirás con la muerte de los que mueren en medio de los mares” (versículos 2-8). (Compárese con
Tesalonicenses 2:3-4, que habla del “hombre de pecado … el cual se opone y se levanta contra todo lo que se llama Dios … tanto que se sienta en el templo de Dios como Dios, haciéndose pasar por Dios”.)
Un ser realmente superior
En este punto, como en Isaías 14, el personaje pasa de ser una figura humana inferior para representar a un gran ser espiritual. En vez del príncipe de Tiro, un ser humano, se trata ahora del rey de Tiro. Este es el mismo Lucero.
El profeta Ezequiel prosigue: “Vino a mí palabra del Eterno, diciendo: Hijo de hombre, levanta endechas sobre el rey de Tiro, y dile: Así ha dicho el Eterno el Señor: Tú eras el sello de la perfección, lleno de sabiduría, y acabado de hermosura” (Ezequiel 28:11-12).
Por favor, lea esto de nuevo. Dios jamás diría algo así de un ser humano. Este magnífico ser espiritual reunía la suma total de la sabiduría, la perfección y la belleza. Era la obra culminante, la obra maestra de Dios, como ser creado individualmente. ¡Era lo más grandioso que Dios, con su poder supremo, podía crear! Lo trágico es que ¡se rebeló contra su Hacedor!
“En Edén, en el huerto de Dios estuviste”. Había estado, pues, en la tierra; aquí estuvo su trono. “De toda piedra preciosa era tu vestidura … los primores de tus tamboriles y flautas estuvieron preparados para ti en el día de tu creación” (versículo 13). Fue un ser creado, no un humano nacido. Era un ser espiritual, no carne humana. Dios creó en él un gran genio para la música. Ahora que se ha pervertido en sus pensamientos, sus obras y su ser, es el verdadero autor de la música pervertida y del ritmo rock moderno, de los gemidos discordantes, los graznidos, los lamentos y los gritos, de los ritmos que producen excitación física y emocional, y de los ánimos negativos y deprimidos. ¡Cuán grande fue su talento, su capacidad y su potencial! ¡Y todo lo pervirtió! ¡Todo lo malogró, lo disipó, lo convirtió en odio, destrucción e inutilidad!
Sin embargo, tenemos motivos para animamos. El grandioso potencial humano de quienes estén dispuestos a resistir las argucias, los males y el ánimo negativo de Satanás y perseverar en el camino de Dios, ¡es infinitamente superior al de Lucero, aun considerando el estado en que Dios lo creó!
Ahora volvamos a la revelación de este punto de crucial importancia, esta dimensión perdida en el conocimiento. “Tú, querubín grande, protector, yo te puse en el santo monte de Dios”, dice Dios a Lucero (versículo 14).
Esto nos lleva al capítulo 25 de Éxodo, donde Dios le dio a Moisés el diseño para el arca del pacto. La descripción comienza en el versículo 10. Los versículos 18-20 muestran dos querubines colocados a lado y lado del trono de Dios en el cielo, el trono del gobierno divino sobre todo el universo. Las alas de estos querubines cubrían el trono de Dios.
Educado ante el trono de Dios
Lucero, pues, estuvo presente en el trono mismo de Dios. Recibió instrucción y experiencia en la administración del gobierno divino. Dios escogió a este ser, experimentado y capacitado, como rey que encabezaría el gobierno divino sobre los ángeles de la tierra.
Continuemos: “… en el santo monte de Dios, allí estuviste; en medio de las piedras de fuego te paseabas. Perfecto eras en todos tus caminos desde el día que fuiste creado, hasta que se halló en ti maldad” (Ezequiel 28:14-15). En cuanto al conocimiento, el entendimiento y la sabiduría,
Lucero estaba completo. Pero también recibió facultad para razonar, pensar, decidir y elegir. Y aun con todos estos conocimientos, aun sabiendo los resultados y las consecuencias, este magnifico ser, el más supremo que el mismo Dios pudiera crear por decreto, optó por rebelarse contra su Hacedor, contra el camino que produce todo bien. Acogió la maldad. Lucero había sido educado en la administración de la ley y el orden perfectos, y mientras siguió ese camino recto, hubo felicidad y alegría inmensa en toda la tierra. Hubo una paz gloriosa, armonía perfecta, amor y cooperación. El gobierno de Dios produjo una situación de gran felicidad … mientras duró la lealtad de Lucero en la administración del gobierno divino.
¿Por qué pecaron los ángeles?
¿Qué motivó a los ángeles en la tierra a pecar, a seguir la maldad? Ciertamente no fue que algún ángel común y corriente persuadió al gran querubín y lo volvió traidor. No, la maldad se encontró en él. ¿Después de cuánto tiempo? No lo sabemos; Dios no lo revela. Pudo haber sido menos de un año … o millones de millones de años. Aun cuando Lucero mismo tomó la decisión de rebelarse e invadir el cielo para arrebatar el trono del universo, la Biblia no revela cuánto tiempo tomó para convencer a todos los ángeles bajo su mando de que lo siguieran en su traición.
Conozco bien el método que Lucero utilizó. Sigue empleando el mismo método hoy para conducir a los hombres engañados hacia la deslealtad, la rebeldía y la oposición egocéntrica contra el gobierno de Dios. Primero despierta envidia y resentimiento en uno o dos por alguna injusticia imaginaria, y de allí pasan a la deslealtad. Luego se vale de éstos, como manzanas podridas en un cesto, para despertar resentimiento, autoconmi se ración, deslealtad y rebeldía en otros que los rodean. Así como cada manzana podrida daña las que están cerca hasta que todo el cesto se pierde, así procede Satanás.
En el gobierno de Dios en la tierra hoy, si no se sacan pronto las “manzanas podridas”, éstas destruirían todo el gobierno. Pero una vez fuera del cesto no pueden causar daño a las demás.
¡Imagínese cuánto tiempo debió tomarle al amargado Lucero la tarea de influir en millones de ángeles santos hasta traerlos al resentimiento, la amargura, la deslealtad y, por último, a una franca y feroz rebeldía! Pudieron ser centenares, miles o millones de años.
Todo esto ocurrió antes de la creación del primer ser humano, pero posterior a la creación original de la tierra citada en Génesis 1:1. El versículo 2 de este capítulo, llamado el capítulo de la creación, describe una condición que surgió como resultado de ese pecado de los ángeles. Los hechos narrados en el versículo 2 pudieron ocurrir millones de años después de la creación original de nuestro planeta. Es posible, entonces, que la tierra haya sido creada hace millones de años.
Ahora prosigamos con este pasaje de Ezequiel 28: “A causa de la multitud de tus contrataciones fuiste lleno de iniquidad, y pecaste; por lo que yo te eché del monte de Dios, y te arrojé de entre las piedras del fuego, oh querubín protector. Se enalteció tu corazón a causa de tu hermosura, corrompiste tu sabiduría a causa de tu esplendor; yo te arrojaré por tierra..(versículos 16-17). En este punto, el contexto vuelve al dirigente religioso-político humano que pronto ha de surgir.
Hemos explicado en este capítulo cómo la faz de la tierra quedó arrasada, cubierta de fealdad y tinieblas como consecuencia del pecado de Lucero (que ahora es el diablo) y de los “ángeles que pecaron” (que ahora son demonios), y cómo Dios renovó la faz de la tierra en seis días (Génesis 1:2- 25)
El hombre, ¿para qué?
Ahora bien, ¿para qué creó Dios al hombre en la tierra? (Génesis 1:26).
Veamos la situación como la ve Dios. Él ha dado al hombre una mente como la suya pero inferior y limitada. Nos ha hecho a su imagen y semejanza (su forma), mas compuestos no de espíritu sino de materia. Pero Él dice: “Haya, pues, en vosotros este sentir [mente] que hubo también en Cristo Jesús” (Filipenses 2:5). Podemos, hasta cierto punto, pensar como piensa Dios. ¿Cómo vería Dios la situación cuando empezó a renovar la faz de la tierra después de la colosal debacle de los ángeles?
Había creado la tierra como algo hermoso y perfecto. La pobló de ángeles santos, probablemente millones. Sobre ellos puso por rey al querubín Lucero, arcángel que desde entonces ocupó el trono de la tierra. Lucero fue la obra maestra suprema del poder creativo de Dios como ser espiritual creado individualmente. Fue el más perfecto en hermosura, poderío, mentalidad, conocimientos, intelecto y sabiduría que Dios pudiera crear. Dios no puede crear instantáneamente, por decreto, nada que sea superior ni más perfecto.
No obstante, este ser lleno de conocimientos, con capacitación y experiencia adquiridas al lado del trono de Dios en el cielo y versado en la administración del gobierno divino, había rechazado ese gobierno. Había corrompido su camino. Se había rebelado negándose a administrarlo y acatarlo. Había alejado a todos sus ángeles del camino recto arrastrándolos hacia el pecado de rebelión.
Parece que la tierra había sido creada simultáneamente con todo el universo. No hay indicios en la Palabra de Dios revelada, ni en la ciencia, de que alguno de los planetas de nuestro universo interminable haya albergado alguna forma de vida. Pero Dios no hace nada en vano. Todo lo que hace tiene un propósito.
Al parecer, todos los planetas del universo están en un estado de caos y vacuidad ahora. Están descompuestos (tohu y bohu) como lo estuvo la tierra según la descripción de Génesis 1:2. Pero Dios no los creó en semejante estado, como nuestra luna. La descomposición no es el estado original de la creación sino el resultado de un proceso de deterioro. Es evidente que si los ángeles, ahora caídos, hubiesen conservado la tierra en su estado original de hermosura, mejorándola, siguiendo las instrucciones de Dios y acatando su gobierno, se les habría ofrecido el potencial inmenso de poblar todo el vasto universo y de cumplir allí un formidable programa de creación. Mas cuando se hicieron traidores en la tierra, su pecado debió traer la destrucción física simultáneamente sobre los demás planetas del universo, que estarían condicionalmente y en potencia bajo su mando.
La tierra, jefatura del universo
En el capítulo vil de esta obra explicaremos cómo el propósito de Dios es que la tierra venga a ser la sede central de todo el universo.
Recordemos que en un principio la tierra había de ser la morada de la tercera parte de los ángeles. Cuando los ángeles vieron la creación de la tierra, les pareció tan hermosa y perfecta que clamaron con regocijo y alabanza (Job 38:4-7). La tierra había de brindarles una gloriosa oportunidad. Ellos debían labrarla, hacerla producir y conservar e incrementar su belleza.
Conviene aquí aclarar cuál era la naturaleza de la creación original de Dios. Era algo así como los muebles sin terminar que se consiguen en ciertos almacenes. Los muebles se venden sin darles el acabado, construidos pero sin pintura ni barniz. Se pueden comprar en este estado para acabarlos uno mismo, siempre y cuando se tengan los conocimientos y la capacidad para hacerlo. Dichos muebles pueden ser de primerísima calidad, pero les falta un hermoso acabado.
Así es la creación de Dios. Es perfecta, pero sujeta a que se le dé el acabado de hermosura… tarea que correspondía a los ángeles. La creación original “sin acabado” fue obra de Dios solo. Pero su intención era que los ángeles en la prehistoria, y que los HOMBRES ahora, utilizaran su poder creativo para terminar esta parte de la creación de Dios. Ellos debían dar los toques finales y el acabado a lo que llegaría a ser una obra creada, acabada y perfecta.
Esta había de ser una PRUEBA suprema para los ángeles, supiéranlo o no. La tierra había de ser el “campo de prueba” donde demostrarían su acatamiento al GOBIERNO DE Dios y su aptitud para terminar la creación de los millones de planetas que pueblan nuestro inmenso universo. Lo revelado en la Palabra de Dios indica que Dios creó todo el universo FÍSICO al tiempo con la tierra. La palabra cielos en Génesis 1:1 incluye no sólo la atmósfera terrestre sino todo el vasto universo.
La existencia de elementos radiactivos y la ley de la radiactividad demuestran que hubo un momento en que no existía la materia. Dios es espíritu; se compone de espíritu. El existió antes de todo y es el Creador de todo. Los ángeles fueron creados antes de la tierra. La revelación de Dios da a entender claramente que antes de la creación original de la tierra no existía la materia, que todo el universo físico se creó al mismo tiempo.
El propósito de los ángeles
El potencial de los ángeles, pues, era regir el universo, perfeccionar y acabar los miles de millones de planetas que rodean a las incontables estrellas, muchas de las cuales son SOLES. El sol de nuestro sistema solar es apenas de tamaño mediano. Muchas de las estrellas que vemos son en realidad soles muchísimo más grandes que el nuestro. Nuestro sistema solar, de un tamaño que trasciende la imaginación, es sólo una parte de nuestra galaxia. ¡Y hay muchas galaxias! En otras palabras, el universo físico creado por el Dios todopoderoso ¡es de una inmensidad inimaginable! ¡CuÁN GRANDE ES el gran Dios!
El quiso que los ángeles desempeñaran un papel esencial en la creación final del universo. (Pero es posible que Dios no les haya revelado entonces a los ángeles cuál era su grandioso potencial, pues la tercera parte de ellos se dispuso a tomarlo por la fuerza, sin haberse capacitado primero.)
Para cumplir este gran propósito, Dios estableció su gobierno en la tierra sobre los ángeles y puso a cargo de su administración al superarcángel Lucero.
Recuérdese que aun los santos ángeles y arcángeles, entre ellos el querubín Lucero, estaban necesariamente dotados de la facultad de pensar, razonar, formar actitudes, tomar deci­siones y elegir.
Como ya se ha explicado, Dios le dio a Lucero todas las ventajas. Era el sello de la sabiduría, la hermosura y la perfección. Era PERFECTO en todos sus caminos desde el momento de su creación hasta que se encontró en él maldad: rebeldía e iniquidad (Ezequiel 28:15).
Había adquirido capacitación y experiencia en la administración del gobierno de Dios al lado del trono del vasto universo. Fue uno de los dos querubines cuyas alas cubrían el trono del Altísimo (Ezequiel 28:14; Éxodo 25:20).
Cómo entró el pecado
Lucero fue un ser de radiante hermosura, de belleza perfecta, pero se dejó arrastrar por la vanidad. Entonces pasó al razonamiento erróneo. La ley de Dios, fundamento del gobierno divino, es el camino del AMOR, del interés altruista por el bien de los demás, del amor a Dios en obediencia, humildad y adoración. Es el camino del dar, compartir, ayudar y cooperar. Lucero razonó que la competencia sería mejor que la cooperación. Sería un incentivo para esforzarse más y sobresalir, un incentivo para lograr más. Servir al yo sería más agradable y traería más felicidad.
Se puso, pues, en contra de la ley divina del amor. Tuvo envidia de Dios. Se dejó llenar de celos, resentimiento, lascivia y codicia, y se amargó. Esto suscitó un espíritu de violencia. Se convirtió deliberadamente en adversario y enemigo de su Hacedor. Esta decisión fue suya, no de Dios … ¡pero Dios la permitió!
Dios cambió su nombre de acuerdo con su nueva naturaleza: Satanás el diablo, que significa precisamente “adversario” o “enemigo”.
Desde entonces Satanás dirigió sus poderes sobrenaturales por las sendas del mal. Se amargó no solamente contra Dios sino contra la ley de Dios. Se valió de sus argucias y capacidad de engaño para conducir a los ángeles bajo su mando hacia la deslealtad, la rebelión contra el Creador, rebeldía que culminó con una GUERRA de agresión y violencia para derrocar a Dios y arrebatarle el trono del universo.
Mientras Lucero fue leal y administró fielmente el GOBIERNO de Dios, la tierra estuvo llena de una PAZ maravillosa y perfecta. Los ángeles disfrutaban de una viva felicidad. La ley del gobierno de Dios es el camino de vida que causa y produce la paz, la felicidad, la prosperidad y el bienestar. El pecado es el camino de vida que ha CAUSADO todos los males existentes.
La pena del pecado de los ángeles no fue la muerte, pues Dios los había hecho seres espirituales e inmortales que no podían morir. Dios les dio la TIERRA por morada y la oportunidad de mostrarse aptos para poseer y embellecer el UNIVERSO entero.
Su pena (y siguen en espera del juicio final) fue la descalificación: la pérdida de su gran oportunidad, la perversión de su mente y un CATACLISMO colosal de proporciones mundiales, una destrucción que arrasó toda la tierra.
Como resultado, la tierra cayó en el estado descrito brevemente en Génesis 1:2. Lucero había sido creado como portador de LUZ; ahora se convirtió en autor de las TINIEBLAS, del error, la confusión y el mal.
La rebelión de los ángeles pecadores (II Pedro 2:4-6; Judas 6-7; Isaías 14:12-15; Ezequiel 28:12-17) trajo esta catástrofe sobre la tierra.
¿Cómo vería Dios esta situación luego de la colosal debacle de Lucero y sus ángeles?
El origen de los demonios
Lucero había sido creado como lo más perfecto en cuanto a belleza, mentalidad, conocimientos, poder, intelecto y sabiduría que Dios pudiera crear en un ser facultado para pensar, razonar, elegir y tomar decisiones por su cuenta. Dios sabía que era imposible crear una obra inicial más perfecta.
Pero este ser superior, que adquirió capacitación y experiencia al lado del trono del GOBIERNO DE DlOS sobre el universo, había recurrido al razonamiento erróneo y había tomado una decisión pervertida y diabólica. Influyó en los ángeles bajo su mando hasta llevarlos a la rebeldía también. Esto pudo haber tomado millones de años. Es muy probable que Satanás comenzara a pervertir la mente de sus ángeles una por una. Tenía que hacerles sentirse insatisfechos y ofendidos, y tenía que inculcarles resentimiento y amargura.
Cuando Lucero dio cabida en su mente a ideas de vanidad, celos, envidia, lascivia y codicia, luego de resentimiento y rebeldía, ¡algo le sucedió a su mente! ¡Su mente se pervirtió y se torció! Su pensamiento se vició. Dios le había dado, lo mismo que a los demás ángeles, control sobre su propia mente. Ahora jamás podrán rectificarlas. Jamás volverán a pensar de manera racional, honrada y correcta.
He tenido algunas experiencias personales con demonios por medio de personas poseídas. He lanzado fuera demonios en el nombre de Cristo y por el poder del Espíritu Santo. Algunos demonios son necios, como niños malcriados. Otros
son astutos, vivos, agudos, sutiles. Los hay belicosos e insolentes, y los hay hoscos y sombríos. Pero todos son pervertidos, depravados, corruptos.
¿Es posible que Satanás y sus demonios afecten a los hombres y ios gobiernos hoy, o que influyan en ellos? ¿Es posible que los espíritus malignos afecten la vida suya, lector? Estas preguntas se responderán en el capítulo IV.
Observando la tragedia descomunal, Dios debió darse cuenta de que si el ser más supremo y perfecto que Él había podido crear se fue por el camino de la rebelión, entonces Dios mismo era el único ser que jamás pecaría, que no podría pecar.
Dios es el Padre de la familia divina, o sea del reino de Dios.
Nótese Juan 1:1-5. El Verbo, que “fue hecho carne” (versículo 14), existió siempre, desde toda la eternidad, con el Padre. Dios el Padre creó todas las cosas por medio de aquel que se convirtió en Jesucristo (Colosenses 1:16-17).
Cuando Jesús estaba en la tierra oraba a Dios, su Padre en el cielo. Y el Padre se refirió a Jesús como “mi Hijo amado, en quien tengo complacencia” (Mateo 3:17). Jesús vivió en la tierra como humano, tentado en todo como nosotros pero sin pecado.
La quinta palabra en la Biblia (versión de Reina-Valera) es Dios (Génesis 1:1). La palabra hebrea original es Elohim, sustantivo de forma plural cuyo significado es semejante al de los sustantivos familia, iglesia o grupo. La familia divina es Dios. Hay un solo Dios, formado por más de una persona; es una sola familia.
Dios vio que no podía tener la certeza de que ningún ser inferior a un Dios, a un miembro de la familia divina, sería incapaz de pecar. Ningún otro podría ser como Dios, que no peca nunca. Para cumplir su propósito para todo el universo, Dios vio que no podía confiar en nadie inferior a sí mismo (a la familia de Dios) para que cumpliera el propósito supremo en todo el universo.
Por qué los humanos sucedieron a los ángeles
Entonces Dios se propuso reproducirse a sí mismo por medio de seres humanos hechos a su imagen y semejanza,
pero hechos primero de carne y hueso físicos, sujetos a la muerte si no se arrepentían del pecado, mas con la posibilidad de nacer dentro de la familia divina como hijos engendrados por Dios el Padre. Dios vio que esto se podía hacer por medio de Cristo, quien se entregó con este fin.
¡Por esta razón creó Dios al hombre! Este fue el motivo que El tuvo para hacer la obra más colosal que jamás haya emprendido: ¡Reproducirse a sí mismo! El siguiente capítulo lo mostrará de manera clara e innegable.
Terminaremos este capítulo con un importante comentario final. El propósito general y supremo de Dios es crear, aun hasta el punto de reproducirse a sí mismo. Además, el Todopoderoso tiene que ser el gobernante supremo de toda su creación. Parece que Dios ha escogido la tierra como sede de su gobierno universal y lugar de su trono (ver I Corintios 15:24). Pero Satanás había derrocado el gobierno divino en la tierra. Ahora Dios se proponía restaurarlo por medio del hombre creado a imagen suya y destinado a convertirse en parte de la familia divina. Recordemos la advertencia de Pablo: No ignoremos la existencia de Satanás ni sus argucias, ni dejemos que gane ventaja sobre nosotros (II Corintios 2:11). Los siguientes capítulos aclararán aun más cuál es nuestro destino excelso.
Buenas noticias
Todos conocemos aquello de “la buena noticia y la mala noticia”. La última parte de este capítulo ha dado la noticia mala. Pero la buena noticia es el designio que Dios está llevando a cabo y el hecho de que las dos terceras partes de los ángeles son santos y justos y ellos superan numéricamente a los demonios. Estos ángeles siguen siendo los agentes invisibles de Dios para servir y ayudar a desarrollar el carácter de los incontables seres humanos destinados a convertirse en hijos y herederos del Dios supremo y en miembros de la gran familia de Dios.
Capítulo III
EL MISTERIO DEL HOMBRE
PARECE REALMENTE INCREÍBLE. La educación superior dicta cursos técnicos de fisiología, anatomía, antropología y sicología. Las universidades desmenuzan al hombre para estudiarlo centímetro por centímetro. Analizan cada una de sus facetas. Descomponen el cerebro humano y lo estudian. Y sin embargo, la mente humana sigue siendo un misterio aun para los sicólogos más avanzados.
¡No saben QUÉ es el hombre ni POR QUÉ llegó a existir! Este es el gran misterio número tres, que el hombre jamás ha entendido.
¿Se trata acaso de un animal superior que ha descendido por fuerzas residentes sin planificación ni propósito inteligente, mediante un proceso de evolución? ¿Por qué está el hombre facultado para pensar y razonar, y por qué tiene tanto conocimiento vedado a los animales? ¿Es acaso un alma inmortal? ¿Es carne y hueso con un alma inmortal en su interior? ¿Qué ES la persona humana? Y ¿POR QUÉ existe?
¿Por qué estamos en la tierra? ¿Acaso el género humano surgió al azar? O por el contrario, ¿obedece a un designio y un PROPÓSITO?
Hemos dicho que todo efecto tiene una causa. El efecto en cuestión es el hombre: El hombre existe. ¿CÓMO y POR QUÉ llegó a existir? ¿Lo colocaron aquí, o bien surgió al azar, resultado de procesos ciegos e irracionales de la evolución?
¡Es algo que debe interesarnos!
Es un misterio que ha desconcertado a la educación superior.
La educación superior en el siglo 20 ha llegado casi unánimemente a aceptar la teoría de la evolución. Ni siquiera considera la posibilidad de una creación planeada por un Dios de mente suprema, inteligencia perfecta y poder ilimitado. Mas la teoría de la evolución no puede explicar un mundo paradójico que produce adelantos admirables pero que es incapaz de resolver sus problemas y sus males crecientes. No da ninguna razón para la existencia humana. La educación superior ignora despectivamente, y sin estudiarlas siquiera, las verdades bíblicas acerca de la presencia del hombre en la tierra y las causas del estado actual de la civilización.
La educación en el mundo civilizado es enteramente materialista. La educación se ha reducido a una mezcla del agnosticismo de la evolución, la política y economía de Carlos Marx y la moral de Sigmund Freud. La educación superior ignora totalmente el misterio del hombre y de la civilización humana.
La educación superior no sabe, ¡y no desea saber! Cuando averiguamos el qué y el PORQUÉ, los intelectuales, depositarios del CONOCIMIENTO, evaden el asunto o bien salen lanza en ristre. Ignoran, porque así lo desean, QUÉ es el hombre y PORQUÉ existe.
La educación cierra la mente y la boca en un silencio obstinado. La ciencia no sabe. Y la religión no lo revela porque tampoco lo sabe. Es increíble … ¡pero cierto!
Entra Dios en escena
¿Por QUÉ esta ignorancia voluntaria? Porque el asunto tiene que ver con Dios. Satanás es hostil contra Dios. Satanás ocupa el trono de la tierra y ha cegado la mente de los intelectuales y otros miembros de la sociedad. Pensemos por un momento en el individuo más erudito, con varios títulos universitarios a sus espaldas. Está altamente capacitado en ciertos campos específicos respecto de los cuales tiene conocimientos detallados y complejos. Pero si le preguntamos sobre algo que está fuera de su campo de especialización, es tan ignorante como los demás mortales carentes de sus intrincados y laberínticos conocimientos.
Los principales estamentos de la civilización: el gobierno, la religión, la educación, la ciencia, la tecnología y la industria, le sacan el cuerpo a Dios. ¡No quieren que Dios se meta en sus asuntos! La sola mención de su nombre los hace sentir incómodos.
Esta ignorancia sólo se explica por la influencia invisible e inadvertida del poder maligno y sobrenatural de Satanás y los seres demoniacos espirituales. Cuando leemos en Apocalipsis 12:9 que todo el mundo ha sido engañado por Satanás, esto incluye a los de avanzado intelecto. Jesucristo dio gracias a Dios porque ocultó su verdad a los sabios y prudentes y la reveló a quienes son bebés en el conocimiento materialista.
En el primer capítulo de este libro hablamos de qué y QUIÉN es Dios, y encontramos que Dios es muy real. Dios es más de una persona: es una familia, es la familia divina y suprema. Es el Creador de cuanto existe, y tiene un PROPÓ SITO, que es la creación del carácter perfecto, justo, santo y espiritual en el hombre hecho inmortal y convertido en parte de su familia divina.
La presencia del HOMBRE en la tierra tiene que guardar alguna relación con el PROPÓSITO del Dios creador.
Con estas preguntas y afirmaciones de importancia básica, tenemos que preguntar: ¿POR QUÉ hay tantos males en nuestro mundo enfermo y caótico? Nuestro mundo afronta, como su problema número uno y sin solución, aquel de la supervivencia humana. ¿Podrá sobrevivir el hombre en la tierra, aunque sea por lo que resta de este siglo 20? ¿Podrá sobrevivir a la explosión demográfica y a la fuerza nuclear, producto de su inteligencia?
Consideremos ahora lo que hemos dicho acerca del propósito de Dios para los ángeles que pecaron en la tierra. Porque aquella rebeldía de los ángeles lleva directamente al propósito de Dios para el hombre, a nuestra pregunta de QUÉ es el hombre y por qué existe.
La faz de la tierra asolada
En vez de mejorar, embellecer y completar la creación de la tierra, los ángeles pecadores la redujeron a la ruina y la desolación.
Veamos ahora Génesis 1:1-2: “En el principio creó Dios los cielos y la tierra. Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo”.
Las palabras hebreas traducidas como desordenada y vacía son tohu y bohu, que significan “asolada, arruinada, deteriorada”. La palabra estaba también se traduce como se volvió en Génesis 19:26. Así, después de quizá millones de años, todo se había convertido en una superficie oceánica y la luz se había convertido en tinieblas por obra de la iniquidad de los ángeles.
Quiero intercalar aquí un principio bíblico dentro del contexto inmediato. Isaías nos da la siguiente instrucción: “¿A quién se enseñará ciencia, o a quién se hará entender doctrina? … Porque mandamiento tras mandamiento, mandato sobre mandato, renglón tras renglón, línea sobre línea, un poquito allí, otro poquito allá” (Isaías 28:9-10.) La mayoría de las personas que pretenden aplicar este principio de la comprensión bíblica toman cada “poquito” fuera de su contexto y lo interpretan a su manera.
La Santa Biblia es un libro singular, único. El hecho de que sus verdades se revelen “un poquito allí, otro poquito allá” significa que es un libro codificado que no había de entenderse hasta el actual tiempo del fin, tal como explicamos en otra parte de este libro. Quienes han pretendido leer la Biblia directa y continuamente desde el principio, han quedado desconcertados. Muchos terminan por alzar los hombros y decir, como dije yo alguna vez: “Sencillamente no la entiendo”. Por eso alguien dijo de la Biblia que es “el libro que nadie conoce”. Como hemos explicado ya, la Biblia es como un rompecabezas. El panorama completo no aparece hasta que se hayan unido las distintas piezas correctamente.
Otros pasajes de las Sagradas Escrituras traen información relacionada directamente con el capítulo primero del Génesis.
Ahora entendamos los antecedentes. Génesis 1:1: Dios creó los cielos y la tierra. Ya hemos visto, en el capítulo II de este libro, que los cielos (o sea el universo) y la tierra fueron creados después de los ángeles. Los ángeles puestos en la tierra no completaron la creación de nuestro planeta mejorándolo, desarrollándolo y embelleciéndolo, sino que lo asóla-
ron y arruinaron. El GOBIERNO DE Dios se había anulado en la tierra.
Entonces, de todos los seres vivientes en el universo ¡Dios era el Único que con toda seguridad jamás se desviaría del camino de su ley! No era posible crear un ser superior ni más perfecto que el querubín Lucero, quien se había rebelado. El carácter no se puede crear automáticamente por decreto. El carácter espiritual divino es la acción y conducta habitual de la persona o ente creado que llega al conocimiento de los caminos de Dios y ejerce la voluntad de seguir esos caminos aun contra toda oposición, tentación o apetito contrario. El carácter es algo que necesita desarrollarse con el consentimiento, la voluntad y la acción del ente creado. Es impartido por Dios y aquel ente tiene que recibirlo voluntariamente. Dios, pues, decidió, o bien había decidido de antemano, realizar la proeza creativa SUPREMA: ¡reproducirse a sí mismo! ¡Y esto lo haría por medio del hombre! Dios sabía que tendría que hacerlo por medio de la materia.
El hombre a imagen de Dios
A fin de preparar un lugar para el hombre, Dios renovó la faz de nuestro planeta. Esto se explica en Salmos 104:30: “Envías tu Espíritu, son creados, y renuevas la faz de la tierra”.
Ahora volvamos a Génesis 1:2. La tierra había quedado arruinada. “Y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas”.
Lo primero que hizo Dios fue convertir las tinieblas nuevamente en LUZ, como en la creación original. Dios dijo: “Sea la luz; y fue la luz” (Génesis 1:3).
En seis días Dios renovó la faz de la tierra (esta renovación no fue el acto original de creación sino una restauración para devolverla al estado en que había sido creada originalmente). ¡Así preparó la tierra para recibir al hombre!
Confinando los mares, Dios dejó a descubierto los continentes. Luego creó la vida vegetal sobre la tierra y después la vida acuática en el mar y los animales terrestres. En el idioma hebreo, en que Moisés escribió, los vertebrados se denominan nefesh en los versículos 20, 21 y 24. Los traduc- tores de la versión Reina-Valera de la Biblia (revisión de 1960) vertieron la palabra nefesh correctamente como ser viviente. Luego en Génesis 2:7, refiriéndose al hombre, la misma palabra nefesh se traduce también como ser viviente. Nefesh significa literalmente “vida de los animales” y se refiere a la vida física, no al espíritu. Sin embargo, en muchos pasajes de la Biblia la palabra nefesh se ha traducido erróneamente como alma, como si se tratara de algo diferente de la vida animal y física.
La tierra se había convertido nuevamente en una obra perfecta, pero sin terminar. Todavía le faltaban los toques finales.
Como hemos explicado antes, Dios crea en etapas duales. Podríamos compararlo con la preparación de una torta. En la primera fase, la torta sale del homo pero no está completa hasta que se le haya agregado la segunda fase: el batido o decoración, que embellece, enriquece y completa la torta.
Dios puso a Lucero y sus ángeles sobre la tierra. Su intención era que completaran la creación poniéndole, por así decirlo, los toques finales a fin de embellecer, mejorar y enriquecer la tierra. Pero los ángeles pecaron y trajeron caos, confusión y tinieblas a nuestro planeta.
Ahora Dios renovó la faz de la tierra para el HOMBRE, hecho para convertirse en la imagen misma del carácter de Dios y que llevaría también su forma o semejanza. La intención de Dios era que el hombre le diera a la tierra sus toques finales mejorándola y embelleciéndola, poniéndole el batido a la torta, por así decirlo. Así el hombre participaría en la creación final de la tierra. Pero en vez de hacerlo así, el hombre ha dañado, contaminado, mancillado y corrompido casi todo lo que ha tocado.
El propósito del hombre en la tierra
¿Para qué creó Dios al hombre? Para cumplir su propósito supremo de reproducirse a sí mismo mediante el objetivo supremo de crear el carácter justo y divino en millones de hijos engendrados que se convertirían en seres divinos al nacer como miembros de la familia de Dios.
El hombre debía mejorar la tierra física que Dios le entregó, acabando su creación (cosa que los ángeles pecadores habían rehusado hacer), y de esta manera debía restaurar el GOBIERNO de Dios y su camino de vida. Más aún, en este proceso debía COMPLETAR LA CREACIÓN DEL HOMBRE desarrollando en sí mismo, y con su consentimiento, el carácter justo y santo de Dios.
Una vez infundido este carácter en el hombre, y transformado éste de carne mortal en espíritu inmortal, se hará realidad el increíble potencial humano: el nacimiento del hombre dentro de la familia divina de Dios, la restauración del gobierno de Dios en la tierra y la participación del hombre en la obra de creación terminando la creación en todo el vasto e interminable universo. Este potencial increíble del hombre se explicará detalladamente más adelante. ¡Entonces Dios se habrá reproducido incontables millones de veces!
Así pues, en el sexto día de la semana de la recreación Dios (Elohim) dijo: “Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza” (Génesis 1:26).
El hombre había de tener, con su consentimiento, una relación especial con su Hacedor. Fue creado en la forma de Dios. Recibió un espíritu (una esencia espiritual) para que esta relación fuese posible. Sobre esto volveremos más adelante.
El alma es mortal
Ahora bien, Dios creó al hombre de materia. Esto era necesario para lograr el fin que Dios se proponía:
“Entonces el Eterno Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento [aire] de vida, y fue el hombre un ser viviente” (Génesis 2:7). El hombre, formado del polvo material de la tierra, y al respirar el aire, se convirtió en un ser viviente (o alma). Aquí no dice que el hombre sea ni tenga un alma inmortal. Lo que se formó de la tierra SE CONVIRTIÓ EN UN ALMA.
La palabra alma se ha traducido de la palabra hebrea nefesh, que significa simplemente un animal que respira. En el primer capítulo del Génesis hemos visto que la palabra nefesh se utiliza para referirse a los animales como seres vivientes (Génesis 1:20, 21, 24). Los traductores vertieron la palabra nefesh al español con la expresión ser viviente para referirse tanto a los animales como al hombre, pero en otras partes de la Biblia tradujeron la misma palabra nefesh como alma. Por tanto, el ALMA es algo físico, compuesto de materia y que puede morir. Esta es una verdad aceptada por muy pocas iglesias y probablemente por ninguna otra religión. ¡Es otra PRUEBA que identifica a la única Iglesia de Dios!
Cómo funciona la mente humana
Llegamos ahora a otra verdad que, hasta donde yo sé, es conocida solamente por la única Iglesia verdadera.
¿No le ha llamado la atención la diferencia abismal que hay entre la mente del hombre y el cerebro de un animal? La explicación constituye otra prueba de la falsedad de la teoría de la evolución.
El cerebro de los vertebrados superiores en el reino animal es esencialmente igual en su forma, diseño y constitución al cerebro humano. Los cerebros de la ballena, el elefante y el delfín son más grandes, y el del chimpancé es casi del mismo tamaño. Pero lo producido por el cerebro humano es indescriptiblemente superior. ¡Muy pocos saben POR QUÉ!
Varios pasajes de las Sagradas Escrituras muestran que hay un espíritu dentro del hombre (I Corintios 2:11). El espíritu no es materia, mientras que el hombre sí es materia. Para distinguirlo del Espíritu Santo de Dios, suelo denominarlo el espíritu “humano”. Pero no es materia sino espíritu.
Este espíritu humano imparte la facultad del intelecto al cerebro físico del hombre. El espíritu no ve, no oye, no gusta, no huele ni palpa. Es el cerebro el que ve por medio del ojo, que oye por medio del oído, etc. El espíritu humano en sí no puede pensar. El cerebro físico sí piensa.
¿Cuál es, entonces, la función de este espíritu humano? No es un “alma”, pero 1) imparte la facultad del intelecto, que es la capacidad de pensar, el poder intelectual, al cerebro humano; y 2) es el medio que Dios ha dispuesto para hacer posible una relación personal entre el HOMBRE como ser humano y Dios como ser divino.
El verdadero valor de la vida humana
Filósofos y humanistas hablan con suficiencia del valor de la vida humana como algo excelso en sí. Hablan del “dios” que llevamos adentro, de aprovechar los recursos innatos y
ocultos que poseemos. Predican la confianza en sí mismo y la glorificación del yo.
Con toda su presunción, ignoran y desconocen los VALORES REALES y el increíble potencial humano.
El valor de la vida humana es ínfimo comparado con lo que ellos suponen, pero al mismo tiempo su potencial es incalculablemente mayor de lo que se imaginan.
La verdad viene por revelación. Mientras no se revele, sigue siendo un misterio oculto a los intelectos engañados y vanidosos. Repito lo que Jesús dijo en oración: “Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los sabios y de los entendidos, y las revelaste a los niños” (Mateo 11:25).
¿Cuál es la verdad acerca del valor del hombre? ¿Cuánto vale en realidad la vida humana? Su valor ha sido muy sobreestimado considerando lo que realmente es, pero ha sido igualmente subestimado si consideramos su potencial supremo. La verdad es algo asombroso.
Observemos a un bebé dulce e inocente, nacido hace pocas horas, o el rostro de un anciano de 80 años que prácticamente ha completado su vida, y preguntémonos: ¿Cuánto valen esas vidas … una que apenas comienza, otra que está por apagarse? ¿Podría usted dar la respuesta correcta?
¡Entendamos! Este es el punto difícil. Este es el punto clave donde los eruditos del mundo se salen por la tangente. La ciencia y la educación superior dan por sentado casi umversalmente que no hay nada distinto de la materia. Niegan la existencia del espíritu, lo que equivale a negar, aunque sea tácitamente, la existencia de Dios.
La moderna ciencia de la investigación cerebral nos enseña que el cerebro humano cumple muchas funciones imposibles para el cerebro animal, pero que en lo físico no hay prácticamente ninguna diferencia entre los dos. El animal no piensa ni razona, no estudia ni puede tomar decisiones diferentes de lo que le ordena el instinto. No puede saber lo que sabe el hombre. No tiene actitudes de juicio, sabiduría, amor, bondad, cooperación, ni conoce la competencia, la conspiración, la envidia, los celos ni el resentimiento. No aprecia la música, el arte ni la literatura. No tiene cualidades ni características espirituales.
Sin embargo, la ciencia y la educación superior afirman resueltamente que la facultad del intelecto en el hombre es algo puramente físico.
Yo tuve que hallar pruebas racionales de que Dios existe y de que, efectivamente, es más real que la materia. Tuve que DEMOSTRAR que la Santa Biblia es la Palabra autorizada de Dios, mediante la cual Él se comunica con el hombre y le revela verdades que de otra manera le serían inaccesibles. Y hallé revelado un PROPÓSITO, un DESIGNIO, un significado que permanecen ocultos a quienes se creen muy instruidos. Encontré revelada la explicación de los males crecientes en un mundo cada día más adelantado.
¿Puede el hombre, como ser diseñado y creado, decir a su Hacedor: “¿Por qué me hiciste así, y para qué?” ¿Puede dar instrucciones a su Hacedor? ¿Acaso no le corresponde más bien abrir su mente y escuchar cuando su Hacedor le revela la razón de su existencia?
El Creador revela y enseña en un libro escrito en cifra, que es la Santa Biblia. Su mensaje profundo se hace accesible al entendimiento humano por la presencia del Espíritu Santo que mora en la mente humana que ha aceptado la revelación y acatado a Dios creyéndolo y obedeciéndolo. A éstos se les aclara la verdad indescriptiblemente maravillosa.
Pero tomemos nota de lo siguiente. Reflexionemos sobre esta pregunta: Si el hombre tuviera sólo un cerebro físico como los animales, ¿cómo podría el gran Dios espiritual inyectar sus verdades espirituales en el cerebro animal? La respuesta es clara: No lo hace. Los animales no tienen conciencia de Dios ni tienen conocimientos espirituales.
El espíritu humano en el hombre mortal hace posible un contacto directo con el gran Dios espiritual. No hay ningún canal de comunicación directo entre el cerebro de un animal y la mente del Dios supremo.
Meditemos sobre esto. Los hombres solemos hablar de la obra maravillosa que es el ser humano, con su cerebro y los diversos componentes físicos de su cuerpo que funcionan concertadamente. Pero sin el espíritu que imparte la facultad intelectual al cerebro y abre un canal directo de comunicación con la mente del gran Dios, el hombre no sería mejor que las bestias. Con el espíritu en el hombre, la creación del hombre se hace aun más asombrosa. Es este espíritu humano lo que le permite al hombre unirse con Dios, de modo que el hombre pueda ser engendrado por Dios al unirse el Espíritu de Dios con el espíritu humano impregnándolo como hijo del supremo Creador.
El valor de la vida humana, pues, radica sólo dentro del espíritu humano combinado con el cerebro humano. Debe aclararse de una vez que este espíritu humano no ha sido percibido por los sicólogos más eruditos. Y sin embargo, es la esencia misma de la mente humana.
El alma puede morir
El libro del Creador revela algo contrario a las enseñanzas de los humanos sujetos al error: que el hombre fue hecho del polvo de la tierra, que este polvo se convierte en un alma y que es mortal como todos los vertebrados. El hombre ha insistido en aceptar la primera mentira de la historia humana, la mentira que Satanás le dijo a nuestra madre Eva: que el hombre es inmortal, que no morirá.
El alma es simplemente un ser viviente que respira. En la Biblia todos los animales se llaman almas o seres vivientes (en hebreo, nefesh). Por lo tanto, si el hombre es un alma como lo afirma Génesis 2:7 (ver también I Corintios 15:45), también lo son los animales. Sin embargo, hay un espíritu humano (I Corintios 2:11) dentro del alma.
Este espíritu humano no imparte la vida. La vida humana, como la vida de todos los vertebrados, viene de la circulación de la sangre oxigenada por el aliento o el aire. Dios revela que en todo ser humano hay un espíritu. Este espíritu no se encuentra en los animales. El espíritu humano dota al cerebro de intelecto, facultándolo para adquirir conocimientos, para pensar, razonar, tomar decisiones y producir actitudes de bien o mal.
El cerebro del hombre y el del animal son parecidos. La superioridad de la mente humana no se debe a la superioridad de nuestro cerebro sino a la presencia de un espíritu humano dentro de él. El cerebro animal está dotado no de intelecto sino de instinto.
Esto parecerá extraño porque es una dimensión del conocimiento que nadie había enseñado hasta ahora. La verdad es que el valor de la vida humana estriba única y exclusivamente en el espíritu humano y su obra en combinación con el cerebro.
Dios formó al hombre de materia, pero a imagen y semejanza de Dios en cuanto a su forma.
Los animales y el hombre tienen el mismo aliento, la misma fuente de vida. Mueren una misma muerte. La vida humana es la existencia animal, pero en la forma de Dios y con el espíritu humano agregado al cerebro.
La creación del hombre está inconclusa
El hombre fue hecho para tener una relación con su Creador. Por lo tanto, fue creado en la forma de su Hacedor y la presencia de un espíritu en él hizo posible que tuviera un contacto y una relación con El.
Pero la creación del hombre no estaba terminada. Mental y espiritualmente el hombre existía sólo a medias. Era preciso agregarle el Espíritu de Dios para que se uniera con su espíritu humano, lo engendrara como hijo de Dios, lo uniera con su Hacedor y, por último, le permitiera nacer dentro de la FAMILIA DIVINA.
Detengámonos aquí un momento. Nótese nuevamente la dualidad en el proceso creativo de Dios. El primer hombre, Adán, fue una obra física a la cual se agregó el espíritu humano. Cuando la creación del hombre esté terminada, será una obra espiritual formada enteramente de espíritu.
Al recibir el Espíritu Santo de Dios, el hombre recibe el Espíritu y la mente misma del Dios inmortal. Este Espíritu se une con el espíritu humano. El Espíritu de Dios no puede introducirse en un animal, y éste no podría recibirlo, porque el animal no tiene dentro de sí un espíritu con el cual se pueda combinar el Espíritu divino.
En este punto voy a intercalar una verdad acerca de un tema que en la actualidad es quizá el punto más controversial en el mundo occidental: el aborto.
El espíritu humano entra en el embrión humano en el momento de la concepción. Cuando la persona adulta se convierte, es este espíritu el que se puede unir con el Espíritu Santo que viene del gran Dios creador y que impregna al individuo con vida de Dios como hijo del Dios viviente en estado de gestación pero aún sin nacer. Destruir un embrión o un feto en el vientre materno es ASESINAR a un futuro ser divino.
Por lo tanto, el aborto es asesinato.
Ahora bien, ¿cuál es el valor real de una vida humana? La vida humana es una existencia animal pero con un espíritu humano que da al cerebro la facultad del intelecto. El espíritu humano hace posible la unión con el Espíritu Santo y con la mente y la inmortalidad de Dios. Cuando el hombre muere, el cuerpo revierte al polvo y el espíritu regresa a Dios.
Vida después de la muerte
El espíritu humano que se va en el momento de la muerte es en realidad un molde espiritual, de sí inconsciente. Pero en la resurrección traerá al cuerpo resucitado toda la memoria, el conocimiento y el carácter, así como la forma que tuvo la persona antes de morir. El espíritu humano en sí mismo no ve, piensa, oye ni sabe. La única VIDA verdadera e inherente radica en el Espíritu Santo de Dios, unido al espíritu humano. El valor de la vida humana está en el espíritu humano y su potencial de unirse con el Espíritu de Dios, que es la mente y la vida de Dios.
Los filósofos consideran que el hombre tiene un valor supremo en sí. Hablan de la “dignidad humana” y de los poderes “divinos” inherentes en cada ser humano. Abogan por la autoconfianza y la glorificación del yo. Pero la verdad es otra: El único valor de la vida humana radica en el espíritu humano y su potencial de ser engendrado por Dios y más tarde nacer como Dios, como hijo de la familia de Dios.
El hombre no es un “dios” en sí mismo, sino carne y hueso mortales con un cerebro dotado de intelecto gracias al espíritu humano. Por lo tanto, el hombre en sí mismo es infinitamente más pequeño e insignificante de lo que creen los llamados sabios de este mundo. Pero una vez engendrado por el Dios supremo, por la vida y el Espíritu del Dios viviente que mora en él, el potencial del ser humano viene a ser infinitamente más valioso de lo que el mundo se ha imaginado.
Dios crea, como dijimos antes, por el principio de DUALIDAD. Así es la creación del hombre, pues se cumple en DOS
ETAPAS: 1) la etapa física, que comenzó con el primer hombre, Adán, y 2) la etapa espiritual, que comenzó con el “segundo Adán”, que es Jesucristo (I Corintios 15:45-46).
Así también, el hombre fue hecho desde su creación (y nacimiento) con el espíritu humano que se convirtió en parte integral de su ser. Pero mental y espiritualmente el hombre está incompleto. Se le hizo de tal manera que necesitara otro espíritu: el Espíritu Santo de Dios. Y cuando recibe aquel don de Dios, entonces “el Espíritu mismo [de Dios] da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios” (Romanos 8:16). Esta es la primera etapa (la del engendramiento) dentro de la creación espiritual del hombre.
Esto se explica claramente en I Corintios 2:9: .. Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido en corazón [en la mente] de hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman”: el conocimiento espiritual.
La mente natural recibe conocimiento de las cosas materiales y físicas. También puede tener algún sentido de la moral, la ética, el arte y la cultura que no tienen los animales. Pero en lo que respecta al bien y el mal, puede conocer y obrar el bien solamente a nivel humano, lo que es posible por el espíritu humano. Pero este sentir y hacer el bien se limita al nivel humano del espíritu humano que es inherentemente egoísta. Puede tener y expresar amor a nivel humano, pero sin el Espíritu Santo de Dios no puede tener ni expresar amor a nivel de Dios, ni puede adquirir conocimiento de lo espiritual, como se revela en I Corintios 2.
Solamente Dios revela
“Pero Dios nos las reveló [las cosas espirituales] a nosotros por el Espíritu ..(versículo 10). Nótese en particular que el conocimiento espiritual no es revelado por una persona llamada el Espíritu Santo. Es revelado por Dios y llega a nosotros hoy por medio del Espíritu, el cual se recibe únicamente como don de Dios por su misericordia y gracia. Dios es el Revelador. El Espíritu Santo es el instrumento por el cual podemos comprender aquello que solamente Dios revela.
“Porque ¿quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él?” (versículo 11). Si el Espíritu Santo fuera la tercera persona de una trinidad, entonces ¡el espíritu en el hombre sería también otro hombre! Una vaca, una oveja o un perro no sabe las cosas que sabe el HOMBRE, y el hombre tampoco podría saberlas si no fuera por el espíritu humano que lleva adentro, por ejemplo, el conocimiento de la química, la física, la ciencia y la tecnología. De igual manera, el hombre natural con este espíritu está limitado: “Así tampoco nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios”.
Es SÓLO cuando entra el Espíritu Santo y se une con el espíritu humano que el hombre puede realmente comprender lo espiritual: “Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente” (versículo 14).
Las personas de más alto nivel educativo miran todo por el lente de la teoría de la evolución. La evolución se ocupa solamente del desarrollo y la vida material. No conoce ni enseña nada acerca de la vida espiritual y sus problemas, aunque todos los males del mundo son de índole espiritual.
Por eso es que los más eruditos suelen ser los más ignorantes. Se limitan al conocimiento de lo material y del “bien” a la manera egocéntrica. Para ellos, el conocimiento de Dios y de las cosas de Dios son necedad. Por algo Dios dice: “La sabiduría de este mundo es insensatez para con Dios” (I Corintios 3:19).
Un mundo apartado de Dios
Ahora volvamos a Adán, el primer hombre.
Recordemos el propósito que tuvo Dios al crear al hombre: 1) restablecer el gobierno de Dios en la tierra y, mediante la regulación de la vida humana por ese gobierno, a) terminar la creación física de la tierra que los ángeles habían asolado, y b) simultáneamente completar la creación del hombre desarrollando en él el carácter espiritual justo; y 2) establecer el reino de Dios y hacer realidad el increíble potencial humano de terminar la creación del vasto universo.
Este propósito excelso exigía: 1) que el hombre rechazara el camino de Satanás y acogiera el camino del amor de Dios basado en la ley espiritual divina; y 2) que el hombre fuese hecho primero de materia para que si se dejara arrastrar por el camino satánico del “obtener” pudiera cambiar y convertirse al camino divino del amor. Si rehusara cambiar, su vida se borraría como si la persona nunca hubiese existido. No habría sufrimiento interminable.
Los seres espirituales no podían cambiar una vez que su creación estuviera terminada (como sucedió con la tercera parte de los ángeles, convertidos en carácter maligno). Una vez terminada la creación del espíritu, éste permanece constante y eterno. No está sujeto a cambio. Por el contrario, la materia física sí cambia constantemente.
Mediante el plan maestro de Dios para su creación espiritual, el cual describiremos más adelante, Dios y el Verbo habían dispuesto que el Verbo se despojaría de su gloria suprema y que a su debido tiempo tomaría la semejanza de carne humana como Jesucristo, haciendo posible la fase espiritual de la creación del hombre: ¡la reproducción de Dios! ¡Es un plan maestro para la obra maestra de la creación! ¡Cuán grande es nuestro Dios, su mente, su propósito, su planificación y su diseño, así como su CREACIÓN, desde un insecto o microbio diminuto hasta el sol más gigantesco que hace parecer el nuestro como un astro insignificante!
Y el increíble potencial humano es que el Dios grande majestuoso se está reproduciendo en el hombre, ¡que el hombre puede nacer dentro de la familia de Dios!
El primer ser humano, Adán, fue creado con el potencial de hacerse apto para remplazar a Satanás, antiguamente Lucero, en el trono de la tierra y restablecer el gobierno de Dios.
Pero Adán tendría que resistir y rechazar el camino satánico del OBTENER, que fue la base del gobierno malévolo de Satanás. Tendría que escoger el camino de Dios y su ley, el camino del AMOR (del DAR), que es la base del gobierno divino.
El Hacedor habló primero con Adán y Eva, enseñándoles acerca de su gobierno y su ley espiritual. El capítulo segundo del Génesis nos presenta solamente un resumen muy conciso de estas instrucciones. Dios no permitió que Satanás tuviera contacto con ellos hasta después de que recibieron estas enseñanzas.
Los dos árboles simbólicos
En el espléndido huerto del Edén donde Dios los colocó, había dos árboles simbólicos muy especiales. La gente oye hablar muy poco de estos árboles y de su enorme importancia, excepto por aquello de la “manzana de Adán”. Lo más probable es que el árbol prohibido ni siquiera fuese un manzano.
El verdadero significado de estos árboles simbólicos explica el fundamento mismo del mundo. En ellos está la respuesta al gran misterio de nuestros días. Hoy vivimos en un mundo de adelantos asombrosos, y al mismo tiempo de males deplorables. La pregunta que desconcierta al hombre hoy es: ¿Por qué las mentes que pudieron ir a la Luna y volver, que pueden transplantar corazones, producir computadores y otras maravillas tecnológicas, no son capaces de resolver sus propios problemas? ¿Por qué no hay paz en el mundo?
No podremos entender el misterio de las condiciones y los acontecimientos mundiales si no nos remontamos a la fundación del mundo para saber qué curso ha seguido desde su origen hasta el palpitante y confuso presente.
El mundo comenzó en la época de estos dos árboles. La educación religiosa errada de nuestros días tiene muy poco que decir sobre el árbol de la vida y casi nada sobre el árbol prohibido. Pero veamos. Dios había creado un hombre del polvo de la tierra. Ahora bien, Dios crea en etapas duales. El hombre no estaba físicamente completo. Dios quería que se multiplicara y llenara la tierra. Pero el hombre no podía hacerlo porque físicamente estaba incompleto. Por lo tanto, Dios lo hizo caer en un sueño profundo (anestesia) y realizó una operación quirúrgica: Le sacó una costilla e hizo de ella una mujer. Los dos formaron una familia. Ahora sí estaba completa la creación física del hombre. La pareja podía reproducirse según su especie.
Pero el hombre que Dios había creado era mortal. Su existencia era temporal. Era algo fisioquímico, que se mantenía sólo por la circulación de la sangre oxigenada con el aliento de vida y activada por el alimento y el agua de la tierra. El hombre no tenía VIDA inherente, pero sí tenía un espíritu humano que, unido al Espíritu de Dios, permitiría que fuese engendrada en él la vida eterna.
Un ofrecimiento: la vida inmortal
Dios ofreció a Adán la vida inmortal por medio del árbol simbólico de la vida. Dios no le rogó ni le obligó a que la aceptara; simplemente la puso a su disposición. Adán estaba autorizado para comer de todos los árboles del huerto excepto el árbol de la ciencia del bien y del mal.
¿Y si Adán hubiera tomado del árbol de la VIDA? ¿Qué habría sucedido entonces? Usted probablemente nunca ha oído la respuesta a esta pregunta. Aquel árbol simbólico se está ofreciendo hoy a los que Dios llama para que vengan a Jesucristo. Hay una diferencia entre Adán y el cristiano llamado por Dios. Adán no había pecado, y si escogía el árbol de vida no tendría necesidad de arrepentirse. Por lo demás, el cristiano arrepentido, creyente y engendrado por el Espíritu está en la misma situación en que habría estado Adán si hubiera tomado del árbol de la vida. Adán habría recibido el Espíritu Santo del Dios inmortal y ese Espíritu se habría unido con el suyo. Como Adán tenía que escoger, habría rechazado el camino de Satanás al tomar del árbol de la vida.
Volvamos a la pregunta: ¿Qué habría sucedido si Adán hubiera comido del árbol de la vida?
Habría recibido el Espíritu Santo de Dios y éste se habría unido con su espíritu humano. El hombre no estaba completo mental ni espiritualmente hasta que recibiera el Espíritu de Dios. Este Espíritu lo habría unido mental y espiritualmente con su Hacedor. Entonces habría sido engendrado como hijo de Dios, lo mismo que el cristiano de hoy convertido y engendrado por el Espíritu.
Habría recibido, pues, el Espíritu Santo de Dios, el cual se habría unido con su espíritu humano engendrándolo como hijo de Dios, impartiéndole las arras de la vida inmortal y uniéndolo con Dios.
Sería como el cristiano de hoy engendrado por el Espíritu, de quien se dice: .. Cristo en vosotros, la esperanza de gloria” (Colosenses 1:27). La mente de Dios está en nosotros (Filipenses 2:5), y del mismo modo, la mente de Dios habría estado en Adán. Pero no sucedió así, sino que la mente y la actitud de Satanás entraron en él y empezaron a obrar en él, de la misma manera como lo han hecho en todos sus hijos que han poblado la tierra desde entonces. Leemos en Efesios 2:2 que Satanás, como príncipe de la potestad del aire, actúa realmente dentro de los seres humanos.
En este punto debemos aclarar algo que podría prestarse a equivocaciones. Eva fue engañada por Satanás, pero Adán no (I Timoteo 2:13-14). Adán desobedeció a Dios y pecó deliberadamente. Pero aunque no obró bajo engaño en este primer incidente de tentación, su desobediencia deliberada del mandato explícito de Dios lo aisló de Dios, produjo en él un estado de perversión mental y abrió su mente a los engaños de Satanás. Desde ese momento Adán y todos sus descendientes estuvieron sujetos a la influencia de Satanás. Satanás empezó a obrar en la mente de Adán, como habría obrado Dios si el hombre hubiera escogido el árbol de la vida.
Un mundo secuestrado
Desde ese momento, Adán estuvo espiritualmente secuestrado por Satanás, quien ha mantenido cautiva a toda la familia humana desde entonces.
Dios le habría revelado a Adán su camino de vida, o sea su ley espiritual. Esa ley es el camino del amor generoso y altruista, “el amor de Dios … derramado en nuestros corazones [humanos] por el Espíritu Santo” (Romanos 5:5). El amor natural y camal del hombre no puede cumplir la santa ley de Dios*
Así como el embrión humano engendrado por sus padres tiene luego que cumplir un proceso de gestación y desarrollo antes de nacer, otro tanto sucede con el cristiano guiado por el Espíritu, y lo mismo habría sucedido con Adán.
Adán habría tenido un contacto directo con Dios. Suelo compararlo con el cordón umbilical que une al recién nacido con su madre. Durante la gestación, el niño recibe su vida humana y alimento físico de la madre. De manera análoga, la VIDA ESPIRITUAL de Dios se le imparte al cristiano por medio del Espíritu Santo y el conocimiento espiritual se le imparte por medio de este Espíritu que mora en el hombre (I Corintios 2:10). Dios imparte la comprensión cabal de su ley (su camino de vida) mediante el Espíritu Santo. Ahora bien, la ley de Dios requiere acción y cumplimiento, y el AMOR es ei cumplimiento de la ley divina (Romanos 13:10). Esta ley solamente se puede cumplir mediante el amor de Dios que proviene de El (Romanos 5:5).
Adán, pues, habría recibido el conocimiento espiritual profundo que es necesario para seguir el camino de vida de Dios. También habría recibido el amor divino, único que puede cumplir aquella ley perfecta del amor y ponerla en acción.
Mediante el Espíritu divino, Adán también habría recibido la FE de Dios. Habría recibido conocimiento y ayuda de su Hacedor. Habría dependido de Dios para que Él interviniera en los asuntos fuera del control del hombre. En tales asuntos, Dios hace por nosotros de manera sobrenatural lo que nosotros no podemos hacer. En otras palabras, Dios pelea nuestras batallas.
Adán rechaza la ley y el gobierno de Dios
Adán escogió un conocimiento diferente. Tomando para sí la prerrogativa divina, determinó él mismo lo que es el bien y lo que es el mal. Resolvió depender enteramente de sí mismo tanto para el conocimiento como para el poder de obrar bien o mal. Rechazó la confianza en Dios, optando por la AUTOconfianza. La única justicia que podría adquirir sería la AUTOjusticia, que para Dios es como trapo de inmundicia (Isaías 64:6).
Adán y Eva, pues, tomaron del árbol de la ciencia del bien y del mal. Tomar este fruto era arrogarse la facultad de saber lo que es bueno y lo que es malo, de decidir lo que es correcto y lo que es pecado. Esto significaba, naturalmente, rechazar la ley de Dios, ya que ésta definía para ellos qué era bueno y qué era malo.
El glorioso arcángel Lucero, tal como Dios lo había creado originalmente, fue la manifestación suprema del poder creativo de Dios en un ser individual. Pocos se dan cuenta del enorme poderío que tiene Satanás, poderío que ahora se ha convertido en astucia y engaño. Parece que Adán lo subestimó del todo.
El astuto Satanás indujo a Adán a desobedecer por medio de su esposa Eva. No dijo: “¡Escoge mi camino!”, sino que apareció como una serpiente sutil que la engañó hábilmente. Sembró la DUDA en su mente, haciéndola dudar que Dios fuese veraz. Y le sembró también resentimiento haciéndole sentir que Dios había sido egoísta e injusto con ella. Sutilmente, le inyectó vanidad mental. La llevó por el camino errado haciéndole pensar que tomar del fruto prohibido era lo bueno y correcto.
Adán no fue engañado pero siguió el ejemplo de su esposa. Junto con ella, se arrogó la facultad de determinar lo que está bien y lo que está mal. Así, desconfió de lo que su Hacedor le había dicho. No le creyó. Lo RECHAZÓ como su Salvador y Gobernante. Rechazó a Dios como la fuente del conocimiento básico revelado. Creyó en el camino de Satanás ¡y lo siguió!
El mundo sentenciado
Cuando Dios echó al hombre fuera del huerto del Edén e impidió que entrara de nuevo para que no recibiera la vida eterna en pecado (Génesis 3:22-24), el Creador estaba pronunciando UNA SENTENCIA.
Estaba diciendo, en otras palabras: “Ustedes han tomado la decisión por sí mismos y por el mundo que saldrá de ustedes. Me han rechazado como fuente básica del conocimiento; han rechazado mi poder que por medio de mi Espíritu les habría permitido seguir el camino correcto. Se han rebelado contra mi mandamiento y mi gobierno. Han escogido el camino del ‘obtener’ y ‘quitar’, que es de Satanás. Por lo tanto, los condeno a ustedes y al mundo que engendrarán a 6.000 años de aislamiento de mí y de mi Espíritu, excepto por los POQUÍSIMOS que llamaré especialmente. Esos POCOS serán llamados para un servicio especial en la preparación para el reino de Dios. Tendrán que hacer lo que ustedes no hicieron: rechazar, resistir y vencer a Satanás y sus caminos y seguir los caminos de mi LEY ESPIRITUAL.
“Por lo tanto, Adán y su progenie que formará el mundo, vayan y produzcan su propio caudal de conocimientos. Decidan por ustedes mismos lo que es bueno y lo que es malo. Produzcan sus propios sistemas educativos y medios de difundir el conocimiento, desorientados por su dios Satanás. Formen sus propios conceptos de lo que es dios, sus propias religiones, sus propios gobiernos, sus propios estilos de vida y estructuras sociales y gubernamentales. En todo esto Satanás engañará al mundo con su actitud de egocentrismo, con vanidad, lascivia y codicia, celos y envidia, competencia, conflicto, violencia y guerra, rebelión contra mí y contra mi ley del amor.
“Cuando el mundo de sus descendientes haya escrito la lección en 6.000 años de sufrimiento, angustia, frustración, derrota y muerte, cuando el mundo que de ustedes surja haya tenido que confesar la inutilidad del camino de vida que ha escogido, entonces intervendré de manera sobrenatural. Con mi poder divino tomaré las riendas del gobierno del mundo. Mediante la reeducación, produciré un mundo de felicidad y PAZ. Y cuando los hombres se arrepientan les ofreceré a todos la salvación eterna. Luego de mil años de aquel mundo feliz del futuro, haré resucitar a la vida mortal a todos aquellos que hayan muerto sin mi llamamiento a lo largo de esos 6.000 años. Entonces vendrá el juicio para ellos, y al arrepentirse y tener fe, les ofreceré la vida eterna.
“Durante esos 6.000 años en que yo mismo los alejaré de mí, no dictaré una sentencia eterna sobre ellos; sin embargo, lo que siembren en su vida, eso mismo segarán. Ahora bien, cuando yo les ofrezca la vida eterna, no estará allí Satanás para obstaculizarlos y engañarlos; no tendrán que vencerlo. Los pocos llamados en estos 6.000 años sí tendrán que rechazar y resistir las influencias de Satanás y vencerlo. Quienes venzan se sentarán conmigo en mi trono y tendrán poder para gobernar a todas las naciones bajo mi reinado supremo”.
El origen de la autoconfianza
¿Cuál es el significado que se deriva de todo esto? Adán, el primer hombre, rechazó el conocimiento de Dios y la dependencia en El. Prefirió confiar en su propio conocimiento y su propia capacidad.
El mundo moderno desarrollado a partir de Adán confía enteramente en el hombre. La sicología que se enseña es la confianza en sí mismo. “Confíen en los poderes internos e innatos del hombre”, enseñan. La mayoría de las universidades reflejan un ambiente de profesionalismo autosuficiente y de vanidad. El estudiante universitario llega a considerarse como un profesional en cierne, o sea como alguien superior a quienes no tienen su tipo de educación. Imbuido del concepto básico de la evolución, se siente muy por encima de los que creen en Dios y en el Señor Jesucristo, y los mira con desprecio.
Cerrada la puerta de la salvación
Cuando Adán tomó su fatal decisión, Dios le cerró el ACCESO AL Árbol de la vida (Génesis 3:22-24) a él y a sus descendientes por 6.000 años. La única excepción fueron los profetas escogidos para escribir la Biblia, al igual que la Iglesia llamada por Jesucristo a salir de este mundo. Jesús dijo claramente: “Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere” (Juan 6:44).
Entonces Dios, desde la fundación del mundo, dispuso un plan maestro de 7.000 años para el cumplimiento de su propósito.
Fue Satanás quien engañó a Eva. Luego Adán pecó deliberadamente tomando del fruto prohibido. Desde entonces todo el mundo ha estado bajo engaño (Apocalipsis 12:9).
Hagamos aquí una pausa momentánea. Comprendamos que esta fue la fundación del mundo que hoy habitamos. En ese momento Satanás debió contemplar su obra con satisfacción perversa. Debió pensar que había derrotado a Dios, que Dios no había podido quitarlo del trono de la tierra por medio de Adán.
Pero Dios dice que su consejo permanece. El plan de 7.000 años de Dios hará realidad los designios divinos con gloria excelsa y arrolladora.
Entendamos este punto, que ha sido un misterio para el mundo. Cuando Dios vedó el acceso al árbol de la vida, vedó la redención y la salvación de la humanidad por 6.000 años hasta que Jesucristo, el segundo Adán, regresara a la tierra con gloria y poder supremos para destituir a Satanás de su trono y gobernar a todas las naciones.
Adán había tenido la oportunidad de elegir el gobierno de Dios, restablecerlo en la tierra y remplazar a Satanás en el trono. Como fracasó, la humanidad en general no puede tener acceso a la salvación hasta que Jesucristo, el segundo Adán, haya hecho lo que el primer Adán no hizo: quitar a Satanás, ocupar el trono de la tierra y restablecer el gobierno de Dios en ella.
El momento en que el árbol de la vida fue vedado para la familia humana señala el comienzo de nuestro mundo actual que aún está bajo el gobierno invisible de Satanás. Entonces ¿cómo lograría Dios su propósito? En la fundación del mundo, Dios decidió que el Verbo nacería en la tierra como el Cordero del sacrificio que redimiría al hombre del dominio de Satanás el secuestrador (Apocalipsis 13:8).
Ahora bien, ¿cómo podría Dios cumplir su designio de reproducirse por medio de los seres humanos que nacerían en los 6.000 años siguientes?
Salvación por medio de la resurrección
En esa fundación del mundo de Satanás, también se decretó que todos los hombres morirían una vez, y luego, mediante una resurrección, vendrían a juicio (Hebreos 9:27). Mientras tanto, la humanidad en general no estaría sujeta a juicio; no sería condenada ni salvada. En ese momento se decidió que así como en Adán todos los seres humanos han de morir, también en Cristo todos volverían a la vida mediante una resurrección a juicio (I Corintios 15:22). Esta misma resurrección de todos los que murieron en Adán ha sido un misterio para el mundo engañado por Satanás. Aun hoy la cristiandad tradicional celebra la resurrección de Jesús en el “Domingo de Resurrección” (fiesta de origen pagano), pero nada dice acerca de la futura resurrección de los miles de millones que han muerto en Adán. Esta resurrección se explicará más tarde.
Mientras tanto, Cristo vendría para llevar los pecados de la humanidad sobre sí y para fundar la Iglesia de Dios. El propósito y la función de la Iglesia se describirán en el capítulo vi de este libro.
¡Detengámonos aquí un momento! Comprendamos lo que el mundo no ha podido ver porque se dejó cegar por Satanás. Comprendamos lo que el cristianismo tradicional engañado no ha entendido.
¡Esto es importantísimo!
El mundo cristiano tradicional ha caído en el engaño de creer enseñanzas supuestamente cristianas acerca de la in- mortalidad del alma. Piensa que si “profesamos a Jesús” iremos al cielo al morir y allí disfrutaremos del ocio eterno, libres de toda responsabilidad, descansando en el sosiego y el éxtasis de una existencia muelle y holgazana. En cambio, los que no “acepten a Jesús” irán al infierno, un lugar de fuego que arde sin parar y donde los condenados gritan y claman en un paroxismo de aflicción y sufrimiento indescriptibles que jamás terminarán.
La enseñanza tradicional es que el hombre es un alma inmortal y que ya tiene vida eterna. Se niega lo dicho en Romanos 6:23, que la pena del pecado es la muerte y que el hombre recibe la vida eterna sólo como un don de Dios. La enseñanza cristiana tradicional podría asemejarse a un viaje en tren, de ida únicamente; este es nuestro viaje por la vida. Al final de la línea se acciona un conmutador que nos envía directamente a un infierno ardiente de horrendos sufrimientos. Pero si en algún momento del viaje hemos profesado y “aceptado” a Cristo, el conmutador al final de la línea se accionará para el otro lado, y al llegar al punto final nos disparará directamente al cielo.
El concepto “cristiano” equivocado ha sido que Dios creó al primer hombre como un ser inmortal perfecto, pero que en un momento de descuido Satanás logró entrar y echó a perder la maravillosa obra de Dios. La salvación sería el esfuerzo de Dios por reparar el daño y por devolverle al hombre su condición original, haciéndolo tan bueno como cuando Dios lo creó.
En una doctrina tras otra, han creído y enseñado cosas diametralmente opuestas a las enseñanzas de la Biblia.
La primera mentira de Satanás
Han enseñado la primera mentira de Satanás: que el hombre es un alma inmortal. Si nos detenemos a reflexionar, este concepto significaría que las madres “salvas” que han muerto y están en el cielo son conscientes de la suerte de sus hijos perdidos que claman y gimen sumidos en el dolor indescriptible del fuego infernal.
¿Cuál es la verdad? ¿Qué dice la Palabra sagrada de Dios? ¿Saben los muertos lo que están haciendo los vivos? Mi esposa me relató cómo a los 12 años de edad perdió a su madre y pensó que ella estaba en el cielo observando todo lo que la niña hacía.
Las Escrituras revelan claramente que cuando uno muere, está muerto. Según la Biblia, los muertos no oyen nada, no ven nada, no piensan ni saben nada. Los muertos no tienen conciencia alguna. “Porque los que viven saben que han de morir; pero los muertos nada saben, ni tienen más paga; porque su memoria es puesta en olvido. También su amor y su odio y su envidia fenecieron ya..(Eclesiastés 9:5-6).
El mensaje de la Biblia es claro al respecto. La muerte es muerte sin lugar a dudas. El apóstol Pablo escribió que “la paga del pecado es muerte” (Romanos 6:23). La muerte es, por definición, ausencia de vida. No es simplemente la separación de Dios.
Las Sagradas Escrituras nos dicen que aprovechemos la vida ahora mientras tenemos la oportunidad: “Todo lo que te viniere a la mano para hacer, hazlo según tus fuerzas; porque en el Seol [el sepulcro], adonde vas, no hay obra, ni trabajo, ni ciencia, ni sabiduría” (Eclesiastés 9:10).
No podría ser más claro. Y los que insisten en aferrarse a la idea de irse flotando al cielo después de la muerte si han sido buenos, o de hundirse en el infierno si han sido malos, harían bien en escuchar las palabras del apóstol Pedro. Si alguna vez alguien mereció ir al cielo, ese alguien sería un individuo conforme al corazón de Dios. David lo fue (Hechos 13:22). Sin embargo Pedro dijo, inspirado por Dios, que David “murió y fue sepultado, y su sepulcro está con nosotros hasta el día de hoy” (Hechos 2:29); y más aún: “David no subió a los cielos” (versículo 34). Jesús mismo dijo que “nadie subió al cielo” donde está el trono de Dios (Juan 3:13).
¿Viviremos de nuevo?
Pero en esta vida hay algo más que el presente. El gran Dios puso a los hombres en la tierra con un propósito maravilloso y eterno que las religiones ideadas por los seres humanos no han podido entender.
Estamos en la tierra por una razón maravillosa. Tiene que ver con la razón por la cual somos mortales y sufrimos todas las emociones y problemas por una parte y por otra experimentamos las cosas agradables de la vida.
Aunque al morir estamos muertos, no seguiremos muertos para siempre. Los muertos ¡vivirán de nuevo! Leamos lo que dijo Jesús: “No os maravilléis de esto; porque vendrá hora cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz; y los que hicieron lo bueno, saldrán a resurrección de vida; mas los que hicieron lo malo, a resurrección de juicio [traducción correcta]” (Juan 5:28-29).
Todos rendiremos cuentas por lo que hemos hecho en esta vida. Todo ser humano que haya vivido será resucitado y tendrá que responder por sus actos.
Hemos explicado ya que el espíritu en el hombre por sí mismo no ve, no oye ni piensa. El cerebro ve por medio del ojo, oye por medio del oído y piensa facultado para ello por el espíritu humano. Al morir, “el polvo vuelve a la tierra, como era, y el espíritu vuelve a Dios que lo dio” (Eclesiastés 12:7).
El espíritu es el depositario de la memoria y del carácter. Es como un molde, que conserva aun la forma humana del muerto para que en la resurrección a juicio recupere el mismo aspecto físico que tuvo en esta vida, así como el carácter que desarrolló, y recuerde todo lo que tuvo en la memoria. Pero mientras tanto, mientras dure la muerte, no hay conciencia: “Nada saben” (Eclesiastés 9:5).
La enseñanza falsa más universal, acogida por casi todas las iglesias que se dicen cristianas (excepción hecha de la única y original Iglesia de Dios), es que todos están automáticamente “perdidos” a menos que profesen a Jesucristo como su Salvador, y que hoy es el único día de salvación. Pero la verdad es que los seres aislados de Dios ¡todavIa no están SIENDO JUZGADOS!
Pocos entienden el plan maestro de Dios. La sorpresa del lector al conocer la verdad revelada en este libro no puede ser tan grande como la que sintió el autor hace más de 58 años. El mundo ENTERO ha sido engañado, tal como la Biblia lo profetizó. La persona engañada no se da cuenta del engaño. ¡No subestimemos a Satanás!
La humanidad, ¿aislada de Dios?
Mirando los males que se multiplican en el mundo hoy, bien podría pensarse que el hombre se ha aislado de Dios. Pero el hecho es que fue Dios quien aisló al hombre de sí.
¿POR QUÉ? ¿Sería Dios injusto? ¡Todo lo contrario!
Aclaremos este punto. Cuando Adán optó por tomar del árbol prohibido, se aisló, y aisló a su futura familia, del contacto con Dios. Además, como todos los seres humanos nacidos de Adán han pecado, cada uno se aisló a si mismo de Dios (Isaías 59:1-2).
El miembro de la familia de Dios que habló con Adán fue el Verbo (logos en griego), el que más tarde nació como Jesucristo. Adán no tenía contacto con Dios el Padre. Cuando el Verbo quitó el acceso al árbol de la vida, toda la humanidad quedó aislada de Dios el Padre hasta el retomo de Jesucristo a la tierra con poder y gloria supremos para quitar a Satanás del trono de la tierra y restablecer el gobierno de Dios.
Mientras tanto, Cristo, el segundo Adán, vino por primera vez para revelar la existencia del Padre (Lucas 10:22). Hasta entonces, el mundo no tenía conocimiento de la existencia del Padre. Esta es una razón por la cual la religión judía consideraba que Dios constaba de UNA SOLA persona. Es la razón por la cual los teólogos perdieron (o mejor dicho, nunca tuvieron) el conocimiento de que Dios ES una familia dentro de la cual podemos nacer. Esto también explica por qué al leer en el Nuevo Testamento que Dios es el Padre y que Jesús también es Dios, salieron con la teoría errada de que el Espíritu Santo es la tercera persona de una trinidad. De esta manera blasfeman contra el Espíritu Santo y limitan a Dios. Además, borran el conocimiento de que los seres humanos convertidos pueden ser miembros de la familia de Dios. Así, Satanás ha cegado a la “cristiandad” ocultándole la verdad y el propósito del evangelio de Jesucristo.
El mundo ha pasado por alto una verdad importantísima: la resurrección. Celebra una “Pascua Florida” pagana en que reconoce que Jesucristo resucitó de la muerte, mas pasa por alto lo que la Biblia enseña claramente: que todos los seres humanos resucitarán de la muerte, cada uno en su debido orden, en tres resurrecciones diferentes. La única esperanza que la Santa Biblia ofrece a la humanidad de esta tierra moribunda es la esperanza de una resurrección de la muerte. Es una esperanza segura y positiva. Todo esto se explicará detalladamente en los siguientes capítulos.
Es una verdadera tragedia que el mundo entero, tal como lo dice Apocalipsis 12:9, haya sido engañado y cegado por Satanás el diablo, quien aún ocupa el trono de la tierra.
La verdad es asombrosa, y está revelada claramente en la Biblia. No deje de consultarla cuidadosamente al leer este libro.
¡Pensemos! Cuando Dios expulsó a Adán y Eva del huerto del Edén, puso allí ángeles que impidieran su reingreso. Supongamos que el Eterno hubiese dejado abierta la puerta del Edén. El hombre ya había tomado del árbol prohibido y había elegido el pecado. Ahora, ¿qué sucedería? La humanidad pecadora seguramente regresaría a tomar del ÁRBOL DE LA vida. El hombre, sin arrepentimiento y sin FE en Dios y en Cristo, se habría apoderado de la VIDA ETERNA. ¡Reflexionemos sobre esto!
Dios no es injusto
Si Dios hubiera permitido tal cosa, ¡sería muy iNjusto! El hombre, con todos sus pecados (y éstos suelen aumentar cuando se les da cabida), se habría hecho inmortal. Habría vivido para siempre sufriendo el dolor mental, físico y espiritual que el pecado acarrea.
El hombre no parece comprender que es esclavo del pecado. El pecado lo ha aislado de Dios el Padre. Pocos entienden que la muerte de Cristo no nos salva, sino que nos reconcilia con Dios el Padre. Lo que nos salva es la vida de Cristo (Romanos 5:10). El hombre no comprende que lo único que lo puede LIBRAR de esa pena es el arrepentimiento verdadero: el abandono del pecado, y la fe viviente de Jesucristo. ¡El pecado esclaviza! ¡Castiga! Trae dolor, remordimiento, angustia. Inflige dolor físico y enfermedad. Trae frustración y desesperación.
Lo más cruel e INjusto que Dios hubiera podido hacer cuando Adán y Eva tomaron del fruto prohibido, hubiera sido dejarles abierta la vía al huerto con libre acceso al árbol de la vida, símbolo del don de la vida eterna.
Entonces ¿qué hizo Dios? Expulsó al hombre y la mujer y les impidió el reingreso.
Sin embargo, hizo posible que TODA la familia humana recibiera la salvación y la vida eterna de dicha y felicidad.
Pero en su gran sabiduría, impuso condiciones y dispuso cada cosa a su debido tiempo. Durante los primeros 6.000 años (que ya están por cumplirse), quedarían aislados todos menos unos cuantos seres predestinados.
Sobre este punto la cristiandad tradicional ha estado enteramente engañada. He aquí una verdad importantísima: Satanás, sentado en el trono de la tierra, pretendió matar a Jesús en su infancia. Luego quiso tentarlo para descalificarlo antes de que empezara su ministerio (Mateo 4). Satanás causó el martirio de la mayoría de los apóstoles. Causó la persecución intensa contra la Iglesia. Hizo surgir una controversia violenta en los primeros meses y años de la Iglesia, una disputa acerca de si el evangelio que se proclamaría sería el evangelio DE Cristo o un evangelio del hombre ACERCA de Cristo. Satanás logró la victoria de esto último, y en menos de 20 años se estaba difundiendo y proclamando un evangelio falso y errado ACERCA de Jesucristo. Fueron muy pocos, y perseguidos, los que se mantuvieron firmes en la pequeña pero verdadera Iglesia de Dios.
¿Es este el único día de salvación?
Esos “cristianos” engañados enseñaron — y siguen enseñando — que este es el único día de salvación y que la salvación falsa, que consiste en simplemente “aceptar a Cristo” sin que haya arrepentimiento del pecado y obediencia a la ley divina, basta para enviar a la persona (“alma inmortal”) al cielo al morir.
Satanás ha cegado la mente de la “cristiandad tradicional” haciéndole ignorar el hecho de que Dios cerró el acceso al árbol de la vida hasta que el Jesucristo glorificado venga con poder supremo a restaurar el gobierno de Dios en toda la tierra. Se ha decretado, repetimos, que los humanos mueran una vez, y después de la muerte vendrá la resurrección a juicio (Hebreos 9:27). Actualmente, el mundo de Adán no está siendo juzgado, aunque en el juicio final todos tendrán que responder por sus pecados.
Mientras tanto, Dios ha hecho ciertas excepciones con un propósito definido. Envió profetas para que fuesen parte del fundamento de la Iglesia. Jesús llamó a sus discípulos para que SALIERAN DE este mundo y aprendieran a enseñar a los demás, para que en el futuro milenio del reino de Dios puedan gobernar y enseñar bajo el Rey de reyes, Jesucristo, cuando el árbol de la vida sea accesible a toda carne.
La Iglesia fue llamada a fin de capacitarse como gobernantes y maestros para el reino de Dios cuando se renueve el acceso al árbol de la vida. Mientras tanto, el Espíritu Santo le ha sido negado a todo el mundo, salvo a los profetas y los llamados de la verdadera Iglesia. El profeta Joel predijo algo que sucederá después de terminados los 6.000 años del mundo de Satanás: que Dios derramará su Espíritu sobre toda carne (Joel 2:28).
Mientras tanto, para que se cumpliese el designio de Dios era necesario dar el Espíritu Santo a los profetas y personas llamadas especialmente para capacitarse como gobernantes y maestros bajo Cristo cuando el gobierno de Dios se restablezca en la tierra sobre todas las naciones.
En su llamamiento a la Iglesia, Jesús dijo claramente: “Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere” (Juan 6:44). La Iglesia constituye sólo las “primicias” de la salvación. Esta verdad se explicará más detalladamente en el capítulo vi.
¿Por qué el segundo Adán?
Repasemos: Aproximadamente 4.000 años después de Adán, Dios envió a Jesucristo para que viviera una vida perfecta, venciera a Satanás y se mostrara apto (lo que Adán no hizo) para remplazar a Satanás como GOBERNANTE en el trono de la tierra. Quienes logren, como Jesús, vencer a Satanás, a su propio ser y al pecado (es decir, los “llamados”), se sentarán con Cristo en su trono cuando Él venga a establecer el REINO DE Dios y a restaurar el GOBIERNO DE Dios, que el antiguo Lucero rechazó y dejó de administrar.
Los poquísimos llamados, comenzando con el “justo Abel”, han tenido que hacer (y seguirán haciendo hasta que Cristo regrese) lo que Adán se negó a hacer: Rechazar el camino de Satanás, quien se rebeló contra el gobierno de Dios.
¿Quién es el cristiano verdadero? Sólo aquel que ha sido y está siendo guiado por el Espíritu de Dios (Romanos 8:9, 11, 14). Y nadie puede recibir el Espíritu Santo 1) hasta que se haya arrepentido de sus pecados, sus infracciones a la ley de Dios, y 2) hasta que tenga fe absoluta en Jesucristo, hasta que confíe en Cristo, lo cual incluye creerle a El. Esto es, creer lo que Él dice, creer su Palabra que es la Santa Biblia.
Los llamados, después de arrepentirse verdaderamente y de creer en Jesucristo, se reconcilian con Dios el Padre y reciben el Espíritu Santo que los engendra como hijos de Dios.
En este punto debemos aclarar otra pregunta: ¿Por qué era imposible que Caín, Abel y Set, los primeros hijos de Adán, se arrepintieran y con ese arrepentimiento recibieran el Espíritu y la vida de Dios? La ley de Dios no sería ley si no hubiese una pena por las infracciones. Adán pecó. Todos sus hijos pecaron e incurrieron en la pena de muerte. Ni ellos ni nadie podría estar libre de esa pena de la ley hasta que Cristo, su propio Hacedor, hubiese pagado la pena de muerte en su lugar. Por lo tanto, no podía haber salvación hasta la crucifixión de Jesucristo. Solamente la expiación de Jesús podía reconciliar a ios hombres con Dios el Padre.
Entonces ¿qué sucede con estas personas y con todas las demás … que suman MILES DE MILLONES? Hasta ahora, si no fueron llamadas y traídas por Dios, ¡simplemente no han sido juzgadas! Esto no significa que no responderán por sus pecados. ¡Sin duda responderán! Pero su juicio vendrá en el futuro. El juicio ha comenzado con la verdadera Iglesia de Dios (I Pedro 4:17). Jesús dijo: “Ninguno puede venir a mí, si el Padre… no le trajere” (Juan 6:44). ¡Nadie puede venir a Cristo de otra manera! Pero la Iglesia es apenas la primera cosecha.
En el mundo engañado por Satanás muchos han venido a un Cristo falso que supuestamente abrogó los mandamientos de su Padre. Incluso adoran a Cristo. Pero El mismo dijo: “En vano me honran, enseñando como doctrinas mandamientos de hombres … Les decía también: Bien invalidáis el mandamiento de Dios para guardar vuestra tradición… invalidando la palabra de Dios con vuestra tradición que habéis transmitido. Y muchas cosas hacéis semejantes a estas” (Marcos 7:7, 9, 13).
Millones de personas engañadas ignoran que han estado adorando a Cristo en vano. Han caído en el engaño de adorar a “otro Jesús”.
Toda persona será llamada
Cuando Cristo regrese como Rey de reyes y SEÑOR de señores, gobernará por mil años. Todos los que vivan desde su venida serán llamados.
Después de esos mil años habrá un “juicio delante del gran trono blanco”, como se revela en Apocalipsis 20:11-12. Todos los que hayan vivido desde los tiempos de Adán y que no fueron llamados por Dios, resucitarán en cuerpo humano MORTAL, como fueron antes de su muerte. Entonces darán cuenta de los pecados de su vida anterior. La pena por esos pecados es la muerte. Entonces se enterarán de que Jesucristo ya pagó esa pena en su lugar. Al arrepentirse y tener fe, recibirán el perdón y el Espíritu Santo de Dios, el cual engendrará en ellos la vida eterna.
El grandioso plan maestro de Dios llamará a todos
LOS SERES HUMANOS A RECIBIR LA SALVACIÓN ETERNA, aunque no la recibirán hasta que se arrepientan realmente y acepten la verdad de Dios.
Ahora bien, las resurrecciones ocurrirán en cierto orden cronológico (I Corintios 15:22-23): “Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados. Pero cada uno en su debido orden: Cristo, las primicias; luego ..(este pasaje no menciona específicamente las otras dos resurrecciones reveladas en Apocalipsis 20:11-13).
Los llamados durante el milenio y los que participen en la resurrección y el juicio ante el gran trono blanco NO tendrán que vencer a Satanás entonces.
Cuán maravillosos son los designios de Dios … aunque ahora están ocultos para la mayor parte de la humanidad que sigue acarreándose sufrimientos. Como exclamó el apóstol Pablo: “¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos!” (Romanos 11:33).
En el hombre, ¡Dios se está reproduciendo a sí mismo! La palabra para Dios en Génesis 1:1 es Elohim. Es un sustantivo como los sustantivos iglesia, familia o grupo. Dios dijo: “Hagamos [no dijo ‘haré’] al hombre a nuestra imagen” (versículo 26). ¡Dios es en realidad una familia dentro de la cual literalmente nosotros podemos nacer!
¿Qué es, pues, el hombre? Es un ser viviente hecho del polvo de la tierra. Es ARCILLA y Dios es su alfarero que modela y da forma a nuestro CARÁCTER … siempre y cuando respondamos a su llamamiento. Con nuestro consentimiento, está infundiendo en nosotros SU PROPIO carácter PERFECTO, JUSTO, SANTO Y ESPIRITUAL.
¿POR QUÉ existe el hombre? Dios creó al hombre para desarrollar en nosotros lo que los ángeles pecadores no le dejaron desarrollar en ellos: ¡su carácter perfecto! A su manera y a su debido tiempo, está desarrollándonos para convertirnos en Dioses — a cada uno de nosotros — y para terminar la creación del UNIVERSO inconcluso. Mas POR AHORA seguimos viviendo en este mundo de engaño regido por Satanás.
Capítulo IV
EL MISTERIO DE LA CIVILIZACIÓN
PUEDE HABER UN TEMA más envuelto en el misterio que el de nuestra civilización? Sin embargo, pocos se detienen a reflexionar sobre esto.
¿Cómo explicar la extraña paradoja de un mundo que envía astronautas a la Luna, produce las maravillas de la ciencia y la tecnología, transplanta corazones humanos … pero que no puede resolver los problemas cotidianos de la vida en familia y las relaciones entre grupos, ni mucho menos asegurar la paz entre las naciones?
Los países industrializados muestran adelantos extraordinarios; el suyo es un mundo altamente mecanizado dotado de todos los lujos, comodidades y placeres. Sin embargo, están plagados de crimen, violencia, injusticia, enfermedades y hogares destruidos. Al mismo tiempo, más de la mitad del mundo vive sumido en la miseria, el analfabetismo, la suciedad y la pobreza. La violencia y la destrucción se multiplican a un ritmo acelerado. Muchos se preguntan: “Si Dios existe, ¿por qué permite tanto sufrimiento y tanta violencia?” Nacimos en este mundo del siglo 20 tal como es. Lo aceptamos como un hecho, pero no podemos explicarlo. Es como empezar a ver una película cuando está por terminarse. Vemos lo que está sucediendo en ese punto, pero como no la vimos desde el principio, no sabemos cómo se desarrollaron los hechos hasta ese momento y sencillamente no entendemos lo que vemos. Cierto autor escribió sobre una máquina de tiempo que transportaba a las personas al pasado. Si existiera semejante máquina, deberíamos remontarnos 6.000 años atrás para ver lo que estaba sucediendo en aquel huerto del Edén, cuando el mundo se fundó. Allí fue donde empezó esta civilización. Así entenderíamos mejor por qué se habla ahora de que el fin del mundo es inminente.
¿Cómo se desarrolló nuestra civilización hasta alcanzar su estado actual en el siglo 20? ¡Es un misterio para todo ser pensante! Por supuesto, la mayoría de las personas no suelen reflexionar detenidamente y jamás llegan a hacerse la pregunta. Pero si alguien la hace, descubre que el asunto está envuelto en el misterio.
Comprendámoslo.
Ya hemos explicado cómo Dios creó al hombre con el propósito supremo de reproducirse por medio de él. Para cumplir este propósito, era necesario crear en el hombre, con su propio consentimiento, voluntad, esfuerzo y alegría, aquel carácter espiritual supremo de Dios. Si Dios se propuso hacerlo así, ¿por qué nos puso en la tierra? ¿Por qué escogió este planeta?
La tierra inconclusa
Dios puso al hombre aquí para que restableciera el gobierno divino en la tierra. En un principio nuestro planeta estuvo poblado por Lucero y sus ángeles. Dios los había puesto sobre la tierra inconclusa. Recordemos que Dios crea en etapas duales, como una mujer que prepara una torta, que primero la hornea y luego la decora. La sustancia y la masa de la tierra se habían creado antes de que los ángeles la poblaran, pero Dios quiso que los ángeles perfeccionaran la superficie terrestre, que la mejoraran y embellecieran. Con este objeto les dio su gobierno, que había de regir su conducta en el desempeño de esta tarea.
Dios puso a Lucero en el trono para que administrara el gobierno en armonía y cooperación. Pero Lucero se rebeló. Transformó la cooperación y la actividad armoniosa en competencia, maldad, rebeldía y destrucción. La luz en la tierra se convirtió en tinieblas. La superficie terrestre quedó asolada, caótica y descompuesta.
Luego, en el término de seis días Dios envió su Espíritu y renovó la faz de la tierra para el hombre (Salmos 104:30). Pero aún no se había “decorado la torta”. Dios puso al hombre aquí para que hiciera lo que los ángeles pecadores no habían hecho.
Al hombre le correspondía acabar de embellecer la tierra. Dios no es autor de confusión, fealdad ni descomposición, sino de belleza, perfección y carácter, de lo mejor en calidad.
Veamos, por ejemplo, en el capítulo cuarto del Apocalipsis la descripción del cielo, sede del trono divino, donde Dios vive, por así decirlo. Dios se sienta en un trono rodeado de esplendor, calidad, belleza y carácter. Es algo más deslumbrante, más gloriosamente hermoso de lo que hombre alguno ha visto.
Dios quiso que el hombre trabajara la tierra, que la mejorara y la embelleciera, que le diera un carácter glorioso.
Al hacerlo, estaría formando en sí mismo “la hermosura de la santidad” (I Crónicas 16:29). Dios nunca dispuso que los hombres vivieran rodeados de miseria, suciedad, fealdad y pobreza. El hombre había de embellecer la tierra y al mismo tiempo desarrollar su propio carácter. Su civilización había de ser “un cielo en la tierra”.
Lo que hizo el hombre
Pero ¿qué ha hecho el hombre en la tierra donde Dios lo puso? Ha contaminado, desfigurado, afeado y profanado cuanto ha tocado. Ha contaminado el aire; ha ensuciado el agua de los ríos, lagos y mares. Ha deteriorado la tierra y talado los bosques, alterando así el régimen de lluvias y ampliando los desiertos. Ha agotado el suelo negándole su reposo cada siete años. El hombre ha construido ciudades y ha dejado que se degeneren hasta convertirse en tugurios y muladares.
Todo esto porque el primer hombre rechazó a Dios y le dio la espalda, porque prefirió confiar en sí mismo… cosa que todos sus hijos han hecho desde entonces.
Así, se construyó una civilización humana bajo la influencia de Satanás. El hombre no sólo ha arruinado la tierra que debía haber mejorado y embellecido, sino que ha arruinado también su propia salud con sus malas costumbres y ha degradado y pervertido su propio carácter espiritual. Ahora que tocan a su fin los 6.000 años en que Dios le dio rienda suelta, el hombre ha creado un verdadero monstruo de Frankenstein: armas tan destructivas que pueden aniquilar a toda la humanidad… a menos que un Dios misericordioso intervenga para salvarnos de nosotros mismos.
Un pequeño anticipo
Vivimos ahora en la era que la profecía bíblica llama los postreros días: la última generación anterior a la venida de Cristo para gobernar y hacer en la tierra lo que el hombre no hizo. En estos postreros días, según la profecía bíblica, habría un aumento de los conocimientos espirituales y materiales. La verdadera Iglesia de Dios volvería al camino correcto y restauraría el glorioso conocimiento de la fe que una vez fue dada a los santos en tiempos de los primeros apóstoles.
Por medio de la Iglesia, Jesucristo construyó tres centros universitarios: dos en los Estados Unidos y uno en Inglaterra. No podríamos decir cuál de los tres predios ha sido superior como medio de altísima calidad física para el desarrollo del carácter justo de Dios en el alumnado. Y la hermosura del carácter divino en estos estudiantes ha superado la hermosura física de los predios. Una reina que estuvo en la sede en Pasadena, California, en una visita de seis días, exclamó: “Acabo de estar en el cielo”.
En tres ocasiones, esta institución ha ganado el premio otorgado anualmente al centro educativo más hermoso y de terrenos más bellos y mejor mantenidos en los Estados Unidos. Estos predios son un ejemplo de lo que el hombre debía haber hecho y un modesto anticipo de la belleza que se extenderá por todo el planeta cuando Jesucristo y sus santos gobiernen la tierra en el maravilloso mundo de mañana.
Varias mansiones deterioradas que alguna vez pertenecieron a millonarios se han restaurado. Una zona vecina que se había convertido en tugurio se limpió y transformó, y ahora es la parte más bella de la ciudad de Pasadena.
¿Y si Adán hubiese tomado del árbol de la vida?
¿Cómo empezó esta degradación física y del carácter humano?
Si Adán hubiese tomado del árbol de la vida que se le ofreció, la humanidad habría seguido un rumbo totalmente distinto. La paz, la felicidad, alegría, salud y abundancia se habrían extendido por toda la tierra.
Pero ¿qué pasó?
Adán se arrogó el derecho de determinar qué era bueno y qué era malo. Sin embargo, se trataba solamente del bien humano en nada superior al nivel carnal y humano del espíritu humano que Adán llevaba adentro. El hombre rechazó a Dios y confió en su propio conocimiento, capacidades y facultades… todo ello limitado al plano humano y carnal y sujeto al engaño y la orientación de Satanás.
Si Adán hubiese tomado del árbol de la vida, seguramente habría sucedido a Satanás en el trono de la tierra y, con el poder, la influencia y la guía del Eterno Dios, habría restaurado el gobierno divino. Pero Adán permitió que Satanás entrara en su mente. Satanás lo secuestró, por así decirlo, y lo tomó cautivo.
Así, el primer hombre creado se negó a creerle a Dios, le desobedeció, optó por seguir sus propios caminos y hacer las cosas A su manera. Adán lo hizo voluntariamente, mas parece que no con malicia o intención perversa.
Adán se dejó voluntariamente secuestrar por Satanás. Se dejó llevar por el archisecuestrador de todos los tiempos.
Un mundo secuestrado
Dios le había dado a Adán el potencial de nacer como hijo suyo. Aunque todavía no era siquiera hijo engendrado de la familia de Dios, tenía el potencial, desde su creación, de llegar a serlo. Cuando sucumbió al camino de Satanás de hacer las cosas “a su manera”, contrariando un mandato específico de Dios, se convirtió en propiedad espiritual de Satanás. Había sucumbido al GOBIERNO satánico, escogiendo la LEY de ese gobierno, la ley de vanidad y egoísmo, que lleva automáticamente a las actitudes de vanagloria, codicia, rivalidad, afán de OBTENER, en vez del camino divino del DAR.
Toda la humanidad provino de Adán y Eva. En ellos se FUNDÓ el mundo actual. ¡El mundo ha estado cautivo desde entonces! Así, ¡la humanidad ha escogido el CAMINO del secuestrador en vez del camino del futuro Padre!
No obstante, el Creador había de pagar el rescate y recuperar a sus futuros hijos espirituales. Dios no se propuso redimir, corregir y recuperar a la humanidad en ese momento.
La fundación del mundo
Cuando Adán pecó, Dios le vedó al mundo en general todo acceso al árbol de la vida. Esto continuará hasta que el segundo Adán, Jesucristo, deponga a Satanás y asuma el trono de la tierra.
No puede haber ley sin una pena por su infracción. La pena por el pecado humano es la muerte. La pena de muerte estaba dictaminada sobre Adán y todos sus hijos, y era preciso pagarla. No había escapatoria. Satanás debió mirar con satisfacción maligna su aparente éxito. Debió pensar que había frustrado el propósito de Dios, que era destronarlo a él y restaurar el gobierno divino. Sin duda, todos los hijos de Adán caerían bajo 1a pena de muerte, pues todos pecarían.
Probablemente ni el mismo Satanás comprendió que aun así Dios salvaría a la humanidad y lo quitaría a él del trono de la tierra.
En ese momento de la fundación del mundo se dispuso que Jesucristo, como el “Cordero de Dios”, habría de morir pagando así la pena por todos los pecados de la humanidad (Apocalipsis 13:8). Este sacrificio de sustitución estaría condicionado al arrepentimiento y la fe. Dios también dispuso entonces que todos los hijos de Adán habían de morir, pero que luego resucitarían para ser juzgados (Hebreos 9:27). Así como en Adán todos han de morir, en Cristo TODOS recobrarán la vida mediante una resurrección de la muerte con el fin de ser juzgados (I Corintios 15:22).
No obstante, ninguno podía nacer de Dios hasta que se le hubiera infiindido el carácter espiritual santo y perfecto de Dios, por elección propia y mediante una vida de cumplimiento.
Dios fijó un término de 7.000 años para llevar a cabo su propósito SUPREMO y original de reproducirse por medio del hombre. Era un extraordinario plan MAESTRO para cumplir su PROPÓSITO aquí en la tierra.
Llevamos casi 6.000 años de una civilización que llamamos el mundo. Ha sido un mundo en cautiverio. Se convirtió en el MUNDO DE Satanás, aunque muchos creen erróneamente que es el mundo de Dios. Satanás sigue sentado en ese trono de la tierra hasta el día de hoy.
Mientras tanto, el diablo ha obrado en todos los humanos y ha inyectado males enormes en el mundo.
¿Cómo ha logrado Satanás inyectar tanto mal en la mente de todos los hombres, aun de los más eruditos y más adelantados en la educación, la ciencia, el gobierno y otros campos en que se han hecho grandes realizaciones? Esta pregunta también es un misterio, comprendido por muy pocos.
Satanás, el gran difusor
Efesios 2:2 nos dice que Satanás es el príncipe de la potestad del aire que obra en la gente, o sea en su mente. Era imposible para mí entender esto hasta que comprendí cómo los sonidos y las imágenes se transmiten por el aire en la radio y la televisión y hasta que aprendí la verdad sobre el espíritu humano en el cerebro. Si tenemos el radio sintonizado a cierta longitud de onda o el televisor graduado en determinado canal, el mensaje del difusor llega claramente a nosotros. Satanás, príncipe de la potestad del aire, transmite no en sonidos, palabras ni imágenes, sino en actitudes, impulsos, estados anímicos.
Por ejemplo, en Esdras 1:1 leemos que cuando el rey Ciro de Persia ordenó que una colonia de judíos regresara a Jerusalén para construir un segundo templo, lo hizo porque Dios movió su espíritu humano, o sea que puso la sugerencia y el impulso en su mente, y Ciro actuó. De la misma manera, Satanás obra en el espíritu humano moviendo a la gente en actitudes de envidia, celos, resentimiento, impaciencia, enojo, amargura y contienda.
La gente no se da cuenta del enorme poder de Satanás. El espíritu humano en cada persona está automáticamente sintonizado con la longitud de onda de Satanás. Parece que este ser hubiera sobrecargado la atmósfera de toda la tierra con su actitud de egoísmo y vanidad.
Así se desarrolló un mundo, una civilización, a partir de Adán y Eva. Cuando Dios impidió el acceso al árbol de la vida, este acto señaló la fundación del mundo, un mundo fundado sobre el rechazo a Dios, sobre la desobediencia a su ley que define su camino de vida. Y el resultado ha sido el cúmulo de males, dolores y penas en estos 6.000 años.
Dios había diseñado un plan maestro de 7.000 años para lograr su extraordinario propósito. Asignó los primeros 6.000 años para que Satanás permaneciera en el trono de la tierra y para que el hombre aprendiera por experiencia la amarga lección de que el camino egocéntrico de Satanás, contrario a la ley de Dios, conduce al dolor, el sufrimiento, la angustia y la muerte.
Toda la humanidad ha caído bajo el engaño de preferir el camino egocéntrico del “obtener”.
Recordemos que el mundo no supo de la existencia de Dios el Padre hasta que Jesús vino y lo reveló (Mateo 11:27).
El mundo, desde su fundación, estuvo aislado de Dios el Padre. Jesús vino a reconciliar a los creyentes arrepentidos con el Padre (Romanos 5:10).
Los comienzos de la civilización
Ahora veamos brevemente cómo se desarrolló la civilización humana.
Dios creó a los primeros humanos como seres física y mentalmente perfectos. En el aspecto físico, no tenían afecciones crónicas ni eran propensos a sufrir enfermedades. Prueba de ello es el hecho de que Adán vivió 930 años. Y durante casi 20 siglos, desde Adán hasta Noé, los hombres llegaban aproximadamente a los 900 años de edad.
¡Imagínese! ¡El primer hombre vivió casi la sexta parte de la historia humana desde la creación hasta hoy!
Adán y Eva tuvieron dos hijos, Caín y Abel. Cuando crecieron, quizá en la adolescencia, Caín sintió envidia de su hermano. Vedado el acceso al árbol de la vida, los hombres estaban aislados de Dios, pero aun así el Verbo (el Eterno o el Señor en castellano) le habló a Caín y le advirtió. Mas Caín estaba siendo guiado por Satanás. El príncipe de la potestad del aire lo impulsó hacia una actitud de resentimiento, ira y hostilidad. Caín mató a su hermano menor, y cuando el Eterno le preguntó dónde estaba, le respondió con una mentira. El primer hombre que nació se convirtió así, movido por Satanás, en fratricida y mentiroso.
Dios lo sentenció a una vida de fugitivo errante.
Aunque la familia humana había rechazado a Dios y había optado por confiar en sí misma tal como Satanás la impulsó, la mente humana conservaba la capacidad de trabajar con la sustancia material. En pocas generaciones, un hijo de Caín estaba fabricando arpas, órganos y otros instrumentos musicales (Génesis 4:21), y otro fue artífice de bronce y hierro.
El hombre estaba progresando en lo material, aunque espiritualmente se alejaba más de Dios. Recordemos aquí que “si el Eterno no edificare la casa, en vano trabajan los que la edifican” (Salmos 127:1). Además, Mateo 7:24-27 nos dice que una casa construida sobre cimientos malos tendrá que caerse. La civilización tal como la conocemos no se construyó sobre los fundamentos de Dios y su guía, sino sobre la confianza del hombre en sí mismo y bajo el engaño y la orientación de Satanás.
La Biblia habla poco del desarrollo del hombre antes de Noé, pero transcurridos 1.500 ó 1.600 años había tanta maldad en la civilización que solamente había un hombre justo: Noé. Existía una explosión demográfica, pero la humanidad había puesto los ojos siempre en el mal. Habiendo advertido al mundo por 100 años mediante Noé, Dios envió el diluvio para que destruyera a todos los seres vivientes excepto Noé, su esposa, sus tres hijos y las esposas de éstos: ocho personas en total.
Las proporciones de la maldad
Veamos hasta qué punto la humanidad, movida por Satanás, se había ido en pos del mal. En Génesis 6:5 leemos: “Y vio el Eterno que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal”. La tierra estaba llena de violencia. Los pensamientos, las reflexiones y los planes del hombre tenían siempre objetivos malos, de codicia y lascivia.
La violencia era tan universal que Dios se propuso ahorrarles más sufrimientos a los hombres y les quitó la vida desdichada que llevaban mediante un diluvio universal, si bien habrían de resucitar, en el siguiente instante consciente de ellos, en la resurrección delante del gran trono blanco (Apocalipsis 20:11-12). Volverán a la vida cuando Cristo esté gobernando la tierra con justicia, paz y felicidad. Entonces se les abrirá el entendimiento a la VERDAD de Dios y se les ofrecerá la salvación eterna.
Al mismo tiempo, el Creador se proponía preservar la vida humana y dar a la humanidad un nuevo comienzo.
Dios encontró a un solo hombre, entre los millones que había, que caminaba con El. Dos no pueden andar juntos si no están de acuerdo. Solamente Noé estaba de acuerdo con Dios y con su camino de vida. Dios se valió de él como pregonero de justicia (II Pedro 2:5), y Noé pasó 100 años, entre los 500 y 600 años de edad, advirtiendo al mundo negligente.
Noé fue “perfecto” en sus generaciones, es decir, en su herencia, en su ancestro (Génesis 6:9). Prueba de ello está en el significado de la palabra hebrea traducida como perfecto, la cual puede referirse al carácter espiritual (Génesis 17:1) o a las características físicas (Números 19:2). Por tanto, Génesis 6:9 puede traducirse en el sentido de que Noé era recto o intachable, o que era de “linaje puro”.
El contexto (Génesis 6:2) indica claramente que el significado de “perfecto” aquí es el segundo. Por lo tanto, una buena versión de Génesis 6:9 sería que Noé no sólo fue varón “justo” (o sea en su carácter espiritual), sino también de “linaje puro” (en su herencia genética) entre sus contemporáneos.
Fin del mundo antediluviano
El tema de ese capítulo es el linaje de Noé. A lo largo de las generaciones el mal había crecido enormemente hasta que en la generación de Noé culminó con una gran crisis que determinó el fin del mundo.
¿En qué consistía esta maldad y corrupción? Jesús describió esa maldad universal como “comiendo y bebiendo, casándose y dando en casamiento” (Mateo 24:38). Comer y beber no es malo, como tampoco lo es el matrimonio. Tenía que haber excesos y abusos en la comida, la bebida y el matrimonio. La maldad estaba en la manera y en el grado en que comían, bebían y se casaban.
Sólo podía tratarse de alimentos inapropiados, exceso de bebidas alcohólicas, orgías (Gálatas 5:21) y violencia. Para que fuera malo casarse, tenía que ser como en Génesis 6:2 cuando los hombres “tomaron para sí mujeres, escogiendo entre todas” las que ellos quisieron. El matrimonio interracial era tan común que (entre los varones) solo Noé era de un linaje no mezclado.
Es muy evidente que para tiempos de Noé ya existían por lo menos las tres razas principales en la tierra: blanca, amarilla y negra; además, los matrimonios interraciales produjeron muchas mezclas, un caso parecido al que existe hoy en día.
Dios no revela en la Biblia el origen preciso de las diversas razas. Pero se puede conjeturar que en los ovarios de nuestra madre Eva se crearon genes amarillos, negros y blancos, de modo que algunos de sus hijos dieron origen a linajes negros, amarillos y blancos.
El único hombre escogido por Dios para preservar el género humano después del diluvio no tenía mezcla en sus generaciones: todo su linaje hasta Adán era de una sola raza.
El criador de ganado que piensa enviar sus animales a una feria o concurso tiene mucho cuidado de competir solamente con animales de pura sangre. Toda mezcla de razas altera las características hereditarias.
En un principio Dios fijó los límites o fronteras nacionales para que las naciones estuvieran separadas y no hubiera matrimonios interraciales: “Cuando el Altísimo hizo heredar a las naciones [hablando de la tierra o fronteras geográficas], cuando hizo dividir [nótese que separó] a los hijos de los hombres, estableció los límites de los pueblos…” (Deutero- nomio 32:8).
Pero ¡la gente quería seguirse mezclando creyendo que se convertirían en una sola raza! Este deseo sigue inherente en la naturaleza humana hoy.
El linaje de Noé no estaba mezclado, y era sin duda de raza blanca (al decir esto definitivamente no queremos insinuar que la raza blanca sea superior en ningún sentido). Su esposa y sus tres hijos fueron de la misma raza blanca, mas es evidente que Jafet se casó con una mujer que hoy llamaríamos “oriental” y Cam con una mujer de raza negra. Fue así como Dios decidió preservar las razas originales de la catástrofe del diluvio.
Fuera de lo dicho arriba, sabemos muy poco del desarrollo de la civilización antes del diluvio.
La humanidad debería haber aprendido la lección después del diluvio, pero aislada de Dios y desviada por Satanás, no la ha aprendido. Ahora nuevamente, “como en los dias de Noé”, dijo Jesús en una profecía, existe una explosión demográfica y los males se multiplican. Esta vez una guerra nuclear amenazará con destruir al hombre. Mas por causa de los “escogidos” de la verdadera Iglesia de Dios (Mateo 24:21-22), el Todopoderoso interrumpirá la destrucción y esta vez enviará a Jesucristo como Rey de reyes y Señor de señores para remplazar a Satanás y ocupar ei trono de la tierra.
El origen de las ciudades
Corría apenas la segunda generación después del diluvio cuando un hombre llamado Nimrod organizó a la gente en ciudades. Primero vino la torre de Babel y la ciudad de Babilonia, luego Nínive y otras ciudades-estado.
Dios había fijado los límites de las naciones con el propósito de segregar las razas.
A continuación citamos un trabajo de tesis de C. Paul Meredith titulado El gran engaño de Satanás (páginas 14-16):
Todo el mundo después del diluvio sabía de Dios y sabía por qué había ahogado a los malos. Al principio temieron hacer el mal… Los hombres vivían … sin ciudades y sin leyes, y todos hablaban un mismo idioma …
Este grupo, compuesto de los únicos humanos en la tierra (puesto que Dios había destruido a los demás en el diluvio), comenzó a emigrar de los montes de Ararat (Génesis 8:4) donde había encallado el arca: ‘’Tenía entonces toda la tierra una sola lengua y unas mismas palabras. Y aconteció que cuando salieron de oriente, hallaron una llanura en la tierra de Sinar, y se establecieron allí” (Génesis 11:1-2). Este pueblo, conocido ahora como los súmenos (Ancient History in Bible Light, Historia antigua a la luz de la Biblia, por D. R. Miller, página 51), atravesaron las montañas del oriente y llegaron a una llanura feraz constituida por el aluvión de los ríos Tigris y Eufrates. Esta tierra de Sinar se conoce hoy como la antigua Babilonia (Ancient
Times, Tiempos antiguos, por J. H. Breasted, página 107). Era una tierra que produciría en abundancia todo lo que desearan…
Esta gente, al igual que Adán y Eva, desobedeció a Dios y se acarreó problemas. La tierra era fértil, pero los animales salvajes se multiplicaban más que la gente, dada la destrucción de la civilización en el diluvio. Como sus armas eran primitivas, la vida y los bienes corrían gran peligro (compárese con Éxodo 23:28-29).
¿Qué hacer? Nimrod, hijo de Cus, era un hombre grande y fornido que llegó a ser gran cazador. Fue él quien reunió a la gente y la organizó para hacer frente a las ñeras. “Este fue vigoroso cazador delante del Eterno” (Génesis 10:8-9). En otras palabras, el nombre de Nimrod era conocido por doquier por su gran fuerza. Después del diluvio libró a la gente del temor de las fieras. Su fama crecía y se convirtió en ambicioso caudillo.
La primera ciudad: Babilonia
En lugar de luchar continuamente contra los animales salvajes, había una mejor manera de proteger a la gente. Nimrod construyó una ciudad, la rodeó de un alto muro y reunió a la gente adentro. Así estaban protegidos y Nimrod podía gobernar sobre ellos. El arreglo fue del agrado del pueblo, pues dijeron: “Vamos, edifiquémonos una ciudad.. .y hagámonos un nombre, por si fuéremos esparcidos” (Génesis 11:4).
La gente no sólo se protegió contra las fieras construyendo una ciudad amurallada, sino que también estableció su propia autoridad: “Hagámonos un nombre”. Esto había de ser un lugar central de autoridad humana donde ¡no se reconocería la necesidad de obedecer a Dios! Su líder era Nimrod. Además, construyeron una torre cuya cúspide debía llegar “al cielo”. Con una torre así podrían hacer lo que quisieran … podrían desobedecer a Dios y estar a salvo de su castigo que había ahogado a los habitantes de la tierra.
Este fue el primer acto humano de franca rebeldía contra Dios después del diluvio; creyeron que estando fuera del alcance de Dios podían desobedecerle. Al igual que Satanás, creyeron que si podían subir “sobre las alturas de las nubes”, llegarían a ser “semejantes al Altísimo” (Isaías 14:14). Cus, padre de Nimrod, tuvo mucho que ver con la
construcción de esta torre y la ciudad (The Two Babylons,
Las dos Babilonias, por Alexander Hislop, página 26).
Estas personas, que tenían una misma lengua, pertenecían a tres razas o familias: la blanca, la amarilla y la negra. Así como Dios creó la variedad en las diversas especies de plantas y animales, por ejemplo muchos colores y variedades de rosas, para mayor hermosura, también creó tres razas y colores de piel. Los hombres querían amalgamarse mediante el matrimonio interracial.
Como dijimos arriba, Dios había fijado las fronteras de las razas estableciendo así la segregación geográfica, en paz y armonía pero sin discriminación. Mas el pueblo creyó que había hallado un camino mejor. Uno de los objetivos de la torre de Babel era unirse e impedir su dispersión en una segregación racial geográfica.
Construyeron una torre por si fueran “esparcidos sobre la faz de la tierra” en una segregación geográfica (Génesis 11:4). Pero Dios los observó y dijo: “He aquí el pueblo es uno, y todos éstos tienen un solo lenguaje; y han comenzado la obra, y nada les hará desistir ahora de lo que han pensado hacer” (versículo 6).
¿Qué ha “pensado hacer” el hombre? Ya en este siglo 20 ha ido al espacio, ha visitado la Luna, ha inventado y construido las máquinas más complejas, ha computarizado instrumentos, transplantado corazones y aun ha pretendido producir vida de materia muerta. La capacidad de la mente humana parece ilimitada en el campo material. Pero nuestros problemas no son materiales sino espirituales. Y ante ellos, el hombre sigue siendo impotente sin la ayuda de Dios.
Dios, pues, les confundió la lengua y “los esparció … sobre la faz de toda la tierra” (Génesis 11:8).
Ahora proseguimos con la tesis de C. Paul Meredith (páginas 16-17, 25-29):
Entonces Nimrod “llegó a ser el primer poderoso ” en la tierra, un “vigoroso cazador delante del Eterno” [Génesis 10:8-91… (La palabra hebrea traducida como poderoso es gibbor, que significa “tirano”. Ver Strong’s Concordance of the Bible, Concordancia bíblica de Strong.) Nimrod se convirtió en tirano del pueblo. Él hacía las leyes. Además, era “vigoroso … delante del Eterno”. (La palabra hebrea
paniym traducida aquí como delante debería traducirse como contra; ver la Concordancia bíblica de Strong.) ¡La Biblia dice que Nimrod estaba contra Dios!…
Nimrod seguía haciéndose más poderoso, pero había que satisfacer el deseo innato de la gente por rendir culto religioso. Nimrod y sus seguidores se oponían al Dios verdadero. Querían glorificar a Dios ¡a su propio modo! “Cambiaron la gloria del Dios incorruptible en semejanza de imagen de… reptiles” (Romanos 1:23): la serpiente y demás criaturas hechas por Dios. (Debían haber adorado a Dios en espíritu y en verdad, y no a través de ídolos: Juan 4:24 y Exodo 20:4-5.) Con su gran poderío civil, Nimrod se constituyó sacerdote del culto del pueblo a fin de ejercer más poder sobre ellos y situarse poco a poco en el lugar del Dios verdadero …
[Pero] Noé, pregonero de justicia (II Pedro 2:5), se mantuvo firme y tuvo el apoyo decidido de su hijo Sem. Mientras Nimrod ampliaba su reino rápidamente, había oposición contra Sem, el representante de Noé … Nimrod llegó a representar las fuerzas del mal al oponerse a Sem …
Sem, hombre de gran elocuencia, consiguió, según se dice, la ayuda de un grupo de egipcios quienes vencieron a Nimrod.
La muerte de Nimrod puso fin por el momento al culto pagano que había iniciado.
Semiramis…
[Si] Nimrod fue un hombre de ambición sin límites, la ambición de … Semiramis, futura “reina del cielo” (Jeremías 7:18), era aun mayor. Nimrod… se había convertido en el personaje más grande y poderoso del mundo. Ahora había muerto. Ella vio que para … obtener la posición y el poder… del hombre más poderoso de la tierra, tendría que tomar medidas …
El reino de Nimrod, conformado por la mayor parte del mundo habitado, había quedado en sus manos. Gran parte del poder de Nimrod se debía al hecho de haberse constituido en representante humano del dios Sol. Ella tenía que conservar este dominio mundial por cualquier medio. Tendría que aprovechar el control religioso que tanta fuerza le había dado [a Nimrod] para seguir dominando a sus súbditos … En vida [Nimrod] fue honrado como héroe; muerto, Semiramis haría que fuera adorado como un dios…
Semiramis fue en realidad la fundadora de gran parte de las religiones paganas que adoran a dioses falsos. Incluso, varias fiestas supuestamente cristianas como la Navidad, el Año Nuevo y el Domingo de Resurrección surgieron del sistema religioso falso que ella desarrolló. Para mayores detalles, véase The Two Babylons, Las dos Babilonias, de Alexander Hislop.
Hoy el inglés se está convirtiendo en el principal idioma internacional en el ámbito comercial y tecnológico. En este sentido las circunstancias actuales son muy semejantes a las que imperaban en los días de la torre de Babel.
Surge el presente mundo malo
Los únicos sobrevivientes del gran diluvio constituían una familia: la de Noé, formada por él, su esposa, sus tres hijos: Sem, Cam y Jafet, y las esposas de éstos. Toda la población humana provino de esa familia.
La Biblia habla de tres mundos: el mundo anegado por el diluvio, el presente mundo malo y el mundo que vendrá.
Las aguas del diluvio se fueron evaporando. Había entonces una sola familia. Pero Sem, que era de raza blanca y casado con una mujer blanca, comenzó su propia familia. Cam, casado con una mujer negra, tuvo hijos y comenzó su propia familia. Jafet, casado con una mujer que hoy llamaríamos oriental, comenzó su propia familia, la cual originó la raza amarilla. La historia antigua consignada en la Biblia no habla de “razas” sino de “familias”.
En el incidente de la torre de Babel, Dios confundió el lenguaje de la gente para que cada uno pudiera comunicarse solamente en su propio idioma nuevo y diferente.
Con el transcurso del tiempo las familias crecieron, cada una hablando su propio idioma en su propia región geográfica.
Nimrod construyó varias ciudades: Babilonia, Erec, Acad, Calne, Nínive, etc. Pronto se desarrollaron las ciudades-estado, cada una con su propio gobierno local. Con el paso del tiempo, surgieron las naciones con sus gobiernos nacionales. Entre ellas se contaban Babilonia (que se llamó Caldea). Egipto y Asiría. La religión comenzada por Semiramis se extendió a las diversas naciones en el idioma de cada una. Semiramis y Nimrod se identificaban también con los nombres de Isis y Osiris en Egipto. Cada nación tenía nombres para sus dioses, mas toda la maraña de religiones paganas hunde sus raíces en la religión de Semiramis.
Las generaciones se sucedían y la civilización de este mundo se desarrolló. Empezó con un sistema de gobierno iniciado por Nimrod mediante un sistema religioso que partía de él y de Semiramis. El sistema moderno de educación académica tuvo su origen con Platón, discípulo de Sócrates. Surgieron los sistemas del comercio, la industria, las finanzas y la banca… pero ninguno de estos sistemas ideados por los hombres bajo la influencia de Satanás tuvo su origen en Dios. Todas las leyes eran producto de los hombres, ya fueran decretos de reyes y déspotas o normas promulgadas por asambleas legisladoras humanas, como concejos municipales, asambleas, congresos, parlamentos, dietas o como quieran llamarse. Las costumbres sociales también se desarrollaron, así como las diversas facetas de la civilización, hasta nuestro caótico siglo 20.
En tal mundo, Dios llamó a una nación, no como nación favorita que recibiría favores especiales, sino como una nación escogida para un propósito … propósito que no cumplió.
Después del diluvio, la historia profana da a entender que Sem siguió más o menos en el camino y el conocimiento de Dios. Pero en realidad ningún hombre caminó con Dios hasta Abraham, y a él le hizo Dios todas las promesas de las cuales depende la salvación humana, así como la riqueza material y económica de lo que hoy son los Estados Unidos y la Gran Bretaña.
Resumen de la civilización humana
La humanidad fue creada en la tierra con un fin extraordinario y glorioso. Dios se estaba reproduciendo en el hombre. Dicho en otras palabras, el propósito de Dios era crear a la humanidad para que gozara de dicha suprema en paz y comodidad perfectas, para que fuera productiva, creativa y disfrutara la felicidad del éxito completo y la vida eterna.
Esto implicaba el carácter espiritual perfecto y supremo de Dios: la utopía perfecta. Este propósito se hará realidad.
Mas para lograrlo, la humanidad tendrá que tomar su propia decisión. El querubín Lucero escogió un camino de actuar y de ser que llevaba en la dirección diametralmente opuesta. El primer hombre tenía que decidir: aceptar el camino del propósito de Dios y seguir por él, o aceptar el camino satánico de la autoconfianza, que llevaba en la dirección contraria. Adán optó por arrogarse la facultad de decidir entre el bien y el mal. Comenzó su familia humana confiando en sí mismo para el bien en el plano humano, entremezclado con el mal, y confiando en sí mismo no solamente para el conocimiento del camino sino para la solución de todos los problemas que pudieran surgir. Rechazó el conocimiento espiritual que proviene de Dios y se negó a confiar en Dios para recibir el poder que le permitiría seguir el camino de la utopía.
El hombre construyó su mundo sobre la autosuficiencia, sin Dios.
Dios instauró un plan maestro de 7.000 años para cumplir su propósito. Durante los primeros 6.000 años permitió que Satanás siguiera en el trono de la tierra. El Creador dispuso que el hombre aprendiera su lección y llegara a aceptar el camino y el carácter de Dios voluntariamente.
La humanidad lleva casi 6.000 años escribiendo esa lección; sin embargo ahora, cuando este mundo toca a su fin, aún no la ha aprendido. Todavía no ha abandonado su propio camino egocéntrico ni ha aceptado el de Dios, que le traería suma felicidad. Dios está permitiendo que la ley de causa y efecto se cumpla inexorablemente. La sociedad del hombre, engañada y desorientada por Satanás, todavía no llega a reconocer el fracaso de la autosuficiencia humana.
Hoy el mundo del hombre está tambaleando. La guerra, la violencia, la destrucción y el terrorismo inundan el globo. Media humanidad vive sumida en la ignorancia, el analfabetismo, la pobreza, la suciedad y la miseria. El mundo industrializado sufre enfermedades, tensiones, temores y frustraciones. Está acosado por el crimen, el alcoholismo, la narcomanía, las perversiones sexuales, los hogares destruidos, la desesperanza y el dolor.
La humanidad está en las últimas. Pero aun así, Dios no intervendrá para salvar al hombre rebelde de las consecuencias de sus propios actos hasta que llegue al punto en que, si Dios aplazara su intervención, se aniquilaría a sí mismo. Dios no intervendrá para dar comienzo al mundo futuro bajo el reino de Dios hasta que el remanente de la humanidad haya comprendido cabalmente su incapacidad para resolver los problemas y traer paz mundial con felicidad y gozo. El hombre tiene que reconocer su inutilidad e impotencia sin Dios.
Ya se han inventado las armas de destrucción masiva que pueden borrar toda vida de nuestro planeta. En estos últimos días de una humanidad moribunda, Jesús predijo cómo terminaría todo. Suprimido el evangelio de Jesús y remplazado por un evangelio falso de los hombres acerca de otro Jesús, dijo que “será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin [de esta civilización]” (Mateo 24:14).
Este evangelio ha sido predicado a todas las naciones. Durante el medio siglo de su proclamación ha surgido la energía nuclear, capaz, por primera vez en la historia, de aniquilar a todo el género humano. Luego Jesús predijo la gran tribulación: una época tan catastrófica que si Dios no interviniere nadie quedaría con vida. Mas por causa de su Iglesia, Dios sí intervendrá impidiendo la destrucción total de la humanidad. El hombre tendrá que reconocer su impotencia sin Dios (Mateo 24:22). En seguida, Cristo vendrá en las nubes con poder y gloria supremos para destronar a Satanás y dar comienzo a la nueva civilización de Dios, la cual creará una utopía (Mateo 24:30-41).
Estamos en los últimos días del mundo de Satanás. La civilización utópica de Dios comenzará con la generación actual.
Capítulo V
EL MISTERIO DE ISRAEL
Nunca le ha parecido raro que el Dios todopoderoso haya levantado a la antigua nación de Israel como su pueblo escogido? Analicemos los siguientes hechos aparentemente paradójicos.
Dios dice que El no hace acepción de personas. ¿Hace, acaso, acepción de naciones? ¿Tiene una nación favorita?
¿Sabía usted que Dios le negó la salvación a su pueblo escogido, con excepción de sus profetas? ¿Que la nación escogida solamente recibió promesas materiales y nacionales? ¿Que no tenía acceso al Espíritu Santo?
¿Alguna vez se le ha ocurrido pensar que la Santa Biblia es un libro que trata únicamente del pueblo de Israel y que menciona a las demás naciones solamente en la medida en que tuvieron algo que ver con Israel?
Otra cosa increíble, desconocida para la cristiandad y aun para el judaismo, algo que los historiadores no consignan ni conocen: El reino de Israel, situado al norte de Judá, ¡no era judío! El capítulo 12 del primer libro de los Reyes narra la historia de cómo Israel se dividió en dos naciones, una compuesta por los judíos y la otra no. Y en II Reyes 16 leemos la historia de la nación de Israel, aliada con Siria, jen guerra contra los judíos!
La asombrosa verdad acerca de Israel es un misterio para todas las religiones, para los cristianos y aun para los judíos.
Cierto es que la nación de Israel fue el pueblo escogido de Dios. Pero entendamos: No era el “pueblo consentido” ni lo escogió Dios para hacerle algún favor especial. Lo escogió con un propósito dentro de los preparativos para el establecimiento del reino de Dios.
¡La historia es fascinante! El “misterio de Israel” es algo muy significativo dentro del plan de Dios para todos los pueblos. Sin este conocimiento esencial, no se puede comprender el verdadero propósito ni el increíble potencial del hombre.
El plan maestro
¡El Dios creador se está reproduciendo en el hombre! El PROPÓSITO trascendental de Dios es algo verdaderamente excelso, y el establecimiento de la antigua nación de Israel fue parte integral de ese plan maestro supremo.
Transcurridas siete generaciones desde el diluvio, el Eterno encontró a un individuo dispuesto a obedecerle. Su nombre era Abram y vivía en Harán, en la Mesopotamia. Este había de convertirse en modelo o símbolo de Dios el Padre. De él descendió la nación de Israel. En esta nación surgieron los profetas de Dios y más tarde el propio Hijo de Dios: Jesucristo.
El destino de un hombre
Abram (ese fue su nombre original) no buscaba a Dios. Pero Dios quiso llamarlo y probarlo. Las Sagradas Escrituras llaman a ese patriarca “padre de todos los creyentes” (Romanos 4:11). Dios lo llamó con un propósito muy especial. Ese propósito no era “darle la salvación” ni “llevárselo al cielo”. Dios lo llamó porque vio en él un potencial de liderazgo y obediencia. Lo llamó a fin de prepararlo para un servicio muy especial y para cumplir más tarde un alto cargo en el reino de Dios, el venidero mundo de mañana. Ahora citaré de un libro que escribí hace más de 50 años, titulado La llave maestra de la profecía, comenzando en la página 16:
A este individuo, Abram, Dios le dijo: “Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré. Y haré de ti una nación grande …” (Génesis 12:1-2).
Esta era una orden que encerraba a la vez una condición y una PROMESA: la promesa se realizaría siempre y cuando se cumpliera la condición de obediencia.
Así pues, como Dios había iniciado el mundo con un solo hombre, comenzó también su propia nación con un solo hombre: Abraham. El mundo, que se había desviado lejos de Dios y de las bendiciones que podría tener si se sometiera a El y lo adorara, comenzó con un hombre que se rebeló contra Dios y rechazó su gobierno; asimismo, la propia nación camal de Dios, de la cual ha de renacer el reino de Dios, comenzó también con un hombre, uno que aceptó la autoridad de Dios y lo obedeció sin vacilar.
¿Acaso Abraham se detuvo a discutir y razonar? No respondió en forma renuente, como: “Un momento; seamos razonables. Aquí estoy en Babilonia, en el corazón del comercio, la sociedad y la alegría. ¿Por qué no me puedes dar esta promesa aquí mismo, donde todo es tan agradable y llamativo? ¿Por qué tengo que abandonarlo todo para irme a una tierra incivilizada?”
¿Acaso Abraham discutió, se rebeló, resistió o se opuso? ¡Ciertamente no! La Escritura nos dice simplemente: “Y se fue Abram” (Génesis 12:4). No se puso a discutir con Dios ni sacó sus razonamientos humanos para argüir que Dios estaba totalmente en el error; tampoco hizo preguntas necias como: “¿Por qué tengo que irme? ¿No puedo hacer lo que se me antoje?”
“Se fue Abram”. Obediencia absoluta, inmediata, sin vacilación.
Aquí vemos nuevamente el principio de dualidad. Abram estaba en el corazón de la civilización del mundo. Recordemos que era un mundo secuestrado, que se desarrollaba bajo la orientación de Satanás. Dios había escogido a Abram como patriarca de su nación Israel, la congregación o Iglesia del Antiguo Testamento. El principio de dualidad se encuentra en los diversos pasos del cumplimiento del propósito divino en la tierra. Primero hubo la congregación física de Israel bajo el antiguo pacto y luego la Iglesia de Dios espiritual bajo el nuevo pacto. La palabra iglesia en el idioma griego del Nuevo Testamento es ekklesía, que significa la asamblea de los llamados o convocados.
Israel fue el anticipo o símbolo de la Iglesia del Nuevo Testamento y Dios llamó al progenitor de la nación de Israel a salir del mundo de Satanás. Más tarde, Abraham llegó a considerarse como peregrino y extranjero en la tierra. No era éste su mundo: “Conforme a la fe murieron todos éstos sin haber recibido lo prometido, sino mirándolo de lejos, y creyéndolo, y saludándolo, y confesando que eran extranjeros y peregrinos sobre la tierra. Porque los que esto dicen, claramente dan a entender que buscaban una patria [una civilización diferente]; pues si hubiesen estado pensando en aquella de donde salieron, ciertamente tenían tiempo de volver. Pero anhelaban una mejor, esto es, celestial; por lo cual Dios no se avergüenza de llamarse Dios de ellos; porque les ha preparado una ciudad” (Hebreos 11:13-16). Buscaban otra patria, una celestial: el reino de Dios que se extenderá por toda la tierra.
Dios estableció a este individuo, cuyo nombre cambió a Abraham, como progenitor de la nación de Dios: Israel.
Dio a Abraham y a sus descendientes todas las promesas.
Nosotros tenemos que ser como Abraham. Por medio de Cristo, tenemos que convertirnos en hijos suyos, para que podamos heredar la promesa de vida eterna en el reino de Dios.
De su propia nación camal, Israel, el Eterno dijo: “Este pueblo que he creado para mí; a fin de que publique mis alabanzas” (Isaías 43:21). Esta profecía ha de cumplirse … ¡pronto!
Promesas duales a Abraham
Pocos han captado la dualidad que caracteriza todo el plan que Dios está cumpliendo aquí en la tierra.
Hubo el primer Adán, material y camal; luego Cristo, el postrer Adán, espiritual y divino. El antiguo pacto, solamente material y temporal; y el nuevo pacto, espiritual y eterno. Dios hizo al hombre mortal y físico, del polvo de la tierra y perteneciente al reino humano; pero mediante Cristo puede ser engendrado por Dios para convertirse en espiritual, inmortal y miembro del reino de Dios.
De igual manera, las promesas que Dios hizo a Abraham también tenían dos fases: una material y nacional, la otra espiritual e individual. La promesa espiritual del Mesías y de la salvación a través de El es bien conocida por cualquier estudiante de la Biblia. Se sabe que Dios dio a Abraham la promesa espiritual del Cristo que sería descendiente suyo, y que a través de Cristo nos llega la salvación. Pero casi nadie sabe lo que es esa salvación, ni cuáles son las promesas de salvación que podemos recibir a través de Cristo, ni cómo podemos recibirlas, ni cuándo. Pero esto sería tema de otro libro.
Lo esencial dentro del tema de este libro es que Dios también hizo otra promesa, completamente distinta, una sorprendente promesa de tipo nacional y material que ha pasado casi totalmente inadvertida.
Leamos de nuevo cómo Dios llamó a Abraham y notemos la naturaleza dual de sus promesas: “Pero el Eterno había dicho a Abram: Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré. Y haré de ti UNA nación grande … y serán benditas en ti todas las familias de la tierra” (Génesis 12:1-3).
Nótese la doble promesa: 1) “Haré de ti una nación grande”. Esta es la promesa material, nacional, de que sus hijos camales se convertirían en una gran nación; es una promesa que tiene que ver con el LINAJE. 2) “Y serán benditas en ti todas las familias de la tierra”. Esta es la promesa espiritual que tiene que ver con la gracia. La misma promesa se repite en Génesis 22:18: “En tu simiente serán benditas todas las naciones de la tierra”. Esta “simiente” se refiere a Cristo, como lo afirma claramente Gálatas 3:8, 16.
Este es el punto donde los cristianos profesos y sus maestros han caído en el error y la ceguera. No han captado la doble promesa hecha por Dios a Abraham. Reconocen la promesa mesiánica de la salvación espiritual a través de la “simiente” que es Cristo, y creen que lo que se prometió fue que el ser humano iría al cielo al morir.
Este es un punto clave, el punto donde el cristianismo tradicional se desvía de la verdad. Aquí se aparta de lo que le daría la llave maestra faltante, la clave para descifrar las profecías. No se da cuenta de que Dios le dio a Abraham dos tipos de promesas: unas concernientes a la progenie física y otras a la gracia espiritual.
Debe quedar muy en claro que la promesa de la “nación grande” se refiere a la progenie camal. No es la misma promesa de la “simiente” a la cual se refiere Gálatas 3:16; esta última es la promesa de la venida de Jesucristo, hijo de Abraham e hijo de Dios. La promesa de la “nación grande” tiene que ver con la descendencia natural, camal, plural, y
esto se confirma más tarde cuando Dios la repite con mayor detalle.
Leámosla cuidadosamente y entendamos estas promesas: “Y siendo Abram de edad de noventa y nueve años, se le apareció el Eterno y le dijo: Yo soy el Dios Todopoderoso; anda delante de mí y sé perfecto. Y pondré mi pacto entre mí y ti, y te multiplicaré en gran manera … y serás padre de muchedumbre de gentes. Y no se llamará más tu nombre Abram, sino que será tu nombre Abraham, porque te he puesto por padre de muchedumbre de gentes… y haré naciones de ti, y reyes saldrán de ti” (Génesis 17:1-6).
Nótese que la promesa aquí es condicional: depende de que Abraham lleve una vida de obediencia. La “nación grande” se convierte ahora en “muchedumbre de gentes”, en “naciones” (plural, más de una). Esto no puede referirse a una sola “simiente”, Cristo, como lo demuestra el versículo 6.
“Y te multiplicaré en gran manera, y haré naciones de ti, y reyes [más de unol saldrán de ti”. Estas naciones y reyes saldrán de Abraham; esto es, una generación física que incluye muchedumbre de gentes. No se trata de un solo descendiente a través del cual individuos dispersos pueden convertirse en hijos de Abraham al ser engendrados espiritualmente (Gálatas 3:29). Los cristianos dispersos, individuales, no forman naciones. Cierto es que la Iglesia se llama un “real sacerdocio, nación santa” (I Pedro 2:9), pero la Iglesia de Cristo no está dividida en naciones. Aquí se está hablando no de la gracia sino de la promesa nacional.
“Y estableceré mi pacto entre mí y ti, y tu descendencia después de ti en sus generaciones… Y te daré a ti, y a tu descendencia después de ti, la tierra en que moras, toda la tierra de Canaán [Palestina] en heredad perpetua; y seré el Dios de ellos” (Génesis 17:7-8).
Nótese que la tierra (la posesión material) se promete a los descendientes, en plural, puesto que dice que es el Dios de “ellos”, no de “él”.
Ahora examinemos esta promesa cuidadosamente.
El potencial de convertirse en grandes naciones depende de las promesas que el Eterno creador hizo a Abraham. La única esperanza de vida después de la muerte para cualquier individuo, cualquiera que sea su raza, nacionalidad o religión, depende de la parte espiritual de estas
promesas hechas a Abraham, la parte que habla de la gracia que sería dada por la “simiente”: Jesucristo el Mesías.
¿Cuánta tierra? ¿Naciones de qué tamaño?
Estas no son promesas casuales y carentes de importancia. Son básicas, son el fundamento de grandes potencias mundiales y la base de la salvación espiritual personal. Son la esperanza de vida eterna para todo ser humano. Estas son promesas magníficas. El Dios creador basó en ellas el futuro de toda la humanidad.
Jesucristo vino “para confirmar las promesas hechas a los padres” (Romanos 15:8), los cuales fueron Abraham, Isaac y Jacob.
Transcurridos 430 años, Dios fundó la nación de Israel, formada por los descendientes de Abraham, Isaac y Jacob, cuyo nombre se cambió por el de Israel.
Para sacar a este pueblo de la esclavitud en Egipto y dirigirlo a la Tierra Prometida, Dios llamó a Moisés. Moisés no estaba buscando a Dios, pero Dios lo había preparado haciéndolo criar como príncipe en el palacio del faraón en Egipto. Ahora, después de un período de capacitación para el liderazgo, Dios lo llamó a salir del mundo para que dirigiera a los descendientes de Abraham, Isaac y Jacob y los sacara de la esclavitud en Egipto.
¿Por qué una nación escogida?
Esto nos trae nuevamente a la pregunta: ¿POR QUÉ levantó Dios a esta nación hebrea como su “pueblo escogido”? ¿Para qué, si nunca les dio su Espíritu Santo?
Hay que notar aquí un punto. Es probable que estas personas hayan sido todas (o casi todas) de la raza blanca, sin modificación desde la creación.
Cuando Jacob y sus hijos y familias llegaron a Egipto llamados por José, se mantuvieron en la región de Gosén, separados geográficamente de los grandes centros demográficos de Egipto.
Con relación a esto, volvamos un momento a Abraham. El Patriarca impidió que su hijo Isaac se casara con una mujer cananea y le buscó esposa entre sus propios parientes de la Mesopotamia. Al siervo encargado de buscar esposa para su hijo, Abraham le dijo: “No tomarás para mi hijo mujer de las hijas de los cananeos, entre los cuales yo habito” (Génesis 24:3).
En la siguiente generación, Jacob se casó con Lea y con Raquel, hijas de Labán, sobrino de Abraham, que vivía en la tierra de Harán, hermano de Abraham. Todos los pobladores de Harán, donde vivía Labán, eran de la misma familia de Abraham.
Jacob tuvo seis hijos con Lea, dos con Raquel (todos del mismo linaje racial) y dos con cada una de las siervas de sus esposas: 12 en total. Estas siervas eran también, seguramente, de linaje hebreo. Estos 12 hijos fueron los progenitores de las 12 tribus de Israel.
Dios, pues, preparó a Moisés desde su nacimiento y lo llamó, junto con su hermano Aarón, quien le servía de vocero (Moisés era tartamudo).
En las plagas que trajo contra Egipto, el Creador se valió de los dioses y los objetos de culto egipcios para mostrar que esos no eran dioses verdaderos. Las plagas fueron enviadas por amor a los egipcios.
La última plaga sobrevino después del sacrificio de la Pascua el día 14 del primer mes del calendario sagrado. Los israelitas salieron de Egipto en la noche del 15. Pero el faraón, que había cambiado de parecer, se lanzó a perseguirlos.
Cuando llegaron al borde del mar Rojo, los hijos de Israel tuvieron que detenerse. No había paso. No podían atravesarlo a nado con las mujeres y los niños. Detrás de ellos venía el faraón con su ejército. No había nada que pudieran hacer. ¡Estaban inermes! En tal situación ¡tenían que confiar en Dios!
En Egipto, Dios los había liberado de la esclavitud mediante una serie de plagas sobrenaturales. Ahora hizo que las aguas del mar Rojo se abrieran formando un MURO a lado y lado, y dejando un amplio camino seco en el lecho marino.
Los israelitas pasaron el mar a pie. Desde el otro lado miraron cómo los egipcios se disponían a pasar también. Cuando estos últimos estuvieron en el camino en medio del mar, Dios soltó las aguas y éstas regresaron a su lugar ahogando a las huestes egipcias.
Promesas quebrantadas
Algún tiempo después, los israelitas levantaron sus tiendas al pie del monte Sinaí.
Dios no los convirtió en nación suya ni los sometió a su gobierno teocrático sin su consentimiento. Les hizo una propuesta por medio de Moisés. Si el pueblo obedecía las leyes de SU GOBIERNO, El lo haría prosperar hasta convertirlo en la más próspera y fuerte de las naciones.
Ahora bien, las PROMESAS de la primogenitura eran de índole nacional y material. No incluían la salvación espiritual.
El pueblo estuvo de acuerdo. Así se convirtió en el pueblo escogido de Dios. Pero ¿para qué?
Esto sabemos: Que el propósito que Dios tenía para ellos se relacionaba claramente con la preparación del REINO de Dios, con aquel tiempo en que se restablecerá el GOBIERNO DIVINO en toda la tierra y la salvación espiritual estará disponible para TODOS.
Sin duda, uno de los propósitos era preservar el linaje físico de Sem. Pero había mucho más.
Las naciones habían desarrollado conocimientos. No obstante, el hombre estaba limitado, desde la rebelión de Adán, a la adquisición de conocimientos físicos y materiales.
Pero al igual que los científicos y eruditos de hoy, aquéllos decían: “Si adquirimos suficiente conocimiento podremos erradicar todos los males y resolver todos los problemas. jCrearemos una utopía!”
Hasta entonces, Dios le había negado al hombre el conocimiento espiritual. Ahora le daría el conocimiento de su ley, de su gobierno, ¡de su camino de vida! Iba a demostrar al mundo que sin el Espíritu Santo la mente humana es incapaz de recibir y utilizar tal conocimiento del verdadero CAMINO DE VIDA. Iba a demostrar que la mente del hombre, con su espíritu humano únicamente y sin el Espíritu de Dios agregado, no puede tener discernimiento espiritual, no puede resolver los problemas humanos ni eliminar los males que acosan a la humanidad. La nación de Israel sería su “conejillo de Indias” para demostrar esta verdad.
Dios, pues, celebró con ellos un pacto que los convertía en su nación. Al mismo tiempo, era un acuerdo de MATRIMO-
NIO en que Israel, la esposa, prometía obedecer a Dios como su esposo. Este era el antecesor físico de aquel nuevo pacto que se celebraría en un futuro lejano.
Herencia y ambiente de Israel
Hay dos factores que hacen del hombre lo que es: la herencia y el ambiente. La herencia incluye aquello que se ha heredado por nacimiento en aspectos como la salud, la inteligencia y las tendencias del carácter. El ambiente incluye todas las influencias externas y las motivaciones determinadas por la persona misma, sean buenas o malas.
Una herencia favorable puede darle una ventaja al individuo. Un medio que inspira y ennoblece es otro factor de ventaja, como lo son las buenas influencias y las motivaciones correctas. Un medio así puede determinar el éxito de alguien cuya herencia haya sido menos favorable.
En cambio, un ambiente desalentador, así como las malas influencias y las motivaciones erradas, pueden determinar el fracaso y el mal carácter de alguien cuya herencia ha sido excelente.
Al dar comienzo a su nación escogida, aunque ésta había estado en la esclavitud, Dios la dotó de la ventaja natural de una herencia favorable. Dios la sacó de la esclavitud y le dio un nuevo comienzo. Podríamos decir que Israel tenía todo a su favor.
Preguntamos de nuevo: ¿Para qué? ¿Para qué preparó y levantó Dios a la nación de Israel?
Más aún, ¿para QUÉ creó Dios al hombre? En el hombre, ¡Dios se está reproduciendo a sí mismo! Está creando en el ser humano su propio CARÁCTER espiritual perfecto, santo y justo. Esto, a su vez, tiene por objeto la restauración del gobierno de Dios en toda la tierra y, lo que es más, la creación de miles de millones de seres divinos que terminarán la creación del vasto e inconcluso UNIVERSO.
¿Y luego? ¡Ah! ¡Más allá Dios no ha revelado su propósito!
Todo lo que Dios ha hecho desde la creación de los primeros humanos ha sido un paso más en el cumplimiento de su propósito supremo.
Preparación del reino de Dios
El propósito inmediato hasta ahora en la historia de la humanidad es preparar el futuro REINO DE Dios que RESTAURARÁ EL GOBIERNO DIVINO EN TODA LA TIERRA.
El reino de Dios es la familia engendrada por Dios y nacida de El, que se hará manifiesta por medio de una resurrección y transformación instantánea a la venida de Cristo. Al hablar de hijos engendrados y nacidos de Dios, ciertamente no nos referimos a los engañados por la doctrina tan popular según la cual toda persona que “profese recibir a Cristo” es “nacida de nuevo” en esta vida. Ese es un GRANDÍSIMO ENGAÑO con el cual Satanás ha EMBAUCADO a muchos dentro de la llamada “cristiandad”, haciéndoles aceptar una conversión falsa. Estas personas, por bien intencionadas que sean, ¡están ENGAÑADAS! Naturalmente, una persona engañada no sabe que lo está, y ¡puede estar obrando con gran sinceridad!
Ahora reflexionemos. ¿Qué papel desempeñó la antigua nación de Israel dentro de la preparación del reino de Dios?
El gobierno en el reino de Dios
En primer lugar, Abraham fue un hombre de capacidades excepcionales. Resucitado en el reino de Dios, seguramente estará con sus hijos Isaac e Israel en un puesto de mando bajo Cristo mismo. El reino de Dios será un reino espiritual que incluirá Estado e Iglesia. Aquellos patriarcas probablemente ejercerán autoridad directamente bajo Cristo sobre la Iglesia y el Estado.
Moisés, a quien Dios levantó como jefe de Israel y su legislador (aunque el verdadero legislador es Dios el Padre), muy probablemente estará bajo el grupo formado por Abraham, Isaac y Jacob encabezando los gobiernos nacionales del mundo en el milenio. Josué, sucesor de Moisés, probablemente será su ayudante en el cargo sobre los gobiernos nacionales del mundo.
¿Y la nación de Israel en general?
No obstante su herencia favorable, Israel se mostró totalmente inapta. Cuando Dios le propuso que fuera su nación, respondió: “Todo lo que el Eterno ha dicho, haremos” (Exodo 19:8). Pero quebrantó su promesa y se rebeló.
La relación entre Israel y Dios era de “esposa y esposo”. Más tarde Dios dijo: “Pero como la esposa infiel abandona a su compañero, así prevaricasteis contra mí, oh casa de Israel” (Jeremías 3:20).
La nación de Israel, bajo el liderazgo de Moisés, era un pueblo dividido en 12 tribus.
La Tierra Prometida se llamaba entonces Canaán. La tierra estaba poblada por cananeos, pero Dios había dado esta tierra a los descendientes de Abraham por medio de una PROMESA. No pertenecía a los cananeos ni a ninguno de los grupos nacionales que la habitaban.
Cuando Dios trasladó allí a más de dos millones de israelitas, les dio la siguiente orden por medio de Moisés: “Cuando hayáis pasado el Jordán entrando en la tierra de Canaán, echaréis de delante de vosotros a todos los moradores del país, y destruiréis todos sus ídolos de piedra, y todas sus imágenes de fundición … y echaréis a los moradores de la tierra, y habitaréis en ella; porque yo os la he dado para que sea vuestra propiedad… Y si no echareis a los moradores del país de delante de vosotros, sucederá que los que dejareis de ellos serán por aguijones en vuestros ojos y por espinas en vuestros costados, y os afligirán sobre la tierra en que vosotros habitareis” (Números 33:51-53, 55).
Separados como nación y como religión
Es hora de que entendamos esto: La nación de Israel era la nación de Dios. Pero se trataba de una nación física, no espiritual. Sin embargo, Dios le dio la oportunidad de ser su Iglesia. Le dio un gobierno nacional y una religión. Dios DISPUSO QUE SE MANTUVIERA FÍSICAMENTE SEPARADA de las demás naciones, tanto en lo nacional como en lo religioso.
El matrimonio mixto con otros pueblos vecinos traería dos consecuencias: Conduciría a Israel hacia otras religiones idólatras y modificaría su herencia cultural y nacional.
Los israelitas no obedecieron a Dios.
Mucho después, luego del cautiverio de Israel y Judá, Dios envió bajo el gobernador Zorobabel una colonia de judíos a Jerusalén, tomados de entre la población judía cautiva en Babilonia, para que construyeran el segundo templo. Entre lo3 miembros de esta colonia estaban los profetas Esdras y Nehemias.
Contrariando las órdenes de Dios, la gente de la colonia empezó a mezclarse con los cananeos, heteos, jebuseos y demás pueblos. Así, “el linaje santo [es decir puro, pues no tenían el Espíritu Santo] ha sido mezclado con los pueblos de las tierras …” (Esdras 9:2).
¡El profeta Esdras se enojó! Enfrentándose a la congregación, dijo: “Vosotros habéis pecado, por cuanto tomasteis mujeres extranjeras, añadiendo así sobre el pecado de Israel. Ahora, pues … apartaos de los pueblos de las tierras, y de las mujeres extranjeras” (Esdras 10:10-11).
Jesús nació de la tribu de Judá, y era necesario que fuera del linaje genético original, como lo fue Noé.
Sin embargo, el antiguo pacto celebrado con Israel en el Sinaí fue un anticipo o modelo del nuevo pacto que ha de celebrarse con la Iglesia del Nuevo Testamento, la Israel y Judá espirituales (Jeremías 31:31; Hebreos 8:6, 10).
No obstante, algunos individuos en tiempos del Antiguo Testamento sí obedecieron a Dios, y por cuanto fueron profetas vinieron a constituirse en fundamentos de la Iglesia de Dios del Nuevo Testamento. La Iglesia está construida sobre los FUNDAMENTOS sólidos de los profetas (Antiguo Testamento) y los apóstoles (Nuevo Testamento), siendo Jesús mismo “la principal piedra del ángulo” (Efesios 2:20).
Entre ellos, Elias probablemente estará a la cabeza (bajo Cristo, Abraham, Isaac y Jacob) sobre la Iglesia en todo el mundo. Es posible que Juan el Bautista esté bajo Elias. Hay indicios de que el profeta Daniel estará a la cabeza de las naciones gentiles, en seguida de Cristo y Moisés.
Cumplen su misión sin quererlo
¿Qué función desempeñó la nación de Israel dentro de los preparativos para el reino de Dios?
Ya hemos mencionado cómo los intelectuales y eruditos del mundo creen que con suficiente CONOCIMIENTO el HOMBRE carnal podrá resolver todos los problemas de la humanidad.
Dios dejó que las generaciones de Israel y Judá demostraran, mediante siglos de experiencia humana, que aun bajo las circunstancias más favorables, el hombre sin el Espíritu
Santo de Dios no puede resolver los problemas y males
DE LA HUMANIDAD.
Durante los últimos 20 años he hablado con muchos jefes de gobierno en Europa, Asia, Africa y Suramérica. En los países comunistas me parece que los jefes de gobierno esperan que el comunismo resuelva todos los problemas y los males del mundo. Y en otros países parece que los dirigentes esperan que el capitalismo y la democracia hagan otro tanto. Pero muchos reyes, emperadores, presidentes y primeros ministros con quienes he hablado en privado comprenden ya que el hombre es totalmente incapaz de resolver los problemas de la humanidad. Así les he dicho claramente a muchos dirigentes y jefes de estado en todo el mundo.
Los problemas y males son de índole espiritual. Y la mente camal sin el Espíritu Santo de Dios no puede hacer frente a los problemas espirituales.
Las décadas y siglos que transcurrieron en la antigua Israel demostraron que es así. Dios le negó a la humanidad el conocimiento de los caminos correctos de vida, hasta el establecimiento de la nación de Israel. A Israel le dio sus estatutos y juicios, así como su ley espiritual. Pero sin el Espíritu Santo de Dios, estas leyes perfectas no resolvieron los problemas de la nación.
Dios pudo haber dicho sencillamente: “Yo soy Dios. Créanme”. Pero Él DEMOSTRÓ por medio de Israel que SIN el Espíritu Santo el hombre es totalmente incapaz. Los israelitas podían, incluso, apelar a Dios. Pero no tenían su Espíritu en ellos.
Quiero recalcar este punto: Cuando Adán rechazó el árbol de la vida y se arrogó la prerrogativa de determinar qué es el bien y qué es el mal, su poder y capacidad para el bien quedaron limitados al nivel de su espíritu humano. En la naturaleza humana hay bien y hay mal. El bien no es una acción ñsica o material sino un atributo espiritual.
Si Adán hubiese tomado del árbol de la vida, el Espíritu Santo de Dios hubiera entrado en él y, uniéndose a su espíritu humano, habría unido al hombre con Dios como hijo de Dios. El Espíritu Santo implicaba algo más que el conocimiento espiritual del bien. No son los oidores de la ley (del bien) los que son justificados sino los hacedores (Romanos 2:13). El amor (pero no el amor humano) es el cumplimiento de la ley. Se necesita “el amor de Dios … derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo” (Romanos 5:5).
Dios reveló su ley a la nación de Israel. Uno de los propósitos de esta nación era demostrar mediante la experiencia humana que el hombre sin el Espíritu de Dios no puede ser justo.
En este punto, repasemos brevemente la historia de la nación israelita, así como de las naciones gentiles.
El pueblo de Israel recibió una declaración y una promesa de suma importancia, como consta en Levítico 26. Nuevamente cito del libro La llave maestra de la profecía, comenzando en la página 106:
La profecía cardinal
En esta profecía fundamental, Dios reafirmó la promesa de la primogenitura para los que vivieron durante la época de Moisés, pero con ciertas condiciones. Las tribus de Efraín y Manases, unidas a las demás, formaban una sola nación, y la obediencia a las leyes de Dios habría traído enormes bendiciones nacionales no sólo a esas dos sino también, automáticamente, a toda la nación de la cual ellas formaban parte.
Se mencionan dos de los 10 mandamientos. Estos eran los principales mandamientos de prueba: prueba de obediencia, de fe y de lealtad. Dios dijo: “No haréis para vosotros ídolos, ni escultura … para inclinaros a ella; porque yo soy el Eterno vuestro Dios. Guardad mis sábados …” (Levítico 26:1-2).
Nótese que había un gran “pero”, una condición para recibir, en ese momento, esta estupenda primogenitura. Dios dijo: “Si andáis en mis decretos y guardáis mis mandamientos, y los ponéis por obra, yo daré vuestra lluvia en su tiempo, y la tierra rendirá sus productos…” (versículos 3-4). Toda la riqueza viene de la tierra, y ellos tendrían cosechas abundantes todo el año, una tras otra. Versículo 6:
“Y yo daré PAZ en la tierra … y no habrá quien os espante … y la espada no pasará por vuestro país”. ¡Qué grandiosas bendiciones! ¿Qué nación hay que goce de paz continua, sin interrupción y sin temor a una invasión militar?
En este mundo, desde luego, toda nación tiene algún enemigo. ¿Qué ocurriría, pues, en caso de ataque? Versículos 7-8: “Y perseguiréis a vuestros enemigos, y caerán a espada delante de vosotros. Cinco de vosotros perseguirán a ciento, y ciento de vosotros perseguirán a diez mil”.
Como muchas naciones del mundo son agresoras, Israel estaría sujeta a ataques. Pero una nación que tuviera la superioridad militar necesaria para derrotar a sus agresores se convertiría en la nación predominante y más poderosa del mundo, especialmente si tuviera además grandes recursos y riquezas. Versículo 9: “Porque yo me volveré a vosotros, y os haré crecer, y os multiplicaré, y afirmaré mi pacto con vosotros”.
El gran “pero”
Mas ahora vemos la alternativa. Si no se cumplieran las condiciones:
“Si no me oís, ni hacéis todos estos mis mandamientos … yo también haré con vosotros esto: enviaré sobre vosotros terror, extenuación y calentura, que consuman los ojos y atormenten al alma; y sembraréis en vano vuestra semilla, porque vuestros enemigos la comerán. Pondré mi rostro contra vosotros, y seréis heridos delante de vuestros enemigos; y los que os aborrecen se enseñorearán de vosotros” (versículos 14-17). Serían invadidos y conquistados, esclavizados de nuevo tal como lo fueron en Egipto.
Los siete tiempos de la profecía
Ahora continuemos en Levítico 26: “Y si aun con estas cosas no me oís, yo volveré a castigaros siete veces más por vuestros pecados” (versículo 18).
Cuando llegamos a la expresión “yo volveré a castigaros siete veces más por vuestros pecados” en Levítico 26, vemos claramente, tanto por la estructura de la frase como por el cumplimiento real, que ello se refiere a una DURACIÓN de siete tiempos o AÑOS proféticoB; y el principio de un año por un día nos da siete años de 360 días, para un total de 2.520 días. Cuando cada día corresponde a un año de castigo (y en este caso, como en Números 14:34, el castigo es la postergación de una bendición), entonces el castigo viene a ser que Dios retiene las bendiciones prometidas durante un lapso de 2.520 años. Ahora bien, ¡eso fue exactamente lo que ocurrió!
Ese castigo nacional, o sea la retención de las promesas de la primogenitura que se referían a la prosperidad y el poderío nacionales, se aplicaba únicamente a la casa de Israel encabezada por las tribus de Efraín y Manases.
El cumplimiento de esas promesas precisamente en el año 1800 constituye uno de los episodios más asombrosos de la Biblia y de la historia universal. Este cumplimiento, paso a paso, se revela en nuestra publicación gratuita La llave maestra de la profecía.
Israel prometió obedecer a Dios, pero no lo hizo. Mientras Moisés se encontraba en el monte Sinaí con el Eterno, recibiendo instrucciones, el pueblo fundió un becerro de oro para adorarlo en lugar del Eterno Dios. Por sus murmuraciones, su falta de fe y su desobediencia, Dios les impidió la entrada a la Tierra Prometida por 40 años.
Al cabo de estos 40 años, Moisés murió. Los israelitas cruzaron el río Jordán a la Tierra Prometida bajo el liderazgo de Josué. En vida de Josué, más o menos obedecieron a Dios, pero no del todo.
Muerto Josué, cada individuo hizo lo que le parecía bien a sus propios ojos. Por su desobediencia, estas personas habían de caer en el cautiverio a manos de los reyes vecinos. Entonces clamarían al Eterno y El enviaría un dirigente para que los librara. El proceso se repitió una y otra vez.
Israel exige un rey humano
Transcurridas algunas generaciones, Dios les dio un profeta que los dirigiera y los guiara: el profeta Samuel. Pero entonces el pueblo, siguiendo el ejemplo de las naciones vecinas, quiso tener un rey humano que los gobernara. Dios le dijo a Samuel que no lo estaban rechazando a él sino a Dios mismo. Samuel había gobernado como siervo de Dios, y el gobierno en realidad había sido de Dios.
Dios les dio lo que pidieron: el rey Saúl, un líder de talla alta e imponente. Mas Saúl desobedeció y Dios lo remplazó con el rey David. Personalmente, David no estaba libre de pecado. Pero la diferencia en su caso era que cada vez que caía se arrepentía y no cometía más ese pecado. Así, David llegó a ser un hombre “conforme al corazón de Dios”. Escribió un libro importantísimo en la Biblia: el de los Salmos.
Dios hizo con David un pacto incondicional e inquebrantable, asegurando que su dinastía reinaría sobre los israelitas para siempre y sin interrupción. A su debido tiempo, ese trono pasará a Jesucristo en su segunda venida.
Israel se divide en dos naciones
Salomón, hijo de David, fue el hombre más sabio que jamás existió (con excepción de Jesucristo). Pero impuso tributos muy pesados sobre el pueblo y cuando murió y io sucedió su hijo Roboam, el pueblo envió una delegación con un ultimátum: Si el Rey reducía los impuestos, el pueblo le serviría; de lo contrario, lo rechazaría como su rey. Siguiendo el consejo de sus asesores más jóvenes, Roboam respondió que agravaría aun más los impuestos.
El pueblo se volteó en contra de la casa de David y nombró rey a Jeroboam, quien había ocupado el cargo que hoy llamaríamos de primer ministro bajo el rey Salomón. Como Roboam estaba en el trono en Jerusalén, el pueblo de Israel escogió una nueva capital hacia el norte. (Más tarde, bajo el rey Omri, construyeron su capital en la ciudad de Samaria.)
Las tribus de Judá y Benjamín se mantuvieron leales a Roboam. Esto ocasionó la ruptura con las tribus rebeldes y la formación de la nación de Judá.
Al asumir el trono, Jeroboam depuso a los levitas de su oficio sacerdotal, porque temía que hicieran volver el corazón del pueblo a Roboam. También cambió las fiestas santas del séptimo mes trasladándolas al octavo, y hay fuertes indicios de que cambió el día de reposo del sábado al domingo, el primer día de la semana. El sábado era materia de un pacto eterno entre Dios e Israel, el cual había de distinguir a Israel entre todos los pueblos (Éxodo 31:12-18) y además le recordaría cada semana que su creador era el Eterno. Porque en seis días renovó o recreó Dios la tierra, y la creación es prueba de la existencia de Dios.
Las 10 tribus perdidas
Así, el pueblo de Israel se convirtió en las “10 tribus perdidas”. Perdieron la señal del pacto que las identificaba como Israel. Perdieron el conocimiento de Dios su Creador, y pronto perdieron también su lengua hebrea.
Durante un período que abarcó 19 reyes y siete dinastías, el reino de Israel compuesto por las 10 tribus siguió pecando, rechazando los ruegos de los profetas que Dios le enviaba. Los asirios conquistaron a la casa de Israel luego de un sitio aproximadamente en el año 721 A.C. La gente fue sacada de sus casas, sus fincas y aldeas y llevada en cautiverio a Asiría, en la costa sur del mar Caspio.
De allí, en un lapso de 100 años, los israelitas emigraron hacia el noroccidente como las 10 tribus perdidas.
El mundo nunca supo qué fue de ellos. El mundo ha creído, erróneamente, que todos los israelitas eran judíos. Pero en la Biblia la palabra judío se aplica solamente a las tribus de Judá, Benjamín y Leví. Los levitas se habían unido al reino de Judá cuando Jeroboam los expulsó.
Un castigo de 2.520 años
A partir del cautiverio de Israel (721 A.C.), esa nación sufrió 2.520 años de castigo tal como fue predicho en Levítico 26. Durante ese tiempo, las promesas de prosperidad y poderío que Dios había dado a Abraham estuvieron retenidas. Este lapso habría de terminar en 1800, cuando Israel recibiría el dominio económico y la supremacía nacional. Tenía que ser así, pues Dios lo había prometido incondicionalmente a Abraham.
La manera como a partir del año 1800 Israel recuperó el dominio y la prosperidad prometidos por Dios incondicionalmente, es materia de nuestro libro titulado La llave maestra de la profecía.
Mientras tanto, los judíos del reino de Judá sufrieron también la derrota y el cautiverio, en este caso a manos de Nabucodonosor, rey de Babilonia.
Entre los cautivos judíos llevados a Babilonia había un joven brillante de nombre Daniel, profeta y autor del libro de la Biblia que lleva su nombre. Dios se valió del profeta Daniel como intermediario entre El y el rey Nabucodonosor.
Aquel rey gentil había organizado el primer imperio del mundo reuniendo a varias naciones bajo un solo gobierno. Dios utilizó a Daniel para hacer saber al rey de Babilonia que el Dios creador rige la tierra y que Nabucodonosor conservaba su trono sólo por la voluntad divina. En realidad, Dios le estaba dando al Rey la oportunidad de venir a estar bajo el gobierno divino y de recibir como consecuencia las bendiciones de Dios.
La profecía del capítulo 2 del libro de Daniel muestra una imagen formidable que representa el Imperio Caldeo de Nabucodonosor, seguido por el Imperio Persa y luego por el Grecomacedonio, el Romano y todo el sistema de gobiernos humanos que será destruido y remplazado por el reino de Dios bajo Jesucristo como Rey de reyes en la tierra.
El gobierno mundial de los gentiles
Las profecías de Daniel 7 y de Apocalipsis 13 y 17 se refieren a lo mismo.
Aunque Nabucodonosor reconoció la existencia de Dios, nunca le obedeció. Mientras tanto, Dios se mantuvo al margen de los demás pueblos.
El Imperio Persa sucedió al Imperio Caldeo de Nabucodonosor. Setenta años después del cautiverio de Judá y la destrucción del templo de Salomón, Dios movió al rey Ciro de Persia para que enviara de regreso a Jerusalén una colonia de judíos tomados de entre los cautivos para que construyeran un segundo templo.
La colonia estaba encabezada por Zorobabel como gobernador. También estaban allí los profetas Esdras y Nehemías. Zorobabel construyó el segundo templo, al cual vino Jesús unos 500 años más tarde. Los romanos asumieron el poder antes del nacimiento de Jesús. Poco antes de nacer Jesús, el rey Herodes, quien gobernaba a los judíos y servía a los romanos, hizo renovar y ampliar el templo.
Esta colonia de judíos que regresó a Jerusalén unos 500 años antes de Cristo se extendió por el territorio de Judea. Pero con esta colonia no regresó a Jerusalén ninguno del reino de Israel. La casa de Israel había emigrado hacia el norte y el occidente y había perdido no sólo su lengua hebrea sino también su identidad. El mundo la conoce como las 10 tribus perdidas. Sobre esto volveremos más adelante.
Fue durante estos 500 años que Dios envió a los llamados profetas “menores” a los judíos en Judea. También hacia fines de este período los ancianos del pueblo judío modificaron ciertos puntos de la religión iniciada por Moisés hasta convertirla en el judaismo de los tiempos de Jesús. El escenario estaba listo para su llegada.
Ahora regresemos al tema de la nación de Israel compuesta por las “10 tribus perdidas”. Como dijimos arriba, habían emigrado hacia el norte y el occidente antes del cautiverio de Judá. Los asirios se establecieron en el centro de Europa. Sin duda, los alemanes son, en parte, descendientes de los antiguos asirios.
Pero las 10 tribus perdidas (el reino de Israel) prosiguieron hacia Europa occidental e Inglaterra. No podemos saber con certeza la identidad de las distintas tribus hoy, pero los franceses, o al menos los del norte, probablemente corresponden a la tribu de Rubén. Efraín y Manasés continuaron hasta las islas Británicas. Se convirtieron en pueblo colonizador y, de acuerdo con la profecía, habían de perder su primera colonia.
“Israel”: nombre dado a los hijos de José
Poco antes de morir Jacob, quien había recibido el nombre de Israel, confirió las bendiciones de la primogenitura a los dos hijos de José: Efraín y Manasés. Aunque estaba ciego y no podía ver a los niños frente a él, Jacob, ahora Israel, cruzó las manos y “extendió su mano derecha, y la puso sobre la cabeza de Efraín, que era el menor, y su mano izquierda sobre la cabeza de Manasés, colocando así sus manos adrede, aunque Manasés era el primogénito. Y bendijo a José, diciendo: El Dios en cuya presencia anduvieron mis padres Abraham e Isaac, el Dios que me mantiene desde que yo soy hasta este día, el Ángel que me liberta de todo mal, bendiga a estos jóvenes; y sea perpetuado en ellos mi nombre, y el nombre de mis padres Abraham e Isaac, y multipliqúense en gran manera en medio de la tierra” (Génesis 48:14-16). Citamos nuevamente de La llave maestra de la profecía:
¿Quiénes habrían de multiplicarse en gran manera? ¿Quiénes habrían de tener la numerosa descendencia que sumaría miles de millones? No era Judá, padre de los judíos, sino Efraín y Manases. ¿Por qué los dirigentes religiosos y estudiosos de la Biblia no han captado esta verdad expuesta tan claramente en las Sagradas Escrituras?
Israel no confirió esta bendición a uno solo sino a ambos: “Bendiga a estos jóvenes”. Parte de la bendición conjunta era: “Sea perpetuado en ellos mi nombre”. Su nombre era Israel. Por lo tanto, el nombre de Israel no ha pasado a los judíos descendientes de Judá, sino a los descendientes de estos dos jóvenes. Queda, pues, claro, que el nombre Israel habría de atribuirse a Efraín y Manasés.
Esta es una verdad pasmosa, pero muy clara. Recordemos que estos pasajes no requieren “interpretación” ni esconden ningún “significado especial’’ o “simbolismo oculto”. Se trata de una afirmación clara y escueta: que el nombre de Jacob, cambiado a Israel, sería POSESIÓN y propiedad de los pueblos de Efraín y Manasés. Sería el rótulo que identificaría a estos pueblos.
Entonces, ¿QUIÉN es, según la Biblia, el verdadero Israel de hoy (hablando en el aspecto nacional)? ¡Efraín y Manasés!
Efraín y Manasés recibieron conjuntamente el derecho al nombre de Israel. Éste habría de convertirse en el nombre nacional de sus descendientes… ¡y sus descendientes no son los judíos! Por lo tanto, muchas de las profecías acerca de “Israel” o “Jacob” no se están refiriendo a los judíos ni a las naciones formadas por los descendientes de otras tribus israelitas. Pocos son los teólogos, religiosos o estudiosos de la Biblia que conocen esta verdad. Muchos rehúsan reconocerla.
Los descendientes de estos dos jóvenes, Efraín y Manasés, habrían de convertirse en la gran multitud prometida, la nación y el conjunto de naciones. Las bendiciones materiales son para ambos … ¡pero no para las otras tribus!
Jacob cruza las manos
En este momento José se dio cuenta de que Jacob no tenía su mano derecha sobre la cabeza del primogénito, y trató de cambiarla:
“Y dijo José a su padre: No así, padre mío, porque éste es el primogénito; pon tu mano derecha sobre su cabeza. Mas su padre no quiso, y dijo: Lo sé, hijo mío, lo sé; también él vendrá a ser un pueblo, y será también engrandecido; pero su hermano menor será más grande que él, y su descendencia formará multitud [un conjunto] de naciones. Y los bendijo aquel día, diciendo: En ti bendeciré
Israel, diciendo: Hágate Dios como a Efraín y como a Manasés. Y puso a Efraín antes de Manasés” (Génesis 48:18-20). En este punto las promesas dejan de ser colectivas; ya no se hacen conjuntamente a los dos jóvenes. Jacob profetiza ahora individualmente para cada uno.
Bendiciones prometidas a Estados Unidos e Inglaterra
Recuérdese que si Israel obedecía a Dios (se hace mención especia] de la idolatría y el quebrantamiento del sábado en Levítico 26), heredaría las bendiciones nacionales y materiales de la primogenitura en tiempos de Moisés, Josué y hasta el cautiverio (aproximadamente 721 A.C.). Si no obedecía, las promesas le serían negadas por 2.520 años, o sea hasta el año 1800 de nuestra era.
Es obvio y claro, pues, que cumplidos los 2.520 años, o sea a partir del año 1800, los descendientes de José, subdivi- didos en dos naciones descendientes de Efraín y Manasés, habrían de convertirse en las naciones más prósperas y poderosas de la tierra.
Los Estados Unidos son Manasés
De las bendiciones proféticas legadas por Jacob, se desprende que Efraín y Manasés heredarían gran parte de la primogenitura en conjunto, y que estarían unidos largo tiempo, para separarse después.
En Génesis 48 Jacob pasó la primogenitura a los dos hijos de José conjuntamente. Luego se refirió a cada uno por separado. Manasés había de convertirse en una GRAN nación y Efraín en un grupo de naciones.
En su profecía para estos últimos días, Jacob dijo: “Rama fructífera es José, rama fructífera junto a una fuente, cuyos uástagos se extienden sobre el muro” (Génesis 49:22). En otras palabras, José (Efraín y Manasés conjuntamente) sería un pueblo colonizador y sus colonias se extenderían desde las islas Británicas por el resto del mundo.
Los descendientes de Efraín y Manasés crecieron unidos hasta formar una multitud y luego se separaron de acuerdo con la bendición profética de Jacob en Génesis 48. Esta profecía corresponde a los pueblos de Gran Bretaña y los Estados Unidos.
¿Cómo es posible que los Estados Unidos sean Manasés si gran parte de su población no vino de Inglaterra sino de otras naciones? La respuesta es que gran parte de Manasés permaneció con Efraín hasta la separación de las colonias norteamericanas. Pero el pueblo había de ser zarandeado entre todas las naciones como el grano en una criba sin que se perdiera ni un solo grano (Amos 9:9). Ese pueblo se ñltró entre muchas naciones. Efraín y gran parte de Manasés emigraron juntos a Inglaterra, pero muchos de la tribu de Manasés se habían filtrado entre otras naciones, y más tarde, después de constituida la nación norteamericana, llegaron allí como inmigrantes. Esto no significa que todos los inmigrantes que llegaron a los Estados Unidos fueran del linaje de Manasés, pero sin duda muchos lo fueron. Por otro lado, la antigua Israel siempre absorbió a los gentiles quienes, viviendo en la tierra de Israel, se convirtieron en israelitas.
Los Estados Unidos son como un crisol donde se han fundido personas de muchas naciones. Esto no refuta, sino que confirma, su descendencia de Manasés. Las pruebas de que los Estados Unidos son Manasés son arrolladoras. Manases había de separarse de Efraín para convertirse en la nación más grande y próspera de la historia. Solamente los Estados Unidos han cumplido esta profecía. Manasés constituyó en realidad la tribu número 13. Las tribus originales fueron 12, de las cuales José formaba parte. Mas cuando José se dividió en dos tribus, Manasés vino a convertirse en la tribu número 13.
¿Será coincidencia que empezó su vida de nación independiente como un conjunto de 13 colonias?
Pero ¿qué podemos decir de las tribus restantes? Si bien la primogenitura fue para José y sus bendiciones cayeron sobre la Mancomunidad Británica y los Estados Unidos de América, las ocho tribus restantes también eran del pueblo de Dios y ellas también han recibido abundantes bendiciones materiales, aunque no el dominio que correspondía a la primogenitura.
No hay espacio aquí para explicar en detalle la identidad actual de las demás tribus. Basta decir que según muchos indicios, esas tribus componen hoy las naciones de Europa noroccidental, entre ellas Holanda, Bélgica, Dinamarca, el norte de Francia, Luxemburgo, Suiza, Suecia y Noruega. Los islandeses también son del linaje de los vikingos. Las fronteras europeas actuales no necesariamente son la demarcación entre los descendientes de las 10 tribus de Israel.
Profecía para Estados Unidos e Inglaterra
Así como Dios ha dado a Inglaterra y los Estados Unidos bendiciones materiales como nunca las tuvo país alguno, también para corregirlos de modo que puedan disfrutar las bendiciones va a traer sobre ellos una serie de calamidades sin paralelo en la historia de nación alguna. ¡Son muchas las profecías que hablan de esto!
Otra prueba importante de la identidad de Israel aparece en la profecía fantástica, detallada y muy específica de Mi- queas 5:7-15. Esta profecía se refiere específicamente al “remanente” de Israel, o sea a la Israel moderna de hoy, dondequiera que esté. Describe con detalles la prosperidad, el predominio entre las naciones y luego la caída de los pueblos británico y norteamericano.
“El remanente de Jacob [no los judíos] será entre muchos pueblos como el rocío del Eterno, como las lluvias sobre la hierba, las cuales no esperan a varón, ni aguardan a hijos de hombres” (versículo 7). Recordemos que las lluvias son imprescindibles para la producción agrícola y son símbolo de las bendiciones y la prosperidad dadas por Dios a una nación.
Prosigamos: “Asimismo el remanente de Jacob será entre las naciones, en medio de muchos pueblos, como el león entre las bestias de la selva, como el cachorro del león entre las manadas de las ovejas, el cual si pasare, y hollare, y arrebatare, no hay quien escape” (versículo 8).
Nuevamente, este simbolismo describe la última generación de Israel como una gran potencia, como un león entre las demás naciones de la tierra.
“Tu mano se alzará sobre tus enemigos, y todos tus adversarios serán destruidos” (versículo 9). De hecho, sus enemigos fueron destruidos, o derrotados, desde que Dios confirió a Inglaterra y los Estados Unidos la bendición de la primogenitura empezando alrededor del año 1800. Así fue en la primera guerra mundial y en la segunda, hasta que las cosas cambiaron a finales de 1950 con la guerra de Corea.
A partir de entonces, las bendiciones se les están retirando. A partir de entonces ni Los Estados Unidos ni Inglaterra han salido vencedores en ningún conflicto armado grande.
Esta profecía, pues, muestra que precisamente mientras recibían las bendiciones de Dios, esas naciones eran una bendición para otras naciones de la tierra, debido al Plan Marshall, el programa Punto Cuatro y las toneladas de alimento que han enviado a los hambrientos de la tierra.
El Plan Hoover acumuló grandes reservas de alimentos después de la primera guerra mundial y dio alimento a millones de seres en otras naciones que padecían hambre.
En la antigüedad, José almacenó trigo y otros alimentos y con ellos alimentó a muchos durante un tiempo de escasez. El José moderno hizo otro tanto. Pero sin embargo, es un pueblo rebelde contra Dios y su ley, mientras que el patriarca José lo sirvió y lo obedeció de todo corazón.
Esas dos naciones: Inglaterra y los Estados Unidos, fueron como un “león” entre las naciones, preservando la estabilidad del mundo a través de dos guerras mundiales.
Destrucción repentina
En esta profecía detallada, Dios dice: “Acontecerá EN aquel DÍA, dice el Eterno, que haré matar tus caballos [es decir, “caballos de guerra”: tanques, buques y proyectiles] de en medio de ti, y haré destruir tus carros. Haré también destruir las ciudades de tu tierra [¿por medio de bombas de hidrógeno?], y arruinaré todas tus fortalezas” (versículos 10-11). (Nótese: todas las fortalezas.)
¡Dios dice que El hará esto! Es Dios quien determina el desenlace de las guerras (Salmos 33:10-19).
¿Puede ser más claro? Aquí Dios identifica a los grandes pueblos de la tierra que son los más prósperos y los más poderosos. Pero precisamente cuando su poderío llega al máximo, Él “quebranta” la soberbia de su orgullo (ver Levítico 26:19), quita sus implementos de guerra y destruye sus ciudades.
¿Por qué?
Porque, como explica el profeta Miqueas, hay demasiada “hechicería” y demasiados “agoreros” (astrólogos) y minis- tros falsos que se niegan a predicar con autoridad los mandamientos y los caminos del Dios viviente.
Incluso en Estados Unidos la moneda lleva grabadas las palabras “En Dios confiamos”. Pero en realidad confían en aliados extranjeros y en el ingenio del hombre, no en Dios.
Robar a Dios
Dios tiene leyes económicas para las naciones. Dice que el 10 por ciento del producto, o renta bruta, de cada persona pertenece a El para sus propósitos y su obra.
En Malaquías 3:8-10 leemos: “¿Robará el hombre a Dios? Pues vosotros me habéis robado. Y dijisteis: ¿En qué te hemos robado? En vuestros diezmos y ofrendas. Malditos sois con maldición, porque vosotros, la nación toda, me habéis robado. Traed todos los diezmos al alfolí y haya alimento en mi casa; y probadme ahora en esto, dice el Eterno de los ejércitos, si no os abriré las ventanas de los cielos, y derramaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde11.
Después del año 1800 las naciones de habla inglesa prosperaron por causa de la obediencia de Abraham y las promesas inquebrantables que Dios le había hecho. Pero habiendo recibido la prosperidad individual y nacional, estas naciones pecan robándole a Dios. Esto las ha puesto bajo maldición. Esas naciones han ganado su última guerra. De ahora en adelante sólo tendrán problemas hasta que se arrepientan.
El diezmo de Dios es sagrado para El (Levítico 27:30). El sábado de Dios, el séptimo día de cada semana, es sagrado para El. Pero las naciones no han hecho diferencia entre lo santo y lo profano (Ezequiel 22:26).
Aceptación pública del pecado
Los pecados individuales y nacionales han logrado amplia aceptación entre el público.
A comienzos de 1927, cuando empecé el estudio de la Biblia que llevó a mi conversión, mi esposa y yo solíamos visitar diferentes iglesias en busca de la verdad. Cierto domingo por la mañana asistimos a los servicios religiosos en una iglesia bautista de la ciudad de Portland, Oregon. Allí estaban anunciando el final de un concurso, cuyo ganador recibiría una bella edición de la Biblia. La pregunta del concurso era: “¿Cuál es el más universal de los pecados?” La respuesta ganadora fue: “La ingratitud”.
Realmente es un pecado muy frecuente. Otro (y uno de los más antiguos) es el abuso sexual. Todos hemos oído decir que la prostitución es la “profesión más antigua del mundo”.
Satanás ha hecho de este pecado algo más universal de lo que muchos creen. Está inconforme con que Dios haya dotado a los humanos de sexualidad. Por lo tanto, influye en la humanidad y hace que los pecados sexuales sean de los más universales y destructivos que hay.
Durante la mayor parte de la llamada “era eclesiástica” (para la Iglesia Católica) y de la “era victoriana” (para Inglaterra y los Estados Unidos), el tema de la sexualidad era un tabú, algo de lo que rara vez se hablaba. Satanás logró que la sexualidad se considerara algo muy vergonzoso, que ni siquiera se podía mencionar.
Con el cambio del siglo las cosas variaron, en gran parte debido a Sigmund Freud, fundador del sicoanálisis. Antes de la primera guerra mundial era ilegal en los Estados Unidos publicar, vender o aun prestar un libro que tratara del tema sexual. Después de la guerra las barreras legales contra la información sexual se derrumbaron y descendió sobre el público una avalancha de libros, folletos y artículos sobre la sexualidad. Pero en todos ellos faltaba una dimensión de vital importancia.
Una dimensión desconocida
Para mediados del siglo 20, la “nueva moral” estaba produciendo cambios radicales en la actitud del público. Hoy el tema sexual se trata abiertamente en los medios de comunicación, especialmente en la televisión, y la promiscuidad sexual ha ganado la aceptación del público. Hay países donde apenas el dos por ciento de las novias llegan vírgenes al matrimonio. Para muchos, el matrimonio es algo anticuado. Existen sitios donde hay casi tantos divorcios como matrimonios. La vida de familia se está descomponiendo, aunque una sociedad estable necesita por base la estabilidad del núcleo familiar.
Muchas parejas no desean tener hijos, y el aborto está ganando amplia aceptación.
Dios creó la sexualidad no sólo para perpetuar el género humano sino también para dar felicidad, deleite y gozo dentro del amor puro y sano entre esposo y esposa, como un medio para unir fuertemente a la pareja casada. Pero de acuerdo con las actitudes modernas, el cordón que supuestamente unía a la pareja ha resultado ser el que la separa.
Es hora de que usted sepa la verdad acerca de esta dimensión desconocida de la sexualidad, la cual está expuesta franca, racional y espiritualmente, sin pasar por alto los aspectos físicos, en nuestro libro titulado Una dimensión desconocida de la sexualidad. Se lo ofrecemos sin costo alguno para usted.
Dios condena la homosexualidad. Por este pecado destruyó a todos los habitantes de Sodoma y Gomorra. El primer capítulo de Romanos dice que los homosexuales no entrarán en el reino de Dios. Sin embargo, muchos pretenden borrar la palabra homosexual, por las connotaciones de pecado que tiene, y la remplazan con otras expresiones como el “tercer sexo”. Los medios de comunicación y el público en general hablan del derecho a las “preferencias sexuales”.
mientras el alcohol hace estragos y miles de personas mueren víctimas de conductores ebrios, la televisión y la prensa fomentan el consumo del alcohol mediante la publicidad comercial pagada.
La gente misma, por el pecado, se acarrea males como el alcoholismo, el SIDA, herpes y otras enfermedades venéreas, y luego pretende evadir las consecuencias de esos pecados buscando mediante la ciencia médica un remedio que le permita seguir pecando.
Ahora sigamos leyendo la profecía de Miqueas 5. Por esas razones, Dios castigará y destruirá a “las naciones que no obedecieron” {versículo 15), comenzando por Inglaterra y los Estados Unidos, si no se arrepienten. Esto ocurrirá al FINAL de esta era y al regreso de Jesucristo como Rey de reyes.
¡No hay otro pueblo que cumpla esta profecía! ¡Inglaterra y los Estados Unidos la cumplen en detalle!
Mientras sigue quebrantándose “la soberbia de su orgullo” (Levítico 26:19), mientras los ingleses siguen perdiendo sus puertas marítimas en el extranjero y sus posesiones en toda la tierra, mientras los Estados Unidos ven desvanecerse sus reservas de oro y mientras aumentan las perturbaciones del clima, ¡esta profecía esencial representa una prueba gigantesca de quiénes son el “remanente” de Israel hoy!
Castigo sobre todas las naciones
Ahora se verá claramente, por las advertencias proféticas de Dios, que este gran castigo correctivo intenso caerá primero sobre los pueblos de Estados Unidos y Gran Bretaña, e incluirá los miembros y ex miembros de la Comunidad Británica.
Pero estas no son las únicas naciones que sufrirán las calamidades con fines correctivos. Dios también es Creador de las demás naciones. A Él le importan y le interesan los pueblos que hemos llamado “gentiles”. Éstos también son hechos a semejanza de Dios y tienen el mismo potencial de desarrollar la IMAGEN y el carácter espiritual divinos. ¡Dios envió al apóstol Pablo a las naciones gentiles!
Toda la humanidad se ha rebelado contra Dios, lo ha rechazado y se ha apartado de sus caminos. No habrá paz en la tierra hasta que todas las naciones se vuelvan a Dios y sus caminos y acaten su gobierno supremo.
Ahora, toda la humanidad se halla en el vórtice de la crisis que conducirá al fin de esta civilización construida por el hombre bajo la influencia de Satanás.
Por medio de Jeremías, Dios dice: “Llegará el estruendo hasta el fin de la tierra, porque el Eterno tiene juicio contra las naciones; él es el Juez de toda carne”.
La Pura Verdad lleva las advertencias de Dios a todo el mundo, pero la humanidad, con excepción de unos cuantos individuos, no hace caso. ¿Qué hará Dios entonces? “Entregará los impíos a espada, dice el Eterno … He aquí que el mal irá de nación en nación, y grande tempestad se levantará de los fines de la tierra” (Jeremías 25:31-32).
Dios se valdrá de una Europa unida para castigar a Inglaterra y los Estados Unidos. Luego se valdrá de las huestes comunistas para destruir a la Europa romana.
Estamos entrando en una época de crisis mundial… ¡de caos total! Hay guerra, conflictos y violencia en Asia, África, Suramérica, Centroamérica, Irlanda, el Medio Oriente… y también en Europa y Norteamérica. La explosión demográfica constituye una amenaza para la existencia del hombre. El crimen, la violencia, la enfermedad, la desigualdad, la miseria, la degeneración, el sufrimiento … ¡TODAS las naciones están plagadas de todo esto!
Pero así como la salvación es dada primero a Israel, ¡así también el castigo con fines de corrección!
La gran tribulación
Nótese la profecía de Jeremías: “Por que así ha dicho el Eterno: Hemos oído voz de temblor, de espanto, y no de paz. Inquirid ahora, y mirad si el varón da a luz; porque he visto que todo hombre tenía las manos sobre sus lomos, como mujer que está de parto, y se han vuelto pálidos todos los rostros. ¡Ah, cuán grande es aquel día! tanto, que no hay otro semejante a él; tiempo de angustia para Jacob ..(Jeremías 30:5-7).
Recordemos que al transmitir la primogenitura a los dos hijos de José (Génesis 48:16), Jacob dijo: “Sea perpetuado en ellos MI NOMBRE”: en Efraín y Manasés, que son hoy Inglaterra y los Estados Unidos. ¡Esto nos dice quiénes recibirán esta terrible calamidad nacional!
Pero ¿cuándo ocurrirá? No creamos que esto ya sucedió en la antigua Israel. Sigamos leyendo para ver cuándo se cumplirá esta profecía.
Continuemos en Jeremías 30:7-9: “… tiempo de angustia para Jacob; pero de ella será librado [¡cuando haya aprendido la lección!]. En aquel día, dice el Eterno de los ejércitos, yo quebraré su yugo [de esclavitud] de tu cuello, y romperé tus coyundas, y extranjeros no lo volverán más a poner en servidumbre, sino que servirán al Eterno su Dios y a David su rey, a quien yo les levantaré” (en la RESURRECCIÓN, cuando regrese Jesucristo).
El momento, pues, es inmediatamente antes de la venida de Cristo para libertar a la moderna Israel, de la misma manera como Moisés libertó a la antigua nación de Israel de la esclavitud en Egipto.
¡Jesús lo predijo!
Otras profecías hablan de ese mismo tiempo de calamidad nacional sin precedentes. La profecía clave en el Nuevo
Testamento es la de Jesús en el monte de los Olivos, consignada en Mateo 24, Marcos 13 y Lucas 21.
Los discípulos le habían preguntado a Jesús en privado cuándo ocurriría su segunda venida, así como el fin de este mundo y el comienzo del feliz mundo de mañana. Jesús respondió que la SEÑAL de que era INMINENTE sería la predicación de su evangelio del reino de Dios en todo el mundo como testimonio a todas las naciones (Mateo 24:14).
¿Qué más sucedería antes de su llegada?
Jesús dijo: “Porque habrá entonces GRAN TRIBULACIÓN, cual no la ha habido desde el principio del mundo hasta ahora, ni la habrá. Y si aquellos días no fuesen acortados, nadie sería salvo [con vida]; mas por causa de los escogidos, aquellos días serán acortados” (Mateo 24:21-22).
Aquí se describe un período de gran calamidad, la peor TRIBULACIÓN de toda la historia. Jeremías lo describió como un “tiempo de angustia para Jacob”, tanto que “no hay otro semejante a él” (Jeremías 30:7).
Daniel también describió este período calamitoso. Refiriéndose a un momento que ya es inminente, Daniel predijo: “En aquel tiempo se levantará Miguel, el gran príncipe [arcángel] que está de parte de los hijos de tu pueblo; y será tiempo de angustia, cual nunca fue desde que hubo gente hasta entonces” (Daniel 12:1).
Estas profecías se refieren al mismo castigo intenso sobre los Estados Unidos e Inglaterra. Y luego ¿qué? “Pero en aquel tiempo será libertado tu pueblo, todos los que se hallen escritos en el libro. Y muchos de los que duermen [están muertos] en el polvo de la tierra serán despertados [en la RESURRECCIÓN], unos para vida eterna …” (versículos 1-2). Se trata del tiempo inmediatamente antes de la RESURREC CIÓN de los justos, a la venida de Jesucristo.
La segunda venida de Cristo pondrá fin a la civilización de este mundo y dará comienzo al feliz, pacífico y maravilloso mundo de mañana.
Capítulo VI
EL MISTERIO DE LA IGLESIA
El misterio más grande de todos tal vez no parezca tan misterioso a primera vista. La razón es que el verdadero propósito y el significado de la Iglesia son tan incomprendidos como la Biblia misma.
Para los que no conocen la clave de este misterio, la revelación de su verdad los dejará sorprendidos. La verdad acerca de la Iglesia, la razón de su existencia y su propósito, ha permanecido oculta aun a los ojos de la cristiandad tradicional.
Lo anterior está íntimamente ligado con el evangelio de Jesucristo. El hecho de que el evangelio de Cristo haya dejado de proclamarse al mundo desde aproximadamente el año 50 hasta el año 1953 de nuestra era, es algo como para dejarnos atónitos. El apóstol Pablo lo había predicho al decir: “Pero si nuestro evangelio está aún encubierto, entre los que se pierden está encubierto; en los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios” (II Corintios 4:3-4). Millones han leído este pasaje sin captar su verdadero significado.
La Iglesia: exclusivamente del mundo cristiano
El término iglesia se aplica sólo a la religión cristiana. (La religión cristiana, en su acepción general, es la religión más grande del mundo en cuanto a número de seguidores profesos.) Otras religiones tienen mezquitas, sinagogas y templos. Pero ¿es la Iglesia un edificio? Muchos lo creen así, y esto refleja su ignorancia del propósito y significado de la Iglesia. En este capítulo nos ocuparemos precisamente de la Iglesia que, despojada del misterio que la rodea, es algo de primerísima importancia para todas las personas de la tierra.
La Iglesia, fundada por Jesucristo, tiene un significado importantísimo para todo ser humano que jamás haya existido. Pero casi nadie conoce ese significado.
Aun dentro del mundo cristiano, la apostasía, las divisiones y el tiempo han borrado el significado original y el propósito de la Iglesia, de manera que se han convertido en un verdadero misterio.
La palabra iglesia en castellano es una traducción del griego ekklesía, que significa la asamblea de los llamados o convocados. En tiempos del Antiguo Testamento, Israel se llamaba una “congregación”, y en ciertos aspectos esta palabra es sinónima de iglesia. Sin embargo, en el sentido bíblico hay una clara diferencia entre los términos iglesia y congregación. La congregación de Israel estaba apartada como nación, pero los israelitas no eran personas llamadas en el sentido espiritual, como lo son los miembros de la Iglesia del Nuevo Testamento.
Lo que ha permanecido oculto aun a los ojos de la cristiandad tradicional es el verdadero propósito de la Iglesia, la razón por la cual Jesucristo, el segundo Adán, fundó su Iglesia.
El verdadero propósito de la Iglesia
Diré primero lo que la Iglesia no era y no es, aunque será una gran sorpresa para casi todos los lectores. La Iglesia no es el instrumento mediante el cual Dios pretende “salvar al mundo”. Pocos han notado que Jesús no hizo ningún intento de ganar conversos ni invitó a la gente a “entregarle su corazón” ni a “aceptarlo como su Salvador personal”.
Por el contrario, “llamó” o reclutó a 12 discípulos. La palabra discípulo significa estudiante o alumno. Los 12 eran alumnos de Jesús, quien les enseñaba el evangelio del reino de Dios. Esto tiene que ver con el propósito que Dios tuvo al crear al género humano, mas este propósito fue rechazado, y luego perdido, por el primer hombre creado: Adán.
En esto punto conviene repasar. Dios es el Creador y Gobernante supremo de toda su creación. Colocó al arcángel Lucero en el trono de la tierra como administrador del gobierno divino. El gobierno de Dios se basa en la ley de Dios, y ésta es un camino de vida, ei camino del amor altruista.
Al rechazar el gobierno de Dios, Lucero se convirtió en Satanás y gobernó según el camino de vida opuesto, de rebeldía, egocentrismo y contienda.
Adán, el primer ser humano creado, tuvo la oportunidad de recibir la vida divina eterna obedeciendo a Dios y acatando la ley y el gobierno divinos. Podría haber remplazado a Satanás en el trono de la tierra, pero rechazó el gobierno y el camino de Dios. Así, Satanás quedó en el trono donde hoy sigue gobernando. Adán y la familia humana fueron secuestrados y engañados y así adoptaron el camino hostil y egocéntrico de Satanás. Entonces Dios negó el acceso al árbol de la vida y al Espíritu Santo hasta que Jesucristo, el segundo Adán, conquistara a Satanás y lo remplazara en el trono. En su primera venida, cuando estuvo en la tierra como hombre, Jesucristo no vino a arrebatar el trono sino a vencer a Satanás, a mostrarse apto para remplazarlo en el trono y para pagar con su sangre derramada el rescate del mundo secuestrado.
Ahora bien, ¿por qué existe la Iglesia? Jesucristo también vino para llamar a algunos elegidos a salir del mundo de Satanás, para que abandonaran sus caminos y siguieran los caminos de la ley de Dios, a fin de mostrarse aptos para reinar con Cristo cuando venga a remplazar al diablo. Los llamados a la Iglesia no fueron llamados solamente para recibir la salvación y la vida eterna, sino también para aprender el camino del gobierno de Dios y desarrollar el carácter divino durante esta vida mortal en la era de la Iglesia.
La Israel del Antiguo Testamento recibió siete fiestas anuales ordenadas para siempre (ver Levítico 23). Su verdadero significado fue un misterio oculto por mucho tiempo. Representan el plan divino de redención, el plan mediante el cual Dios se está reproduciendo a sí mismo. La Pascua representa la muerte de Cristo en pago por el pecado humano (únicamente cuando ha habido verdadero arrepentimiento). Los siete días de la Fiesta de los Panes sin Levadura muestran cómo la Iglesia sale del pecado de la misma manera como Israel salió de Egipto. La Fiesta de Pentecostés, llamada originalmente la Fiesta de las Primicias, muestra a los miembros de la Iglesia como los primeros en ser engendrados y en nacer como hijos de Dios durante esta era. La Fiesta de las Trompetas representa la segunda venida de Cristo para asumir el trono de la tierra y gobernar a todas las naciones. El Día de la Expiación muestra el destierro de Satanás. La Fiesta de los Tabernáculos representa el reinado de mil años bajo el gobierno de Cristo y los hijos de Dios. El Ultimo Gran Día representa el juicio final, del cual hablaremos en el capítulo vil. Ahora volvamos al tema de este capítulo: la Iglesia.
La institución de la Iglesia
¿Qué es la Iglesia? ¿Por qué existe? La institución de la Iglesia no parecería un misterio a primera vista. El mundo occidental da por sentada la existencia de las iglesias como una faceta más de la vida civilizada.
¿POR QUÉ existe la institución de la Iglesia en el mundo? ¿POR QUÉ se instituyó y con qué propósito?
Si preguntáramos a personas en el mundo no cristiano, donde tienen acogida otras religiones, probablemente no nos darían una respuesta. Es poco lo que saben sobre la Iglesia. Los que siguen la corriente de un cristianismo más modernista y liberal probablemente dirían que la Iglesia existe simplemente como un apoyo emocional, por su influencia sicológica sobre los que no han acogido la teoría de la evolución tal como se acepta en la educación superior.
Si preguntáramos a los que siguen las enseñanzas de alguna corriente evangélica cristiana, probablemente dirían que la Iglesia es el instrumento de Dios en su empeño por salvar al mundo del fuego eterno del infierno. Estas personas creen que la Iglesia es un lugar donde se acude para la salvación del alma. Si la Iglesia se fundó como instrumento para “salvar a la gente”, entonces pregunto: ¿Qué medio utilizó Dios para tratar de salvar a los seres humanos antes de que Jesucristo fundara la Iglesia?
Cristo no vino hasta 4.000 años después de Adán y del pecado original. Si Dios ha estado tratando de convertir al mundo, ¿de qué medios se valió durante esos 4.000 años entre Adán y Cristo? Como hemos visto en el capítulo iu, Dios negó el acceso al árbol de la vida en tiempos de la fundación del mundo. El Espíritu Santo y la salvación le han sido negados al mundo durante todos estos años.
Pero en vista de lo revelado por el Dios todopoderoso en su Palabra, y que hemos explicado en los capítulos anteriores, todas estas suposiciones son erradas. Son apenas el testimonio vociferante de aquel hecho expresado en Apocalipsis 12:9: que todo el mundo ha sido engañado por Satanás el diablo. La mente del hombre está cegada a la verdad del propósito de Dios, como afirma II Corintios 4:3-4.
La existencia de la Iglesia, pues, se convierte en un verdadero misterio para casi todos los habitantes de la tierra.
Con cierta frecuencia escuchamos noticias acerca de alguna iglesia. Al hablar de iglesia la gente piensa en un edificio o quizá una secta que aparece en las noticias. No se le ocurre pensar que la existencia de la Iglesia pueda ser un misterio. Mas cuando preguntamos por qué existen las iglesias y cómo se creó la institución de la Iglesia, cuál es su razón o propósito, y si tiene alguna importancia la iglesia a la cual pertenecemos, entonces empieza a surgir como un misterio. La mayoría de las personas no tienen respuesta.
Los hechos que rodean el origen de la Iglesia y su propósito se revelan en aquel libro de misterios que es la Santa Biblia. La aclaración de este misterio tomará más páginas de este volumen que cualquier otro tema.
Mi experiencia personal
Recuerdo mi propia experiencia, semejante a la de muchas personas. Mis padres eran miembros de una respetada iglesia del cristianismo tradicional, como lo habían sido sus familias por muchas generaciones. Desde mi infancia me llevaron a los servicios religiosos y los consideré como parte normal de la vida. Iba todos los domingos porque mis padres me llevaban. Continué la costumbre hasta la edad de 18 años. Nunca se me ocurrió preguntar por qué debía ir ni cómo se había originado la iglesia ni cuál era su verdadero significado o propósito.
En aquellos años nunca experimenté la “conversión”. Cuando alcancé la edad de la adolescencia me dijeron que tenía derecho, por nacimiento, de pertenecer a la iglesia. Daba por sentado que yo era un alma inmortal y que cuando muriera no moriría en realidad sino que pasaría al cielo donde no tendría responsabilidad alguna sino una vida de ocio y comodidad envuelto en gloria sublime para siempre.
Pero la religión y las doctrinas no me interesaban. Simplemente iba a los servicios religiosos por considerarlos una fase más de la vida. No tenía verdaderas inquietudes espirituales ni religiosas. A la edad de 18 años, cuando me inicié en el negocio de la publicidad, perdí todo interés en la religión y las cosas de Dios, hasta dejar de asistir regularmente a los servicios religiosos. Seguía creyendo en Dios… o mejor dicho, daba por sentada la existencia de Dios, pues era lo que me habían inculcado desde la cuna.
A la edad de 25 años conocí a una joven muy especial y contraje matrimonio con ella. Le interesaban las cosas de Dios y comenzamos a pensar que convendría afiliarnos a alguna iglesia. En la familia de mi madre había cuáqueros y metodistas. No había una iglesia cuáquera en nuestro vecindario en Chicago. Nos afiliamos a una iglesia metodista porque quedaba a corta distancia de nuestra casa, porque nos gustaba la personalidad del ministro y porque los miembros nos parecían simpáticos. Creo que la nuestra fue la experiencia típica de millones de personas. Nunca se me ocurrió preguntar, y ni siquiera pensar, por qué debíamos ir al culto ni para qué se había creado la institución de la Iglesia. Al igual que millones, di por sentado que la gente “buena” iba a la iglesia y que nosotros debíamos hacer otro tanto.
La Iglesia y la historia
Ahora pregunto si alguien ha cavilado sobre la razón o el propósito de la Iglesia como una institución. ¿Sabe ALGUIEN POR QUÉ HAY iglesias? ¿Tienen éstas alguna RAZÓN de ser? El hecho de que haya una iglesia conocida como “cristiana” es en sí uno de los grandes misterios de nuestros tiempos. El tema me recuerda que sin haber vivido y visto los sucesos de los últimos 6.000 años que llevaron hasta el presente, no podemos captar el verdadero significado y el propósito de la Iglesia. En este capítulo, pues, analizaremos la Iglesia dentro de su verdadera relación con los sucesos descritos en los primeros cinco capítulos de este libro.
Nuevamente preguntamos: ¿Qué es la Iglesia?
La mayoría de las personas piensan que una iglesia es un edificio de techo inclinado y campanario que se dirige al cielo. Los diccionarios definen la palabra iglesia como un edificio. Pero cuando se fundó en un principio, era algo totalmente distinto.
Supongamos que una iglesia fuera un edificio adonde va la gente el domingo por la mañana para el “culto”. El concepto más generalizado es que las personas van a la iglesia. Pero tal como se fundó en tiempos del Nuevo Testamento, era la Iglesia la que iba a un edificio, que primero era una casa particular. Y la Iglesia no se reunía los domingos sino los sábados.
Las iglesias de hoy difieren mucho de lo que Cristo instituyó. Este hecho también está envuelto en el misterio, y casi nadie lo entiende. ¿Qué propósito tuvo Cristo al fundar la Iglesia? ¿Qué le ha sucedido desde entonces?
Algunos saben que Cristo fundó la Iglesia, pero ¿qué y quién es Cristo? Y si fue el fundador de la Iglesia, ¿para qué la fundó? Cristo fundó una sola Iglesia, pero el mundo occidental tiene muchas: católica, protestante e independientes.
dentro de ellas hay muchas sectas, divisiones o congregaciones, cada una con sus propios credos, enseñanzas, ritos y programas.
La Iglesia empezó siendo una sola. Tal como se consigna en I Corintios 12, la Iglesia constaba de muchos miembros pero era un solo cuerpo, una sola Iglesia, con Jesucristo a la cabeza.
En la primera parte de este capítulo nos ocuparemos principalmente de cuatro preguntas básicas que constituyen un misterio. Es preciso aclararlas.
¿Qué y quién es Cristo? ¿Por qué vino a la tierra?
¿Qué es la Iglesia y por qué se originó?
¿Cuál es el evangelio que la Iglesia debe proclamar?
¿Cuál es la historia de la Iglesia? ¿Por qué es tan diferente el cristianismo hoy de lo que fue en sus comienzos en el primer siglo de nuestra era?
Institucionalmente, la Iglesia hoy es considerada como un organismo religioso, una asociación o sociedad. Los “piadosos” deben pertenecer a alguna iglesia. Existen los “buenos” y los “malos”, y los primeros son piadosos. ¿A qué iglesia o secta debemos pertenecer? ¿Acaso importa que sea una u otra?
Un ministro sin fieles
Recuerdo un incidente que ocurrió hace más de 50 años. Estando aún en la ciudad de Eugene, Oregon, se me acercó un ex ministro quien se había casado hacía poco. Su esposa era adinerada, mas por orgullo él no quería que ella lo mantuviera. No había estado empleado en el ministerio por algún tiempo, pero ahora necesitaba trabajo.
—¿Sabe de alguna vacancia para un ministro en este condado? —me preguntó—. Mi deseo es mantener a mi esposa, pero ella quiere quedarse viviendo por estos lados.
—Sí, sé de una vacancia —le repuse—, pero a usted no le serviría porque es una iglesia cristiana y usted es metodista, con diferentes creencias y prácticas.
—Eso no importa —se apresuró a explicarme—; yo predicaré las doctrinas que ellos quieran.
¿No importa acaso lo que creemos? Dejemos que la Palabra de Dios nos responda.
La Iglesia parece ser algo relacionado con el culto colectivo. Se refiere, supuestamente, al culto de Dios.
Pero si Dios tiene que ver con la Iglesia, ¿cuál es su relación con ella? ¿Cómo empezó la Iglesia? Todo esto es un misterio para el mundo de hoy.
Por allá en el año de 1927, cuando mi estudio intensivo de la Biblia me estaba acercando a la conversión, me hice este tipo de preguntas. Supongo que la mayoría de las personas nunca se las han hecho.
En el idioma griego del Nuevo Testamento la Iglesia es llamada la ekklesía, que significa la asamblea de los llamados o convocados: una asamblea, una congregación, una reunión o un grupo. La palabra ekklesía no tiene nada de sagrado, pero sí lo tiene el nombre de la Iglesia, que aparece 12 veces en el Nuevo Testamento: la “Iglesia de Dios”. La Iglesia del
Antiguo Testamento fue la “congregación de Israel”, o sea los descendientes del patriarca Jacob.
Por qué fundó Jesús la Iglesia
El primer pasaje del Nuevo Testamento en que aparece la palabra iglesia es Mateo 16:18, donde Jesús le dice a Simón Pedro: “Edificaré mi iglesia”. Como dijimos antes, la palabra griega inspirada fue ekklesía, que significa los convocados. Dicho más claramente en castellano, Jesús declaró: “Llamaré discípulos para que salgan del mundo de Satanás, para que crezcan hacia el mundo nuevo y totalmente distinto que será el reino de Dios”. Y en Efesios 5:23 se afirma que Jesús es la cabeza de la Iglesia.
Esto, pues, sabemos. Sea lo que fuere la Iglesia, pertenece a Dios, y su nombre es Iglesia de Dios. Jesucristo es su fundador y su cabeza viviente.
Pero si es la Iglesia de Dios, si Jesucristo la fundó y la encabeza hoy, entonces es algo importante para Dios. Por lo tanto, ¡es vital que la entendamos! Debemos tener en cuenta lo que sucedió antes, los antecedentes de la Iglesia, a fin de entender POR QUÉ la creó el Cristo viviente, y para entender QUÉ es y qué lugar ocupa dentro del PROPÓSITO divino que se está cumpliendo en la tierra.
La Iglesia del Antiguo Testamento
La Israel del Antiguo Testamento tenía una función dentro de la preparación para el reino de Dios. La primera mención de la Iglesia en la Biblia, cronológicamente hablando, aparece en Hechos 7:38, donde se habla de la “congregación en el desierto” en el monte Sinaí bajo Moisés. Cuando la Biblia habla de Israel como iglesia, suele emplear la palabra “congregación”.
Sin embargo, como veremos, la Iglesia del Nuevo Testamento es enteramente distinta de la “congregación de Israel”, y también lo es su propósito. Muy pocos han entendido que no se podía proclamar el evangelio al mundo y que la congregación llamada por Dios no podía recibir el Espíritu Santo
hasta QUE Jesús se hubiera mostrado apto venciendo a Satanás, y b) hasta que hubiera sido glorificado luego de ascender al cielo (ver Juan 7:37-39).
Esto es algo que ni siquiera los jefes religiosos y los teólogos de hoy comprenden. Es un verdadero misterio que necesita revelarse y despejarse. Ahora entendamos claramente qué y quién es Cristo.
Ya hemos visto en el capítulo i que Cristo, en la eternidad antes de la existencia del mundo, fue el Logos o Verbo que también era Dios, y que nació como Jesús, Hijo de Dios. Ahora bien, como Hijo de Dios, ¿qué era Jesús? La Biblia lo llama el segundo o postrer Adán (I Corintios 15:45). ¿Por qué fue llamado así?
El primer Adán tuvo la oportunidad de tomar del árbol de la vida, que significaba la vida divina. Entonces habría obedecido a Dios y habría remplazado a Satanás en el trono de la tierra. Jesús vino para hacer precisamente eso, para llenar los requisitos como remplazo de Satanás en el trono y para dar comienzo al gobierno de Dios en la tierra con aquellos llamados a salir del mundo de Satanás.
Vino también con un mensaje de Dios, llamado el evangelio. En realidad, su evangelio, o sea el mensaje que Dios envió por medio de El, era la buena noticia del reino de Dios. El reino de Dios, como veremos, será la restauración del gobierno de Dios sobre la tierra cuando Satanás sea depuesto.
Jesús vino también para edificar su Iglesia, así como para pagar el rescate por un mundo secuestrado, y con ese rescate: su muerte, pagar la pena incurrida por todos los hombres por sus pecados.
Jesús: gobernante y rey de la tierra
Además, hay algo que casi nadie entiende, ni siquiera los teólogos: ¡Jesús nació para ser rey!
En el juicio de vida o muerte ante Pilato, éste le preguntó: “¿Luego, eres tú rey?” Y Jesús respondió: “Tú dices que yo soy rey. Yo para esto he nacido, y para esto he venido al mundo” (Juan 18:37). Jesús también dijo (versículo 36): “Mi reino no es de este mundo … [si lo fuera] mis servidores pelearían”. Con esto mostró que el actual mundo es de Satanás. Jesús vino a llamar personas para que salieran de este mundo y se preparasen para enseñar y gobernar bajo El cuando sea Rey y asuma el trono de la tierra.
Antes de que María concibiera, Dios le había dicho por medio de su ángel: “Y ahora, concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre Jesús. Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre; y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin” (Lucas 1:31-33). Su evangelio fue la buena noticia de ese reino, el reino de Dios.
Es importante que entendamos en este punto que durante su vida humana Jesús fue al mismo tiempo Dios y hombre. La profecía de Isaías 7:14 habla de María, madre de Jesús, como la virgen que tendría un hijo. El nombre del Hijo según esta profecía sería Emanuel, que significa “Dios con nosotros” (Mateo 1:23). En otras palabras, Jesús era Dios y también era hombre. No tuvo padre humano. Su padre fue el Dios todopoderoso quien lo engendró por medio de su Santo Espíritu.
Pero si bien Jesús fue “Dios con nosotros”, también fue humano como todos nosotros, y sujeto a las tentaciones como lo somos todos. Aun siendo Dios en la carne, se desempeñó en su ministerio como ser humano. Recordemos que El fue el segundo Adán. Era necesario que como humano rechazara el “árbol prohibido” y aceptara el árbol de la vida. Era necesario que hiciera lo que pudo haber hecho el primer Adán: optar por confiar enteramente en Dios el Padre. Dios estaba dentro de Jesús y éste obedecía a su Padre en todo. Así llenó los requisitos para quitarle a Satanás el trono de la tierra.
Jesús era Dios
¿Por qué era necesario que Jesús fuese Dios en carne humana? ¿Por qué tenía que ser Dios? ¿Por qué tenía que ser hombre? Como Dios, era el Hacedor de toda la humanidad. Colosenses 1:16 revela que Dios creó todas las cosas por medio de Jesucristo. Cuando Cristo nació como humano, su vida como Hacedor nuestro era muy superior a la suma total de todas las vidas humanas. Como son los hombres los que han pecado y caído bajo la pena de muerte, la ley de Dios exigía la muerte humana como pena por los pecados del hombre. Siendo Jesús nuestro Hacedor, era el único hombre cuya muerte podía pagar la pena por los pecados de todos.
Esta era la única manera como el Dios creador podía redimir a una humanidad condenada a la pena de muerte.
Azotado por nuestra curación
Debemos tener presente que si bien Jesús fue Dios en la carne, también fue humano como nosotros. Podía sufrir los mismos dolores físicos. Había sido condenado a muerte por el gobernador romano Poncio Pilato a instancias de la turba judía vociferante.
Jesús era un hombre joven, fuerte y vigoroso de unos 33 años de edad y en óptimas condiciones de salud. Como nunca quebrantó ni siquiera uno de los principios de la buena salud, sufrió el proceso de la muerte como ningún otro ser humano. Había pasado la noche en vela, en juicio delante de Pilato, quien a la mañana siguiente lo entregó para ser azotado.
La costumbre romana consistía en desnudar a la persona hasta la cintura, colocarla de rodillas con el cuerpo doblado hacia adelante y amarrarla a un poste. Se le castigaba con un azote hecho de tiras de cuero que llevaban trozos de plomo, astillas de hueso y pedazos de metal cortante colocados en las tiras a intervalos de 10 a 12 centímetros. El propósito era que al golpear y enroscarse en el cuerpo de la persona, se clavaran profundamente en su carne. La víctima era azotada hasta que la carne se desgarraba, aun dejando al descubierto las costillas, para debilitarla de modo que muriera rápidamente en el madero.
El profeta Isaías predijo: .. tan desfigurado tenía el aspecto que no parecía hombre, ni su apariencia era humana” (Isaías 52:14, Biblia de Jerusalén).
Jesús sufrió esta tortura tan indescriptible para que los creyentes pudieran ser sanados de sus transgresiones espirituales y de sus dolencias y enfermedades (Isaías 53:5; I Pedro 2:24). ¡Qué espantoso precio pagó nuestro Hacedor para que nosotros, creyendo, pudiésemos ser sanados, no sólo de nuestros pecados sino también sanados física, mental y emocionalmente! Sin embargo, casi todos los que se dicen creyentes ignoran lo que hizo su Salvador por ellos.
Jesús quedó tan debilitado por este terrible suplicio que no pudo llevar la cruz, como se le exigía, sino que necesitó ayuda.
La muerte más cruel e ignominiosa
Fuera de los muros de la ciudad, en el lugar llamado de la Calavera (Gólgota), Jesús fue clavado en la cruz. Lo humillaron, le escupieron el rostro, se burlaron y mofaron de El.
Más aún, por haber llevado nuestros pecados sobre sí en ese momento a fin de pagar la pena en lugar nuestro, fue abandonado aun por Dios su Padre. Mientras colgaba inerme en la cruz, un soldado lo atravesó con una lanza. Jesús gritó de dolor, y luego murió (Mateo 27:50). El hizo esto porque usted y yo hemos quebrantado la ley de Dios. Hizo el sacrificio más grande posible por usted y por mí.
Hay otra verdad de suprema importancia. La resurrección de Jesús fue la de un ser humano y la única que podía hacer posible la resurrección de los hombres a la vida inmortal.
Ahora veamos otra profecía esencial en Isaías 9:6-7: “Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de paz. Lo dilatado de su imperio y la paz no tendrán límite, sobre el trono de David y sobre su reino, disponiéndolo y confirmándolo en juicio y en justicia desde ahora y para siempre. El celo del Eterno de los ejércitos hará esto”.
Nótese que el gobierno estaría sobre su hombro. Jesús va a ser Rey sobre toda la tierra. Y una de las razones de su primera venida fue anunciar aquel reino. El evangelio de Jesús no sólo era una buena noticia sino un anuncio o proclamación de la buena noticia acerca del futuro reino de Dios. La tragedia es que la cristiandad tradicional ha abandonado y perdido aquel mensaje evangélico glorioso y vital remplazándolo con su propio evangelio acerca de la persona de Cristo.
Jesús nació como hombre para convertirse en Rey y para establecer, ulteriormente, el REINO DE Dios que regirá a todo el mundo bajo el GOBIERNO de Dios. Ahora bien, ese gobierno necesitará más gente. El rey, presidente o jefe de estado de cualquier nación gobierna con una organización más o menos grande formada por personas que administran las distintas fases o departamentos bajo él. Asimismo, Cristo necesitará un gobierno organizado con más gente capacitada para gober­nar bajo Él. Jesús dijo: “Edificaré mi iglesia” (Mateo 16:18). La Iglesia había de estar conformada por muchas personas que serían llamadas para salir del mundo de Satanás a fin de aprender y capacitarse para ocupar distintos cargos en el gobierno bajo Cristo cuando Él venga a regir a todas las naciones.
Jesús: Salvador espiritual
Jesús vino también como Salvador espiritual para, a su debido tiempo, salvar al pueblo de Dios de sus pecados de modo que pudiera nacer dentro de la FAMILIA DIVINA (Mateo 1:21).
Recordemos que el acceso al árbol de la vida, símbolo del Espíritu Santo, le fue negado a la humanidad desde la fundación del mundo cuando Adán pecó. Lo que el mundo no entiende es que Dios ha negado el acceso a su Espíritu hasta que el segundo Adán deponga a Satanás y restablezca el gobierno de Dios en la tierra.
En cuanto a la humanidad en general, en tiempos del pecado de Adán se decretó que los hombres murieran una vez, y luego, mediante la resurrección, vinieran a juicio (Hebreos 9:27).
El Espíritu Santo no fue dado al pueblo de la antigua Israel. Como Dios llamó a los profetas para un fin especial dentro de la preparación de la salvación humana, era necesario hacer una excepción y dotarlos del poder del Espíritu Santo a fin de que pudieran cumplir su cometido.
De la misma manera, cuando Dios empezó a llamar a su Iglesia por medio de Jesucristo, para cumplir una función especial en los preparativos del reino y gobierno divinos sobre todas las naciones, se hizo necesaria la misma excepción para la Iglesia de modo que recibiera el poder del Espíritu Santo.
Dios definitivamente no dio a sus profetas el poder del Espíritu Santo tan sólo para otorgarles la salvación. De igual manera, Dios no llamó a los santos para que salieran de este mundo únicamente con el fin de que obtuvieran su propia salvación y la entrada a su reino. Si así fuera, Dios haría acepción de personas, llamando a los pocos miembros de su Iglesia ahora y negando la salvación a los demás.
Si Dios está ofreciendo la salvación a los pocos miembros de su Iglesia con el único fin de darles la salvación, excluyendo a la arrolladora mayoría de los hombres hasta más tarde, entonces hace acepción de personas y discrimina contra la humanidad en general. Jesús dijo claramente que ninguno puede venir a El si el Padre no lo llama (Juan 6:44). Los cristianos profesos creen precisamente lo contrario. El cristianismo falso enseña que Dios está llamando y tratando de salvar a todo el mundo ahora. Si así fuera, Satanás ciertamente estaría ganando la batalla, pues la gran mayoría de los hombres saben poco o nada acerca de Cristo y de la salvación que se puede alcanzar por medio de El.
La salvación: todo en orden
El plan maestro de Dios dispone que se ofrezca la salvación y la vida eterna a todos los hombres, pero todo a su debido tiempo.
Los llamados a salir del mundo y a formar parte de la Iglesia ahora, son llamados para cumplir un propósito y una obra específica. Esta obra específica hace posible la capacitación espiritual que ayudará a convertir a la humanidad entera. Estas personas son llamadas en un momento cuando Satanás y el resto del mundo las persigue y las ataca. El resto del mundo será llamado cuando Satanás ya no esté y tendrán la ayuda de Cristo y los santos hechos inmortales en el reino de Dios. Este hecho no lo entiende el mundo ni el cristianismo tradicional porque Satanás ha cegado su mente (II Corintios 4:4). Satanás ha engañado al mundo entero, incluso a la cristiandad tradicional (Apocalipsis 12:9).
Ni los cristianos profesos, ni sus jefes eruditos, ni los teólogos comprenden los PROPÓSITOS para los cuales Cristo tuvo que venir a la tierra.
Por qué vino Jesús
Jesús no vino para salvar al mundo de Satanás mientras el diablo ocupa el trono y engaña a los hombres. Jesús salvará al mundo a su segunda venida, cuando Satanás sea depuesto. Entonces ¿para qué vino Jesús hace más de 1.900 años? No para gobernar, no para reinar sobre las naciones, no para salvar al mundo mientras Satanás sigue gobernándolo.
Su nacimiento humano fue la venida del “segundo Adán”. Jesús vino 1) para mostrarse apto (cosa que Adán no logró hacer) para remplazar al ex arcángel Lucero en el trono de la tierra, gobernando con el gobierno de Dios. Vino también 2) para anunciar el futuro establecimiento del reino de Dios y enseñar aquella buena noticia profética (el evangelio) a sus futuros apóstoles. Vino 3) para tomar sobre sí, como Creador nuestro, las penas por nuestros pecados mediante su muerte en la cruz, de modo que pudiéramos participar en ese mundo. Y vino 4) para que Dios lo resucitara de la muerte haciendo así posible la vida divina y eterna para el pueblo de Dios y (después de su segunda venida) para todos los hombres que hayan existido y que estén dispuestos a recibir esa vida. Por último, vino 5) a establecer la Iglesia de Dios, la cual había de capacitarse para gobernar bajo El.
Satanás sigue reinando
Mientras tanto, durante 4.000 años desde tiempos del primer Adán, el astuto y maligno Satanás ha estado desorientando y gobernando a una humanidad enajenada de todo contacto y conocimiento de Dios. El diablo sigue ocupando aquel trono de poder, si bien no administra el gobierno de Dios sino que desorienta a toda la humanidad sutilmente haciéndola vivir de un modo diametralmente opuesto a la ley del gobierno divino, es decir, siguiendo el camino de la vanidad, la codicia, la competencia, la contienda y la violencia en vez del camino de Dios que es amor, cooperación, paz, felicidad y alegría.
No bien hubo nacido el niño Jesús, cuando Satanás se valió del rey Herodes, nombrado por Roma, para tratar de matar al futuro Rey (Mateo 2:13-15). Pero Dios advirtió a José y María diciéndoles que huyeran a Egipto con el niño y que permanecieran allí hasta la muerte de Herodes.
Cuando Jesús tenía como 30 años de edad, estaba listo para empezar a escoger a sus apóstoles y para proclamar y enseñarles el mensaje que traía de Dios: su evangelio. Mas primero era imperativo que se mostrara apto para remplazar a Satanás y establecer el reino de Dios, y esto lo haría venciendo al diablo.
Esta fue quizá la confrontación y la batalla más importante, trascendental y decisiva de todos los tiempos y en todo el universo. Se describe en detalle en el capítulo 4 del Evangelio de Mateo.
La titánica batalla de los siglos
Jesús ayunó 40 días y 40 noches. No ingirió comida ni agua, pero en su debilidad física se fortaleció espiritualmente.
Satanás se valió de sus poderes de engaño más hábiles y sutiles. Debió pensar que podía conquistar y vencer a Cristo espiritualmente. Satanás bien sabía que su lucha era por impedir que lo destronaran.
Dirigió el primer golpe hacia los puntos que le parecieron más vulnerables física y espiritualmente. Un hombre que no había ingerido agua ni alimento en 40 días seguramente estaría tan débil que cedería ante cualquier tentación de comida. Y al mismo tiempo, la debilidad espiritual más vulnerable es la VANIDAD.
“Si..dijo Satanás tentándolo con aquella palabrita tan despectiva y tan eficaz: “SI eres Hijo de Dios”. Un hombre cualquiera se habría sentido ofendido, indignado. Habría respondido desafiante: “¿Cómo que SI soy el Hijo de Dios? ¡Te mostraré que soy el Hijo de Dios!”
En esta primera arremetida Satanás dijo: “Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan” (Mateo 4:3). En otras palabras: “El Hijo de Dios puede hacer milagros. Demuéstrame que eres el Hijo de Dios. Estás medio muerto de hambre. Haz un milagro. Consigue alimento mediante un prodigio”. Pero Jesús se limitó a responder citando y obedeciendo la Palabra de Dios: “Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (versículo 4).
Jesús no se había dejado vencer por este primer golpe, pero Satanás insistió. Llevándolo a Jerusalén, lo puso sobre el pináculo del templo y siguió poniendo en duda el hecho de que fuera el Hijo de Dios. “SI eres Hijo de Dios, échate abajo; porque escrito está: A sus ángeles mandará acerca de ti, y, En sus manos te sostendrán, para que no tropieces con tu pie en piedra” (versículo 6). Ahora Satanás citó las Escrituras, pero las aplicó erróneamente, torciendo su significado, tal como hacen tantos eruditos influidos por él.
Jesús respondió: “Escrito está también: No tentarás al Señor tu Dios” (versículo 7). Esta cita es de Deuteronomio 6:16 y se refiere a tentar a Yahvéh (Yhwh en hebreo), el miembro de la Divinidad que nació en carne humana, o sea el mismo Jesucristo. Aun así, Satanás persistió. Llevando a Jesús a la cima de un monte, le mostró todos los reinos del mundo y su gloria: “Todo esto te daré, si postrado me adorares” (Mateo 4:9).
Jesús no negó que Satanás tenía dominio sobre las naciones del mundo. Esta era una tentación que le ofrecía el poder inmediato. Satanás bien sabía que Jesús heredaría todos estos reinos más de 1.900 años después. Pero lo tentó ofreciendo entregarle el poder inmediatamente.
Pero Jesús decidió que había llegado el momento de TERMINAR esta batalla colosal por el dominio del mundo. Ahora le espetó una ORDEN, ¡mostrando que el amo era El!
“¡Vete, Satanás!”, le ordenó Jesús con autoridad suprema (versículo 10). Satanás se escurrió. Pero no dio por terminada su lucha, ni la ha dado por terminada hoy. ¡Sigue peleando contra la IGLESIA de Dios!
Jesús se hizo apto
Jesucristo, el segundo Adán, ¡se hizo apto! Hasta ese momento, la buena noticia del futuro reino de Dios no podía anunciarse al mundo. Ahora el Hijo de Dios había resistido y conquistado a Satanás y se había mostrado apto para restaurar el GOBIERNO DE DlOS y para establecer el REINO DE DIOS en la tierra. ¡Ahora le corresponde a la Iglesia mostrarse apta para gobernar con El!
Jesús vino, entre otras cosas, para sacar a su Iglesia del mundo. Los llamados habían estado en este mundo y habían formado parte de él. Cada uno se había acarreado la pena capital por sus pecados. Pero Dios había creado todas las COSAS por medio del Verbo, quien se convirtió en Jesucristo. Por lo tanto, ¡la vida de Jesús era más valiosa que la vida de toda la humanidad!
Imagínese al hijo del individuo más rico y poderoso del mundo. Este hijo, como heredero suyo, recibirá toda su inmensa riqueza. Se le ha asignado ya una porción grande de esta herencia. El joven siente profundo afecto por cierto amigo, pero el amigo se ha endeudado enormemente y ha cometido un crimen. Aunque se arrepiente profundamente, no puede salvarse de la cárcel por el robo cometido. Sintiendo compasión por su amigo, el hijo paga la sanción con su propio dinero. La deuda de su amigo culpable queda pagada, y ya su culpa, su enorme obligación, no está sobre él. ¡El amigo ha quedado libre de su obligación y de la sanción!
Toda la humanidad siguió a Adán y trajo sobre sí la pena de MUERTE. Antes de que Jesús (el Verbo), ahora el Hijo de Dios, pudiera fundar su Iglesia, los llamados a salir del mundo para entrar en esa Iglesia tenían que librarse de la PENA DE MUERTE de modo que pudieran heredar la VIDA ETERNA.
Una de las razones por las cuales Jesús vino como hombre a la tierra fue PARA PAGAR ESA PENA DE MUERTE, no sólo por los llamados a su Iglesia sino también para librar a TODA LA humanidad a su debido tiempo.
Pero como la PENA capital que Él pagaría en lugar de la humanidad pecadora necesariamente pondría FIN a su vida humana, la pagó como su último acto humano después de cumplir todos los demás propósitos de su vida en la tierra.
Esto le da al lector una idea de ¡CUÁN GRANDE es aquel Jesús que vino a fundar la IGLESIA DE Dios!
Recordemos que si bien Jesús empezó su ministerio terrenal a los 30 años de edad (de su vida HUMANA), Él era el Eterno, el que siempre había existido. ¡Cuán grande era esa vida humana de 30 años!
Este Jesús, criado en la ciudad de Nazaret, había resistido y vencido a Satanás desde su nacimiento humano. Había rechazado el camino egocéntrico del “obtener”, y en el momento de la formidable confrontación ñnal SE MOSTRÓ apto para restablecer el gobierno de Dios y para instaurar el REINO de Dios en la tierra para administrar ese gobierno. Jesús, el segundo Adán, tuvo éxito allí donde el primer Adán había fracasado.
Pedro: título de liderazgo
Inmediatamente después de la batalla decisiva en la que Jesús venció a Satanás, dos discípulos de Juan el Bautista vieron a Jesús y éste les dijo que lo siguieran hasta su casa. Uno de ellos era Andrés, hijo de Jonás; tenía un hermano que se llamaba Simón. Jesús miró a Simón y le dijo: “Tú eres Simón, hijo de Jonás; tú serás llamado Cefas (que quiere decir, Pedro)” (Juan 1:42). Pedro significa piedra.
En Marcos 3:14, 16 leemos: “Y estableció a doce, para que estuviesen con él, y para enviarlos a predicar… a Simón … puso por sobrenombre Pedro”.
El sobrenombre Pedro había sido durante siglos un apodo o TÍTULO que designaba a un jefe religioso o una SEDE religiosa. Pedro fue el primero y el principal de los apóstoles. Un apóstol es “uno enviado a proclamar o predicar”.
Así pues, al comienzo de su ministerio terrenal, cuando estaba preparando los fundamentos de su Iglesia, Jesús escogió a su principal apóstol humano y a 11 más. Estos, junto con los profetas cuyos escritos se preservaron desde los tiempos de la primera congregación elegida (la nación de Israel), habían de constituir el fundamento mismo de la Iglesia de Dios. Jesús mismo sería no solamente el fundador sino también la cabeza y la principal “piedra del ángulo” (Efesios 2:19-21; 5:23).
La importancia de un fundamento firme
Antes de los 30 años de edad Jesús había sido carpintero, y construía no sólo con madera sino con piedra. Sabía muy bien que es preciso poner el FUNDAMENTO antes de la estructura. Él mismo había escogido a sus apóstoles y más tarde les dijo: “No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros” (Juan 15:16, ver también el versículo 19).
Jesús empezó a proclamar el MENSAJE que Dios había enviado al mundo por su intermedio (Malaquías 3:1).
Leemos de ello en el primer capítulo de Marcos: “Principio del evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios… Jesús vino a Galilea predicando [proclamando, enseñando] el evangelio del REINO DE Dios, diciendo: El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentios, y creed en el evangelio” (Marcos 1:1, 14-15). Y Mateo nos cuenta que “recorrió Jesús toda Galilea, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino” (Mateo 4:23).
Este mensaje profético (evangelio) del REINO DE DlOS se explicará en detalle en el capítulo VIL Es la BUENA NOTICIA del futuro establecimiento del gobierno de Dios en la tierra, restaurado y administrado por la divina familia o reino de Dios, en remplazo del actual mundo malo de Satanás.
La proclamación de esta asombrosa noticia anticipada, unida a las curaciones milagrosas, a la conversión del agua en vino y demás prodigios de Jesús, causó inmenso revuelo. Detrás de El y sus discípulos se reunían multitudes. Mientras predicaba este mensaje al público estaba preparando a sus discípulos para su futuro papel de apóstoles.
Por qué se oponían los fariseos
La proclamación de la noticia había llegado hasta Jerusalén. Allí los fariseos, escribas y saduceos se alarmaron. Los fariseos eran una secta judía que tenía algunos miembros en puestos oficiales menores aunque para ellos importantes. El Imperio Romano era el poder dominante en esa época. Los romanos asignaban a un gobernante local y un pequeño ejército de ocupación para supervisar el gobierno en Judea. Pero los romanos ponían a algunos fariseos en puestos menores bajo el gobernante romano. Eran cargos políticos bien pagados y los fariseos no querían perderlos ni su poder sobre el pueblo.
Estos dirigentes judíos y sus principales sacerdotes no entendieron el mensaje evangélico de Jesús. Sabían que proclamaba un gobierno, el cual dominaría a todas las NACIONES de la tierra. Lo que no entendieron fue la naturaleza del reino de Dios ni CUÁNDO se establecería (como tampoco lo ha entendido la llamada “cristiandad” de hoy).
Los dirigentes religiosos de esa época creían que Jesús era un subversivo empeñado en derrocar el gobierno romano y establecer su propio reino en ese momento. Temieron verse acusados de sedición y deslealtad, de perder sus cargos y tal vez de ser ejecutados como subversivos. Por eso se opusieron a Jesús y lo denunciaron. La cristiandad tradicional nunca ha entendido esta razón básica de la oposición farisaica y la persecución contra Jesús. Entre los fariseos había políticos inescrupulosos.
Llegado el tiempo de la primera Pascua que se celebraría durante el ministerio de Jesús, en la primavera del año 28 de nuestra era (casi exactamente 1.900 años, o sea 100 ciclos de 19 años cada uno, antes de que yo celebrara la Pascua por primera vez), Jesús subió a Jerusalén. Estando allí, un notable de los fariseos llamado Nicodemo vino a verlo en secreto, de noche, para que sus colegas no se enterasen.
Nicodemo le dijo: “Rabí, [nosotros los fariseos] sabemos que has venido de Dios como maestro” (Juan 3:2).
¡Los fariseos sabían que Jesús era el Mesías! Conocían Isaías 7:14, Isaías 9:6-7 e Isaías 53. Los fariseos SABÍAN que Jesús era el Mesías profetizado. Pero no entendían que el Mesías había de venir dos veces. Por eso creyeron que iba a derrocar al Imperio Romano en ese momento.
Jesús conocía sus pensamientos. Por eso dijo inmediatamente que el gobierno de Dios sobre las naciones no podría establecerse hasta QUE llegara el momento del NUEVO NACIMIENTO espiritual: ¡el tiempo de la RESURRECCIÓN!
Nacer de nuevo
Jesús le respondió a Nicodemo: “De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios” (Juan 3:3).
Nicodemo no entendió. Sabía que nacer es salir del vientre materno mediante un parto. ¡Los teólogos de hoy ni siquiera saben eso! Niegan el segundo nacimiento como ser espiritual. Hacen de lado la verdad suponiendo que al aceptar a Cristo como Salvador la persona ya ha nacido de nuevo. En esto Satanás los ha engañado, y ellos a su vez han engañado a millones.
Entonces Nicodemo preguntó: “¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer?” (versículo 4).
Jesús se lo explicó claramente, pero Nicodemo no captó su claridad, ni la captan los teólogos hoy.
“De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. Lo que es nacido de la carne, CARNE ES; y lo que es nacido del Espíritu, ESPÍRITU ES” (Juan 3:5-6).
Los fariseos conocían el bautismo en agua; lo habían empleado durante años al convertir a los prosélitos gentiles al judaismo. Sabían del bautismo de Juan, “bautismo de arrepentimiento para perdón de pecados” (Marcos 1:4). Lo que Jesús estaba diciendo debería haber sido claro para Nicodemo: que el bautismo en agua era un rito de iniciación en la preparación para el proceso de nacer del Espíritu.
Jesús lo aclaró aun más cuando dijo: “Lo que es nacido de la carne, carnees”. Lo que nace de los seres humanos es un ser humano, compuesto de carne y sangre, compuesto de materia de la tierra. “Y lo que es nacido del Espíritu, ESPÍRITU es” (Juan 3:6). Ya no es humano sino inmortal, compuesto de espíritu. Ya no se compone de materia, de carne.
Jesús explicó aun más: “No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo” (versículo 7). Luego comparó al nacido de nuevo con el viento, invisible a los ojos humanos: “El viento sopla de donde quiere, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni a dónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu” (versículo 8).
Nicodemo no entendió una explicación tan clara … ¡ni la entienden nuestros dirigentes religiosos hoy!
Todo lector de este libro debe leer también nuestra publicación gratuita titulada ¿Qué significa “nacer de nuevo”?
En esta conversación con el representante de los fariseos, Jesús se refirió a la salvación, la fase “espiritual” del reino de Dios. ¡Ese reino NO estará compuesto por seres humanos mortales! No se compondrá de seres de carne y hueso que simplemente han “aceptado a Cristo” y se han afiliado a la iglesia que más les atrae. Sin embargo, millones de personas lo creen así.
Esos millones que pertenecen a las distintas iglesias no entienden QUÉ es la Iglesia ni por QUÉ existe, su propósito ni su razón de ser.
Comparemos la explicación dada por Jesús a Nicodemo con el llamado “capítulo sobre la resurrección”, I Corintios 15: “Así también está escrito: Fue hecho el primer hombre Adán alma viviente; el postrer Adán, espíritu vivificante. Mas lo espiritual no es primero, sino lo animal; luego lo espiritual. El primer hombre es de la tierra, terrenal; el segundo hombre, que es el Señor, es del cielo. Cual el terrenal, tales también los terrenales; y cual el celestial, tales también los celestiales.
Así como hemos traído la imagen del terrenal, traeremos también la imagen del celestial. Pero esto digo, hermanos: que la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios, ni la corrupción hereda la incorrupción” (versículos 45-50).
Reitero una y otra vez: jDlOS SE ESTÁ REPRODUCIENDO A sí mismo!
Un concepto generalizado en las iglesias hoy es que la Iglesia es el reino de Dios. Pero “la carne y la sangre [los seres mortales] no pueden heredar el reino de Dios” (I Corintios 15:50).
De nuevo: ¿Para qué existe la Iglesia?
Ahora bien, ¿qué es la Iglesia? ¿Para qué existe? ¿Por qué tiene que haber una Iglesia de Dios?
Para muchos, probablemente la mayoría, la Iglesia no desempeña ningún papel en la vida personal. Tampoco lo desempeña Dios. Dios no forma parte del mundo consciente de estas personas, sino que su mundo esta lleno de personas, cosas e intereses materiales. Desde luego, en la profundidad del subconsciente puede estar la suposición latente de que Dios existe, pero Él no parece real.
Esto significa que la mayoría de las personas no tienen ningún concepto de lo que son, por qué existen ni conocen propósito o significado alguno para su vida.
Pero la Iglesia también existe. ¿Para QUÉ? ¿Qué es en realidad? ¿Qué PROPÓSITO cumple?
Hemos visto que aquí en la tierra se está desarrollando un propósito. La presencia del hombre en la tierra obedece a un PROPÓSITO, y para que ese propósito se desarrolle existe un PLAN MAESTRO. La Iglesia es parte importante de ese plan.
No hemos de perder de vista los antecedentes que llevaron a la creación de la Iglesia. Recordemos qué y quién es Dios: la familia creadora que se está reproduciendo en el hombre.
Recordemos algo más: Para que Cristo pueda restablecer el gobierno de Dios en la tierra necesitará un grupo de SERES divinos organizados y capacitados, que hayan rechazado el camino falso de Satanás y hayan demostrado su lealtad al gobierno de Dios y a sus caminos justos.
Dentro del plan maestro de Dios, la Iglesia cumple la función de preparar aquel grupo dedicado y organizado de SERES DIVINOS. La Iglesia, pues, se convirtió en el instrumento de Dios para ayudarle en la salvación de la humanidad.
Recordemos que Dios ha dispuesto un plan maestro de 7.000 años para cumplir este propósito. Hemos dicho que su propósito es reproducirse a sí mismo. Pero en realidad, reproducirse significa convertir al mundo del pecado a la justicia de Dios. Significa inculcar en los futuros hijos de la familia divina aquel carácter espiritual y perfecto de Dios. Finalmente, nacerán como hijos dentro de la familia de Dios.
Así como Dios no creó todo a la vez sino en etapas sucesivas, también está trayendo la salvación al mundo en etapas sucesivas. La Iglesia es un instrumento necesario para preparar y traer la salvación a la humanidad. Por tanto, reiteramos una vez más que el propósito de la Iglesia no es simplemente traer salvación a los llamados a ella, sino enseñar y capacitar a los predestinados y llamados para hacer de ellos instrumentos que Dios pueda utilizar para conducir al mundo a la salvación.
La Iglesia: una “universidad pedagógica”
Ilustraremos lo anterior con una analogía. En muchos lugares se han establecido universidades y escuelas pedagógicas cuya tarea es capacitar maestros. La Iglesia podría llamarse la universidad pedagógica donde se preparan gobernantes y maestros para el reino de Dios, los cuales servirán cuando El ofrezca la redención y la vida eterna al mundo en general.
La Iglesia se planeó como un instrumento de Dios para llamar a los predestinados a salir del mundo y prepararse para ocupar puestos de liderazgo en el mundo de mañana, donde enseñarán y capacitarán a otros. Por eso los miembros de la Iglesia son las primicias de la salvación de Dios.
Todo esto tenía que hacerse por etapas, una cosa a la vez, dentro del desarrollo del plan maestro de Dios.
Ahora recordamos al lector que el Espíritu Santo se le vedó al hombre cuando Adán pecó en tiempos de la fundación del mundo. Quedó vedado para la humanidad en general hasta QUE Cristo, el segundo Adán, restableciera el gobierno de Dios y destronara a Satanás. Esto queda claro leyendo la afirmación de Jesús en Juan 6:44, que se refiere a esta era de la Iglesia y dice que nadie puede venir a El si el Padre no lo trae. Por eso es que el Nuevo Testamento siempre habla de los miembros de la Iglesia como personas llamadas o elegidas. Por eso se dice que la Iglesia es la generación escogida. Por eso el Nuevo Testamento habla de predestinación, diciendo que los llamados fueron predestinados al llamamiento. No son voluntarios sino que han sido reclutados.
Los verdaderos cristianos no son voluntarios
Es sólo por medio de Cristo que la humanidad puede reconciliarse con Dios el Padre. Primero tiene que venir a Cristo, pero nadie puede venir a El si Dios el Padre no lo escoge y lo atrae por medio de su Espíritu Santo. Esta verdad puede ser asombrosa, pero cuanto más estudiemos el Nuevo Testamento, más claramente la veremos.
Con razón la Iglesia y su propósito han sido un misterio. Satanás ha cegado la mente de un cristianismo engañado y falsificado.
La persona que se afilia a la iglesia que más le agrada no ha venido a la Iglesia verdadera de Dios. Uno no puede simplemente “afiliarse” a la Iglesia verdadera. Primero es necesario que Dios lo escoja y atraiga por medio de su Espíritu. Tiene que traerlo al arrepentimiento absoluto y a un cambio total en su vida. Es necesario que no sólo crea en Jesús y lo acepte como su Salvador personal sino que crea lo que Él dijo. Recordemos que Cristo es la Palabra de Dios. Jesús fue la Palabra de Dios en persona. La Biblia es la misma Palabra de Dios escrita. Creer a Jesús es creer la Palabra de Dios, la Santa Biblia.
Preguntamos una vez más: ¿Qué ES la Iglesia y POR QUÉ existe?
La Iglesia es el conjunto de hijos engendrados y llamados por Dios a salir del mundo. Es el Cuerpo de Cristo (I Corintios 12:27; Efesios 5:23). Es el organismo espiritual que, después de resucitado a la inmortalidad, será la “esposa de Cristo”. ¡Entonces se casará con Él! Es el templo espiritual al cual llegará Cristo cuando regrese (Efesios 2:21).
La Iglesia no podía fundarse hasta cumplido el ascenso de Cristo al cielo y su glorificación (Juan 7:37-39). Pero en cierto sentido, Dios empezó a llamar a algunos para que constituyeran el fundamento de la Iglesia desde Abraham y los profetas del Antiguo Testamento … quizá aun desde Abel, Enoc y Noé (Efesios 2:20).
Tan pronto como Jesús hubo vencido a Satanás, empezó a llamar a sus futuros apóstoles. Estos, junto con los profetas, constituirían el fundamento mismo de la Iglesia bajo Cristo, siendo éste el verdadero fundamento y cabeza (I Corintios 3:11; Efesios 5:23).
La mayoría de las personas no tienen el menor concepto de la empresa sobrenatural suprema y extraordinaria empren­dida por Dios al proponerse REPRODUCIRSE A Sí MISMO formando miles de millones de seres divinos y espirituales, ni de las etapas multifacéticas de desarrollo necesarias para alcanzar este pináculo de la creación divina.
El plan de Dios: paso a paso
Dios no debía precipitarse. Era necesario un plan maestro que se cumpliera paso a paso. Se necesitaba paciencia y una decisión inquebrantable de parte del divino Creador.
¡Pocos lo entienden!
Cuando yo tenía apenas cinco años, Dios puso en mi mente y corazón el deseo, el anhelo, de adquirir entendimiento. Salomón quiso tener sabiduría y Dios se la dio por encima de todos los hombres.
¿Cuál es el prerrequisito para recibir entendimiento? “Buen entendimiento tienen todos los que practican sus mandamientos” (Salmos 111:10). El mandamiento de prueba es el cuarto: guardar el sábado de Dios. ¡Mi conversión fue el resultado de una lucha por oponerme a ese mandamiento! Pero cuando el Dios misericordioso me conquistó y me obligó a rendirme sobre ese punto, me reveló la necesidad de guardar también sus fiestas o sábados anuales, los cuales representan los siete pasos espirituales en el gran plan maestro. (Esto se explica en nuestra publicación gratuita titulada Los días santos de Dios.) Mediante este y otros conocimientos revelados en la Santa Biblia, Dios me dio entendimiento de cómo cumple su gran propósito, y también del papel necesario que incumbe a su Iglesia en el desarrollo de tan excelso propósito.
Después de la desobediencia de Adán, mientras Satanás seguía ocupando el trono de la tierra, sólo Dios podía saber cuán gradual y cuidadosamente había que proceder. Tenía que ser paso a paso.
Hombres justos como Abel, Enoc y Noé indudablemente contribuyeron a la creación del reino de Dios. Pero el Eterno empezó a sentar las actuales bases de aquella familia suya por medio del patriarca Abraham. Isaac, Jacob y José formaron parte de esos fundamentos.
Luego, por medio de Moisés, Dios levantó a la nación de Israel, la primera congregación o Iglesia de Dios. A aquella Iglesia del antiguo pacto Dios le dio su gobierno, mas no su Espíritu Santo. Los israelitas no estaban siendo engendrados para convertirse en SERES divinos. Sin embargo, Israel cumplió una función necesaria dentro del programa supremo de Dios.
Durante aquellos años, Dios siguió llamando y preparando a sus PROFETAS para que formaran parte de los fundamentos de su Iglesia.
La Iglesia: la primera cosecha
¿Qué había de ser la Iglesia? La tercera de las fiestas santas de Dios la representa como la que habría de producir la PRIMERA COSECHA de seres humanos transformados en SERES DIVINOS compuestos de espíritu. Reiteramos que la Iglesia es el instrumento que Dios está preparando para valerse de ella cuando Cristo venga a fin de cumplir el maravilloso propósito de salvar a la humanidad y de reproducirse a sí mismo. La Iglesia está constituida por los hijos de Dios ENGENDRADOS por El (aún no nacidos). La Iglesia será la cosecha de los primogénitos, los primeros nacidos de Dios (Hebreos 12:23), siendo Cristo el primero entre muchos hermanos. Esto sucederá cuando Cristo regrese con poder y GLORIA.
A lo largo de los años desde Abraham hasta Cristo, Dios llamó a sus profetas para que salieran del mundo de Satanás; los engendró y preparó como los cofundamentos preliminares de la Iglesia de Dios. Jesús mismo es el fundamento principal.
Durante su ministerio terrenal de tres años y medio, Jesús llamó, escogió y capacitó a los segundos cofundamentos: sus 12 apóstoles.
Durante su ministerio en la tierra, Jesús anunció públicamente el futuro reino de Dios al tiempo que enseñaba y preparaba a sus apóstoles.
Pero el público al cual predicaba no estaba siendo llamado a la salvación. Jesús solía hablarle en parábolas. ¿Por qué? Para ocultarle el significado que sólo a sus apóstoles era dado entender (Mateo 13:10-17). El plan de Dios, que se cumplía paso a paso, no incluía salvar al mundo en ese momento, y por una razón muy importante. Dios llamó primero a su Iglesia para convertirla y transformarla en reyes y sacerdotes bajo Jesús cuando El venga a salvar al mundo (Apocalipsis 5:10). Por consiguiente, gran parte de la verdad se reveló a esa Iglesia que se estaba preparando para ayudar a Cristo a salvar al mundo. Aún no había llegado el momento de revelar estas verdades a toda la humanidad, si bien las iglesias de este mundo enseñan todo lo contrario.
Termina el ministerio terrenal de Jesús
Cuando Jesús terminó su ministerio terrenal ya había completado los preparativos para la fundación de su Iglesia. Había terminado la obra que vino a hacer como hombre. Luego dio su vida en la cruz, llevando sobre sí la culpa humana por nuestros pecados.
Entiéndase, sin embargo, que Cristo no tomó sobre sí la culpa que corresponde a Satanás por los pecados del hombre. Satanás, a quien corresponde la mayor parte de la culpa, seguirá pagando su propio castigo por toda la eternidad.
El fundamento de la Iglesia de Dios estaba sentado. Cristo mismo es la cabeza y la principal piedra del ángulo, el cimiento principal. Sus apóstoles, junto con los profetas, formaron el resto de los cimientos.
Los apóstoles estaban ansiosos por empezar a proclamar el mensaje del evangelio. Pero Dios en su sabiduría ha impuesto la prudencia y la paciencia, dando un solo paso a la vez. Por eso les advirtió que esperaran: “Quedaos vosotros en la ciudad de Jerusalén, HASTA QUE seáis investidos de poder desde lo alto” (Lucas 24:49).
Diez días más tarde fue la fiesta anual de Pentecostés, llamada originalmente el día de las Primicias (Números 28:26). ¡Aquel día vino el Espíritu Santo! ¡Aquel día SE fundó la Iglesia! Aquel día simbolizaba las primicias para el reino de Dios. Las fiestas de Dios representan la cosecha espiritual de Dios. La primera parte de la cosecha espiritual de hombres que nacerán de Dios, convertidos en seres DIVINOS, ¡es la Iglesia! Por eso forman parte de la Iglesia de Dios todos los que nacerán en el reino de Dios cuando Cristo regrese, comenzando con los profetas. Aun los profetas de la época del Antiguo Testamento son parte del fundamento de la Iglesia (Efesios 2:19-21).
Todos: profetas, apóstoles y hermanos de la Iglesia en quienes mora el Espíritu Santo, resucitarán o se transformarán en inmortales cuando Cristo regrese con gloria y poder.
Así, toda la Iglesia constituye las primicias de los hombres que nacerán de nuevo dentro del reino de Dios. ¡Estos serán seres divinos!
¡Cuán engañados están quienes piensan que ya han “nacido de nuevo”! Invitamos al lector a solicitar nuestra publicación gratuita titulada ¿Qué significa “nacer de nuevo”?
Pocos salvados ahora
Antes de seguir adelante, entendamos por qué solamente un puñado de personas han sido llamadas a la salvación ahora mientras el mundo en general sigue enajenado de Dios. Entendamos por qué el mundo no ha sido juzgado, por qué no está ni “salvado” ni “perdido”.
Para que se pudiera restaurar el gobierno de Dios en la tierra, para que Dios pudiera otorgar su vida eterna, era necesario que un hijo de Adán hiciera lo que él no había hecho: vencer y conquistar a Satanás, pagar la pena por el pecado de los hombres y rescatar al mundo de las manos de Satanás.
El plan maestro para el cumplimiento del propósito de Dios (reproducirse a sí mismo) disponía que el “Verbo”, quien tenía vida inherente en sí, naciera de carne humana como un hijo de Adán. Pero el plan también disponía que naciera como Hijo unigénito de Dios.
Sólo el Mesías podría derrotar y vencer a Satanás. Sólo Él podría ser apto para remplazar a Satanás en el trono de la tierra. Sólo por medio de Él podrían los hijos de Adán reconciliarse con Dios, recibir el Espíritu Santo y convertirse en hijos de Dios, o sea convertirse en SERES DIVINOS: reproducciones de Dios.
¡Cuán extraordinario e increíble es el plan para cumplir tan excelso propósito! ¡Y cuán grande es el Eterno Dios que lo diseñó!
Este plan maravilloso de Dios disponía necesariamente que no se juzgara todavía a los hijos de Adán. Dios los dejó solos, sabiendo muy bien que seguirían voluntaria y automáticamente el camino satánico del “obtener”.
Pero mientras tanto, no estarían sujetos a un juicio final sino que estarían “recogiendo lo que sembraran”. Llevarían una vida de pecado, morirían y luego, al cabo de los 7.000 años del plan maestro, Dios los resucitaría en una resurrección especial para ser juzgados. Cristo ya habría expiado los pecados de ellos. Satanás habría sido depuesto, Cristo y el reino de Dios habrían restaurado el gobierno divino en la tierra y entonces aquellas personas podrían ser llamadas al arrepentimiento y a la reconciliación con Dios para, con su libre albedrío, convertirse en SERES divinos también.
Por eso es que Dios ha mantenido al mundo en general enajenado de Él, tal como su progenitor Adán se enajenó en compañía de su familia humana.
Por qué es un misterio para el mundo
En Romanos 11 el apóstol Pablo escribió lo siguiente por inspiración divina: “Porque no quiero, hermanos, que ignoréis este misterio” (y efectivamente, es un misterio para el mundo): que este mundo, incluso sus “teólogos cristianos”, está “endurecido” … hasta que se establezca el reino de Dios en la tierra.
Pablo continúa: “Pues como vosotros [cristianos] también en otro tiempo erais desobedientes a Dios, pero ahora habéis alcanzado misericordia por la desobediencia de ellos, así también éstos ahora han sido desobedientes, para que por la misericordia concedida a vosotros, ellos también alcancen misericordia. Porque Dios sujetó a todos en desobediencia, para tener misericordia de TODOS”.
En este punto Pablo exclamó: “¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos!” (versículos 25, 30-33).
Cierto es que el Apóstol escribió esto respecto de Israel y yo lo he aplicado a toda la humanidad que no ha sido llamada. Porque en realidad es aplicable a ella.
Dios llamó y preparó a los profetas del Antiguo Testamento. Ha llamado y sigue llamando a la Iglesia para que conquiste a Satanás. En cambio, los que ahora están ciegos y endurecidos, los que no han sido llamados sino que están aislados de Dios, no han tenido que vencer a Satanás. ¿Por qué?
¿Para qué existe la Iglesia?
Para que nos hagamos aptos para gobernar con Cristo y bajo El en el reino de Dios, para que preparemos el camino para el llamamiento y la salvación del resto de la humanidad.
Aquí deseo citar dos pasajes con las palabras directas de Jesús que se aplican exclusivamente a la Iglesia. A la Iglesia de este siglo 20, dice: “Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono” (Apocalipsis 3:21).
Nuevamente dice Jesús a su Iglesia: “Al que venciere y guardare mis obras hasta el fin, yo le daré autoridad sobre las naciones, y las regirá con vara de hierro ..(Apocalipsis 2:26-27).
En este pasaje Jesús mostró claramente por qué algunos son llamados a salir del mundo y a formar parte de su Iglesia en esta época. No porque pretenda salvar a la humanidad ahora ni tan sólo para que seamos salvos y lleguemos a su reino, sino como dijo también en Apocalipsis 5:10, para que seamos reyes y sacerdotes y gobernemos bajo Cristo cuando El comience a traer salvación al mundo.
La conversión total
Reitero con énfasis que los llamados a la Iglesia ahora no son llamados únicamente para recibir la salvación. No obstante, a fin de que los miembros de la Iglesia lleguen a ser reyes y sacerdotes, como Dioses divinos que ayudarán a Cristo a salvar al mundo, tienen que ser realmente convertidos.
Esta verdad debe quedar sumamente clara. Temo que muchos, aun en la Iglesia, no comprenden cabalmente lo que es la verdadera conversión.
La conversión es algo que sucede en la mente, y en aquella facultad de la mente que llamamos corazón. Esto no hubiese podido entenderse a menos que se entendiera antes la composición de la mente humana, tema que explicamos en el capítulo III. No se podía entender hasta que la Biblia revelara el conocimiento acerca del espíritu humano en el hombre y la composición de la mente humana.
Así como la mente humana difiere del cerebro animal por el espíritu humano que le ha sido agregado, también la persona conversa difiere de la inconversa por el Espíritu Santo que ha recibido.
Las facultades de la mente humana y lo que ella es capaz de producir, ¿en cuánto exceden al cerebro animal? Esta diferencia señala el abismo que hay también entre la mente inconversa y la mente convertida y guiada por el Espíritu Santo.
Nadie recibe el Espíritu Santo sin haberse arrepentido primero. Es Dios quien otorga el arrepentimiento (Hechos 11:18). La segunda condición para recibir el Espíritu Santo es la fe. Esto significa no sólo creer en Dios y en Cristo sino creer lo que Cristo dijo, como vocero de la familia divina.
El arrepentimiento es un cambio en la mente. La tristeza que es según Dios es algo mucho más profundo que el simple remordimiento. La tristeza según Dios lleva al arrepentimiento. Se trata no sólo del remordimiento profundo por los pecados cometidos, sino de un cambio total de actitud, de mente, de rumbo y de propósito en la vida. En realidad, el arrepentimiento tiene que ver más con la conducta futura que con la pasada. La sangre de Cristo ha expiado el pasado. El arrepentimiento no es penitencia, pues nada de lo que hagamos puede compensar nuestras culpas. La sangre de Cristo ha pagado por esas culpas, borrando y limpiando nuestro pasado.
Una persona convertida es alguien que ha experimentado un cambio o conversión total de su mente. La mente convertida es una en que la mente misma de Dios se ha unido a la mente humana. Dios dice por medio del apóstol Pablo: “Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús” (Filipenses 2:5). Y en I Corintios 2:16 leemos: “… nosotros [los verdaderos cristianos] tenemos la mente de
Cristo”. Ei Espíritu Santo es el espíritu de una mente sanada, totalmente cambiada, una mente que ha dado media vuelta en sus deseos, propósitos e intenciones.
El error del cristianismo tradicional
La “salvación” que se enseña en el llamado cristianismo tradicional no convierte a la persona en otra diferente. Los ministros y predicadores suelen decir que el que ha “recibido a Cristo”, “aceptado a Cristo” o “dado su corazón al Señor” está salvo, que ya ha “nacido de nuevo”. Es como si se hubiera accionado un interruptor místico que enviará a esa persona instantáneamente al cielo cuando muera. La muerte en tal caso no sería literal, no sería real.
Sin embargo, esto no es lo que Dios enseña en la Biblia. Dios enseña que así como en Adán todos mueren, también “todos” vivirán de nuevo en Cristo mediante una resurrección. Hasta que esto suceda, Dios revela que los muertos seguirán totalmente inconscientes.
Dios otorgó a la antigua Israel el conocimiento de su ley, mas no su Espíritu. La mente de los israelitas no estaba convertida ni cambiada; seguía siendo carnal. Y la mente natural es enemistad contra Dios (Romanos 8:7). En la antigua Israel no había conversión ni salvación. El capítulo 37 de Ezequiel revela cómo los miembros de la antigua Israel recibirán el Espíritu de Dios, si así lo desean, en el juicio delante del gran trono blanco.
El que reciba el Espíritu Santo y se deje guiar por él será una persona cambiada. Su mente experimentará una renovación. No era posible entender cabalmente la salvación mientras Dios no hubiese revelado que el hombre tiene un espíritu humano y que el Espíritu de Dios se puede unir con él. Todo cristiano debe desarrollarse y crecer en gracia, conocimiento espiritual y carácter divino.
Por qué fue llamada la Iglesia primero
Antes de seguir adelante quiero explicar en más detalle por qué la Iglesia es llamada las primicias de la salvación. No se trata de una discriminación contra los que aún no han sido llamados, que son la mayor parte de la humanidad. Se trata precisamente de poder llamar al resto del mundo a la salvación. Repetimos: El plan de Dios para salvar al mundo y para reproducirse a sí mismo se cumple según un orden, una secuencia definida.
Jesucristo es el primero de las primicias. Es el primogénito entre muchos hermanos (I Corintios 15:23; Romanos 8:29). Los miembros de la Iglesia son llamados para cambiar, para desarrollar carácter y para nacer como seres espirituales cuando Cristo regrese, a fin de servir bajo Él como reyes y sacerdotes cuando Él empiece a traer salvación a toda la humanidad.
En cierto sentido, pues, los miembros de la Iglesia serán cosalvadores con Cristo. Para que Cristo salvara al mundo se necesitaban básicamente dos cosas: Primero, era necesario que Él, Hacedor de la humanidad, muriera por todos pagando así la pena de muerte en lugar nuestro. Nadie distinto de Jesucristo podía hacerlo.
Sin embargo, muchas personas ignoran que no somos salvos por la sangre de Cristo. En Romanos 5:10 leemos que la muerte de Cristo nos reconcilia con el Padre, pero que somos salvos por su vida, o sea por la resurrección. Escribo este pasaje en el día que el mundo llama “Domingo de Resurrección”. Hoy las iglesias y los predicadores han hablado mucho de la resurrección de Cristo, mas poco han dicho sobre la resurrección de quienes serán salvos ni de la resurrección por la cual los hombres pueden ser salvos.
Solamente Jesucristo podía cumplir el sacrificio en pago de nuestros pecados pasados. Pero el mundo ha de buscar su salvación en la vida del Cristo resucitado. La Iglesia será la esposa de Cristo, y una vez resucitados sus miembros, se desposará con el Hijo de Dios cuando Él regrese. Cuando hayamos alcanzado la resurrección como esposa del Hijo de Dios y miembros de la familia divina, seremos no solamente herederos y coherederos con Cristo sino, en cierto sentido, cosalvadores.
La familia de Dios crecerá. Como reyes y sacerdotes, la Iglesia en la resurrección gobernará bajo Cristo en el restablecimiento del gobierno de Dios en todas las naciones. Y como sacerdotes, seremos también cosalvadores del mundo con Él.
Por qué las primicias
¿Por qué era absolutamente necesario que la Iglesia fuese llamada a salir del mundo a fin de recibir la salvación durante esta era, mientras el resto del mundo permanecía sumido en el engaño y las tinieblas espirituales?
Cristo tenía que mostrarse apto para ser nuestro Salvador y futuro Rey. Para ello, era necesario que, como segundo Adán, hiciera lo que el primer Adán no había hecho: vencer a Satanás y escoger la mente y el gobierno de Dios. Si la Iglesia ha de gobernar con El, si sus miembros han de ser sacerdotes además de reyes, y si han de ayudar a Cristo a salvar al mundo, es necesario que ellos también se muestren aptos resistiendo y venciendo a Satanás.
Lo mismo no se exigirá a la gran mayoría de los hombres cuando se les ofrezca la salvación. La salvación no les será ofrecida hasta que Satanás haya sido depuesto. Por lo tanto, Jesús no estaba discriminando contra el resto del mundo cuando dijo: “Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere” (Juan 6:44). Era necesario que la Iglesia fuese llamada en una época en que cada miembro tuviera que vencer a Satanás, resistirlo y alejarse de él. De lo contrario, nosotros, los miembros de la Iglesia, no podríamos mostrarnos aptos para cumplir el maravilloso cargo de reyes y sacerdotes en el reino de Dios por mil años.
Esto explica el PORQUÉ de la Iglesia, su gran propósito.
¿Una Iglesia organizada?
Ahora bien, ¿QUÉ es la Iglesia? ¿Cómo se organiza y cómo funciona?
Cuando hace muchos años hallé a los hermanos de la Iglesia de Dios, había dudas entre sus jefes respecto de la organización eclesiástica. En aquella época, 1927, la Iglesia estaba organizada como una conferencia general bianual. Cada congregación local enviaba a un miembro a esta conferencia y tenía, por lo tanto, un voto en la elección de funcionarios, en asuntos de doctrina y en las normas de la Iglesia. Las congregaciones locales podían ser muy pequeñas, de apenas cinco miembros.
Alrededor de 1930 surgieron desacuerdos y divisiones por el asunto de la organización y el gobierno de la Iglesia. Para 1933 la Iglesia estaba dividida por la mitad. Dos de sus jefes, organizando una nueva iglesia, se apartaron de la sede en Stanberry, Misuri, y establecieron una nueva sede en la ciudad de Salem, Virginia Occidental. Adoptaron un sistema de organización que llamaron, erróneamente, la “organización bíblica”.
Esta nueva organización consistía en 12 individuos nombrados “apóstoles” y denominados “los doce”. Siete fueron nombrados como diáconos, siendo el principal de ellos el tesorero. Luego había “los setenta”, o sea 70 ancianos principales. Esto era copiado del antiguo sanedrín judío. No había, empero, suficientes ministros ordenados para reunir más de la mitad de “los setenta”.
La Iglesia Católica Romana se organiza según un sistema jerárquico con el papa como autoridad suprema, un colegio de cardenales que le sigue, una curia en la sede en el Vaticano y una serie de arzobispos, obispos y sacerdotes.
La Iglesia Presbiteriana se organiza con los presbíteros o ministros a la cabeza. La Iglesia Congregacional delega su máxima autoridad en la congregación: “el gobierno por consentimiento de los gobernados”.
Las iglesias de este mundo, pues, se organizan de acuerdo con sistemas ideados por los hombres. Pero la Biblia da instrucciones específicas acerca del gobierno de su Iglesia. Jesucristo es la cabeza, y la forma de gobierno es jerárquica. Dios el Padre está sobre Cristo como único Legislador y autoridad suprema.
Dios explica en I Corintios 12 las funciones, las administraciones y los funcionarios tal como Dios los puso en su Iglesia:
“No quiero, hermanos, que ignoréis acerca de los dones espirituales… Ahora bien, hay diversidad de dones, pero el Espíritu es el mismo. Y hay diversidad de ministerios, pero el Señor es el mismo. Y hay diversidad de operaciones, pero Dios, que hace todas las cosas en todos, es el mismo… Pero todas estas cosas las hace uno y el mismo Espíritu, repartiendo a cada uno en particular como él quiere. Porque así como el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros, pero todos los miembros del cuerpo, siendo muchos, son un SOLO CUERPO, así también Cristo. Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres…” (versículos 1, 4-6, 11-13).
Una Iglesia, un solo gobierno
Nótese especialmente que la Iglesia es una sola, no muchas iglesias. La Iglesia no está dividida. Es una sola. No es una iglesia madre con muchas hijas apartadas de ella por sus desacuerdos. Las divisiones y fracciones que se apartan NO SIGUEN SIENDO PARTE DE LA IGLESIA. Es la IGLESIA la que se casará con Cristo en la resurrección … ¡no los grupos que se han apartado de ella!, no una iglesia madre y sus hijas apóstatas. Esto se hará más evidente a medida que prosigamos.
Nótese también que la Iglesia tiene varias operaciones. Para cumplirlas, dentro de la Iglesia única hay también varios ministerios o departamentos con un gerente ejecutivo encargado de cada uno (I Corintios 12:4-6). Recuérdese que un administrador ejecutivo no fija políticas, procedimientos ni DOCTRINAS, sino que administra, dirige y cumple lo que ya se ha establecido desde arriba.
Aun en este mundo, el presidente de una nación NO hace las leyes sino que administra las políticas como funciones autorizadas por el congreso. Cumple las leyes promulgadas por el congreso. Los administradores están en la Iglesia para supervisar, dirigir y ejecutar las políticas, procedimientos y doctrinas que les vienen desde arriba.
La Iglesia, ünica e indivisa, se describe nuevamente en el versículo 20: “Pero ahora son muchos los miembros, pero el cuerpo es uno solo”. ¡Una Iglesia, sin divisiones! Dios se compone de más de una persona, pero es UN solo Dios. Recordemos que Dios es la familia divina. Los miembros de la Iglesia ya son hijos engendrados de esa familia, pero aún no han nacido como seres divinos.
Leamos el versículo 25: “Para que no haya desavenencia en el cuerpo, sino que los miembros todos se preocupen los unos por los otros”.
Para administrar estas operaciones diversas, Dios (y no los votos de los miembros) puso a unos “en la iglesia, primeramente apóstoles, luego profetas, lo tercero maestros” (versículo 28). O como se dice más detalladamente en Efesios 4:11: “Él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros”.
Un apóstol es “uno enviado” con el mensaje evangélico de Cristo. Esto incluye la supervisión de la tarea de proclamar el mensaje al mundo valiéndose también de otros medios y personas. El apóstol también supervisaba a todas las congregaciones o iglesias locales (I Corintios 16:1). El apóstol Pablo supervisaba a las iglesias del mundo gentil (II Corintios 11:28).
Los profetas que Dios puso en el fundamento de la Iglesia son los del Antiguo Testamento, cuyos escritos formaron gran parte del Nuevo Testamento y de la enseñanza del evangelio y las enseñanzas de la Iglesia. La Biblia no dice que los profetas tuvieran funciones administrativas, ejecutivas ni de predicación en la Iglesia del Nuevo Testamento.
Los evangelistas eran los ministros de mayor rango, que predicaban el evangelio al público, establecían congregaciones locales y supervisaban algunas de las iglesias bajo el apóstol. Por tanto, un evangelista puede cumplir funciones ejecutivas bajo el apóstol en la sede u obra de la Iglesia hoy. El evangelista no es siempre estacionario. Los pastores sí lo son, pues permanecen con una iglesia o grupo de iglesias locales. Luego había maestros, que no necesariamente eran predicadores. Los textos del Nuevo Testamento llaman “ancianos” a todos los ministros y maestros. Por tanto, la Iglesia de Dios hoy tiene ancianos predicadores y ancianos locales. Los primeros son pastores de las congregaciones. Los ancianos locales ayudan a los pastores en el ministerio.
El templo adonde Cristo llegará
Ahora sigamos con el tema de la organización eclesiástica.
La Iglesia es el Cuerpo espiritual de Cristo. No es una entidad secular ni mundana; tampoco es un club o institución. Pero sí es una entidad altamente organizada.
Nótese su grado de organización: “Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios”. Nótese que la Iglesia es una FAMILIA, así como Dios es una familia divina: “la familia de Dios”.
Prosigamos: “… edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo
Jesucristo mismo, en quien todo el edificio [la Iglesia es un edificio], bien coordinado [bien organizado, con todas sus partes que funcionan en armonía y cooperación], va creciendo para ser un templo santo en el Señor; en quien vosotros también sois juntamente edificados, para morada de Dios en el Espíritu” (Efesios 2:19-22).
Este pasaje revela claramente cómo es el templo adonde vendrá el Cristo glorificado. Ninguna parte de la Biblia predice la construcción de un templo material en Jerusalén antes de la aparición de Cristo. Empero, el capítulo 40 de Ezequiel describe la construcción de un templo después de su regreso.
La Iglesia, pues, ha de crecer hasta convertirse en un TEMPLO santo, un templo espiritual al cual llegará Cristo … así como llegó a un templo material de piedra, metal y madera.
Veamos algo más: “. .. la cabeza, esto es, Cristo, de quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí [organizado] por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento ..(Efesios 4:15-16). El cuerpo está unido entre sí. Esto indica unidad organizada, armonía. La Biblia ordena que todos los miembros de la Iglesia estén tan unidos que “hablen todos una misma cosa” (I Corintios 1:10).
En tiempos del Antiguo Testamento, Israel, la Iglesia de esa época, era una nación en el mundo, si bien no era del mundo tal como Dios la había organizado. Su gobierno era jerárquico, teocrático, un gobierno cuya cabeza era Dios mismo. Era todo lo contrario de una democracia, pero tampoco era una dictadura o un estado totalitario.
La Iglesia se organiza de acuerdo con un gobierno teocrático y de forma jerárquica. Los miembros no eligen a los funcionarios de la Iglesia. Dios pone en su Iglesia aun a los legos (I Corintios 12:18).
Jesús dijo explícitamente: “Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere” (Juan 6:44). El mundo, con excepción de los llamados, ¡está ENAJENADO de Dios!
Hemos explicado la verdad de cómo Dios pone a sus funcionarios en la Iglesia para que sirvan en el nivel humano bajo Cristo. Los miembros no los eligen. En las iglesias de este mundo hay quienes creen en el gobierno por la congregación (democracia) y se llaman “congregacionales”. Otros se han organizado en un gobierno impartido por ministros o presbíteros y se llaman “presbiterianos”. Los seguidores de Lutero se llaman “luteranos”. Otros son seguidores de Wesley, quien abogó por el “método”, y se llaman “metodistas”. Hay quienes aprendieron la verdad de Dios acerca del bautismo y su iglesia lleva el nombre de Juan el Bautista, quien enseñó acerca del bautismo. Una quiso tener el dominio universal y se llamó “católica”. ¿Cuál es el nombre de la Iglesia que Jesús fundó?
El verdadero nombre
Jesús oró así por su Iglesia: “Padre santo, a los que me has dado, guárdalos en tu nombre, para que sean uno, así como nosotros. Cuando estaba con ellos en el mundo, yo los guardaba en tu nombre … Pero ahora voy a ti… Yo les he dado tu palabra; y el mundo los aborreció, porque no son DEL mundo, como tampoco yo soy del mundo. No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal [del maligno]. No son DEL mundo, como tampoco yo soy del mundo. Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad” (Juan 17:11- 17).
Jesús dijo que su Iglesia verdadera había de guardarse en el nombre del Padre, que es Dios. El Nuevo Testamento cita 12 veces el nombre de la única Iglesia verdadera. Es la Iglesia de Dios, la Iglesia suya, y Jesucristo es su cabeza, quien la guía, la sostiene y la dirige.
De los pasajes que citan el nombre verdadero de la Iglesia, cinco hacen referencia a todo el Cuerpo de Cristo: la Iglesia en su totalidad. Por tanto, al hablar de toda la Iglesia, incluso sus miembros en todo el mundo, el nombre es la “Iglesia de Dios”. Estos son los cinco pasajes:
Hechos 20:28: Se ordena a los ancianos que deben “pastorear la Iglesia de Dios” (Biblia de Jerusalén, traducción correcta).
I Corintios 10:32: “No seáis tropiezo ni a judíos, ni a gentiles, ni a la iglesia de Dios”.
I Corintios 11:22: “¿O menospreciáis la iglesia de Dios, y avergonzáis a los que no tienen nada?”
I Corintios 15:9: “Perseguí a la iglesia de Dios”.
Gálatas 1:13. Este versículo se refiere a lo mismo del anterior: “Perseguía sobremanera a la iglesia de Dios”.
Cuando la Biblia menciona una congregación local específica, también dice “la iglesia de Dios” y frecuentemente le agrega a este nombre el lugar de esa congregación. A continuación citamos cuatro pasajes:
6) I Corintios 1:2: “La iglesia de Dios que está en Co- rinto”.
7) II Corintios 1:1: “La iglesia de Dios que está en Corinto”.
8) I Timoteo 3:5: Hablando de un anciano en una congregación local, Pablo escribió a Timoteo: “Pues el que no sabe gobernar su propia casa, ¿cómo cuidará de la iglesia de Dios?”
9) I Timoteo 3:15: “Para que… sepas cómo debes conducirte en la casa de Dios, que es la iglesia del Dios viviente…” Aquí se le llama la Iglesia del Dios viviente.
Hablando de las congregaciones locales colectivamente, no como un cuerpo sino como el total de las congregaciones individuales, el nombre dado por la Biblia es “las iglesias de Dios”. Veamos los últimos tres versículos que nombran a la Iglesia:
10) I Corintios 11:16: “Nosotros no tenemos tal costumbre, ni las iglesias de Dios”.
11) I Tesalonicenses 2:14: “Porque vosotros, hermanos, vinisteis a ser imitadores de las iglesias de Dios en Cristo Jesús que están en Judea”.
12) II Tesalonicenses 1:4: “Tanto, que nosotros mismos nos gloriamos de vosotros en las iglesias de Dios”.
Empero, ninguna iglesia es la Iglesia de Dios si no es realmente suya, o sea si no persevera en sus doctrinas, sus prácticas y su organización en la forma establecida originalmente en la Biblia; si no está encabezada por Jesucristo y si no pertenece a Dios el Padre; si no tiene el poder del Espíritu Santo y la VERDAD DE Dios; y si no cumple la comisión de Cristo de proclamar su buena nueva del reino de Dios al mundo.
¡Hay una sola Iglesia así! Y no puede estar dividida. Sigue siendo una.
En I Corintios 1:10 el apóstol Pablo fue inspirado a escribir que todos en la Iglesia hablaran “una misma cosa”. No debe haber división en lo que se cree, se enseña y se predica.
El cristianismo tradicional
¿Qué podemos decir de las muchas iglesias organizadas que llevan el rótulo de “cristianas”, algunas de ellas con millones de adeptos? Apocalipsis 17:5 las describe como “Babilonia la grande, la madre de las rameras y de las abominaciones de la tierra”.
¿Son, entonces, malas?
No conscientemente o a sabiendas necesariamente. La humanidad está AISLADA de Dios. Satanás sigue ocupando el trono del mundo con un poder inferior solamente al de Dios.
El mundo entero está bajo el engaño de Satanás (Apocalipsis 12:9). Las personas engañadas no se dan cuenta del engaño. Si se dieran cuenta, ¡no estarían engañadas! Pueden creer muy sinceramente que están en lo correcto.
¿Están condenadas estas personas? ¡De ninguna manera! Sencillamente no están siendo juzgadas. No están ni “condenadas” ni “salvadas”. ¡Cuán pocos comprenden la magnitud del poder satánico y el alcance de su engaño!
El malo y diabólico es Satanás. Pero es un ser y una fuerza invisible; los mortales no lo ven ni lo reconocen.
Satanás es el gran FALSIFICADOR. Aparece como un “ángel de luz” (II Corintios 11:13-15). Y tiene también iglesias fraudulentas con ministros engañados por él y convencidos de que son “ministros de justicia” y de Cristo (II Corintios 11:15; Mateo 24:5).
“Pero temo que como la serpiente con su astucia engañó a Eva, vuestros sentidos sean de alguna manera extraviados de la sincera fidelidad a Cristo. Porque si viene alguno predicando a otro Jesús que el que os hemos predicado, o si recibís otro Espíritu que el que habéis recibido, u otro evangelio que el que habéis aceptado, bien lo toleráis … Porque éstos son falsos apóstoles, obreros fraudulentos, que se disfrazan como apóstoles de Cristo. Y no es maravilla, porque el mismo Satanás se disfraza como ángel de luz. Así que, no es extraño si también sus ministros se disfrazan como ministros de justicia; cuyo fin será conforme a sus obras” (II Corintios 11:3-4, 13-15).
Nótese que estas iglesias engañadas pero fraudulentas creen ser la Iglesia verdadera y que sus ministros “se disfrazan como ministros de justicia”. En otras palabras, parecen ser verdaderos ministros de Jesucristo. Efectivamente, muchos pueden ser sinceros, ya que obran bajo engaño. No han conocido ni predicado el verdadero evangelio de Jesús, que es el evangelio del reino de Dios (Mateo 24:14). Tampoco entienden lo que se ha escrito en este libro acerca de la Iglesia de Dios.
Una parte de la verdad
Muchos grupos protestantes, así como algunos “ministerios” personales, citan ciertos pasajes de las Escrituras, especialmente los relacionados con la vida cristiana, la fe, el amor, etc. Pero hacen caso omiso de otros pasajes básicos citados en este libro. Satanás parece estar dispuesto a permitir que los engañados tengan una parte de la verdad.
Pero estas personas se desvían cuando de ciertas verdades esenciales se trata. Generalmente carecen del nombre correcto: Iglesia de Dios. No proclaman el reino de Dios ni saben qué es. Esto significa que no tienen ni proclaman el verdadero evangelio de Cristo. No tienen el gobierno de Dios encabezado por Jesucristo y con apóstoles, evangelistas, pastores y otros ancianos. No saben en qué consiste la salvación. No entienden el propósito ni el plan de Dios.
La Iglesia original, víctima de oposición y persecuciones, sigue existiendo y tiene estas pruebas de que ella constituye la verdadera Iglesia original. Y aun esta Iglesia, hasta el año de 1933, había perdido muchas verdades esenciales. Desde ese año ha recobrado por lo menos 18 verdades básicas y esenciales.
La mente sola no puede saber
Hasta ahora no había podido dar una explicación clara y concisa de qué es la Iglesia y por qué existe.
¿Por qué no?
Porque las personas natural y normalmente piensan sólo en cosas físicas y materiales. La gente no sabe que está enajenada de Dios. La mente humana que no ha recibido el Espíritu Santo de Dios no puede pensar espiritualmente. No puede tener conocimiento espiritual. No puede entender los problemas y los males del hombre ni los propósitos de su existencia.
Pero la Iglesia es la Iglesia de Dios, y las cosas de Dios son un misterio. No son comprensibles para la mente carnal y natural. Aunque la gente tenga su propio concepto humano de lo que es la Iglesia y la razón de su existencia, este no es el concepto que tiene Dios.
Dios se ha comunicado con el hombre en nuestros días por medio de su Palabra impresa: la Santa Biblia, cuyo significado central es espiritual. Pero la mente natural sin el Espíritu divino no puede pensar en términos espirituales ni comprender los conocimientos espirituales revelados. La Biblia es un misterio, algo así como un gigantesco rompecabezas compuesto de millares de piezas que deben unirse “mandato sobre mandato, renglón tras renglón … un poquito allí, otro poquito allá” (Isaías 28:9-10, 13). Y para unir las piezas de este “rompecabezas” espiritual y entenderlo se necesita que la mente tenga el Espíritu Santo. Además, se requiere tiempo, diligencia y paciencia.
No había podido explicarle al lector este “qué” y “por qué” de la Iglesia de una sola vez y en breves palabras, pues he querido revelar el misterio en su totalidad.
¿Qué es, entonces, la Iglesia?
Por qué las “primicias”
La Iglesia es aquel cuerpo que Dios llamó a salir del mundo de Satanás. Sus miembros son llamados con un propósito especial: capacitarlos como gobernantes y maestros cuando Dios se proponga convertir a la humanidad, para que puedan enseñar y gobernar al mundo con Cristo y bajo El. También es necesario que estas personas se transformen de seres humanos en seres divinos y miembros de la familia de Dios. Esto explica por qué la Biblia las llama una y otra vez las “primicias” o los PRIMEROS frutos de la salvación de Dios (Romanos 11:16; Efesios 1:12; Apocalipsis 14:4).
El día de Pentecostés se llamaba antes la Fiesta de las Primicias. Representa a la Iglesia que Dios está llamando y capacitando para que cumpla una misión especial antes que el Creador ofrezca la salvación a todo el mundo. Entiéndase claramente que todavía no ha llegado el momento en que Dios ofrecerá el árbol de la vida al mundo. En vez de hacerlo, Dios ha escogido a los predestinados al llamamiento especial a fin de prepararlos como reyes y maestros, para convertirlos en seres divinos bajo Cristo cuando Él haga accesible el árbol de la vida a toda la humanidad. Entonces sucederá lo que dice Joel 2:28: Dios derramará su Espíritu sobre toda carne.
El pasaje del Nuevo Testamento que dice: “En día de salvación te he socorrido” (II Corintios 6:2), es una cita de Isaías 49:8. Algunos han pensado erróneamente que según este texto, hoy es el único día de salvación para todos.
La verdad es que la Iglesia no ha sido llamada solamente para que se salve y “llegue al reino”, como creen muchos. Esto se ve claramente en las parábolas de las minas y los talentos.
La parábola de las minas
En la parábola de las minas (Lucas 19:11-27), Jesús se representó como un joven gobernante que iba al trono de Dios en el cielo para recibir el reino de Dios. A cada miembro de su Iglesia dio una mina, que representa una porción del Espíritu Santo. Esto muestra que debemos crecer en el Espíritu, o sea en gracia y conocimiento, durante la vida cristiana.
Cuando Cristo vuelva a la tierra habiendo recibido el reino y la corona, llamará a cuentas a los miembros de su Iglesia. El que haya multiplicado por 10 la porción del Espíritu Santo que recibió (desarrollándose y creciendo en gracia y conocimiento) recibirá como recompensa el gobierno de 10 ciudades. El que haya demostrado la mitad de este crecimiento y desarrollo espiritual gobernará sobre cinco ciudades. Recuérdese que la recompensa será de acuerdo con nuestras obras o crecimiento espiritual, pero que la salvación es un don gratuito.
¿Qué sucederá al individuo que creyó haber “alcanzado el reino” pero que no creció ni se desarrolló espiritualmente? Primero, se le quitará su porción del Espíritu Santo. Perderá la salvación que creyó tener. ¡No entrará en el reino! Dios
NO IX) HABÍA LLAMADO SÓLO PARA SALVARLO SINO PARA QUE SE hiciera apto como futuro gobernante y maestro bajo Cristo, cuando Dios ofrezca la salvación a toda la tierra. Conviene notar que no se trata de ofrecer la salvación a las personas en el mundo de Satanás, pues el mundo entonces será de Dios. Será el mundo de mañana.
La parábola de los talentos (Mateo 25) recalca esta misma enseñanza.
La parábola del sembrador
La parábola del sembrador en Mateo 13:1-9 enseña lo mismo. Pero los discípulos de Jesús no la entendieron y le preguntaron por qué hablaba a la multitud en parábolas (versículo 10). A los discípulos, llamados a salir del mundo para una comisión especial, Jesús respondió: “A vosotros os es dado saber los misterios del reino de los cielos; mas a ellos no les es dado” (versículo 11).
Esta es otra prueba de que Dios no está llamando al mundo para darle entendimiento y salvación ahora. Jesús se dirigió al mundo, a los no llamados, en parábolas para ocultarle el significado de sus palabras (versículo 13), pero explicó la parábola a sus discípulos llamados (versículos 18-23).
Algunos llamados en esta era de la Iglesia oyen la palabra de Dios cuando se les predica, mas no entienden, y Satanás se lleva lo que se había sembrado en su corazón. Otros reciben la verdad con alegría cuando la oyen, pero les falta profundidad de mente y carácter y cuando viene la persecución se ofenden y se van. Otros escuchan y responden en un principio, empero, la carga de ganarse la vida y los placeres del mundo les impiden producir frutos… como el que recibió una mina pero no creció en conocimiento y carácter espirituales.
De los demás llamados a salir del mundo y formar parte de la Iglesia, algunos produjeron frutos espirituales que se multiplicaban por 100, otros por 60 y otros por 30. Son salvos por la gracia de Dios, pero en la otra vida dentro del reino recibirán su recompensa o cargos de responsabilidad y poder de acuerdo con sus obras. Esto es, recibirán su recompensa según los frutos que den. Y dar frutos es algo más que leer la Biblia, orar, ir a la iglesia o prestarse como voluntario para algún servicio. Significa los “frutos del Espíritu”, como vemos en Gálatas 5:22-23: expresar más amor e interés generoso por los demás; tener gozo, que es felicidad rebosante; estar en paz con la familia, los vecinos y los demás; crecer en paciencia; tener más bondad y gentileza en el trato con los demás; crecer en benignidad y en fe, así como en mansedumbre y templanza.
La Iglesia, pues, es aquel cuerpo llamado a salir del mundo de Satanás y que se está preparando para restablecer el gobierno de Dios bajo Cristo. Cuando ello suceda, Satanás ya habrá sido depuesto. Será una época en que todos los vivos serán llamados al arrepentimiento y a la salvación con vida eterna por medio del Espíritu Santo de Dios. ¡La Iglesia inmortal estará GOBERNANDO CON Cristo en remplazo del actual reinado de Satanás!
La Iglesia, entonces, es aquel cuerpo de llamados que en la resurrección formarán las primicias de la cosecha de Dios. Esta cosecha es la de seres humanos físicos, de carne y hueso, pero convertidos en seres divinos e inmortales. ¡Serán aquellos en quienes Dios se habrá reproducido!
La Iglesia es aún carnal
¿Por qué ha procedido Dios paso a paso? Pocos comprenden cuán grande es su propósito.
Después de muchos años de pecado, los hombres aislados de Dios se convierten en “niños en Cristo”, pero como son recién convertidos siguen siendo mucho más carnales que espirituales, aunque han recibido el Espíritu Santo que Dios da a quienes se transforman por la conversión.
¡Entendamos! La Iglesia, tal como ha sido llamada inicialmente en esta vida, no es capaz, todavía, de gobernar la tierra, de sentarse con Cristo en el trono donde estuvo Lucifer ni de administrar el gobierno de Dios.
POR ESO es que Dios ha puesto su gobierno en la Iglesia. Por ESO es que el gobierno de la Iglesia de Dios es teocrático y no democrático. Por ESO es que Dios ha establecido jerarquías en su gobierno: apóstoles, evangelistas, pastores, ancianos predicadores y ancianos locales, “hasta que todos [en la Iglesia] lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo” (Efesios 4:13).
No se trata de “lograr entrar en el reino” al bautizarse, sino de superación espiritual y de crecer en conocimiento y en el carácter justo. Por ESO es un gobierno jerárquico, con Dios en la cima, y no alguno de los sistemas de gobierno de diseño humano. Si así fuera, ¡el pueblo estaría gobernando sobre Dios!
Es el MISMO GOBIERNO que Cristo empleará para regir a las naciones en el milenio.
POR ESO es que Satanás influye en los que llegan a ser disidentes en la Iglesia de Dios creando en ellos resentimiento y amargura contra el gobierno divino. ¡Por eso algunos se han ido de la Iglesia!
Las iglesias de este mundo, el “cristianismo tradicional”, no hablan del gobierno de Dios. No muestran a Jesús como futuro gobernante. No predican a Jesús como Rey sino únicamente como Salvador. Olvidan o rechazan los pasajes que hablan de Cristo como Rey y futuro Gobernante y que hablan del gobierno del reino de Dios … lo que equivale a decir que en sus enseñanzas y prédicas deliberadamente rechazan y omiten el mensaje evangélico de Cristo. Enseñan que al “recibir” (obtener) a Cristo la persona está salva.
Repito, el individuo a quien Dios llama y agrega a su Iglesia no es, en el momento de su conversión, ni remotamente capaz de recibir PODER para gobernar a las naciones. Se le llama “niño en Cristo”. Si se ha arrepentido y está realmente convertido, ha recibido una porción del Espíritu Santo de Dios. En Romanos 8:16 leemos que “el Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios”.
Pero necesitamos crecer espiritualmente a fin de hacernos aptos para gobernar a las ciudades y naciones y para enseñar a los que se conviertan.
Como dijo el apóstol Pablo a los miembros de la Iglesia primitiva que no estaban creciendo espiritualmente, “no os hagáis perezosos, sino imitadores de aquellos que por la fe y la paciencia heredan las promesas. Porque cuando Dios hizo la promesa a Abraham, no pudiendo jurar por otro mayor, juró por sí mismo, diciendo: De cierto te bendeciré con abundancia y te multiplicaré grandemente” (Hebreos 6:12- 14).
Aunque no hemos nacido de nuevo, ya somos hijos engendrados de Dios. Para usar una analogía, el embrión o feto en el vientre materno ya es hijo de sus padres aunque no ha nacido. Por tanto, el aborto es asesinato. Esto nos trae a un importantísimo propósito y función de la Iglesia.
En Gálatas 4:22-31 hay una alegoría sobre los dos pactos: el pacto hecho con la nación de Israel en ei monte Sinaí y el pacto que se hará al regreso de Cristo. Los ministros de la Iglesia son “ministros competentes de un nuevo pacto” (II Corintios 3:6).
La Iglesia es a la vez parte del nuevo pacto y preparación para el establecimiento final de éste.
En la alegoría de los dos pactos la Iglesia es llamada la “madre de todos nosotros”, es decir, de los miembros de la Iglesia.
Hay, pues, una comparación directa. Dios se reproduce por medio de los seres humanos. Nos dio poder para reproducimos a nosotros mismos, y la reproducción humana es un reflejo exacto de la reproducción espiritual de Dios.
La reproducción humana y la salvación
Veamos y entendamos cómo la reproducción humana representa la SALVACIÓN espiritual.
Toda vida humana proviene de un huevecillo diminuto llamado óvulo que se produce dentro de la madre. Su tamaño es como la punta de un alfiler. Con la ayuda de un microscopio se alcanza a ver un núcleo en su interior. El óvulo en sí tiene una vida muy limitada; muchos médicos y científicos piensan que dura apenas 24 horas si no es fecundado por un espermatozoide.
El espermatozoide, proveniente del cuerpo paterno, puede impartir vida a este óvulo. El espermatozoide es la célula más pequeña del cuerpo humano, como que equivale apenas al dos por ciento del óvulo. Al penetrar en el óvulo, el espermatozoide busca el núcleo y se une con él. Esto imparte al óvulo vida humana y física.
Pero aún no ha nacido el nuevo ser; la vida apenas si se acaba de engendrar. Durante los primeros cuatro meses se le denomina embrión, y de ahí en adelante hasta que nace se le denomina feto. Esta vida humana empieza muy pequeña, como la punta de un alfiler. Y el espermatozoide que la genera es la célula más pequeña del cuerpo. Una vez engendrado el embrión, necesita alimentarse con nutrimentos físicos de la tierra. Esto se logra por medio de la madre. El alimento físico le permite crecer y crecer y crecer hasta que al cabo de nueve meses ha alcanzado el tamaño necesario para nacer.
A medida que crece, sus órganos y características físicas se van formando. Pronto tiene una columna vertebral. Se forma el corazón y éste empieza a latir. Aparecen otros órganos internos. Poco a poco, toman forma la cabeza, el tronco, los brazos y las piernas. Por último salen las uñas y el cabello, y los rasgos faciales empiezan a tomar forma. A los nueve meses el feto tiene un peso promedio de unos tres kilos y está listo para nacer.
El ser humano necesita ser ENGENDRADO por su padre humano. De la misma manera, para nacer nuevamente del espíritu, o sea de Dios, es necesario que la persona sea ENGENDRADA primero por el Padre espiritual, que es el Dios todopoderoso.
Una asombrosa analogía
Ahora veamos cómo la concepción, la gestación y el nacimiento de un ser humano son la representación perfecta de la salvación espiritual, que es NACER de Dios y recibir la vida ETERNA en su reino, ¡en la familia de Dios dentro de la cual podemos nacer!
Un adulto humano equivale, en sentido espiritual, al “óvulo”. En este óvulo espiritual hay un “núcleo”, que es la mente humana con su espíritu humano. El “óvulo espiritual” tiene una vida muy limitada comparada con la vida eterna, pues dura en promedio unos 70 años. Mas si entra en él el Espíritu Santo proveniente de Dios el Padre, éste puede impartirle vida inmortal, espiritual y divina. El Espíritu divino se une con el núcleo del óvulo humano, que es el espíritu y la mente del hombre, y le imparte la naturaleza divina (II Pedro 1:4). Hasta ese momento habíamos tenido solamente la naturaleza humana y carnal.
Así como el espermatozoide es la más pequeña de las células del cuerpo humano, también muchos cristianos engendrados empiezan con una porción muy pequeña del Espíritu y el carácter de Dios. En un comienzo, ¡muchos serán camales en un 99 por ciento! Parece que este era el caso de los cristianos de la iglesia en Corinto (I Corintios 3:1-3). Por eso Pablo dijo que tenía que seguir alimentándolos con leche espiritual, pues no podían recibir aún el alimento de adultos. Ciertamente, no habían “nacido de nuevo”.
Ahora bien, así como el espermatozoide físico encuentra el núcleo del óvulo y llega hasta él, también el Espíritu de Dios entra y se combina con el espíritu y la mente humana. Como se explicó antes, hay un espíritu dentro del hombre. Este espíritu humano se ha unido con el cerebro para formar la mente humana. El Espíritu de Dios se une con nuestro espíritu y da testimonio de que ya somos hijos de Dios (Romanos 8:16). El Espíritu de Dios, combinado con el espíritu humano en nuestra mente, nos imparte la facultad de comprender el conocimiento espiritual (I Corintios 2:11) que la mente carnal no puede captar.
Ahora tenemos la presencia de vida eterna, vida de Dios, mediante el Espíritu divino. Igualmente, el embrión humano era una vida humana pero aún sin desarrollar. Todavía no somos seres espirituales inmortales, todavía no hemos nacido de Dios, de la misma manera como el embrión humano no ha nacido de sus padres. No poseemos la herencia, pero somos herederos (Romanos 8:17). Mas SI el Espíritu de Dios mora en nosotros, Dios “vivificará” nuestro cuerpo en la resurrección dándonos inmortalidad POR su Espíritu que “mora en nosotros” (Romanos 8:11; I Corintios 15:49-53).
Ahora veamos cómo prosigue esta extraordinaria analogía.
Todavía no hemos nacido como seres divinos. Todavía no estamos compuestos de espíritu sino de materia física. La vida divina apenas si se ha engendrado. El carácter divino empieza tan pequeño que no se hace muy evidente, excepto por aquel aura de “romance” espiritual que irradiamos en el “primer amor” de la conversión. Por lo que respecta al conocimiento espiritual y el desarrollo del carácter espiritual, aún no hay gran cosa.
El embrión espiritual
Engendrados espiritual mente, somos apenas un embrión. Ahora necesitamos alimento espiritual. Jesús dijo que no sólo de pan (comida física) vive el hombre sino de toda palabra de Dios (alimento espiritual). Ésta la recibimos de la Biblia mediante el contacto espiritual íntimo y continuo con Dios en la oración, mediante la fraternidad con otros hijos de Dios en su Iglesia y por las enseñanzas que la Iglesia imparte continuamente.
El embrión o feto físico se alimenta por medio de la madre. La Iglesia de Dios se llama “la Jerusalén de arriba, la cual es madre de todos nosotros” (Gálatas 4:26).
¡El paralelo es exacto! La Iglesia es la madre espiritual de sus miembros. Dios puso en la Iglesia a sus ministros llamados y escogidos para PASTOREAR la manada a fin de “perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo [Iglesia] de Cristo, hasta QUE todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo” (Efesios 4:11-13).
Es deber de los verdaderos ministros de Cristo (¡y cuán pocos hay en la actualidad!) proteger a los santos engendrados de Dios contra falsas doctrinas y falsos ministros.
La madre humana lleva su niño en aquella parte del cuerpo donde pueda protegerlo contra daños físicos. Esa protección es parte de su función, como lo es alimentar al hijo por nacer. De igual manera, la Iglesia, por medio de los ministros de Cristo, instruye, enseña, aconseja y protege a sus miembros contra el daño espiritual. ¡Qué maravillosa analogía de la salvación espiritual!
Ahora prosigamos. Así como el feto debe crecer hasta alcanzar un tamaño que le permita nacer, también el cristiano debe crecer en gracia y en el conocimiento de Cristo (II Pedro 3:18). Tiene que superarse, tiene que desarrollar carácter espiritual en esta vida a fin de nacer en el reino de Dios. Así como el feto desarrolla poco a poco sus características y órganos físicos, también el cristiano deberá desarrollar gradualmente el CARÁCTER ESPIRITUAL: amor, fe, paciencia, mansedumbre, templanza. Debe vivir por la Palabra de Dios y ser HACEDOR de ella. ¡Tiene que desarrollar el CARÁCTER divino!
Por último: ¡La inmortalidad!
Luego, a su debido tiempo, y aunque la persona haya muerto, nacerá como hijo de Dios en una resurrección o mediante una transformación instantánea a la inmortalidad cuando Cristo regrese. Entrará entonces en el reino de Dios porque Dios es ese reino. Ya no será carne física de la tierra sino un ser compuesto de espíritu, tal como Dios es espíritu (Juan 4:24).
¡Cuán maravillosa es la verdad de Dios!
Pero con su astucia, Satanás ha engañado al mundo. Ha cegado a la humanidad para que no vea que Dios es este reino que Jesús proclamó, y para que no sepa que nosotros podemos nacer como seres espirituales, como parte de esa familia divina, ¡como parte del reino de Dios!
¡Cuán preciosa es la VERDAD DE Dios! Dios diseñó la reproducción humana para mostramos su verdad en términos físicos y PARA MANTENERNOS SIEMPRE CONSCIENTES DE SU MARAVILLOSO PLAN DE SALVACIÓN.
Es función de la Iglesia, como madre espiritual de los cristianos, desarrollar el CARÁCTER divino, justo y perfecto en aquellos que Dios ha llamado y agregado a su Iglesia.
Recordemos que NINGUNO PUEDE VENIR a Cristo salvo los que Dios el Padre llama y trae (Juan 6:44). Los nuevos conversos no llegan a la conversión espiritual por los esfuerzos de evangelistas humanos, no “se dejan convencer”, no obran presionados por la oratoria fervorosa de los predicadores ni deben su conversión al llamamiento emotivo de un evangélico que los insta a “subir al altar” y a “entregar su corazón al Señor”.
Semejante tipo de cruzadas evangelísticas no aparecen en el Nuevo Testamento como enseñanza ni como ejemplo para nosotros. Sin embargo, muchos creen, erróneamente, que tales prácticas vienen de Cristo.
¡Jesús NO inició una cruzada para “salvar almas”! No se propuso salvar entonces a todos los que poblaban el mundo de Satanás. Vino a sacar del mundo de Satanás a un pueblo predestinado, llamado y traído por Dios. Jesús dijo que era imposible que otras personas del mundo de Satanás vinieran a El a recibir la salvación si Dios no las llamaba especialmente para hacer de ellas reyes y maestros cuando el mundo de Dios haya remplazado al mundo de Satanás. Jesús nunca rogó ni instó a nadie a “entregarle el corazón”. En el pozo de Jacob en Samaria habló con una mujer y se refirió al Espíritu Santo como “agua viva”.
La mujer le dijo a Jesús: “Señor, dame esa agua, para que no tenga yo sed” (Juan 4:15). Fue una solicitud directa de una mujer inconversa que pedía la salvación y el don del Espíritu Santo. Pero Jesús le respondió solamente haciendo mención DE SUS PECADOS, ¡INDICÁNDOLE DE QUÉ TENÍA QUE ARREPENTIRSE! No le dijo: “Ven a mí tal como estás, con todos tus pecados”.
Ninguno puede venir a Jesús si el Padre no lo trajere. Todos han pecado. El pecado es contra Dios el Padre. Primero hay que arrepentirse del pecado y dejarlo. No se trata del simple remordimiento por nuestras culpas. Se trata de lamentamos hasta el punto de dejar el pecado, de superarlo. Esto, con la fe en Cristo, nos reconcilia con Dios. Es Dios el Padre quien añade a la Iglesia a los que El llama para ser salvos (Hechos 2:47). Es Dios quien pone a los miembros dentro de su Iglesia (I Corintios 12:18), ¡no la fogosa oratoria de un predicador que insta a sus oyentes a subir al altar!
Dios coloca a las personas en su Iglesia para que se desarrolle en ellos su carácter santo, justo y perfecto. ¿Para QUÉ? Para prepararlos como futuros SERES ESPIRITUALES para el reino (familia) de Dios, ¡a fin de que GOBIERNEN al mundo entero con Dios!
¿Qué hace la Iglesia como madre espiritual de sus miembros para desarrollar en ellos ese carácter espiritual? Esto nos trae al verdadero propósito de la Iglesia y a la explicación de por qué no se puede NACER DE NUEVO fuera de la Iglesia.
El propósito de la Iglesia
Veamos ahora lo más importante de todo: ¿Cuál es el verdadero propósito de la Iglesia? ¿Por qué dispuso Dios que Cristo la fundara?
La Iglesia es la madre espiritual de los conversos. Estos son los embriones espirituales que aún no han nacido, aunque sí han sido engendrados mediante el Espíritu Santo de Dios y por tanto ya son hijos de Dios.
La Iglesia es el organismo espiritual de Dios, bien organizado, para nutrir a estos futuros seres divinos, hijos de Dios el Padre, con alimento espiritual, para prepararlos y desarrollar en ellos el CARÁCTER espiritual justo.
Con este fin, el de prepararlos y desarrollar el carácter divino en ellos, Dios ha dado a su Iglesia una responsabilidad DUAL:
“Id por todo el mundo” proclamando la buena noticia, el anuncio del venidero reino de Dios (Marcos 16:15).
“Apacienta mis ovejas” (Juan 21:15-17).
En esta tarea de apacentar o ALIMENTAR a las “ovejas”, desarrollando en ellas el carácter espiritual de Dios, ellas a su vez tienen que hacer su parte: apoyar y respaldar la gran comisión: “Id por todo el mundo”.
Esta primera y gran comisión fue encomendada a los apóstoles. Dios también se valió de los evangelistas, en menor grado, para llevar el mensaje. Otros líderes (ministros ordenados) permanecían en un lugar, pero aun el pastor local de una iglesia puede efectuar campañas evangelísticas en su localidad: no “cruzadas” para salvar almas sino conferencias en que se ANUNCIE y proclame el reino de Dios (que es el verdadero evangelio).
Esta GRAN comisión en su totalidad: la proclamación de la BUENA NOTICIA del reino venidero y la “alimentación de las ovejas”, es una función y administración combinada de la Iglesia.
Todo miembro de la Iglesia tiene SU parte en la proclamación de la buena noticia (el evangelio) al mundo. ¿Cuál es? No consiste en salir personalmente a proclamar el mensaje de Cristo en el vecindario o el mundo. Esto corresponde principalmente a los apóstoles, en cierta medida a los evangelistas y en un grado menor a los pastores locales. (La función principal de los pastores locales es supervisar y predicar a la congregación local.)
La operación global de la Iglesia es un TODO, organizado como diversas operaciones y ministerios (I Corintios 12:5-6).
La función de ios miembros
Citemos un ejemplo. ¿Qué función, dentro de la comisión de llevar el evangelio a TODO EL MUNDO, le corresponde al individuo que sea miembro de una congregación local? Esta tarea la cumple principal y directamente el apóstol. En esta segunda mitad del siglo 20 también se cumple por medio de la radio, la televisión y la prensa.
En el primer siglo de nuestra era se cumplía mediante la proclamación directa. ¿Qué parte le correspondía entonces al miembro de una congregación local? ¡Una muy grande! Sin este gran cuerpo de miembros, ¡el apóstol no podía hacer nada!
Veamos un ejemplo en las Escrituras: Pedro y Juan habían estado predicando el mensaje en el templo de Jerusa- lén. Pedro había realizado un milagro y se reunió una multitud. Como resultado, Juan y Pedro fueron encarcelados y amenazados. Con su vida en peligro, los apóstoles se sintieron inquietos.
Cuando se vieron libres, fueron inmediatamente adonde los miembros (Hechos 4:23) en busca del ánimo y el apoyo que necesitaban. ¡Los miembros ORARON con fervor! Pedro y Juan NECESITABAN urgentemente esta lealtad, este respaldo y las oraciones de los miembros. ¡Unidos formaban un equipo!
Este autor, apóstol de Cristo, puede decir enfáticamente que el apóstol, los evangelistas, pastores y ministros no podrían llevar a cabo la obra de Dios sin el respaldo fiel y el ánimo constante brindado por los miembros de la Iglesia.
Un miembro como individuo tampoco puede desarrollar dentro de sí el carácter perfecto, justo y santo de Dios sin las operaciones del apóstol, los evangelistas, pastores y ministros. Todos estos miembros que Dios ha puesto en su Iglesia dependen los unos de los otros. Forman un organismo espiritual bien estructurado y totalmente distinto de cualquier entidad secular y mundana.
Más específicamente, ¿cómo funciona esta dependencia recíproca?
Dios ha provisto métodos modernos
En general, toda la operación de la Iglesia cuesta dinero en este mundo del siglo 20. Para poder cumplir su misión la Iglesia tiene a su disposición medios que no existieron en el primer siglo de nuestra era. Sin los diezmos y las generosas ofrendas de los miembros de la Iglesia, la comisión no podría llevarse a cabo en el mundo de hoy.
Sin las oraciones constantes y fervientes de todos los miembros, la obra no podría cumplirse. Sin el Animo constante brindado por los miembros y quienes los dirigen a nivel local, los que laboramos en la sede de la Iglesia no podríamos resistir las persecuciones, oposiciones, dificultades y frustraciones.
A la inversa, los miembros necesitan con la misma urgencia aquel estímulo, enseñanza, consejos y liderazgo que reciben de la sede y de sus pastores locales.
Como ejemplo de lo primero, suelo recibir tarjetas, muchas veces bellamente ilustradas, firmadas por centenares de miembros de las congregaciones locales, en las cuales me dan palabras de apoyo, lealtad y respaldo. Los miembros dispersos por el mundo no alcanzan a imaginarse cuánta inspiración y cuánto ánimo ofrecen a aquel que Cristo escogió para dirigir su extraordinaria actividad mundial: ¡la Iglesia de Dios! La seguridad de que millares de fieles en todo el mundo están elevando oraciones a Dios continuamente es algo que inspira la confianza de la fe para perseverar en la dirección y supervisión de esta gran obra.
En términos específicos, ¿cómo se organiza la Iglesia de Dios hoy? ¿Cómo opera en esta segunda mitad del siglo 20?
El mensaje de Cristo, el evangelio del reino de Dios, sale al mundo con gran potencia por radio, televisión y en La Pura Verdad, una revista de circulación masiva. También hay diversas publicaciones y aun libros que se envían gratuitamente a quienes los soliciten. Hay campañas publicitarias en diarios y revistas importantes como Selecciones del Reader’s Digest, The New York Times, The Wall Street Journal, el Times de Londres y otros.
Como apoyo para los miembros locales y los ministros, estos últimos reciben un Informe del Pastor General. Un pequeño periódico titulado The Worldwide News se envía a los miembros de habla inglesa, y todos los miembros, ministros y colaboradores reciben un hermoso ejemplar de la revista titulada Las buenas noticias del mundo de mañana. Por último, el pastor general envía cartas mensuales a los colaboradores y miembros para informarles sobre el desarrollo de la obra, así como las actividades y necesidades del momento.
No olvidemos una publicación muy importante: el Curso Bíblico por Correspondencia, que se envía gratuitamente y que ofrece lecciones mensuales con estudios profundos de los temas básicos de la Biblia.
También cabe mencionar los viajes del autor para llevar el mensaje de Cristo personalmente ante reyes, emperadores, presidentes, primeros ministros y otros altos funcionarios en diversos países.
Todo esto es una operación bien organizada para hacer realidad el PROPÓSITO de la Iglesia: 1) proclamar al mundo el reino venidero de Dios, y 2) apacentar las ovejas.
El “solitario”, el “cristiano individual” que pretende entrar en el reino de Dios por otros medios diferentes de Cristo y SU camino, mediante su Iglesia, ¡no está recibiendo LA preparación dispuesta por Cristo para gobernar y reinar con Él en su reino!
Los “cristianos particulares” y los ex miembros
¿Qué podemos decir del cristiano llamado “particular” o “individual” que dice: “Yo no quiero ser parte de la Iglesia; quiero buscar mi salvación directamente y a solas con Jesucristo”?
La respuesta es ésta: Dios mismo dispuso el plan y el método por el cual los humanos, una vez engendrados por medio del Espíritu Santo, pueden entrenarse y prepararse para formar parte del grupo de SERES DIVINOS que formarán
el reino de Dios.
El reino de Dios será la FAMILIA DE Dios, una familia de seres divinos supremamente bien preparada y organizada. La Iglesia es la escuela especial que Dios tiene para capacitar a quienes ha escogido y llamado, donde se preparan para ser reyes y sacerdotes, para gobernar y enseñar, para cumplir su función dentro de ese reino. Solamente quienes se hayan preparado de esta manera en la Iglesia podrán ser reyes y sacerdotes en el reino de Dios.
La persona que dice: “Obtendré mi salvación solo, fuera de la Iglesia”, está absolutamente engañada. Este no es el momento en que la salvación se está ofreciendo a todos en el mundo de Satanás. Los llamados ahora — y lo reitero con énfasis — NO son llamados únicamente para recibir la salvación sino para recibir una capacitación especial que solamente la Iglesia de Dios puede darles.
Quienes están en el mundo de Satanás no se pueden preparar solos, fuera de la Iglesia, para el llamamiento especial de ser gobernantes en el reino de Dios cuando Satanás sea depuesto y el mundo se haya convertido en el mundo de Dios.
La Iglesia se organiza de acuerdo con el sistema de Dios, de cooperación y apoyo mutuo, para un funcionamiento perfectamente concertado. Cuando Cristo regrese ios miembros de la Iglesia se convertirán en miembros de la familia divina. Y recordemos que Dios ES aquella familia divina.
Tomemos una analogía del mundo de Satanás. Un jugador de fútbol dice: “Quiero jugar en todos los partidos, pero me entrenaré solo. No quiero formar parte de un equipo hasta que empiece el campeonato”. ¿Acaso el entrenador le permitiría formar parte de un equipo sin haber aprendido a jugar CON LOS DEMÁS en las sesiones de entrenamiento? Tampoco Dios permitirá el ingreso en su familia de personas que se hayan negado a formar parte de ella ahora, en el período de “entrenamiento” de la Iglesia.
Al comienzo de su Iglesia, Jesús dijo a los que había escogido como apóstoles: “Yo soy la vid, vosotros los pámpanos” (Juan 15:5). Los que no estén unidos a otros pámpanos (o ramas), y todos ellos unidos a la vid principal, NO SON PARTE DE LA IGLESIA. Y Dios el Padre los rechazará como ramas MUERTAS. La VIDA (vida espiritual engendrada ahora) la recibimos junto con los demás “pámpanos” de la vid principal que es Cristo, cabeza de la Iglesia.
¿qué del que ha formado parte del “cuerpo espiritual” de Cristo (la Iglesia) pero que es EXPULSADO (por causar división o rebeldía o por oposición al gobierno de la Iglesia)? La Iglesia es como una madre embarazada. Si hay un aborto, la vida desaparece del feto. Empero, tal vez hay una diferencia en esta analogía: La persona que sale de la Iglesia de Dios o que es expulsada podría ser readmitida si se arrepiente con fe renovada.
¿Y las iglesias del mundo?
¿Qué decir de los millones de miembros de otras iglesias o religiones?
Satanás es el gran falsificador. Tiene sus iglesias, sus religiones y sus ministros en aquellas religiones e iglesias (II Corintios 11:13-15). ¿Y los millones de miembros de las iglesias del cristianismo tradicional? El libro del Apocalipsis (capítulo 12) nos muestra a la Iglesia verdadera como una “manada pequeña” perseguida, con muchos de sus miembros martirizados por la fe; una Iglesia que tiene que huir de la persecución, la tortura y la muerte. El capítulo 17 nos muestra a las grandes iglesias imbuidas de poder mundano y político y encabezadas por su “madre”: “Babilonia la grande, la madre de las rameras y de las abominaciones de la tierra” (versículo 5). En otras palabras, la antigua religión babilónica de los misterios, de la cual salieron otras iglesias hijas protestando contra ella.
Esta iglesia, de un gran poder político, fue la que persiguió a “los santos” (versículo 6). Esta iglesia falsa, políticamente muy grande, se monta sobre una “bestia” que aparece en el capítulo 13 como un gobierno facultado por el poder del “dragón” (Satanás el diablo: Apocalipsis 12:9).
Es increíble, ¡pero la Palabra de Dios así lo revela claramente!
Ahora bien, ¿qué sucede a los miembros de tales iglesias que profesan ser “cristianos nacidos de nuevo”? ¡Están ENGAÑADOS! Pueden ser muy sinceros. No saben que están engañados y que sus conceptos son equivocados. ¡Y no están siendo juzgados ahora! No están condenados al lago de fuego y tampoco son “salvos”. Forman parte del MUNDO ENTERO que está desorientado por la astucia de Satanás y que se encuentra ENAJENADO de Dios.
Debemos repetirlo: Sus ojos se abrirán para que vean la verdad de Dios si están con vida cuando Cristo regrese y deponga a Satanás; o bien, si han muerto para entonces, resucitarán y serán llamados a la verdad y a la salvación en el juicio ante el gran trono blanco (Apocalipsis 20:11-12).
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Sí, el mundo entero está bajo ENGAÑO. Pero alabemos a Dios porque pronto quitará a Satanás, abrirá el entendimiento de los hombres ante la asombrosa verdad y por fin TODOS los que hayan vivido serán llamados a la salvación y a la vida eterna. Pero ante este llamamiento cada uno deberá tomar su propia decisión, y con tristeza debemos decir que algunos no se arrepentirán, no creerán ni serán salvos. No estamos predicando aquí la salvación universal. Algunos sí perecerán en el lago de fuego.
Mientras tanto, el GLORIOSO PROPÓSITO de Dios debe cumplirse en la tierra de acuerdo con su PLAN MAESTRO, ¡paso a paso!
Enseñanzas y creencias
Ahora debemos resumir las enseñanzas y creencias de la verdadera Iglesia de Dios.
Esto se relaciona, naturalmente, con el propósito de la Iglesia: llamar discípulos (estudiantes, aprendices) a salir del mundo de Satanás y capacitarlos como reyes y sacerdotes (maestros) en el mundo de Dios cuando Él ofrezca el árbol de la vida (salvación e inmortalidad) a toda la humanidad.
En cuanto a doctrina, recordemos lo que la Iglesia debe ayudar a restaurar: el reino, el gobierno y el carácter de Dios. ¿Qué fue lo que se quitó? La ley de Dios, la cual constituye el fundamento de su gobierno y la esencia misma de su carácter y de la vida divina.
En otras palabras, el punto esencial es el tema del PECADO. Pecado es la infracción de la ley espiritual de Dios (I Juan 3:4).
Satanás ha engañado a las iglesias del mundo haciéndoles creer que la ley de Dios fue abolida, que Jesús no pagó por los hombres la pena de haber violado la ley sino que abolió la ley “clavándola en la cruz”.
La expresión empleada por los protestantes (“clavar la ley en la cruz”) significa una sola cosa. Es la enseñanza de Satanás según la cual Cristo, al ser clavado en la cruz, abolió la ley permitiendo así que los hombres pecaran impunemente. Lo que realmente se clavó en la cruz fue Jesucristo, quien tomó sobre sí nuestros pecados y pagó la pena de muerte por nosotros y así nos libró de la pena capital por el pecado, no para dejarnos en libertad de pecar impunemente.
Por tanto, la esencia de las enseñanzas, las creencias y las doctrinas de la verdadera Iglesia de Dios se basa en la justicia y obediencia a la ley de Dios. Esa ley es amor, pero no amor humano. El amor humano no puede superar el nivel del egoísmo humano. Tiene que ser “el amor de Dios … derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo” (Romanos 5:5). La antigua Israel no podía obedecer realmente la ley de Dios. Podría haberla guardado según la letra estricta de la ley, pero como el amor es el cumplimiento de la ley y ellos solamente tenían el amor egocéntrico, no podían guardar la ley de acuerdo con el espíritu y la intención puesto que no habían recibido el Espíritu Santo.
Esta enseñanza básica incluye, pues, todos los “frutos del Espíritu Santo”: amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza, etc. (ver Gálatas 5:22-23).
Las enseñanzas de la verdadera Iglesia de Dios son “vivir por cada palabra” de la Santa Biblia.
El primer hombre, Adán, tomó para sí la facultad de distinguir entre el bien y el mal, de escoger sus propias enseñanzas, creencias y caminos de vida. El mundo ha seguido ese rumbo durante 6.000 años. La Iglesia ha sido llamada a salir del mundo y vivir por el camino que Dios enseña en la Biblia.
Breve historia de la Iglesia
Llegamos ahora a una breve historia de la Iglesia desde su fundación en el año 31 de nuestra era hasta el presente. La Iglesia comenzó en el día de las Primicias, llamado Pentecostés, en junio del año 31. El Espíritu Santo vino del cielo sobre los discípulos reunidos en Jerusalén, con una manifestación milagrosa que no se había visto antes ni se volvió a ver después.
Los discípulos estaban “todos unánimes juntos”. De pronto “vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba” (Hechos 2:1-2). ¿Ha estado usted alguna vez en medio de un huracán? Yo sí. El viento hace un verdadero estruendo. Este ruido “llenó toda la casa donde estaban sentados”. Luego “se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos. Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas [idiomas], según el Espíritu les daba que hablasen” (versículos 2-4).
Semejante manifestación sobrenatural no ocurrió nunca antes ni después. Sin embargo, las sectas modernas que se dicen “pentecostales” aseguran que ellas repiten esta experiencia. Pero el hecho es que en sus reuniones no viene tal estruendo del cielo ni aparecen lenguas de fuego sobre sus cabezas. Algunos sí prorrumpen en alguna jerigonza que supuestamente es algún idioma extranjero, pero de ninguna manera se parece a lo sucedido aquel día de Pentecostés del año 31.
Nótese qué lenguas se hablaron en la fundación de la Iglesia. Había presentes muchas personas de diversos países y que hablaban distintos idiomas. Veamos lo que dice la Biblia acerca de estos extranjeros: “Cada uno les oía hablar en su propia lengua. Y estaban atónitos y maravillados, diciendo: Mirad: ¿no son galileos todos estos que hablan? ¿Cómo, pues, les oímos nosotros hablar cada uno en nuestra lengua en la que hemos nacido?” (versículos 6-8).
Ahora nótese cuidadosamente. Cada individuo oyó a los discípulos hablando en su propio idioma. Los griegos oyeron que hablaban en griego; los partos oyeron a los mismos discípulos hablando el idioma parto; los medos los escucharon hablando el idioma de los medos. Todos entendieron lo que se estaba diciendo. ¡Recibieron el mensaje!
Hoy en las reuniones “pentecostales” una persona prorrumpe en una jerigonza que los demás no entienden (I Corintios 14:28). La Biblia dice que si alguno habla un idioma extranjero, tiene que haber un intérprete para que los demás entiendan. “Y si no hay intérprete, calle en la iglesia, y hable para sí mismo y para Dios”. En el versículo 33 dice que Dios no es autor de confusión. En el versículo 19 Dios muestra la poca importancia relativa de las “lenguas” al decir: “Pero en la iglesia prefiero hablar cinco palabras con mi entendimiento, para enseñar también a otros, que diez mil palabras en lengua desconocida”.
Cuando yo hablo ante el público del Japón o de otro país, siempre tengo un intérprete que traduce al idioma de ese país. Hago una pausa después de algunas palabras para que el mensaje pueda transmitirse en el idioma de ellos. Cuando hablo en “lenguas” de esta manera, hablo con entendimiento y la gente recibe el mensaje.
El bautismo del Espíritu Santo
Todo el movimiento “pentecostal” moderno se basa en un error total y en un engaño de Satanás relativo al verdadero significado del bautismo por el Espíritu Santo. Cristo dijo, mediante el apóstol Pablo, que por un solo Espíritu somos todos bautizados en un cuerpo: la Iglesia (I Corintios 12:13). La palabra bautizar significa “sumergir” o “hundir”.
Los “pentecostales” creen erróneamente que la persona es “salva”, como dicen ellos, cuando recibe a Jesucristo como su Salvador personal. Consideran que el “bautismo del Espíritu Santo” con la manifestación del “don de lenguas” es muestra del poder del Espíritu Santo. He tenido muchísima experiencia con estas personas. Este “bautismo”, como lo llaman, parece aflojarles la lengua y piensan que están “imbuidos de poder”. En la práctica, esto significa el poder para hablar de una manera emotiva y muchas veces jactanciosa.
La anterior explicación no cambiará a quienes ya estén entregados al engaño, pero esperamos que ayude a otros a no dejarse desorientar por esta “espiritualidad” emocional y falsa.
El evangelio que muchos predican hoy acerca de Cristo sostiene que basta “creer en Cristo”, lo cual para ellos significa profesarlo como Salvador personal, y que con esto se es salvo. Sin embargo, Marcos 7:7-9 muestra que muchos llegan incluso a adorar a Cristo, pero en vano, porque no obedecen los mandamientos de Dios, especialmente el del sábado, sino que siguen las tradiciones de los hombres con las cuales Satanás ha engañado a todo el mundo.
En Juan 8:30-44 Jesús dijo que los judíos que “creían en Cristo” pero que no creían sus palabras ni guardaban sus mandamientos eran hijos de su padre el diablo. En I Juan 2:4 vemos que el que diga conocer a Cristo como Salvador pero que no guarda sus mandamientos es mentiroso y la verdad no está en él.
Aquel primer día de Pentecostés se bautizaron unos 3.000 judíos procedentes de muchos países y que se habían arrepentido sinceramente y habían creído a Cristo y su palabra. Uno o dos días más tarde, después de que el apóstol Pedro sanó a un cojo en la puerta del templo, se bautizaron 2.000 más. La nueva Iglesia creció no solamente sumando nuevos miembros a medida que Dios los añadía, sino multiplicándolos.
Pero este crecimiento fenomenal no duraría mucho tiempo a ese ritmo extraordinario.
Recordemos que estos miembros de la Iglesia eran llamados por Dios a salir del mundo de Satanás. Satanás estaba sentado en el trono de la tierra y luchaba ferozmente por defender su reinado y frustrar el propósito de Dios, que es redimir a la humanidad. Pretendió matar a Jesús cuando era niño. Satanás hizo todo lo que pudo por tentar a Jesús a la edad de 30 años y descalificarlo. No se dio por vencido entonces y tampoco se da por vencido hoy. Pretendió destruir a la Iglesia, y al no poderlo hacer se propuso al menos falsificarla y engañar a su mundo haciéndolo seguir un cristianismo falso.
Desde un principio, Satanás movió a los judíos para que se opusieran a la Iglesia negando que Jesús fuera el Mesías profetizado. Al comienzo, la Iglesia estaba compuesta casi totalmente de judíos. Los judíos inconversos lucharon por conservar los ritos físicos y los sacrificios de animales impuestos por la ley de Moisés.
Al poco tiempo, mientras la Iglesia se multiplicaba (Hechos 6:1), se presentó una gran persecución contra ella (Hechos 8:1). Los miembros se dispersaron por toda Judea y Samaria, con excepción de los apóstoles.
La proclamación de un evangelio falso
Pronto surgió una controversia violenta sobre si el evangelio que se debía predicar era el evangelio de Cristo (o sea la buena noticia que Jesús trajo acerca del reino de Dios), o bien un evangelio ACERCA de Cristo, que se limitaba a predicar la aceptación de Cristo como Salvador.
Al cobrar ímpetu la apostasía, gran parte de la Iglesia acogió un evangelio nuevo y falso que proclamaba a Cristo como Salvador, pero omitía el hecho de que pecar es violar la ley espiritual de Dios. Omitía también la buena nueva del reino de Dios, la noticia de que Satanás sería depuesto y el gobierno de Dios restaurado en el mundo, y que por último se ofrecería la salvación a toda la humanidad, que al ser juzgada se arrepentiría, creería y recibiría la vida eterna en calidad de hijos de Dios, como seres divinos.
El apóstol Pablo escribió en II Corintios 11:3-4: “Pero temo que como la serpiente con su astucia engañó a Eva, vuestros sentidos [de los primeros cristianos] sean de alguna manera extraviados de la sincera fidelidad a Cristo. Porque si viene alguno predicando a otro Jesús que el que os hemos predicado, o si recibís otro espíritu que el que habéis recibido, u otro evangelio que el que habéis aceptado, bien lo toleráis”. Luego Pablo describe a los falsos predicadores que estaban alterando el evangelio de Cristo en ese momento.
Ahora pasemos a Gálatas 1:6-7, donde Pablo escribió: “Estoy maravillado de que tan pronto os hayáis alejado del que os llamó [tenían que ser llamados para ser miembros de la Iglesia, porque ninguno puede venir a Cristo excepto los llamados] por la gracia de Cristo, para seguir un evangelio diferente. No que haya otro, sino que hay algunos que os perturban y quieren pervertir el evangelio de Cristo”. El evangelio de Cristo es el mensaje acerca del futuro reino de Dios. Ellos ya estaban acogiendo un evangelio diferente.
Una falsificación llamada “cristianismo”
Ya había caído el telón sobre la historia de la verdadera Iglesia. Lo leemos en el libro de los Hechos, pero éste no nos dice mucho más. Luego el telón parece levantarse y vemos un poquito de historia que corresponde aproximadamente al año 150 de nuestra era. Allí aparece una iglesia que se dice cristiana pero que es totalmente diferente, tan distinta como el día de la noche, como el negro del blanco, pero se decía cristiana.
Ahora citamos de un libro de historia titulado The Decline and Fall of the Roman Empire (La decadencia y caída del Imperio Romano), volumen I, capítulo 15: “El material escaso y sospechoso que se refiere a la historia sagrada rara vez nos permite dispersar los oscuros nubarrones que se ciernen sobre la era primitiva de la Iglesia”. Yo suelo llamarlo el “siglo perdido” porque la historia de la Iglesia se perdió en esa época.
Los estudiosos e historiadores reconocen que los acontecimientos en la Iglesia primitiva entre los años 50 y 150 se ven solamente en sus contornos borrosos como si estuvieran ocultos tras una espesa neblina.
Samuel G. Green, destacado estudioso inglés, escribió en A Manual of Church History (Manual de historia eclesiástica): “Los 30 años que siguieron al cierre del canon del Nuevo Testamento y la destrucción de Jerusalén son ciertamente los más oscuros en la historia de la Iglesia. Cuando salimos al segundo siglo, nos encontramos, en gran medida, en un mundo cambiado”.
En sus Lectures on Ecclesiastical History (Conferencias sobre historia eclesiástica), William Fitzgerald escribió: “Durante este período de transición, que sigue inmediatamente después de la era llamada propiamente apostólica, hay una gran oscuridad…”
En el libro titulado The Course of Christian History (El curso de la historia cristiana), William J. McGlothlin escribió: “El cristianismo mismo había cumplido un proceso de transformación a medida que progresaba, y al cierre del período era muy diferente, en muchos aspectos, del cristianismo apostólico”.
En History of the Christian Church (Historia de la Iglesia Cristiana) Philip Schaff escribió: “Los 30 años restantes del primer siglo están envueltos en una misteriosa oscuridad, iluminada únicamente por los escritos de Juan. Es un período en la historia sagrada acerca del que menos sabemos y del que más quisiéramos saber”.
Pero si miramos cuidadosamente entre las tinieblas, empezamos a vislumbrar lo que sucedía.
El mundo en que Cristo fundó su Iglesia fue el mundo del Imperio Romano, el más grande y poderoso que jamás hubiera existido. Se extendía desde Inglaterra hasta los últimos confines de lo que hoy es Turquía, abarcando pueblos de diversas culturas y orígenes bajo un mismo sistema de gobierno. La mano de Roma era firme, pero los súbditos tenían cierta libertad dentro del marco de la ley romana. Mientras los ciudadanos y pueblos conquistados rindieran tributo al emperador romano, se les permitía practicar sus creencias religiosas y adorar a los dioses de sus antepasados.
Después de Pentecostés, los apóstoles empezaron a cumplir las instrucciones de Cristo de salir al mundo predicando el evangelio del reino de Dios. Cuando el cristianismo se extendió desde Judea hasta las tierras gentiles del norte, empezó a chocar con los seguidores de las religiones paganas de Babilonia, Persia y Grecia.
Los apóstoles conocieron a Simón el Mago, dirigente autoproclamado de una secta que hundía sus raíces en la religión de los misterios de la antigua Babilonia.
La pretensión de Simón el Mago era comprarse un puesto de influencia en la Iglesia primitiva. Pedro lo frustró (Hechos 8), pero otros maestros falsos siguieron su ejemplo.
En sus primeras epístolas, Pablo advirtió a las nuevas iglesias de Grecia y Galacia que corrían el peligro de seguir un evangelio diferente, un concepto falso de Cristo y su mensaje. El evangelio de Cristo se estaba diluyendo a medida que las enseñanzas de los falsos ministros, con fuerte influen­cia de las creencias de Babilonia y Persia, se infiltraban persistentemente en las iglesias.
Durante el siglo primero, los apóstoles estimularon la fidelidad de los creyentes. Judas, hermano de Jesús, instó a los miembros a luchar por la fe que una vez fue dada (Judas 3). El apóstol Juan les advirtió que no tuvieran nada que ver con los portadores de falsas doctrinas (II Juan 10). Muchos que se decían cristianos no eran realmente convertidos, pero en este período todos los que se llamaban cristianos sufrieron a manos de las autoridades romanas por negarse a adorar al emperador.
Nerón, un hombre demente, echó la culpa del incendio de Roma en el año 64 a los cristianos y los persiguió salvaje­mente. Millares sufrieron el martirio.
Poco después, los judíos de Palestina se sublevaron contra las autoridades romanas. Esta rebelión fue sofocada y Jerusalén quedó destruida en el año 70.
Un pequeño número de cristianos en Jerusalén huyeron atravesando los montes hasta alcanzar la seguridad de Pella.
Siete eras de la Iglesia
Los capítulos 2 y 3 del Apocalipsis consignan siete mensajes a siete iglesias que existían en Asia Menor hacia fines del primer siglo. Estas iglesias: Éfeso, Esmirna, Pérgamo, Tiatira, Sardis, Filadelfia y Laodicea, se situaban a lo largo de una de las rutas postales del Imperio Romano.
Los jinetes seguían la ruta llevando sus mensajes de ciudad en ciudad. Los mensajes a las siete iglesias contienen palabras de estímulo y corrección, y muestran claramente las características que predominaban en cada una de esas congregaciones.
Pero estos mensajes iban dirigidos a un público más grande que el pequeño grupo de cristianos en aquellas poblaciones. Son una serie de profecías extraordinarias que predicen el futuro de la verdadera Iglesia desde su fundación en el día de Pentecostés del año 31 hasta la venida de Cristo.
La historia de la Iglesia iba a dividirse en siete eras, cada una con sus puntos fuertes y débiles y con sus propias dificultades y problemas. Así como un mensaje recorría la ruta postal desde Éfeso hasta Laodicea, también la verdad de Dios pasaría de una era a otra.
Era como una carrera de relevos en que cada uno de los corredores cumple su parte hasta alcanzar la meta.
En las primeras décadas del siglo segundo ocurrió la transición entre la era de Éfeso y el pueblo que Dios había llamado para la era de Esmirna.
El mundo perdió de vista a esta Iglesia, débil, perseguida y rechazada. En su lugar surgió, de la neblina del siglo perdido, una iglesia que se extendió cada vez más, pero que al mismo tiempo se iba alejando del evangelio que Jesús enseñó.
La persecución siguió en distintas épocas bajo los romanos hasta el siglo cuarto, cuando Constantino dio su reconocimiento a la iglesia degenerada de aquel período y ésta se instituyó como religión oficial del imperio.
Pero la iglesia que él reconoció ya era muy distinta de aquella que Jesús había fundado. Las doctrinas y enseñanzas que Jesús había transmitido a sus apóstoles estaban sepultadas entre los ritos, ceremonias y misterios de una iglesia que se había arrogado el nombre de Cristo. Era en esencia la religión babilónica de los misterios que ahora se decía cristiana, que aceptaba la doctrina de la gracia pero que la convertía en libertinaje. En otras palabras, era la antigua religión de los misterios con un nuevo disfraz: el “cristianismo”.
Una vez reconocida por Constantino, esta iglesia se lanzó con nuevos bríos a la predicación de su mensaje. Sus maestros y predicadores viajaron a todos los rincones del Imperio Romano con un mensaje acerca de Cristo. Millares, tal vez millones, escucharon este evangelio y lo creyeron, mas no era el evangelio que Cristo había predicado, no era su mensaje profético acerca del venidero reino de Dios.
Se decreta la doctrina falsa
¿Qué sucedió a la verdadera Iglesia durante los siglos en que el evangelio fue suprimido?
El emperador Constantino murió en el año 337, un poco más de 300 años después de la crucifixión de Cristo. Había dado su aprobación a una iglesia que decía ser la que Cristo fundó.
AhoTa, libres de toda opresión, los perseguidos se convirtieron en perseguidores. Los miembros de la verdadera Iglesia que se atrevían a oponerse a su doctrina quedaban tildados de herejes y dignos de castigo.
Alrededor del año 365 el Concilio de Laodicea escribió lo siguiente en un célebre canon: “Los cristianos no deben judaizar descansando el día sábado sino que han de laborar en ese día, dando honor más bien al día del Señor. Pero si se encontrare a algún judaizante, sea anatema de Cristo”.
Esto fue prácticamente una sentencia de tortura o muerte. La iglesia falsa no mataba directamente a los verdaderos creyentes, pero los hacía matar (Apocalipsis 13:15). Este decreto del año 365 D.C. muestra que había cristianos verdaderos que aún guardaban el sábado.
El pequeño remanente de cristianos de la era de Esmima huyó nuevamente en busca de la libertad religiosa que necesitaban para practicar sus creencias. Dejaron escasos registros. A veces aparecen como notas al pie de la página en algún texto de historia. Rechazados como herejes, ridiculizados y perseguidos por sus enemigos, su mayor testimonio proviene de Jesucristo mismo, en las palabras de ánimo para la iglesia que estaba en Esmirna: “Yo conozco tus obras, y tu tribulación, y tu pobreza … No temas en nada lo que vas a padecer… Sé fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona de la vida” (Apocalipsis 2:9-10).
Así, ocurrió la transición entre los cristianos de Esmirna y los de la era de Pérgamo. Éstos habían sido llamados a llevar la verdad en uno de los períodos más difíciles de la historia: la Edad Media.
El poder y la influencia de la gran iglesia universal se extendían a lo largo y ancho del mundo, alejando aun más a quienes seguían aferrados a la verdad de Dios. Estos nunca estuvieron lejos de la amenaza de persecución y martirio.
Así, fueron muy pocos los cristianos de Pérgamo que se mantuvieron fieles.
Mil años después de la fundación de la Iglesia, el remanente agotado de la era de Pérgamo pasó a la historia.
La era de Tiatira empezó con vigor, predicando el arrepentimiento en los valles alpinos del sur de Francia y el norte de Italia. Muchos escucharon y se convirtieron.
Las autoridades religiosas reaccionaron a este desafío deteniendo a los dirigentes de la verdadera Iglesia y martirizando a algunos.
Muertos sus primeros líderes, la Iglesia entró en una etapa de decaimiento temporal, pero surgió nuevamente bajo el liderazgo dinámico de Pedro Waldo. Durante varios años en el siglo 12, estos waldenses florecieron en los valles alpinos donde predicaban la poca verdad que tenían, y redactaban y copiaban a mano folletos y artículos (la imprenta aún no se había inventado).
Tal como lo profetizó Jesús, los de la era de Tiatira tuvieron fe y trabajaron duro. Sus últimas obras fueron mayores que las primeras.
Pero nuevamente surgió la persecución, y la Inquisición dejó sentir toda su fuerza en los valles pacíficos que alguna vez fueron refugio para la obra de Dios.
Muchos de los que quedaron empezaron a adoptar las costumbres y tradiciones del mundo que los rodeaba. Para entonces, había en Europa muchos grupos dispersos que se decían cristianos.
Mientras tanto, el mundo estaba cambiando. Ya se había inventado la imprenta y el conocimiento empezó a aumentar. La Reforma Protestante quebrantó el monopolio de la iglesia de Roma.
Mientras las guerras religiosas sacudían el continente europeo en la Edad Media, muchos refugiados huyeron a la relativa seguridad y tolerancia de Inglaterra, entre ellos miembros de la verdadera Iglesia, quienes llevaron consigo sus doctrinas y creencias, especialmente el conocimiento del sábado.
Los puritanos, estrictos en su observancia del domingo, se opusieron. Pero con todo, a comienzos del siglo 17 había en Inglaterra varias congregaciones pequeñas que guardaban el sábado como día de reposo. Jesús estaba levantando la quinta era de su Iglesia.
La Inglaterra protestante se mostró cada vez menos dispuesta a tolerar otras creencias, incluso las de aquellos grupos que guardaban el sábado. La verdadera Iglesia en Inglaterra decayó. Pero al otro lado del mar los hombres ya empezaban a descubrir un Nuevo Mundo.
Esteban Mumford, miembro de una iglesia londinense que guardaba el sábado, salió de Inglaterra rumbo a Newport, Rhode Island, en 1664. Rhode Island, la más pequeña de las colonias norteamericanas, fue fundada por Roger Williams, un bautista que había huido de la persecución ejercida por los puritanos en la colonia de Massachusetts.
Rhode Island fue el primer lugar del mundo que garantizó la libertad religiosa como precepto básico de su constitución. Como no encontraron a nadie que guardara el sábado, Mumford y su esposa empezaron a reunirse con los miembros de la Iglesia Bautista en Newport. El no hizo proselitismo sino que practicó sus propias creencias. Pero varios miembros de la congregación que guardaban el domingo se convencieron de que ellos también debían guardar el sábado.
Esta fue la primera congregación en el Nuevo Mundo que guardó el sábado. Empezaron reuniéndose en casas particulares. El museo histórico de Newport conserva un libro donde aparecen sus nombres, un registro de sus contribuciones monetarias y aun los datos de sus ceremonias de ordenación. También se conserva el salón pequeño pero elegante que construyeron en Newport a comienzos del siglo 18 para celebrar sus servicios religiosos. Otros se unieron a ellos a medida que Dios llamaba más personas a su obra en el Nuevo Mundo.
En la población de Hopkinton se estableció una segunda congregación, que pronto contó con varios centenares de miembros. Hoy un puente señala el lugar donde se reunían. Aquí en el río Pawcatuck se bautizaron varios millares. Pero sobrevino un período de decaimiento espiritual.
Para mediados del siglo 19 había en la zona central de los Estados Unidos varias congregaciones dinámicas formadas entre 1831 y 1849 a raíz de la predicación de William Miller.
En 1860, en la ciudad de Battle Creek, Michigan, muchos millares acogieron las ideas de los seguidores de Elena G. White. Se alejaron del verdadero nombre, Iglesia de Dios, y en vez del evangelio verdadero acerca del reino de Dios acogieron doctrinas de la Sra. White llamadas “la política de puertas cerradas”, “el juicio investigativo”, una doctrina acerca de “los 2.300 días” y “el espíritu de profecía”. Identificaban a la Sra. White como la profetisa de la iglesia, la persona que fijó sus doctrinas.
Estas personas tomaron el nombre de Adventistas del Séptimo Día, que llevan hasta hoy. Pero los que siguieron fíeles a la verdadera Iglesia de Dios rehusaron aceptar tales enseñanzas y doctrinas y restauraron ciertas verdades que se habían descuidado en el siglo anterior. Trasladaron su sede a Marion, Iowa, y luego a Stanberry, Misuri, y publicaron una revista titulada El abogado de la Biblia.
Sus esfuerzos dieron algunos frutos, y surgieron pequeñas congregaciones en distintas partes del país. Fue así como en el siglo 19 una pequeña congregación de la verdadera Iglesia de Dios se estableció en el pacífico valle de Willamette, en Oregon. Eran agricultores sin educación formal. No contaban con ministros capacitados para enseñarles y guiarlos. Pero tenían el nombre: Iglesia de Dios, y guardaban fielmente el día sábado.
La Iglesia de Dios había llegado muy lejos en esos turbulentos siglos desde el día de Pentecostés. Era una Iglesia débil y sin influencia. Los años de persecución y transigencia le habían hecho mella. Aunque habían perdido mucho de la verdad, aquellos cristianos seguían fielmente su rumbo.
En el valle de Willamette esperaron. Era casi hora de que entraran en escena los que Dios llamaría entonces para cumplir su obra del tiempo del fin.
Se restaura la verdad en la Iglesia
En el año de 1931, exactamente 1.900 años (100 ciclos cronológicos) después de la fundación de la Iglesia, este pequeño remanente de la Iglesia de Dios original empezó a cobrar nueva vida como la era de Filadelfia. Había llegado al “tiempo del fin”. Fue infundida de una nueva vitalidad espiritual. Había llegado el momento de cumplirse la profecía citada por Jesús en Mateo 24:14: “Será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin”. Las verdades esenciales que se habían perdido se fueron revelando y proclamando poco a poco.
Esta era de Filadelfia se describe en Apocalipsis 3:7-13. La era de Sardis (versículos 1-6) estaba muerta espiritualmente, impotente para difundir el evangelio de Jesucristo. Para entonces había perdido el conocimiento del verdadero significado de ese evangelio. Sabía que la segunda venida de Cristo estaba cerca, pero no sabía lo que iba a suceder durante el milenio, fuera de que Cristo gobernaría.
Respecto de la era de Filadelfia de la Iglesia de Dios leemos: “Al ángel de la iglesia… Esta palabra ángel, traducida del griego aggelos, significa “mensajero” o “agente”. No siempre se refiere a un ángel espiritual sino que también puede significar un agente humano. Es posible que se aplique aquí el principio de dualidad. La palabra se puede referir a un verdadero ángel compuesto de espíritu que ha sido asig­nado como agente general o ayudante para esta era de la Iglesia, o también puede referirse al agente o mensajero humano que Dios levantó para dirigir esta era de su Iglesia. También se puede aplicar el principio de dualidad a los versículos 7-13, los cuales pueden referirse a la Iglesia de esta era en general y también al dirigente humano que Dios levantó para dirigir esta era de su Iglesia.
Continuemos con el versículo 8: “Yo conozco tus obras; he aquí, he puesto delante de ti una puerta abierta, la cual nadie puede cerrar; porque aunque tienes poca fuerza, has guardado mi palabra, y no has negado mi nombre”.
Esta era de la Iglesia había de producir fruto. A esta era, o a su dirigente humano, Dios le había abierto una puerta. En II Corintios 2:12 y en Hechos 14:27 vemos cómo Cristo abrió la puerta para que el apóstol Pablo llevara el evangelio a otros países. Esta Iglesia, o su dirigente, tenía poca fuerza. Tampoco tenía gran poderío en el mundo de Satanás, pero sus miembros eran fieles a la Palabra de Dios. Aunque gran parte de la verdad original impartida a los apóstoles por Jesús en persona se había perdido, ésta se restauró por medio de la Biblia a esta era de la Iglesia de Dios que guardaba esas verdades fielmente.
En Malaquías 3:1-5 y 4:5-6 se revela que poco antes de la segunda venida de Jesucristo, Dios había de levantar a uno con el poder y el espíritu de Elias. En Mateo 17:11 Jesús dijo, aun después de que Juan el Bautista había completado su misión: “Elias viene primero, y restaurará todas las cosas”. La Biblia revela claramente que Juan el Bautista vino con el poder y el espíritu de Elias, pero el no restauró nada.
El dirigente humano que Dios levantaría poco antes de la segunda venida de Cristo había de preparar el camino, preparar a la Iglesia, para la segunda venida de Jesucristo. Debía restaurar la verdad perdida en eras anteriores. También se había de abrir una puerta para este dirigente o la era de Filadelfia de modo que pudiera cumplir la profecía de Mateo 24:14: “Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin”. Había de ser una época en que por vez primera en la historia de la humanidad habría armas de destrucción masiva capaces de borrar toda vida de la tierra (Mateo 24:21-22). Esto también ocurriría poco antes de la segunda venida de Cristo (versículos 29-30).
Es claro que estas profecías se han cumplido ya. El verdadero evangelio se ha restaurado y se ha proclamado con poder a todas las naciones de la tierra. La Iglesia ha cobrado nueva vida mediante el poder del Espíritu.
Se están aprovechando todos los adelantos y los medios tecnológicos disponibles. Primero se utilizó la radio, empezando con una de las estaciones menos potentes de Eugene, Oregon. Luego la palabra impresa, que comenzó con una pequeña máquina neostyle, antecesora del mimeó- grafo. Con el tiempo, se llegó a usar la imprenta. El advenimiento de la televisión data de 1945, inmediatamente después de la segunda guerra mundial. La Iglesia empezó a utilizar la televisión en el verano de 1955. El verdadero evangelio se ha publicado y proclamado a todas las naciones del mundo por primera vez en 1.900 años. La Iglesia ha crecido. Durante los primeros 25 años creció a un ritmo del 30 por ciento anual.
Los primeros apóstoles quedarían asombrados al ver el tamaño y el alcance de la obra hoy. Los medios de comunicación, la tecnología y los recursos modernos que Dios ha dado a su obra en este tiempo del fin llamarían la atención a aquellos que recibieron la comisión de llevar el evangelio al mundo hace casi 2.000 años.
Pero otras cosas no serían extrañas para ellos: el sábado y los días santos, el nombre: Iglesia de Dios, y el evangelio del reino. Estas son cosas que reconocerían, pues se han transmitido a lo largo de años y siglos desde los tiempos de Cristo hasta el tiempo del fin.
Capitulo VII
EL MISTERIO DEL REINO DE DIOS
QUÉ quiere decir “reino de Dios”? Este también es un misterio sin resolver, no sólo para el mundo sino para las iglesias, los teólogos y los eruditos.
En realidad, ese misterio está relacionado con otro: el misterio del evangelio de Jesucristo.
¿Por qué no hay acuerdo en las iglesias sobre lo que es el “evangelio de Jesucristo”? Durante los primeros 20 ó 30 años a partir de la fundación de la Iglesia en el año 31 de nuestra era, hubo una controversia violenta precisamente a propósito de lo que es el “evangelio de Jesucristo”.
Luego siguió un lapso de 100 años en que toda la historia de la Iglesia del Nuevo Testamento fue destruida. Este período se ha denominado “el siglo perdido en la historia sagrada”.
Al levantarse nuevamente el telón hacia mediados del siglo segundo, apareció una iglesia totalmente diferente que se llamaba cristiana pero que enseñaba esencialmente no el evangelio de Cristo sino su propio evangelio acerca de Cristo. El evangelio de Cristo fue precisamente el evangelio que Cristo proclamó. Jesús fue el Mensajero enviado por Dios con un mensaje, y ese mensaje era el reino de Dios. El mensaje que Cristo trajo era su evangelio, el evangelio DE Cristo, y no se proclamó al mundo hasta la primera semana de 1953 cuando, por vez primera en unos 1.900 años (100 ciclos cronológicos), se transmitió por la radiodifusora más poderosa del mundo: Radio Luxemburgo en Europa.
Parece que hoy todas las iglesias han perdido el evangelio de Jesucristo. Lo que enseñan es ante todo su propio evangelio ACERCA de Jesucristo.
Jesús vino predicando el evangelio del reino de Dios. Pero hoy muy pocos predican el reino de Dios, ¡como que han perdido todo conocimiento de lo que es! ¿Acaso alguna iglesia, salvo la verdadera Iglesia de Dios, proclama hoy el verdadero evangelio del reino de Dios?
Cierto conocido evangelista dijo a sus radioescuchas en todo el mundo que el evangelio del reino de Dios no es para nosotros hoy. Algunas religiones proclaman un “evangelio de gracia”, otras lo llaman un “evangelio de salvación”. Unas predican un evangelio social, otras la “ciencia de la mente” o “ciencia religiosa”. La mayoría tiene un evangelio acerca de Cristo.
Ninguna tiene razón
Algunas iglesias afirman que su secta en particular, o el “cristianismo” en general, constituye el reino de Dios. Un destacado evangelista dijo en la televisión que “el reino de Dios está dentro de cada uno de nosotros”. Algunos han llegado a citar Lucas 17:21: “el reino de Dios está entre vosotros”, para apoyar este concepto. El verdadero significado de este versículo es que Jesucristo estaba entre los discípulos, o sea con ellos, como el Rey del futuro reino de Dios. La Biblia, en Daniel 7 y otras partes, emplea los términos rey y reino como sinónimos; es decir, que el rey es, o representa, el reino que gobierna.
¡Ninguno de estos evangelistas o iglesias tiene razón!
¡Parece increíble! Sin embargo, para la mente estructurada dentro de los conceptos de este mundo hay una cosa aun más increíble: ¡la pura verdad acerca de lo que realmente es el reino de Dios!
La verdad es más que sorprendente: es extraordinaria, ¡pasmosa! ¡Es un gran misterio! Al mismo tiempo, e9 una BUENA noticia, ¡la noticia más gloriosa que jamás haya penetrado en la mente del hombre!
El evangelio de Cristo
¿Cuál es el evangelio, el único evangelio de Jesucristo? ¡El mundo no lo sabe! No se ha predicado durante 19 siglos, por extraño que esto parezca. Estudiémoslo en la Biblia. Leámoslo desde el principio.
“Principio del evangelio de Jesucristo” (Marcos 1:1). “Después que Juan fue encarcelado, Jesús vino a Galilea predicando el evangelio del reino de Dios, diciendo: El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentios, y creed en el evangelio” (versículos 14-15).
Para ser salvos, ¡es necesario creer ese evangelio! Y ¿cómo creerlo si no se conoce? Durante 1.900 años el mundo no lo conoció. Ese evangelio había sido suprimido y remplazado por un evangelio de los hombres acerca de Jesucristo.
Jesús anduvo predicando la BUENA NUEVA DEL REINO DE Dios. Enseñó en parábolas acerca del REINO DE Dios. Envió 70 hombres para que predicaran el REINO DE Dios (Lucas 10:9). Envió a los apóstoles, sobre quienes fundó la Iglesia de Dios, a predicar solamente el reino de Dios (Lucas 9:1-2). Después de su resurrección y antes de ascender al cielo, Jesús enseñó a sus discípulos acerca del REINO DE Dios (Hechos 1:3).
¿No es increíble que el mundo haya perdido el conocimiento de lo que es el reino de Dios?
El apóstol Pablo predicó el reino de Dios (Hechos 19:8; 20:25; 28:23, 31). Y el Dios todopoderoso, por medio de Pablo, pronunció una doble maldición sobre el hombre o ángel que se ATREVIERA a predicar algún evangelio diferente (Gálatas 1:8-9).
¿Por qué, pues, hay tantos que se atreven a predicar otros evangelios? La buena nueva del REINO de Dios es un mensaje que todos debemos entender y CREER para ser salvos. ¡Jesucristo lo dijo! ¡A usted le conviene averiguar qué es!
Aquel evangelio, el reino de Dios, es el tema del presente capítulo. Sigue al capítulo sobre el misterio de la Iglesia porque el reino de Dios sigue a la Iglesia. Recordemos que el propósito de la Iglesia es preparar a los “llamados” para enseñar y gobernar en el reino de Dios.
Daniel sabía
Muchos hemos oído hablar del reino de Dios en términos como estos: “Cuando los cristianos del mundo se esfuercen por alcanzar la paz mundial, la tolerancia y el amor fraternal, el reino de Dios podrá establecerse finalmente en el corazón de los hombres”.
Habiendo rechazado el evangelio de Cristo hace 1.900 años, el mundo tuvo que suplantarlo con otra cosa. ¡Tuvo que inventar una falsificación! Por eso oímos hablar del reino de Dios como un lindo sentimiento en el corazón de los hombres, con lo cual se reduce a un algo etéreo e irreal… ¡a nada! Otros han dicho erróneamente que la “iglesia” es el reino. Hay quienes lo confunden con el milenio. Hace varias décadas, algunos inclusive sostenían que el reino de Dios era el Imperio Británico. ¡Cuán ENGAÑADO ESTÁ EL MUNDO!
El profeta Daniel, quien vivió 600 años antes de Cristo, sabía que el reino de Dios era un reino verdadero, un gobierno que regiría literalmente a los pueblos de la tierra.
Jesucristo aportó más información al respecto, que el profeta Daniel tal vez ignoraba. Aun así, Daniel sabía que habría en la tierra un reino de Dios concreto y real.
Daniel era un judío extraordinario, uno de cuatro jóvenes brillantes que llegaron a Babilonia con los cautivos de Judá. Estos cuatro fueron asignados al palacio de Nabucodonosor, rey del Imperio Caldeo, donde recibieron capacitación para cumplir funciones especiales dentro del gobierno de Babilonia. Daniel era profeta y Dios le dio entendimiento especial en visiones y sueños (Daniel 1:17).
Nabucodonosor fue el primer gobernante mundial. Había conquistado un vasto imperio que incluía a la nación de Judá. Este rey tuvo un sueño tan impresionante que lo inquietó … más aún, le causó honda preocupación. Exigió que sus magos, astrólogos y encantadores le dijeran qué había soñado y qué significaba. No pudieron; estaban desconcertados. Entonces le trajeron a Daniel.
Daniel advirtió que él, como hombre, no tenía mayor capacidad que los magos caldeos para interpretar sueños. Pero agregó: “Hay un Dios en los cielos, el cual revela los misterios, y él ha hecho saber al rey Nabucodonosor lo que ha de acontecer en los postreros días” (Daniel 2:28).
Primero, el propósito de Dios era revelar a este rey mundial que en el cielo hay un Dios; que Dios es el Gobernante supremo de todas las naciones, los gobiernos y los reyes; que Dios GOBIERNA EL UNIVERSO. Fue Dios quien puso al querubín Lucero en el trono de la tierra, y Lucero, convertido en Satanás el diablo, continúa en ese trono sólo porque Dios lo permite y sólo hasta que Dios envíe a Jesucristo a deponer a Satanás y ocupar el trono. Aquel rey caldeo solamente conocía a los dioses demoniacos paganos; nada sabía del Dios TODOPODEROSO y viviente. Al igual que las personas y aun los gobernantes de hoy, ignoraba que Dios es el PERSONAJE REAL y activo que literalmente gobierna no solamente lo que hay en la tierra sino TODO EL universo.
Todo el objeto del sueño era revelar el gobierno de Dios, el hecho de que Dios gobierna, la verdad acerca del REINO DE Dios, o sea aquello que constituye el único y verdadero evangelio de Jesucristo. Y en segundo lugar, revelar algo que quedó consignado por escrito para nosotros hoy: lo que ha de suceder en los “postreros días” — tal vez dentro de las próximas dos o tres décadas — sí, ¡en nuestros tiempos!
Para nosotros hoy
Aquel escrito no es algo árido, muerto, “mandado a recoger”. No es algo que fue dirigido exclusivamente a un pueblo de hace 2.500 años. ¡Es una FORMIDABLE NOTICIA de actualidad PARA NUESTROS DÍAS! Es una noticia avanzada para nosotros hoy, una noticia que llega antes del suceso, noticia del acontecimiento más colosal de toda la historia de la humanidad, que ocurrirá con toda seguridad en esta generación … ¡en los próximos años!
Este es el verdadero evangelio. Es el mismo evangelio que Jesucristo predicó. ¡Va dirigido a usted y a mí hoy! ¡Es vital que lo COMPRENDAMOS!
Leamos en la Biblia Daniel 2:28-35. El rey Nabucodonosor había visto en su sueño una enorme estatua, más grande que cualquier imagen o estatua jamás construida por el hombre … tan grande que resultaba aterradora, aun en sueños. La cabeza era de oro fino, el pecho y los brazos de plata, el vientre y los muslos de bronce, las piernas de hierro sólido y los pies de una mezcla de hierro y barro.
En el sueño había un elemento cronológico. El Monarca observó hasta que cayó del cielo una piedra sobrenatural que cayó sobre los pies de la imagen. Luego la estatua se deshizo y se la llevó el viento. ¡Desapareció! La PIEDRA se extendió milagrosamente hasta convertirse muy pronto en un GRAN MONTE, tan grande que llenó toda la tierra.
¿Qué significaba esto? ¿Tenía acaso algún significado? Sí, porque esto era obra de Dioa. El sueño, al contrario de los sueños corrientes, había sido causado por Dios con el fin de hacerle entender a Nabucodonosor el mensaje de la soberanía divina, y (siendo parte de la Palabra de Dios escrita) para revelar a nosotros hoy cosas vitales acerca del verdadero evangelio.
“Este es el sueño”, dijo Daniel, “también la interpretación de él diremos en presencia del rey” (versículo 36).
Esta es, pues, la interpretación dada por Dios. Definitivamente no es la interpretación de Herbert W. Armstrong. Los hombres no deben interpretar jamás la Biblia. La Biblia nos da la INTERPRETACIÓN DE Dios. Hela aquí:
“Tú, oh rey, eres rey de reyes [él fue el primer GOBERNANTE MUNDIAL de un imperio mundial]; porque el Dios del cielo te ha dado reino, poder, fuerza y majestad”. Dios se estaba revelando a este dictador mundial como el MÁS alto Gobernante de todos.
Al igual que este rey caldeo, la gente de hoy no parece considerar a Dios como gobernante, como el Ser Supremo que gobierna, como un jefe de gobierno. Por medio de Daniel, el Eterno se estaba revelando a Nabucodonosor, y por medio de la Biblia se nos revela a nosotros hoy, a usted y a mí, como un Dios soberano Y TODOPODEROSO que GOBIERNA y a quien debemos obediencia.
“Tú eres aquella cabeza de oro”, prosiguió Daniel. “Y después de ti se levantará otro reino inferior al tuyo; y luego un tercer reino de bronce, el cual dominará sobre toda la tierra” (versículos 37-39).
¿Qué es un reino?
Nótese que el pasaje citado habla de reinos. Se refiere a reinos que tendrán mando sobre pueblos de la tierra. ¡Está hablando de gobiernos, no de sentimientos etéreos “instituidos en el corazón de los hombres”. Tampoco está hablando de iglesias. Está hablando de verdaderos GOBIERNOS que rigen y ejercen autoridad sobre las naciones y pueblos aquí en la tierra. Es algo literal. Es específico. No hay lugar a equívocos aquí respecto de lo que significa la palabra reino.
No se puede errar en la interpretación porque Dios da su propia interpretación a través del profeta Daniel: La gran imagen metálica representaba una serie de gobiernos nacionales e internacionales: reinos verdaderos y concretos.
Representaba una serie de gobiernos mundiales. Primero estaba la cabeza de oro, que representaba a Nabucodonosor y su reino, el Imperio Caldeo. Después de él, cronológicamente, vendría un segundo reino y luego un tercero, “el cual dominará sobre toda la tierra”: ¡un imperio mundial!
Luego, en el versículo 40 las piernas de hierro representan un cuarto imperio mundial. Éste sería fuerte, como el hierro es fuerte … con más poderío militar que sus antecesores. Pero así como la plata es menos valiosa que el oro, y el bronce que la plata y el hierro que el bronce, aunque cada metal era más duro y fuerte que el anterior, los imperios se irían deteriorando en lo moral y espiritual. Las dos piernas significaban que el cuarto imperio estaría dividido.
Después del Imperio Caldeo vino el Imperio Persa, más grande que aquél, luego el Grecomacedonio y en cuarto lugar el Imperio Romano. Este último se dividió, con capitales en Roma y Constantinople.
Ahora leamos el versículo 44. Abramos la Biblia para verlo con nuestros propios ojos. Aquí, en palabras claras y escuetas, está la explicación dada por Dios de lo que es el reino de Dios:
“Y en los días de estos reyes…” Está hablando de los 10 dedos de los pies, hechos en parte de hierro y en parte de barro quebradizo. Uniendo esta profecía con Daniel 7 y Apocalipsis 13 y 17, vemos que se refiere a los ESTADOS Unidos de Europa, alianza que ya se está formando en el seno del Mercado Común Europeo, delante de nuestros ojos. Apocalipsis 17:12 muestra claramente que será una alianza de 10 reyes o reinos (Apocalipsis 17:8) que harán revivir el antiguo Imperio Romano.
Tómese nota atenta del elemento tiempo. “En los días de estos reyes”, o sea de estas 10 naciones o grupos de naciones que EN nuestros días harán revivir brevemente el Imperio Romano, sucederá algo:
“El Dios del cielo levantará un reino que no será jamás destruido … desmenuzará y consumirá a todos estos reinos, pero él permanecerá para siempre” (Daniel 2:44).
Sí, ¡en nuestros díasl
Aquí tenemos, pues, la descripción de cuatro imperios mundiales, los únicos que ha habido. Apocalipsis 13 y 17 muestran que luego de la caída del Imperio Romano original habría 10 resurrecciones, siete de ellas gobernadas por una IGLESIA gentil, la “hija” de la antigua Babilonia: una iglesia que se diría cristiana pero que Dios llama “Babilonia la grande”, o sea ¡la religión babilónica de los misterios!
Seis de esas resurrecciones vinieron y se fueron. La séptima se está formando ya: la última y breve resurrección del Imperio Romano con 10 naciones o grupos de naciones europeas. Éstas se revelan en Daniel 2 como los 10 dedos de los pies, compuestos de hierro y barro.
Esta confederación de 10 naciones durará muy poco tiempo, quizá no más de dos a tres años y medio, y en sus días el Dios del cielo establecerá un REINO que no será jamás destruido.
¡Este será el reino de Dios!
Comparemos esto con Apocalipsis 17. Aquí vemos a una iglesia. No es una iglesia pequeña sino grande. Gobierna sobre “muchas aguas” (versículo 1), que el versículo 15 describe como diferentes naciones que hablan lenguas diferentes. Se hizo pasar por la Iglesia de Dios, que es la “prometida” de Cristo (Efesios 5:23; Apocalipsis 19:7; Mateo 25:1-10), la cual se casará con El a su segunda venida.
Pero esta gran iglesia fornicó. ¿Cómo? Formando alianzas políticas con los gobiernos humanos de este mundo. Estaba “sentada sobre” (Apocalipsis 17:3) las siete resurrecciones del Imperio Romano, llamado el Sacro Imperio Romano. Rigió a los reinos humanos, como una mujer concubina que gobierna a su amante … relación que es totalmente contra natura y contra Dios.
Por tanto, estará “sentada sobre” esta última “cabeza de la bestia”, esta última resurrección del Imperio Romano. Será una unión de Iglesia y Estado y durará muy poco tiempo. Peleará contra Cristo cuando Él venga, y ese será su FIN.
Vemos cómo está surgiendo ahora mismo. (Los países que en la actualidad forman el Mercado Común Europeo probablemente no son exactamente los mismos 10 que revivirán el Sacro Imperio Romano.) Por lo tanto, la venida de Cristo está muy CERCA. ¡Estamos ya muy cerca del FIN de este mundo!
Cristo regirá a todas las naciones
Cuando venga Cristo, vendrá como Rey de reyes a gobernar a toda la tierra (Apocalipsis 19:11-16). Y su reino, el reino DE Dios, dijo Daniel, ¡consumirá a todos estos reinos humanos!
Apocalipsis 11:15 lo dice así: “El séptimo ángel tocó la trompeta, y hubo grandes voces en el cielo, que decían: Los reinos del mundo han venido a ser de nuestro Señor y de su Cristo; y él reinará por los siglos de los siglos”.
Este es el reino de Dios. Señala el final de los actuales gobiernos… sí, de los pequeños así como de los grandes. Entonces todos vendrán a ser los reinos o gobiernos del Señor Jesucristo, el Rey de reyes sobre toda la tierra.
Esto aclara perfectamente el hecho de que el reino de Dios es un gobierno real y concreto. Así como el Imperio Caldeo fue un reino, así como el Imperio Romano fue un reino, también el REINO DE Dios es un reino, y asumirá el mando de las naciones del mundo.
¡Jesucristo nació para ser rey … gobernante!
Sometido a juicio ante Pilato, éste le dijo: “¿Luego, eres tú rey? Respondió Jesús: Tú dices que yo soy rey. Yo para esto he nacido, y para esto he venido al mundo”. Pero Jesús también le dijo a Pilato: “Mi reino no es de este mundo” (Juan 18:36-37). Es asombroso, es trágico, que en los servicios religiosos y en las predicaciones de hoy nunca oímos hablar de Cristo como futuro rey y gobernante del mundo. Las potestades y príncipes del mal (Efesios 6:12) están gobernando al mundo hoy. Estos gobiernos de Satanás en la tierra son los que serán destruidos y remplazados por Cristo cuando Él regrese. ¡El reino de Cristo es del mundo DE mañana!
¿Acaso no hemos leído lo que el ángel proclamó a María, madre de Jesús? Jesús le dijo a Pilato que Él había nacido para ser rey. El ángel de Dios le había dicho a María: “Y ahora, concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS. Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el TRONO de David su padre; y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino NO TENDRÁ fin” (Lucas 1:31-33).
¿Por qué será que las iglesias de este mundo nunca mencionan estos pasajes de las Sagradas Escrituras? Millares de personas han ido a la misa y a los servicios religiosos toda su vida y nunca han oído citar las escrituras que hablan de Cristo como rey del venidero reino de Dios.
Estos pasajes nos dicen claramente que Dios es el Gobernante supremo. Nos dicen en palabras clarísimas que Jesús nació para ser rey, que va a gobernar a todas las naciones y que su reino gobernará eternamente.
Pero esto es sólo parte de la verdad fantástica, asombrosa, realmente extraordinaria acerca del reino de Dios.
El reino de Dios gobernará sobre los pueblos y las naciones de la tierra. Pero estas naciones y pueblos mortales no serán el reino. Ni siquiera estarán dentro del reino de Dios. Simplemente serán sus súbditos.
Cómo vendrá la utopía
Seamos específicos. Veamos cómo se dará comienzo a la utopía del mañana. Recordemos que este maravilloso mundo- estado no se impondrá de una vez. Cada paso principal dentro de esta serie de sucesos futuros se expone claramente en las páginas de la profecía bíblica.
El mismo Jesucristo que caminó por los montes y valles de la Tierra Santa y que recorrió las calles de Jerusalén hace más de 1.900 años, vendrá nuevamente. Dijo que vendría. Fue crucificado, pero Dios lo levantó de la muerte después de tres días y tres noches (Mateo 12:40; Hechos 2:32; I Corintios 15:3-4). Ascendió al trono de Dios, sede del gobierno del universo (Hechos 1:9-11; Hebreos 1:3; 8:1; 10:12; Apocalipsis 3:21).
Él es el “hombre noble” de la parábola, quien fue a un “país lejano” para ser coronado Rey de reyes sobre todas las naciones y luego regresar a la tierra (Lucas 19:12-27).
Está en el cielo hasta “los tiempos de la restauración de todas las cosas” (Hechos 3:19-21). Restaurar significa devolver a un estado o condición anterior. En este caso, es restablecer el gobierno de Dios en la tierra y, por tanto, restablecer la paz mundial y las condiciones utópicas.
El fermento actual del mundo, la escalada bélica y las contiendas culminarán con un período de tribulación mundial tan horrendo que si Dios no interviniere nadie quedaría con vida (Mateo 24:22). En ese momento culminante, cuando una demora significaría la aniquilación de toda la vida del planeta, Jesucristo regresará. Esta vez vendrá como Dios divino. Vendrá con todo el poder y la gloria del Creador y Gobernante del universo (Mateo 24:30; 25:31). Vendrá como “Rey de reyes y Señor de señores” (Apocalipsis 19:16) para establecer un supergobierno mundial y regir a todas las naciones “con vara de hierro” (Apocalipsis 19:15; 12:5). ¿Por qué será que las iglesias llamadas cristianas pasan por alto todas las escrituras sobre la venida de Cristo como gobernante de la tierra? El evangelio mismo de Cristo trataba del reino de Dios que Él establecerá en la tierra. Millones de personas pertenecientes a diversas iglesias ignoran estas escrituras y desconocen el verdadero evangelio de Jesucristo.
Imaginémonos al Cristo glorificado que viene con todo el esplendor, todo el poder sobrenatural y la gloria del Dios todopoderoso; que viene a rescatar a la humanidad, a detener la escalada bélica, la destrucción nuclear, el dolor y el sufrimiento humano; que viene a imponer la paz, el bienestar, la felicidad y la alegría para toda la humanidad. Pero … ¿seré bien recibido por las naciones?
Ciertos científicos de renombre están diciendo sin ambages que la única esperanza de sobrevivir en la tierra radica en un gobierno mundial supremo que controle todo el poderío militar. Reconocen que es imposible para el hombre lograrlo. Pero Cristo vendrá a traernos precisamente eso.
¿Será bien recibido?
Una revista de noticias norteamericana hizo el siguiente análisis de la única esperanza de la humanidad: La esperanza optimista, dice el artículo, de alcanzar un mundo ordenado y estable se está desvaneciendo. Los gastos cercanos a un billón de dólares no han logrado darnos estabilidad. Por el contrario, las condiciones han empeorado. La opinión prevaleciente entre los funcionarios es que los problemas y las tensiones en el mundo están tan arraigados que mal podrán resolverse si no es mediante “una mano fuerte de algún lugar”.
“Una mano fuerte de algún lugar”. El Dios todopoderoso va a enviar una mano muy fuerte de “algún lugar” ¡para salvar a la humanidad!
¿Será Cristo bienvenido?
¿Recibirá la humanidad a Cristo con brazos abiertos? ¿Habrá exclamaciones de alegría y un entusiasmo desbordante? ¿Lo recibirán bien las iglesias del cristianismo tradicional?
¡No! Creerán, engañadas por los falsos ministros de Satanás (II Corintios 11:13-15), que se trata del Anticristo. Cuando Cristo regrese, las naciones y las iglesias estarán airadas (Apocalipsis 11:15, 18), y las fuerzas militares intentarán destruirlo (Apocalipsis 17:14).
Las naciones estarán trabadas en la batalla culminante de la tercera guerra mundial, siendo Jerusalén el frente de batalla (Zacarías 14:1-2). Es entonces cuando Cristo vendrá. Con poder sobrenatural “peleará con aquellas naciones” que se le opongan (versículo 3). ¡Y las vencerá! (Apocalipsis 17:14). “Se afirmarán sus pies en aquel día sobre el monte de los Olivos” que está a corta distancia de Jerusalén hacia el oriente (Zacarías 14:4).
Las naciones subyugadas
Cuando el Cristo todopoderoso y glorificado vuelva a la tierra, las naciones estarán airadas. Las fuerzas militares reunidas en Jerusalén pretenderán luchar contra El. Digo “pretenderán”. Pero los ejércitos que seguirán a Cristo desde el cielo serán muchísimo más poderosos, como que estarán compuestos por todos los santos ángeles (Apocalipsis 19:14, identificados en Mateo 25:31).
Veamos una descripción de esa batalla … y lo que acontecerá a los ejércitos humanos hostiles.
Apocalipsis 17:14 habla de los ejércitos de los Estados Unidos de Europa, el Imperio Romano que ahora mismo está resucitando: “Pelearán contra el Cordero, y el Cordero los vencerá, porque él es Señor de señores y Rey de reyes..
¿Cómo los vencerá? La respuesta aparece en el capítulo 14 de la profecía de Zacarías: “Y esta será la plaga con que herirá el Eterno a todos los pueblos que pelearon contra Jerusalén: la carne de ellos se corromperá estando ellos sobre sus pies, y se consumirán en las cuencas sus ojos, y la lengua se les deshará en su boca” (versículo 12).
La carne se les pudrirá casi instantáneamente .. . estando ellos sobre sus pies.
Esta es la retribución divina a los ejércitos que luchen contra Cristo. ¡Qué demostración del poder divino con que el Cristo glorificado gobernará a las naciones! Toda rebelión contra Dios y su gobierno será extinguida de inmediato.
¿Se da el lector cuenta de que toda la infelicidad y todos los males que aquejan al hombre se deben a la violación de la ley de Dios?
Si nadie tuviese otro dios en lugar del verdadero; si todos los hijos aprendieran a honrar, respetar y obedecer a sus padres y si todos los padres criaran a sus hijos dentro de los caminos de Dios; si nadie permitiese que el espíritu de homicidio entrara en su corazón y no hubiese guerras ni muerte de seres humanos por obra de otros seres humanos; si todos los matrimonios conservaran la felicidad y no hubiera relaciones sexuales sino dentro del matrimonio; si todos desearan el bien del prójimo hasta el punto de no robar jamás; si pudiésemos desechar candados, llaves y cajas fuertes; si todos dijeran la verdad y se pudiera confiar en la palabra de todos; si nadie codiciara lo que no le pertenece; si a todos les importara el bienestar ajeno tanto como el propio hasta el punto de que les pareciera realmente más bienaventurado dar que recibir, entonces ¡qué feliz sería nuestro mundo!
En un mundo así, donde todos amaran y adoraran a Dios con toda su mente, con todo su corazón y todas sus fuerzas; donde todos se ocuparan del bienestar del prójimo así como del propio, no habría divorcio ni hogares y familias desbaratadas; no habría delincuencia juvenil, ni crimen, ni cárceles; no habría policía salvo para fines de dirección y vigilancia pacífica como un servicio público; y no habría guerra ni establecimientos militares.
Más aún, Dios ha puesto en acción ciertas leyes físicas que operan en nuestro cuerpo y nuestra mente, además de la ley espiritual. No habría, pues, enfermedad, dolor ni sufrimiento. Por el contrario, sí habría vigor, buena salud, interés dinámico por la vida, entusiasmo por las actividades constructivas que traen felicidad y alegría. Habría limpieza, actividad, verdadero progreso. No habría tugurios, ni degeneración de las razas, ni retraso en parte alguna del mundo.
Los santos resucitados
Así como el Cristo resucitado ascendió al cielo en las nubes, así mismo regresará a la tierra sobre las nubes (Hechos 1:9-11; Mateo 24:30). Justamente cuando regrese (I Tesalonicenses 4:14-17), los muertos en Cristo, o sea los que han recibido el Espíritu Santo de Dios y han sido guiados por él (Romanos 8:11, 14), incluso los profetas de la antigüedad (Lucas 13:28), se levantarán en una gigantesca resurrección, transformados en inmortales. Los que estén vivos y tengan el Espíritu de Dios se convertirán instantáneamente de mortales en inmortales (I Corintios 15:50-54) y, junto con los resucitados, subirán a las nubes donde se reunirán con Cristo que desciende (I Tesalonicenses 4:17).
Estarán con Él, dondequiera que Él esté, para siempre (Juan 14:3). Junto con Él, bajarán de las nubes y estarán a su lado en el monte de los Olivos ese mismo día (Zacarías 14:4-5).
Aquellos santos cambiados, convertidos, hechos inmortales, gobernarán las naciones de seres mortales bajo Cristo (Daniel 7:22; Apocalipsis 2:26-27; 3:21).
Por fin, ¡Satanás es eliminado!
¡Será el acontecimiento más glorioso en toda la historia de la humanidad! El descenso sobrenatural y majestuoso del Cristo glorificado y todopoderoso, quien regresará a la tierra, por fin acabará con el reinado invisible, astuto y maligno de Satanás.
La descripción de la venida de Cristo con gloria suprema como Rey de reyes y Señor de señores se encuentra en
Apocalipsis 19. ¿Qué otra cosa importante sucederá para que haya paz, felicidad y alegría en la tierra? Satanás el diablo será depuesto del trono de la tierra.
Apocalipsis 20:1-3 consigna la noticia: “Vi a un ángel que descendía del cielo, con la llave del abismo, y una gran cadena en la mano. Y prendió al dragón, la serpiente antigua, que es el diablo y Satanás, y lo ató por mil años; y lo arrojó al abismo, y lo encerró, y puso su sello sobre él, para que no engañase más a las naciones, hasta que fuesen cumplidos mil años; y después de esto debe ser desatado por un poco de tiempo”.
Así terminarán los días del hombre … de una humanidad engañada y desorientada por Satanás durante 6.000 años.
Satanás no podrá seguir transmitiendo por el aire hacia la mente del hombre. Ya no podrá inyectar su naturaleza satánica (la cual, a raíz de su mismo engaño, hemos llamado equivocadamente “naturaleza humana”) en los seres incautos.
La naturaleza humana no desaparecerá de repente
Esto no significa, empero, que la naturaleza satánica adquirida desaparezca de la mente humana inmediatamente. Serán millones los seres que tendrán esta naturaleza. Y aunque Satanás no podrá seguir transmitiéndola, los hábitos ya adquiridos no se desarraigan automáticamente.
Dios nos ha dado libre albedrío. Nos ha dado el control sobre nuestra propia mente, excepto en la medida en que Satanás nos engaña y desorienta.
Pero entonces, los hombres ya no estarán engañados. El Cristo todopoderoso y los santos inmortales que gobernarán con Él empezarán a quitar el velo que encegueció el corazón de los hombres.
Por eso digo que la utopía completa no se establecerá de inmediato. Muchos millones tendrán aún la actitud de rebeldía, de vanidad, codicia y concupiscencia. Pero con la venida de Cristo empezará el proceso de reeducación, de abrir las mentes engañadas, de desengañarlas y de traer a los hombres al arrepentimiento voluntario.
Desde que Cristo asuma el poder y quite a Satanás, la ley de Dios y la palabra del Eterno saldrán de Sion y se difundirán por toda la tierra (Isaías 2:3).
La sentencia de 6.000 años que Dios pronunció contra el mundo de Adán, sentencia según la cual el hombre quedó aislado de Dios, habrá terminado. Cristo empezará a llamar a todos los mortales al arrepentimiento y a la salvación espiritual. Y el Santo Espíritu de Dios fluirá de Jerusalén (Zacarías 14:8).
¡Es glorioso! Será el amanecer de un nuevo día. Pronto vendrá la paz. Los hombres dejarán el camino del “obtener” y seguirán el camino del “dar”: el camino divino del amor.
¡Entonces la tierra será sede de una NUEVA CIVILIZACIÓN!
¿Cómo será el mundo de mañana? En Isaías 2:2-4 leemos: “Acontecerá en lo postrero de los tiempos, que será confirmado el monte de la casa del Eterno como cabeza de los montes, y será exaltado sobre los collados, y correrán a él todas las naciones. Y vendrán muchos pueblos, y dirán: Venid, y subamos al monte del Eterno, a la casa del Dios de Jacob; y nos enseñará sus caminos, y caminaremos por sus sendas. Porque de Sion saldrá la ley, y de Jerusalén la palabra del Eterno” (ver también Miqueas 4:1-3).
¡Es fantástico! No habrá más guerras. No habrá temor de hombre o bestia. La paz mundial será realidad. Algo tendrá que causar esa paz. La ley de Dios, que el cristianismo tradicional creyó abolida, saldrá desde Jerusalén y todo el mundo estará tan lleno del conocimiento de Dios como los lechos marinos están llenos de agua.
Aun los animales salvajes se domesticarán y serán pacíficos: “Morará el lobo con el cordero, y el leopardo con el cabrito se acostará; el becerro y el león y la bestia doméstica andarán juntos, y un niño los pastoreará. La vaca y la osa pacerán, sus crías se echarán juntas; y el león como el buey comerá paja. Y el niño de pecho jugará sobre la cueva del áspid, y el recién destetado extenderá su mano sobre la caverna de la víbora. No harán mal ni dañarán en todo mi santo monte; porque la tierra será llena del conocimiento del Eterno, como las aguas cubren el mar” (Isaías 11:6-9).
¡Imagínese el lector esa situación tan distinta y maravillosa! ¡Imagínese todos los problemas del hombre por fin resueltos!
Podemos vislumbrar un mundo donde no habrá analfabetismo ni pobreza, donde no habrá hambre ni miseria; un mundo donde el crimen disminuirá velozmente, donde la gente aprenderá la honradez, la fidelidad matrimonial, la bondad y la felicidad … ¡un mundo de paz, de prosperidad y de abundante bienestar para todos!
La explosión demográfica … problema resuelto
Dios predice reformas de vasto alcance en la era utópica que pronto se extenderá por la tierra.
¿Puede el lector imaginarlo? Un mundo de grandes avances hacia la solución de los problemas más cruciales del hombre.
Hoy el mayor problema de todos y el más arrollador es la explosión demográfica. La población del mundo aumenta mucho más rápidamente de lo que aumenta la capacidad para mantenerla.
Las zonas donde el incremento es mayor son precisamente las menos desarrolladas del mundo, donde hay mayor pobreza, analfabetismo y enfermedad. Recordemos que apenas el 10 por ciento de la superficie terrestre es apta para la agricultura. Según cifras de la ONU, la población del mundo se duplicará en escasos 34 años.
La ominosa presión de una población que crece a diario es uno de los temas más incomprensibles hoy.
Pero Dios tiene la solución, y es muy sencilla: Aprovechar la mayor parte de la superficie terrestre convirtiéndola en tierra arable. Rebajar las altas cumbres, riscos inhóspitos azotados por el viento. Levantar algunos de los desiertos áridos y profundos. Modificar las condiciones meteorológicas. Transformar los desiertos en zonas de fértil verdor. Abrir grandes extensiones de tierra como el desierto de Kalahari, la cuenca del lago Chad y el Sáhara en el Africa, así como el desierto Gobi en el Asia y las grandes extensiones desérticas de las Américas. Hacer verdes y frondosos los amplios yermos de Mongolia, Siberia, Arabia Saudita y el desierto de Ata- cama.
Descongelar los profundos témpanos y los bancos de nieve, los suelos congelados y las tundras en las vastas zonas de la Antártida, Norteamérica, Groenlandia, el norte de Europa y Siberia. Nivelar el imponente Nudo de Pamir, los gigantes de las Himalayas, los montes Atlas y Tauro, los
Pirineos.. – rebajar el formidable macizo de los Andes y demás cumbres formidables, inhóspitas, casi inaccesibles del planeta.
Luego proveer lluvias moderadas y suaves en la cuantía necesaria y en el momento oportuno.
¿Y qué sucede?
Aparecerán millones de hectáreas de maravillosa tierra arable, productiva, increíblemente fértil, lista para descubrirse y aprovecharse.
¿Imposible?
Lo es… en las manos del hombre.
Pero veamos lo que Dios ha prometido: “No temas, gusano de Jacob, oh vosotros los pocos de Israel; yo soy tu socorro, dice el Eterno; el Santo de Israel es tu Redentor. He aquí que yo te he puesto por trillo, trillo nuevo, lleno de dientes; trillarás montes y los molerás, y collados reducirás a tamo. Los aventarás, y los llevará el viento, y los esparcirá el torbellino; pero tú te regocijarás en el Eterno, te gloriarás en el Santo de Israel. Los afligidos y menesterosos buscan las aguas, y no las hay; seca está de sed su lengua; yo el Eterno los oiré, yo el Dios de Israel no los desampararé. En las alturas abriré ríos, y fuentes en medio de los valles; abriré en el desierto estanques de aguas, y manantiales de aguas en la tierra seca. Daré en el desierto cedros, acacias, arrayanes y olivos; pondré en la soledad cipreses, pinos y bojes juntamente, para que vean y conozcan, y adviertan y entiendan todos, que la mano del Eterno hace esto, y que el Santo de Israel lo creó” (Isaías 41:14-20).
Agua pura, desiertos que florecen
¿Es posible imaginar una escena más fabulosa? Los desiertos se transforman en jardines fértiles y llenos de verdor, con árboles, arbustos y ríos cristalinos. Las montañas se rebajan y se hacen habitables.
Leamos cómo Dios describe tales condiciones en algunos pasajes de la Biblia:
“Entonces el cojo saltará como un ciervo, y cantará la lengua del mudo; porque aguas serán cavadas en el desierto, y torrentes en la soledad. El lugar seco se convertirá en estanque, y el sequedal en manaderos de aguas; en la morada de chacales, en su guarida, será lugar de cañas y juncos” (Isaías 35:6-7).
Léase todo el capítulo 35 de Isaías.
Dios dice: “Se alegrarán el desierto y la soledad; el yermo se gozará y florecerá como la rosa. Florecerá profusamente, y también se alegrará y cantará con júbilo ..(versículos 1-2).
Hace algunos años, en un hondo valle árido y polvoriento allá en California, se produjo un leve movimiento sísmico. Los propietarios de cierto lugar de recreo que tenía muy poca clientela debido a la sequedad de la región, estaban pensando cerrar el negocio y trasladarse a otra parte.
De un momento a otro, los áridos cerros crujieron y se sacudieron. Poco después de que los propietarios sintieron agitarse la tierra bajo sus pies, oyeron un suave gorgoteo. Corrieron hacia el lecho polvoriento de lo que había sido un riachuelo que cruzaba la propiedad, y cuál no sería su asombro al encontrar allí una corriente de agua. Poco a poco el lodo se fue precipitando, y el agua resultó cristalina y pura, fresca y deliciosa para beber. Sobra decir que el negocio cobró nuevo ímpetu.
El movimiento sísmico había abierto una fuente de agua subterránea y ésta empezó a fluir por el viejo cauce.
Pensemos en las grandes zonas desérticas de la tierra. ¿Parece inconcebible que Dios las haga florecer como la rosa? ¿Por qué no ha de ser posible?
Las montañas se formaron. En un momento dado, grandes fuerzas solevantaron la corteza terrestre causando enormes grietas y deslizamientos. Pronto se levantaron bloques masivos de granito mientras la tierra temblaba y se sacudía presa de los terremotos más violentos de la historia. Las montañas se formaron, no aparecieron “porque sí”.
El Dios de todo poder, que formó los cerros y los montes (Amos 4:13; Salmos 90:2), dará nueva forma a la superficie de la tierra.
Leamos acerca de los formidables terremotos del futuro, los cuales rehabilitarán grandes extensiones de la superficie terrestre (ver Apocalipsis 16:18; Zacarías 14:4). Dios dice: “Los montes tiemblan delante de él, y los collados se derriten …” (Nahum 1:5).
La tierra bajo el mar
El hombre ha descubierto que gran parte de la riqueza del planeta se halla bajo el mar. Petróleo, oro, plata y decenas de minerales yacen bajo la profundidad de los vastos océanos, inaccesibles para el hombre. El agua marina contiene mucho oro y la mayor parte de las reservas auríferas del mundo se encuentran debajo del mar.
Muchas partes de la tierra sufren los estragos de las mareas, el golpe incesante del agua que va erosionando la tierra. Las zonas bajas de Europa, especialmente Holanda, están formadas en gran parte por tierras reclamadas al mar.
Imaginemos los millones de hectáreas que quedarían disponibles para el hombre si lográramos reducir el tamaño de los océanos. ¡Y Dios dice que se hará! Veámoslo: “Y secará el Eterno la lengua del mar de Egipto; y levantará su mano con el poder de su espíritu sobre el río, y lo herirá en sus siete brazos, y hará que pasen por él con sandalias” (Isaías 11:15).
Parece increíble, ¡pero es cierto!
Cuando Jesucristo sea el gran gobernante de la tierra, aprovechará su poder. Juan tuvo una visión en que los ángeles alababan a Cristo a su regreso, diciendo: “Te damos gracias, Señor Dios Todopoderoso, el que eres y que eras y que has de venir, porque has tomado tu gran poder, y has reinado” (Apocalipsis 11:17).
La correcta educación en materia de salud y la curación de todas las enfermedades cuando haya arrepentimiento, producirán un estado de salud perfecto.
Así lo describe Dios: “Porque ciertamente allí será el Eterno para con nosotros fuerte, lugar de ríos, de arroyos muy anchos, por el cual no andará galera de remos, ni por él pasará gran nave. Porque el Eterno es nuestro juez, el Eterno es nuestro legislador, el Eterno es nuestro Rey; él mismo nos salvará … No dirá el morador: Estoy enfermo; al pueblo que more en ella le será perdonada la iniquidad” (Isaías 33:21-22, 24).
Ahora veamos esta maravillosa promesa: “Fortaleced las manos cansadas, afirmad las rodillas endebles. Decid a los de corazón apocado: Esforzaos, no temáis; he aquí que vuestro Dios viene con retribución, con pago; Dios mismo vendrá, y os salvará. Entonces los ojos de los ciegos serán abiertos, y los oídos de los sordos se abrirán. Entonces el cojo saltará como un ciervo, y cantará la lengua del mudo; porque aguas serán cavadas en el desierto, y torrentes en la soledad” (Isaías 35:3-6).
Dios describe la recompensa por obedecer sus leyes de misericordia y amor. Nótese Isaías 58:8: “Entonces nacerá tu luz como el alba, y tu salvación se dejará ver pronto”.
Salud y felicidad
Describiendo las condiciones de salud y prosperidad que imperarán en la tierra, Dios dice: “Mas yo haré venir sanidad para ti, y sanaré tus heridas ..(Jeremías 30:17).
“Y vendrán con gritos de gozo en lo alto de Sion, y correrán al bien del Eterno, al pan, al vino, al aceite, y al ganado de las ovejas y de las vacas; y su alma será como huerto de riego, y nunca más tendrán dolor. Entonces la virgen se alegrará en la danza, los jóvenes y los viejos juntamente; y cambiaré su lloro en gozo, y los consolaré, y los alegraré de su dolor. Y el alma del sacerdote satisfaré con abundancia, y mi pueblo será saciado de mi bien, dice el Eterno” (Jeremías 31:12-14).
¿Y por qué no tener buena salud? ¿Por qué hemos de creer que es imposible tener salud perfecta y felicidad? ¿Por qué las prédicas del cristianismo tradicional pasan por alto estos pasajes y nos ofrecen, en su lugar, la perspectiva de ir al cielo y vivir allí en estado de ocio sin hacer nada y sin realizar nada?
Cuando se cumplen las leyes de la salud, éstas traen bendición. Traen garantía de buena salud, tanto que en la tercera y cuarta generaciones las enfermedades se habrán convertido en cosa del pasado.
Esto es lo que Dios ha prometido a su pueblo: “Acontecerá que si oyeres atentamente la voz del Eterno tu Dios, para guardar y poner por obra todos sus mandamientos que yo te prescribo hoy, también el Eterno tu Dios te exaltará sobre todas las naciones de la tierra. Y vendrán sobre ti todas estas bendiciones, y te alcanzarán, si oyeres la voz del Eterno tu Dios. Bendito serás tú en la ciudad, y bendito tú en el campo. Bendito el fruto de tu vientre, el fruto de tu tierra, el fruto de tus bestias, la cría de tus vacas y los rebaños de tus ovejas. Benditas serán tu canasta y tu artesa de amasar” (Deuterono- mio 28:1-5).
Dios dice que se reconstruirán los lugares asolados: “Porque he aquí, yo estoy por vosotros, y a vosotros me volveré, y seréis labrados y sembrados. Y haré multiplicar sobre vosotros hombres, a toda la casa de Israel, toda ella; y las ciudades serán habitadas, y edificadas las ruinas. Multiplicaré sobre vosotros hombres y ganado, y serán multiplicados y crecerán; y os haré morar como solíais antiguamente, y os haré mayor bien que en vuestros principios; y sabréis que yo soy el Eterno” (Ezequiel 36:9-11).
Léase todo el capítulo 36 de Ezequiel. Dios dice: .. Haré también que sean habitadas las ciudades, y las ruinas serán reedificadas … Esta tierra que era asolada ha venido a ser como huerto del Edén; y estas ciudades que eran desiertas y asoladas y arruinadas, están fortificadas y habitadas” (versículos 33, 35).
De las demás naciones ¿qué?
Nótese: “En aquel tiempo habrá una calzada de Egipto [Egipto existirá como naciónl a Asiría [gran parte de ese pueblo emigró hace siglos hacia el centro y norte de Europa, a lo que hoy es Alemania], y asirios entrarán en Egipto, y egipcios en Asiría; y los egipcios servirán con los asirios al Eterno. En aquel tiempo Israel será tercero con Egipto y con Asiría para bendición en medio de la tierra; porque el Eterno de los ejércitos los bendecirá diciendo: Bendito el pueblo mío Egipto, y el asirio obra de mis manos, e Israel mi heredad” (Isaías 19:23-25).
No habrá analfabetismo
¡Qué gran cosa sería que todas las naciones y pueblos de la tierra hablaran, leyeran y escribieran un mismo idioma! Aun hoy existen zonas que carecen de un lenguaje escrito y los analfabetos suman millones.
Cuando Cristo regrese y conquiste la tierra, dará comienzo a una era de alfabetismo perfecto, de educación cabal, y dará a este mundo un idioma nuevo y puro.
Este tema en sí requeriría todo un libro. Los procesos literarios de la tierra cambiarán. Hoy todos los idiomas están corrompidos. Están plagados de términos paganos, supersticiones, errores, excepciones a las reglas y giros peculiares.
Dios dice: “En aquel tiempo devolveré yo a los pueblos pureza de labios, para que todos invoquen el nombre del Eterno, para que le sirvan de común consentimiento” (Sofonías 3:9).
Esta será una era nueva de buena literatura y de buena música. Se evitará la duplicación de esfuerzos así como los malos entendidos causados por los escollos lingüísticos, y miles de horas de laboriosa traducción. Será una era maravillosa cuando todo el mundo estará realmente educado y todos hablen un mismo idioma.
La estructura económica
Dios muestra que Jerusalén será no sólo la capital espiritual sino también la capital financiera del mundo.
De esta ciudad reconstruida el Creador dice: “Entonces verás, y resplandecerás; se maravillará y ensanchará tu corazón, porque se haya vuelto a ti la multitud del mar, y las riquezas de las naciones hayan venido a ti” (Isaías 60:5).
Ahora bien, hemos visto que Dios levantará muchas zonas que hoy están cubiertas por las aguas del mar. Habrá más tierras disponibles. Los científicos saben que la mayor parte de las materias primas yacen en los estratos debajo de los mares. Dios dice que esta enorme riqueza será accesible durante el reinado de Jesucristo en la tierra.
Dios dice que la riqueza del mundo estará centrada en Jerusalén y que los amplios programas de reconstrucción, rehabilitación y progreso en esa nueva era estarán respaldados por tales riquezas.
“Porque así dice el Eterno de los ejércitos: De aquí a poco yo haré temblar los cielos y la tierra, el mar y la tierra seca; y haré temblar a todas las naciones, y vendrá el Deseado de todas las naciones; y llenaré de gloria esta casa, ha dicho el Eterno de los ejércitos. Mía es la plata, y mío el oro, dice el Eterno de los ejércitos” (Hageo 2:6-8).
El gran tesoro de Dios estará a la vista del público. No habrá lingotes de oro ocultos y totalmente inútiles en profundas bóvedas subterráneas. No habrá miedo de robos ni atracos. Pero sí habrá adornos preciosos para el capitolio: el templo donde morará Cristo.
Habrá un patrón fijo y los valores de la moneda no cambiarán. No habrá más especulación ni aprovechamiento de la capacidad ajena.
Nadie volverá a enriquecerse invirtiendo en las labores y capacidad creativa de otros. No habrá más mercados de valores, bancos mundiales, centros financieros, compañías de seguros, compañías hipotecarias, agencias de préstamos ni pagos a plazos.
En el gobierno de la abundancia encabezado por Jesucristo, la gente comprará solamente lo que necesite y cuando tenga con qué pagar. No habrá intereses y no habrá más impuestos.
El sistema del diezmo
Hoy los gobiernos toman para sí hasta el 40, 50 y aun el 90 por ciento por concepto de impuestos sobre herencias, renta, gravámenes ocultos y toda una serie de imposiciones nacionales y locales.
Dios exige apenas el 10 por ciento. Y con este 10 por ciento financiará toda la administración gubernamental, educativa y espiritual del mundo.
“¿Robará el hombre a Dios? Pues vosotros me habéis robado. Y dijisteis: ¿En qué te hemos robado?” Y Dios responde: “En vuestros diezmos y ofrendas. Malditos sois con maldición, porque vosotros, la nación toda, me habéis robado. Traed todos los diezmos al alfolí y haya alimento en mi casa; y probadme ahora en esto, dice el Eterno de los ejércitos, si no os abriré las ventanas de los cielos, y derramaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde” (Malaquías 3:8- 10). Esta es una profecía para nuestros días.
¡Qué gran bendición será esta! Las cargas económicas que agobian a la gente hoy habrán desaparecido. Dios dice que las bendiciones económicas serán para todos.
Eliminadas las pérdidas que hoy sufren las fábricas, tiendas y empresas por concepto de robo, accidentes, descomposición y daños debidos a los elementos, las mercancías podrán venderse a mucho menor precio… y con mayores utilidades.
El clima
¿Cuál sería la situación de los agricultores si pudiéramos quitarles los problemas del clima, los daños causados por insectos, hongos y demás enfermedades de las plantas, así como las pérdidas ocasionadas por medidas oficiales de control y exceso de oferta en el mercado?
Dios hará estas cosas.
Nuestro Padre tiene riquezas inconmensurables: “Mío es el oro”, dice en Hageo 2:8.
El quiere que cada uno de sus hijos prospere: “Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud..(III Juan 2). Cristo dijo: “Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia” (Juan 10:10).
Dios quiere que nuestra vida rebose de abundancia y de plenitud. Pero analicemos el “éxito material” que nos rodea en el mundo de hoy. ¿Acaso ha traído la felicidad a quienes lo alcanzaron? Al multimillonario J. Paul Getty, uno de los hombres más ricos del mundo, se le atribuyen estas palabras: “¡Daría todos mis millones tan sólo por un matrimonio feliz!”
En el reino de Dios todos acatarán la voluntad divina, y sus mandatos serán las normas para la orientación del comercio, los negocios, las finanzas y toda la estructura económica del mundo. Todo funcionará sobre la base del dar. Cristo dijo: “Dad, y se os dará; medida buena, apretada, remecida y rebosando darán en vuestro regazo; porque con la misma medida con que medís, os volverán a medir” (Lucas 6:38).
La norma del dar es la que se aplicará en el reino de Dios … no la trapacería, el engaño, la trampa, la mentira, el manejo clandestino, la confabulación furtiva, la codicia y la mezquindad que prevalecen hoy en el mundo de los negocios.
Cuando Dios, con el despliegue de su gran poder, convierta a la humanidad rebelde, cuando haga realidad su promesa que dice: “Ante mí se doblará toda rodilla, y toda lengua confesará a Dios” (Romanos 14:11), cuando quebrante el espíritu soberbio y vanidoso del hombre, entonces el hombre aprenderá a dar.
Mientras Dios no humille el espíritu altivo del hombre (Isaías 2:10-12, 17), los pueblos de la tierra no estarán dispuestos a aceptar una norma tan generosa y honrada como base de su economía.
Necesitaríamos todo un libro para empezar a describir las maravillosas condiciones que podrían prevalecer en la tierra … y que efectivamente prevalecerán cuando el corazón humano se humille y se convierta, y reciba la naturaleza misma de Dios (II Pedro 1:4).
Los hombres nunca más volverán a construir edificios demasiado costosos para ellos y que no necesitan, con el fin de alquilarlos a otras personas que les ayuden a pagarlos. Tampoco habrá intereses. Dios dice que es pecado prestar dinero con “usura” o interés.
Cada 50 años se cancelarán en su totalidad todas las deudas, tanto públicas como privadas.
La economía saneada
Como los gobiernos estarán en manos de la familia espiritual de Dios, y como no habrá enormes oficinas burocráticas encargadas de vigilar a otras dependencias burocráticas, las cuales controlan con suspicacia otras oficinas; como no habrá establecimiento militar ni agencias de “inteligencia” (espionaje) ni miembros de Interpol; como no habrá grandes monopolios, carteles, sindicatos ni despilfarro gubernamental, entonces la economía del mundo podrá sanearse.
Imaginémoslo: No más “ayuda externa” ni compra de “amantes” (aliados) (Ezequiel 23:9, 22; Lamentaciones 1:2, 19; Ezequiel 16). No más préstamos atados (condicionados) para la industria, la ciencia y el desarrollo, ni donaciones para la tecnología espacial o para la investigación en escuelas e instituciones.
En su lugar, cada industria necesaria, cada centro educativo y cada empresa estará en buenas condiciones económicas.
¡Qué mundo tan fantástico!
La estructura del gobierno
Ahora veamos cómo funcionará el nuevo gobierno del mundo en los próximos mil años. No será una llamada democracia. No será socialismo. No será comunismo ni fascismo. No será una monarquía humana, una oligarquía ni una plutocracia. No será el gobierno del hombre sobre el hombre, pues la humanidad ha demostrado su total incapacidad para gobernarse a sí misma.
Será un gobierno divino: una teocracia, el gobierno de Dios sobre los hombres. No será un gobierno de abajo hacia arriba. El pueblo no tendrá voto. No será un gobierno del pueblo ni por el pueblo … pero sí será un gobierno para el pueblo. Será un gobierno desde arriba (Dios todopoderoso) hacia abajo. Será de forma jerárquica.
No habrá campañas electorales. No habrá banquetes pare reunir fondos para los candidatos. No habrá campañas políticas sucias en que cada candidato procura quedar bien ante el público difamando, denunciando y desacreditando al contrincante. No se perderá tiempo en campañas para enlodar al adversario a fin de alcanzar el poder.
Ningún ser humano tendrá cargos en el gobierno. Todos los que sirvan en el gobierno serán seres espirituales divinos, miembros del reino de Dios: de la familia de Dios.
Todos los funcionarios serán nombrados por Cristo, quien ve y conoce el corazón de los hombres, su carácter interior y su capacidad o falta de la misma. Isaías 11:2-5 nos muestra la profunda percepción sobrenatural que tiene Cristo del carácter de los hombres: “Y reposará sobre él el Espíritu del Eterno; espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de poder, espíritu de conocimiento y de temor del Eterno. Y le hará entender diligente en el temor del Eterno. No juzgará según la vista de sus ojos, ni argüirá por lo que oigan sus oídos; sino que juzgará con justicia a los pobres, y argüirá con equidad por los mansos de la tierra; y herirá la tierra con la vara de su boca, y con el espíritu de sus labios matará al impío. Y será la justicia cinto de sus lomos, y la fidelidad ceñidor de su cintu- ra .
Recordemos que Dios, el Ser supremo, es amor. Él da y gobierna con interés generoso por los gobernados. Regirá buscando el máximo bien para el pueblo. Los más capaces, los más justos, los más aptos para los cargos serán nombrados en todos los puestos de responsabilidad y poder.
En la tierra habrá dos clases de seres: los humanos, gobernados por quienes se habrán convertido en divinos.
Unos santos resucitados reinarán sobre 10 ciudades, otros sobre cinco (Lucas 19:17-19).
Imagínese. Nada de gastar dinero en campañas políticas. Nada de divisiones en los partidos políticos, con facciones que discuten y pelean. ¡Nada de partidos políticos!
¿Qué es el nuevo pacto?
Bajo el nuevo pacto lo que veremos en la tierra será felicidad, paz, abundancia y justicia para todos. ¿Sabe usted en qué consiste este nuevo pacto? ¿Cree, acaso, que eliminará la ley de Dios? Todo lo contrario: “Este es el pacto [que Cristo viene a establecer, como leemos en Hebreos 8:10] … Pondré mis leyes en la mente de ellos, y sobre su corazón las escribiré…” Cuando las leyes de Dios estén en nuestro corazón, cuando amemos los caminos de Dios y queramos vivir por ellos, la naturaleza humana estará subyugada. La gente querrá vivir por el camino que causa la paz, la felicidad, la abundancia y el bienestar.
Pero recordemos que los humanos que estén en la tierra cuando Cristo regrese, gobernados entonces por Cristo y por los seres resucitados y hechos inmortales, conservarán su naturaleza humana. No estarán convertidos.
Dos cursos de acción
Cristo y el reino de Dios, que se establecerá como la familia gobernante, harán realidad la utopía mediante dos cursos de acción:
Todo crimen y toda rebeldía organizada será suprimida por la fuerza, la fuerza sobrenatural divina.
Cristo se propondrá entonces reeducar y salvar al mundo, salvarlo espiritual mente.
Nótese primero cómo las costumbres sociales y religiosas se modificarán por fuerza divina.
Dios dispuso que se guardaran siete fiestas o días santos anuales, cargados de grande y profundo significado. Estos festivales representan el plan maestro de Dios para hacer cumplir su propósito para el hombre. Las fiestas de Dios se establecieron para siempre. Jesús las guardó, dándonos así el ejemplo. Los apóstoles también las guardaron (Hechos 18:21; 20:6, 16; I Corintios 5:8; 16:8). La Iglesia original verdadera, incluso los conversos gentiles, las guardaron.
Eran el camino de Dios, las costumbres de Dios para su pueblo. Pero la gente rechazó los caminos y las costumbres de Dios optando por acoger los caminos y costumbres de las religiones paganas. La gente hizo lo que le parecía bien. Y como la mente de los hombres en este mundo ha sido enemistad contra Dios (Romanos 8:7), han prevalecido actitudes de hostilidad contra el camino de Dios. Los caminos que parecen rectos al hombre han sido contrarios a los que traen paz, felicidad y abundancia. Estos mismos caminos errados ¡son los que parecen rectos a la mayoría de las personas hoy! Nosotros bien comprendemos que parecen los correctos a la mayoría de los que leen estas palabras.
Pero es preciso comprender que “hay camino que al hombre le parece derecho; pero su fin es camino de muerte” (Proverbios 14:12). Y si pasamos a Proverbios 16:25 vemos que se repite lo mismo: “Hay camino que parece derecho al hombre, pero su fin es camino de muerte”.
Instruido por Dios, Moisés dijo: “No haréis como todo lo que hacemos nosotros aquí ahora, cada uno lo que bien le parece” (Deuteronomio 12:8)* Dios también dijo: “Guárdate que no tropieces yendo en pos de ellas [las costumbres religiosas paganas] … no preguntes acerca de sus dioses, diciendo: De la manera que servían aquellas naciones a sus dioses, yo también les serviré. No harás así al Eterno tu Dios; porque toda cosa abominable que el Eterno aborrece, hicieron ellos a sus dioses…” (versículos 30-31).
Hoy el mundo llamado cristiano rechaza los días santos de Dios, que son sagrados para Él pero que la “cristiandad” engañada detesta, prefiriendo observar los días paganos: la Navidad, el Año Nuevo, el Domingo de Resurrección y otros “que el Eterno aborrece”. Muchos saben y confiesan que esos días son paganos, pero se justifican esgrimiendo el siguiente argumento: “Nosotros no guardamos estos días para adorar a los dioses paganos; utilizamos las costumbres paganas para adorar a Cristo y al verdadero Dios”.
Este es el camino que “parece derecho” a la mayoría de las personas. Su intención no es obrar mal, pero están engañadas. Una persona engañada no sabe que lo está. Piensa que tiene la razón. Puede ser tan sincera como los que han encontrado el verdadero camino de Dios y lo siguen. Pero Dios dice que El no aceptará esa clase de observancia ni culto, que es abominación para Él.
Cuando Cristo regrese a gobernar a todas las naciones, abrirá los ojos de los mortales que aún sigan engañados.
Todos guardarán las fiestas de Dios
La gente ya no estará ciega y engañada respecto de los mandatos y caminos de Dios. Entonces Él hará obedecer sus costumbres.
Volvamos al capítulo 14 de Zacarías: “Y todos los que sobrevivieren de las naciones que vinieron contra Jerusalén [es decir, los que no estaban en los ejércitos que Cristo va a destruir por fuerza sobrenatural], subirán de año en año para adorar al Rey, al Eterno de los ejércitos, y a celebrar la fiesta de los tabernáculos” (versículo 16).
Esta es una de las siete fiestas anuales que Dios ordenó para su pueblo. La antigua Israel se rebeló y, rechazando las fiestas divinas, acogió las paganas. El pueblo judío después de Esdras y Nehemías las guardó. Pero los falsos ministros “cristianos” enseñaron que las fiestas de Dios eran “parte del antiguo sistema mosaico” y que están abolidas para nosotros hoy. Así engañaron a la gente haciéndole creer que la Navi­dad, el Año Nuevo, el Domingo de Resurrección, etc., eran días ordenados por Dios.
Pero Cristo regresará pronto a la tierra para restaurar los caminos de Dios, incluso sus fiestas. Los rebeldes que se niegan a guardar los días santos hoy, y que los desdeñan con acerbo menosprecio, empezarán a guardarlos cuando Jesucristo regrese. Nótese lo que dicen las Sagradas Escrituras:
“Y acontecerá que los de las familias de la tierra [incluso las naciones gentiles] que no subieren a Jerusalén para adorar al Rey, el Eterno de los ejércitos, no vendrá sobre ellos lluvia. Si la familia de Egipto no subiere y no viniere, sobre ellos no habrá lluvia; vendrá la plaga con que el Eterno herirá las naciones que no subieren a celebrar la fiesta de los tabernáculos. Esta será la pena del pecado de Egipto, y del pecado de todas las naciones que no subieren para celebrar la fiesta de los tabernáculos” (Zacarías 14:17-19).
Estos pasajes nos dan una idea del método que Cristo empleará para “regir con vara de hierro”, es decir, cómo utilizará de la fuerza sobrenatural para traer a sus caminos a los pueblos de todas las naciones.
El gobierno perfecto
Sí, Jesucristo va a regresar a la tierra muy pronto. Vendrá con poder y gloria. Vendrá a gobernar a las naciones. Pero en la tarea de reinar y supervisar no estará solo sino que tendrá todo un gobierno mundial establecido por El. Será un gobierno altamente organizado con muchos puestos de mando.
En este punto debemos explicar la mecánica de esta forma de gobierno perfecto.
Primero, es el gobierno de Dios y no un gobierno humano. El hombre no quiere reconocer que sus 6.000 años de esfuerzos ineficientes, torpes e inútiles han demostrado hasta la saciedad su perfecta incapacidad para gobernarse a sí mismo.
En cuanto a que el hombre sea apto para regir y administrar el gobierno, Dios dice, hablando de los funcionarios oficiales de hoy: “No hay quien clame por la justicia, ni quien juzgue por la verdad; confían en vanidad, y hablan vanidades; conciben maldades, y dan a luz iniquidad … Sus pies corren al mal, se apresuran para derramar la sangre inocente; sus pensamientos, pensamientos de iniquidad; destrucción y quebrantamiento hay en sus caminos. No conocieron camino de paz, ni hay justicia en sus caminos; sus veredas son torcidas; cualquiera que por ellas fuere, no conocerá paz” (Isaías 59:4, 7-8).
El pueblo bajo este mal gobierno humano dice: “Por eso se alejó de nosotros la justicia, y no nos alcanzó la rectitud; esperamos luz [la solución a los problemas civiles, personales, nacionales y mundiales], y he aquí tinieblas; resplandores, y andamos en oscuridad. Palpamos la pared como ciegos, y andamos a tientas como sin ojos; tropezamos a mediodía como de noche; estamos en lugares oscuros como muertos” (versículos 9-10).
Luego, en este capítulo, que es una profecía para nuestros tiempos, aparece la solución final: “Y vendrá el Redentor a Sion..(versículo 20). Y prosiguiendo: “Levántate, resplandece; porque ha venido tu luz, y la gloria del Eterno ha nacido sobre ti” (Isaías 60:1).
La única esperanza de justicia, de paz, de verdad, de soluciones acertadas para los problemas del mundo, es la venida de Cristo con poder y gloria para establecer el gobierno mundial, el gobierno correcto, ¡el gobierno de Dios!
En este y otros pasajes de su Palabra, Dios muestra cuán incapaz es el hombre de gobernarse a sí mismo y a sus congéneres. Ahora, 6.000 años de experiencia humana nos han traído al borde mismo del cosmicidio. Es así como en los primeros 6.000 años del plan de Dios (que es de 7.000 en total) se permitió que Satanás hiciera su obra de engañar al mundo. Luego seguirían mil años (un día milenial) en que no se le permitirá a Satanás hacer su obra de engaño. Dicho en otras palabras, Dios señaló seis días mileniales en que el hombre podrá entregarse a la labor espiritual del pecado, y luego vendrá un milenio de reposo espiritual bajo el gobierno que Dios impondrá.
Un gobierno planeado desde el comienzo
Todo esto nos trae a una maravillosa verdad. Ahora podremos vislumbrar, por revelación divina, la maravillosa planificación, preparación y organización del gobierno perfecto de Dios.
No habrá políticos incompetentes y ambiciosos que pretendan poner sus manos ávidas en las riendas del poder oficial mediante las maquinaciones políticas de este mundo. Hoy se pide al pueblo que elija a personas que escasamente conocen, personas que se les presentan como llenas de cualidades. En el futuro gobierno de Dios, cada persona nombrada en un puesto de autoridad habrá pasado por pruebas, capacitación y experiencia, y se habrá mostrado en conformidad con las normas de Dios. Aquí radica el propósito y la necesidad de la Iglesia. La función de la Iglesia no es simplemente lograr la conversión de los “primeros frutos” ni traer salvación a los llamados a salir del mundo y entrar en ella, sino que también le corresponde preparar y capacitarlos para estos puestos de mando en el reino cuando la salvación estará a disposición de todos los hombres.
Dios ha planeado con anticipación, y no sólo para que su gobierno rija la tierra. A Adán le había dicho (si no en estas palabras): “Vete; planea tus propios gobiernos humanos. Crea tus propios dioses y religiones, producto de tu imaginación. Desarrolla tu propio conocimiento y estructura educativa; diseña tus sistemas sociales. En otras palabras, organiza tu propia civilización humana”.
Al sentenciar al hombre a 6.000 años de lejanía de Dios, Él se reservó la prerrogativa de llamar a quienes Él eligiera para un servicio especial y un contacto especial con Él. Durante este “día del hombre”, Dios está haciendo los preparativos para su civilización milenial en todos sus aspectos: gobierno, educación y religión.
Todo empezó con Abraham.
En aquellos tiempos había un solo individuo en la tierra que tenía carácter y al mismo tiempo era manso y plenamente sometido y obediente a Dios, a sus leyes y a su dirección. Ese hombre era Abraham.
Con Abraham, Dios empezó a preparar hombres para las más altas posiciones de mando en su mundo futuro. Abraham vivió en la sociedad más “avanzada” de su época, la más desarrollada y la más deseable en opinión de la gente.
Pero Dios dijo a Abraham, quien se llamaba entonces Abram: “Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré” (Génesis 12:1).
Abram no discutió. No dijo: “¿Por qué? ¿Por qué tengo que prescindir de los placeres de esta civilización, abandonando aun a mis parientes y amigos?”
Abraham no protestó ni vaciló. Está escrito sencillamente: “Y se fue Abram..(versículo 4).
Abraham tuvo que pasar por duras pruebas, y cuando murió, Dios dijo de él: “Oyó Abraham mi voz, y guardó mi precepto, mis mandamientos, mis estatutos [de gobierno] y mis leyes” (Génesis 26:5).
Dios estaba preparando a Abraham para cumplir un alto cargo en su gobierno que pronto regirá al mundo. Abraham creyó en el gobierno de Dios, lo acató y fue leal a él y a los estatutos y las leyes divinas.
Abraham recibió las promesas sobre las cuales se basa la salvación de toda persona por medio de Cristo. Se le llama el padre (en sentido humano) de los de la fe (Gálatas 3:7). A los gentiles de Galacia el apóstol Pablo escribió: “Y si vosotros [los gentiles] sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según la promesa” (Gálatas 3:29). Y en el versículo 16 había dicho: “Ahora bien, a Abraham fueron hechas las promesas, y a su simiente [descendiente: Cristo]”.
Dios estaba preparando ya su reino. Estaba formando el personal de altísimo nivel que ocuparía cargos importantes en su civilización, empezando con Abraham. Al mostrarse Abraham obediente, Dios bendijo sus labores y permitió que se enriqueciera. Dios le dio experiencia en el sabio manejo de la riqueza y en la dirección de un gran número de personas que estaban bajo sus órdenes.
Abraham, obediente y temeroso de Dios, crió a Isaac dentro de los caminos divinos enseñándole a acatar el gobierno de Dios. Isaac llegó a ser heredero con su padre Abraham. Así, él también se formó dentro de la obediencia y aprendió a dirigir y gobernar a otros.
Luego Jacob, nacido con esta gran herencia, fue educado para que siguiera el mismo camino que Abraham e Isaac habían aprendido. Aunque su suegro lo engañó y lo oprimió, Jacob también se hizo próspero. Era humano, lo mismo que Abraham e Isaac, y como tal cometió muchos errores. Pero se superó. Se arrepintió. Prevaleció con Dios. ¡Nunca se dio por vencido! Desarrolló las cualidades y características necesarias para el liderazgo y llegó a ser padre de 12 naciones, las más grandes que habrá en el mundo de mañana.
La organización gubernamental
Dios no nos ha dicho en palabras precisas cómo organizará su gobierno mundial. Pero sí nos ha dado una idea. Nos ha dicho específicamente qué lugar ocuparán 14 altos ejecutivos (entre ellos Cristo), y de allí podemos deducir buena parte de la estructura de su gobierno, ya que lo revelado da fuertes indicios al respecto.
Sabemos que será el gobierno de Dios. El Dios todopoderoso, el Padre de Jesucristo, es el Legislador supremo y Cabeza sobre Cristo y sobre todo cuanto hay. Sabemos que Jesucristo será Rey de reyes y Señor de señores sobre el Estado y la Iglesia unidos bajo él.
Sabemos que el rey David de Israel (más tarde daremos detalles) será rey sobre las 12 grandes naciones compuestas por los descendientes de las 12 tribus de Israel. Sabemos que los 12 primeros apóstoles serán reyes, cada uno sentado en un trono sobre una de aquellas grandes naciones que descienden de las tribus israelitas.
Sabemos que será un gobierno de arriba abajo. Habrá una cadena de mando clara. Nadie será elegido por voto popular. Los humanos mortales han demostrado que no saben juzgar las cualidades ni conocen la mente, el corazón, las motivaciones ni las capacidades de sus congéneres. Todos los cargos se darán mediante nombramiento divino desde arriba. Todos los que ocupen puestos de autoridad gubernamental serán seres inmortales resucitados, nacidos de Dios. Ya no serán seres humanos de carne y hueso.
Con esto en mente, y sabiendo que Abraham es (humanamente hablando) el padre de todos los que son de Cristo y herederos de la salvación, resulta obvio que Abraham ocupará una posición de autoridad mayor que la de David, y que estará sobre israelitas y gentiles igualmente. Es el “padre” no sólo de los israelitas sino también de los conversos gentiles.
La Biblia repite muchas veces la expresión “Abraham, Isaac y Jacob” agrupándolos en un equipo y llamándolos los “padres”. Porque las promesas también fueron hechas a Isaac y Jacob (cuyo nombre fue cambiado luego a Israel).
La revelación clara indica que Abraham, Isaac y Jacob funcionarán como un equipo de altísimo nivel, con Abraham como jefe del grupo, en seguida de Cristo, en el futuro reino mundial de Dios.
Jesús dijo definitivamente que Abraham, Isaac y Jacob estarán en aquel reino glorioso y glorificado (Lucas 13:28).
José se mostró apto de una manera muy especial, pero a él volveremos más tarde.
Iglesia y Estado
Hay otro principio muy claro en la Palabra de Dios: la Iglesia y el Estado estarán unidos bajo Cristo. Habrá un gobierno sobre todas las naciones. Habrá una Iglesia, un Dios, una religión, un sistema educativo, un orden social. Y estarán unidos, como lo dispuso Dios originalmente en la antigua Israel.
Tres hombres: Pedro, Santiago y Juan, entre los 12 primeros discípulos, tuvieron el privilegio de ver el reino de Dios en una visión (Mateo 17:9). En esta visión Jesús, quien en realidad estaba con ellos en persona, se transfiguró apareciendo como el Cristo glorificado. Su rostro se volvió radiante como el sol, su vestidura blanca como la luz. Con El aparecieron otras dos personas en esta fugaz visión del reino: Moisés y Elias. En la visión, ellos representaban los cargos de Iglesia y Estado, con Cristo y bajo El, como estarán en el reino de Dios. Tanto Moisés como Elias se hicieron aptos durante su vida humana para ocupar cargos altísimos en el reino de Dios.
Moisés fue el que recibió de Cristo (sí, Cristo fue el Dios del Antiguo Testamento, como se demuestra en muchas escrituras) las leyes y los estatutos del gobierno para la nación israelita. Moisés fue criado como hijo del faraón, rey de Egipto. Su educación y experiencia fueron entre los gentiles, y también entre los hijos de Israel. Elias, más que los demás, aparece en las Sagradas Escrituras como el profeta que restableció el culto al Dios verdadero y la obediencia a sus mandamientos. Cuando Elias ordenó al rey Acab que congregara en el monte Carmelo a “todo Israel” (I Reyes 18:19-21) y a los profetas de Baal y de Asera, dijo: “¿Hasta cuándo claudicaréis vosotros entre dos pensamientos? Si el Eterno es Dios, seguidle; y si Baal, id en pos de él..(versículo 21). Y luego de su oración, que duró escasamente 18 segundos (versículos 36-37), cayó fuego del cielo y consumió su sacrificio. Entonces el pueblo se postró diciendo: “¡El Eterno es el Dios, el Eterno es el Dios!” (versículo 39).
La visión de la transfiguración (Mateo 16:27 a 17:9) dio a los apóstoles Pedro, Santiago y Juan un anticipo de Cristo en su reino. Así se da a entender que Moisés y Elias representan, bajo Cristo, las cabezas del gobierno mundial nacional o estatal (bajo Moisés) y la actividad religiosa o de la Iglesia (bajo Elias).
Estos dos hombres, al igual que los “padres” Abraham, Isaac e Israel, habrán resucitado con poder y gloria como seres inmortales. Ciertamente se indica que bajo Cristo como Rey de reyes y bajo el equipo formado por los “padres” estará Moisés sobre toda la organización gubernamental nacional e internacional, y Elias sobre toda la actividad organizada educativa, religiosa y eclesiástica.
En realidad, el evangelio y el desarrollo religioso son simplemente educación espiritual. Y es interesante que Elias organizó y encabezó tres escuelas: en Betel, Jericó y Gilgal (ver II Reyes 2:3, 5; 4:38), donde enseñaba la verdad de Dios en medio de un mundo corrompido por una educación pagana y falsa.
A nivel nacional
Ahora tenemos una mejor idea de cómo se organizará el futuro gobierno mundial de Dios. A nivel puramente nacional, las naciones descendientes de las tribus de Efraín y Manasés (hijos de José) serán las dos principales naciones de la tierra (Jeremías 30:16-18; 31:4-11, 18-20; Isaías 14:1-2; Deuterono- mio 28:13).
Con ellos estarán las naciones descendientes de las demás tribus de Israel. Y en seguida, pero prosperando y llenas de abundantes bendiciones, las naciones gentiles.
El rey David, resucitado a la inmortalidad con poder y gloria, será rey bajo Moisés y sobre las 12 naciones de Israel (Jeremías 30:9; Ezequiel 34:23-24; 37:24-25). Cada uno de los 12 apóstoles será rey, bajo David, de una de esas naciones que entonces gozarán de enorme prosperidad (Mateo 19:28).
Bajo los apóstoles, cada uno de ellos rey de una gran nación, se encontrarán los gobernantes de distritos, estados, departamentos o provincias, y sobre ciudades.
Pero en cada caso, estos reyes y gobernantes serán reyes inmortales resucitados, nacidos dentro del reino (familia) de Dios como seres espirituales. No serán hombres mortales de carne y hueso. Y en cada caso, serán únicamente los que se mostraron aptos mediante la conversión y también mediante el desarrollo del carácter espiritual y el crecimiento en el conocimiento de Cristo; son los que habrán vivido la experiencia de someterse al gobierno y a la ley de Dios al tiempo que aprendían a gobernar.
Las parábolas de las minas (Lucas 19:11-27) y de los talentos (Mateo 25:14-30) lo dejan muy en claro. El que multiplicó sus capacidades espirituales 10 veces recibe mando sobre 10 ciudades. El que se desarrolló sólo hasta la mitad en cuanto a capacidades y carácter de Dios recibe mando sobre cinco ciudades. La parábola de los talentos muestra lo mismo, pero también que seremos juzgados por lo que hacemos con lo que tenemos. Es decir, que las personas de menor capacidad serán juzgadas según su motivación, aplicación, diligencia y persistencia conforme a su capacidad. A los que hayan recibido mucho en materia de capacidades naturales y dones espirituales, se les exigirá mucho. Los de menor capacidad tienen, sin embargo, la misma probabilidad de recibir una recompensa en el reino de Dios que tienen las personas de grandes capacidades, siempre y cuando se esfuercen lo mismo.
¿qué sucederá a las naciones gentiles? ¿Quién tendrá el mando sobre ellas?
Hay fuertes indicios, aunque no una aclaración específica y definitiva, de que según los principios y nombramientos específicos ya revelados, el profeta Daniel será rey sobre todas ellas, directamente bajo Moisés. ¿Qué profeta, qué hombre de Dios, fue enviado para capacitarse en la autoridad gubernamental de alto nivel dentro del primer imperio mundial? Y ¿qué hombre rehusó seguir las costumbres y caminos paganos aun sirviendo como segundo en orden de mando después del rey? ¿Qué hombre se mostró leal a Dios y a su culto y obediente a sus leyes, aunque servía en el nivel más alto del primer imperio mundial?
¿Quién más, si no el profeta Daniel?
A primera vista, se podría creer que Cristo pondrá al apóstol Pablo como cabeza de todas las naciones gentiles bajo Moisés y Cristo. Y efectivamente, Pablo se mostró apto para desempeñar un alto cargo de autoridad sobre los gentiles.
Pero Daniel estuvo en contacto casi diario con el rey en el primer gobierno mundial. Y aunque fue un gobierno humano, Daniel se mostró perfectamente leal y obediente a Dios y a su gobierno. Dios se valió de él para revelar al rey Nabucodonosor y a sus sucesores inmediatos que el Creador es quien reina sobre todas las naciones. Daniel rechazó los manjares especiales del rey, que incluían carnes que las leyes divinas de la salud clasifican como inmundas. Oraba tres veces al día, sabiendo que con esto se haría lanzar al foso de los leones. Confió en que Dios lo protegería y lo libraría de los leones. Adquirió conocimiento y sabiduría en los asuntos y la administración del gobierno de las naciones.
Por medio del profeta Ezequiel, Dios citó los nombres de tres de las personas más justas de toda la historia, y entre ellas estaba Daniel. Las otras dos fueron Noé y Job (Ezequiel 14:14, 20). Es evidente que Dios asignará a Noé y a Job dos cargos de gran magnitud. Volveremos sobre esto más adelante.
Dios dio a Daniel la seguridad de que estará en el reino de Dios en el tiempo de la resurrección (Daniel 12:13).
Es interesante la posibilidad de que los tres colegas de Daniel en aquel servicio en el Imperio Caldeo: Sadrac, Mesac y Abed-nego, formen un equipo con Daniel y bajo él, así como los tres “padres” posiblemente sirvan en equipo directamente bajo Cristo y con El. Más aún, se vislumbra la posibilidad de varios equipos de este tipo.
¿Y el apóstol Pablo? Los 12 apóstoles originales fueron enviados a la casa de Israel, mientras que Pablo fue apóstol a los gentiles. Esta es la clave. Jesús mismo dijo específicamente que cada uno de los 12 será rey sobre una de las naciones de Israel. Es inconcebible que Pablo esté sobre una sola nación gentil. Podría aun inferirse que las capacidades y realizaciones de Pablo fueron un poquito mayores que aquellas de los demás apóstoles. Además, no habrá una nación gentil tan grande como las israelitas. Parece, pues, que Pablo recibirá una posición sobre todas las naciones gentiles, pero bajo Daniel.
Cristo, desde luego, nombrará reyes sobre cada nación gentil. Bajo ellos habrá gobernantes de distritos y, bajo éstos, gobernantes de ciudades. No hay indicios de la identidad de ninguno de ellos, salvo que los apóstoles y evangelistas que trabajaron con Pablo y directamente bajo él — Bernabé, Silas, Timoteo, Tito, Lucas, Marcos, File- món, etc. — seguramente ocuparán cargos importantes. Y ¿qué decir de los demás santos de esa época, los primeros años de la Iglesia primitiva, cuando ésta comenzó a multiplicarse? ¿Y de los muchos convertidos desde entonces hasta nuestros días?
Aquí nos limitamos a mencionar sólo lo que parece estar claramente indicado con base en lo que Dios ya ha revelado.
El nivel internacional
Además de estos nombramientos revelados e indicados para ocupar cargos del gobierno sobre naciones y grupos de naciones, habrá posiciones de gran magnitud a nivel internacional en cuanto a funciones científicas y sociales. Y hay ciertos indicios de lo que serán algunas de estas operaciones y del personal posible, si no probable, encargado de ellas.
Como Noé vivió primero, analicemos su caso. En tiempos de Noé, la principal causa de la violencia y caos en el mundo era el odio y la violencia racial causados por los intentos del hombre por amalgamar las razas en contra del plan de Dios. Dios había fijado las fronteras para las naciones y las razas desde el principio (Deuteronomio 32:8-9; Hechos 17:26). Pero los hombres rehusaron quedarse en las tierras que Dios les había asignado. Esta fue la causa de la corrupción y la violencia que pusieron fin a aquel mundo. Por más de 100 años, Noé había predicado los caminos de Dios al pueblo, pero éste no hizo caso.
En ese entonces, como hoy, el mundo vivió una explosión demográfica. Fue cuando “comenzaron los hombres a multiplicarse sobre la faz de la tierra” (Génesis 6:1). Jesús dijo de nuestra época: “Mas como en los días de Noé, asi será la venida del Hijo del Hombre” (Mateo 24:37); y en Lucas 17:26: “Como fue en los días de Noé, así también será en los días del Hijo del Hombre”, es decir en los días inmediatamente antes del regreso de Cristo. Hoy, los problemas más graves de la sociedad incluyen las guerras civiles, odios, motines y problemas de discriminación.
En su vida mortal Noé se limitó a predicar al pueblo. Pero en la resurrección, cuando sea inmortal e investido de poder y gloria, Noé tendrá poder para hacer cumplir las leyes de Dios.
Parece evidente que Noé encabezará un amplio proyecto para distribuir a los pueblos y las naciones nuevamente dentro de las fronteras que Dios ha fijado para su propio bien, para su felicidad y bendición. Esta será una operación de enormes proporciones. Exigirá una organización amplísima y el poder para trasladar naciones y tribus enteras. Esta vez, los pueblos y las naciones se situarán donde Dios ha indicado y no se tolerará ninguna oposición.
¡Qué paradoja! Será preciso obligar a la gente a ser feliz, a tener paz, a encontrar una vida abundante y gozosa.
Habíamos dicho que volveríamos más tarde a José, hijo de Israel y bisnieto de Abraham. José estuvo encargado de administrar los alimentos en la nación más grande de su época: Egipto. José era sinónimo de “prosperidad”. “El Eterno estaba con José, y fue varón próspero … todo lo que él hacía, el Eterno lo hacía prosperar en su mano” (Génesis 39:2-3). El faraón lo nombró primer ministro de la nación más grande del mundo. Mas su especialidad era el manejo de la economía, la prosperidad. Y todo lo que hacía, lo hacía de acuerdo con los caminos de Dios.
Es evidente, pues, que José será director de la economía mundial: de su agricultura, su industria, su tecnología y su comercio, así como de su sistema monetario. Estos sistemas serán a nivel internacional, iguales en todas las naciones.
José, sin duda, desarrollará una organización amplia y eficiente compuesta por seres inmortales hechos perfectos, que trabajarán con él y bajo él en esta gigantesca administración. Será una administración que pondrá fin al hambre y la miseria. No habrá tugurios sumidos en la pobreza, sino prosperidad universal.
Otro proyecto enorme a nivel internacional será la reedificación de los lugares destruidos y la construcción de aquellos edificios o estructuras realmente grandes que Cristo necesite para el mundo que va a crear. “Reedificarán las ruinas antiguas, y levantarán los asolamientos primeros, y restaurarán las ciudades arruinadas, los escombros de muchas generaciones” (Isaías 61:4).
Job fue el hombre más rico y más grande del Oriente (Job 1:3), y destacado constructor. Compárese Job 3:13-14 con el desafío de Dios en Job 38:4-6. Era tan justo y perfecto que Dios retó a Satanás a encontrar alguna falla en su carácter. En realidad, había en él un pecado terrible: la autojusticia. Pero Dios lo llevó al arrepentimiento (ver Job, capítulos 38-42). Una vez que este individuo — poseedor de tal fuerza y autodominio que alcanzó un alto grado de justicia por su propia fuerza — recuperó un verdadero sentido de humildad ante Dios y llegó a depender de Él y estuvo lleno de su Espíritu … bueno, es difícil que algún otro hombre lo iguale como ingeniero sobre los vastos y estupendos proyectos de construcción mundial.
Los indicios, pues, son de que Job dirigirá un plan mundial de renovación urbana con reconstrucción de los lugares asolados y las ciudades destruidas, no como están ahora sino de acuerdo con las disposiciones de Dios. Habrá gigantescos proyectos de ingeniería, como presas y plantas de energía, o lo que Cristo decrete.
Aún hay otro individuo señalado como funcionario de alto nivel en la futura administración. Es Zorobabel (Hageo, y Zacarías 4).
Hasta aquí, la nueva supercivilización mundial a nivel nacional e internacional.
Ahora llegamos al mundo de mañana a nivel individual: la Iglesia, la religión, el sistema educativo.
Educación y religión en el mañana
Cuando Jesucristo regrese a la tierra con todo el poderío supremo y la gloria del Dios creador, vendrá a traer la salvación espiritual al mundo.
Cuando Jesucristo se siente en el trono de su gloria, en Jerusalén, todas las naciones compuestas de seres humanos mortales, de sangre y hueso, estarán allí delante de Él. Entonces empezará a separar a “las ovejas de los cabritos”. A las ovejas a su derecha el Rey dirá: “Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo” (Mateo 25:34).
Los convertidos ahora son herederos. Recibiremos el reino cuando Cristo regrese. Los muertos en Cristo resucitarán, se levantarán primero, convertidos en seres espirituales inmortales. Los que estén vivos, en Cristo, se transformarán instantáneamente en seres espirituales inmortales y se reunirán con los santos ya resucitados para encontrar a Cristo cuando descienda en el aire. Entonces estarán separados por la inmortalidad de los seres mortales en la tierra.
Donde esté Jesús, allí estarán ellos. Estarán con Él siempre. Y ¿dónde estará? Sus pies se posarán aquel mismo día en el monte de los Olivos (Zacarías 14:4).
Es después de esto que separará a las ovejas (los que se arrepientan, crean y reciban el Espíritu Santo) de los cabritos (los rebeldes). Esta separación, esta educación de los conversos para el reino de Dios, continuará durante los mil años del reinado de Cristo en la tierra.
Jesucristo dará a todas las naciones un lenguaje nuevo y puro: “En aquel tiempo devolveré yo a los pueblos pureza de labios, para que todos invoquen el nombre del Eterno, para que le sirvan de común consentimiento” (Sofonías 3:9).
La verdad pura de Dios se proclamará a todos los pueblos. Ninguno seguirá bajo el engaño sino que “la tierra será llena del conocimiento del Eterno, como las aguas cubren el mar” (Isaías 11:9).
Cristo es la “raíz de Isaí”, padre de David. La gente lo buscará (versículo 10). Entonces Cristo extenderá su mano para salvar a toda Israel (versículo 11, ver también Romanos 11:25-26).
Esta gran obra de evangelismo mundial, de llevar la salvación espiritual al mundo (es decir, al mundo en general, no necesariamente a cada individuo pero ciertamente sí a la mayoría), exigirá una reeducación simultánea de la humanidad.
Uno de los grandes problemas que afrontará Cristo cuando regrese glorificado será el de reeducar a los supuestamente educados. Estas mentes (sin duda las más privilegiadas) se han pervertido tanto por obra de la falsa educación, que no podrán aceptar la verdad si no desaprenden primero sus errores. Y es por lo menos 10 veces más difícil desaprender un error firmemente enclavado en la mente que empezar “desde cero” a aprender nuevas verdades.
Es posible que éstos necesiten aun más tiempo para llegar al conocimiento de la verdad y para convertirse en seres realmente educados, que los analfabetos de este mundo.
La Palabra inspirada de Dios, la Santa Biblia, es el fundamento del saber. Pero éstos han aprendido a mirar este fundamento con prejuicios y desprecio.
Sí, la educación y reeducación del mundo será una de las tareas más importantes en el mundo de mañana. Hoy la gente se guía por valores falsos y capciosos. Habrá que dar una orientación totalmente nueva a su razonamiento.
La jefatura de la Iglesia
Hemos visto que la tierra, después que comience aquel período de mil años, estará tan llena del verdadero conocimiento de Dios como están llenos los mares de agua (Isaías 11:9). ¿Cómo se producirá tal cosa?
El profeta Miqueas da parte de la respuesta: “Acontecerá en los postreros tiempos que el monte de la casa del Eterno será establecido por cabecera de montes, y más alto que los collados, y correrán a él los pueblos” (Miqueas 4:1).
En la profecía, un “monte” simboliza una nación grande, y los “collados” representan naciones más pequeñas. En otras palabras, el reino de Dios, el reino de seres inmortales resucitados, se establecerá con autoridad absoluta sobre las naciones principales (de mortales) y será exaltado sobre las naciones menores; y los pueblos vendrán al reino de Dios.
Ahora prosigamos: “Vendrán muchas naciones, y dirán: Venid, y subamos al monte del Eterno, y a la casa del Dios de Jacob; y nos enseñará en sus caminos, y andaremos por sus veredas; porque de Sion saldrá la ley, y de Jerusalén la palabra del Eterno. Y él juzgará entre muchos pueblos, y corregirá a naciones poderosas hasta muy lejos; y martillarán sus espadas para azadones, y sus lanzas para hoces; no alzará espada nación contra nación, ni se ensayarán más para la guerra” (versículos 2-3).
Esta enseñanza y conocimiento de la ley de Dios emanará de la Iglesia, de Jerusalén, nueva capital del mundo.
Cristo mismo estará gobernando desde Jerusalén. Allí con Cristo, bajo la dirección inmediata de Elias, se indica que estarán aquellos seres inmortales elegidos por Cristo para constituir la sede o jefatura de la Iglesia. Apocalipsis 3:12 indica que los de la “era de Filadelfia” serán columnas en aquella jefatura.
Luego, en esta importantísima organización de la jefatura de la Iglesia, es posible que Juan el Bautista, resucitado, labore con Elias y directamente bajo él. Juan vino “en el espíritu y el poder de Elias” (Lucas 1:17). De él dijo Jesús: “De cierto os digo: Entre los que nacen de mujer no se ha levantado otro mayor que Juan el Bautista..(Mateo 11:11). Juan fue el Elias profetizado (versículos 7-11).
Jesús dijo que ningún hombre había sido mayor que Juan el Bautista. Pero aun el más pequeño resucitado en el reino será mayor que él (versículo 11, última parte). Es evidente, pues, que Juan el Bautista ocupará un cargo muy alto. Parecería lógico que estuviera con Elias o directamente bajo él.
Elias en nuestros tiempos
Recordemos de nuevo el principio de dualidad. Como dijo Jesús en el Evangelio de Mateo, la profecía de Malaquías 3:1 se aplicaba a Juan el Bautista en primera instancia, pero si continuamos leyendo hasta el versículo 5 inclusive, veremos claramente que la profecía se refiere a alguien que ha de preparar el camino para la segunda venida de Cristo. Juan el Bautista fue una voz que clamaba en el desierto físico del río Jordán, preparando el camino para la primera venida de Cristo como ser humano físico a su templo físico en Jerusalén y al pueblo físico de Judá, anunciando por anticipado la buena nueva de que el reino de Dios se iba a establecer en un futuro.
Pero antes de la segunda venida también habría un mensajero a la manera de Elias, que prepararía el camino. Una voz clamaría en el desierto espiritual mundial de confusión religiosa, preparando el camino para el Rey de reyes y Señor de señores que vendría, espiritual y glorificado, con el poder supremo y la gloria de Dios a su templo espiritual: la Iglesia (Efesios 2:21), para establecer realmente el reino de Dios.
En Mateo 17:1-8 leemos el relato de cómo Pedro, Santiago y Juan tuvieron una visión de Moisés, Elias y Cristo glorificados en el reino de Dios. Luego en el versículo 10 los discípulos le preguntaron: “¿Por qué, pues, dicen los escribas que es necesario que Elias venga primero?” Recordemos que Juan el Bautista había terminado ya su ministerio y había sido encarcelado antes de que Jesús empezara el suyo. Cuando los discípulos hicieron esta pregunta, Juan el Bautista ya había venido y había sido muerto. Sin embargo, Jesús respondió, hablando de algo aún en el futuro: “A la verdad, Elias viene primero, y restaurará todas las cosas” (versículo 11).
Esto no podía referirse de ninguna manera a Juan el Bautista. Juan no restauró nada sino que llamó a la gente al arrepentimiento como preparativo para la primera venida de Jesús como ser humano.
En los primeros años de la Iglesia del Nuevo Testamento, el evangelio de Jesús fue suprimido y remplazado por un evangelio falso. Este no era el mismo evangelio de Cristo (acerca del reino de Dios), sino un evangelio falso formulado por los hombres acerca de un Cristo que supuestamente abolió los mandamientos de su Padre.
Malaquías 4:5-6 también habla de aquel Elias que había de venir al final de la era de la Iglesia, en un momento en el cual, de no proclamarse este mensaje del fin, el Cristo glorificado vendría a herir el mundo con destrucción total. (La palabra maldición en este versículo es traducida del hebreo y significa destrucción total.)
La educación en el mundo de mañana
Esta jefatura de la Iglesia, situada en Jerusalén, la capital mundial de Cristo, recibirá sin duda la tarea de administrar el nuevo sistema educativo del mundo.
También se indica que la enseñanza de la verdad espiritual, del verdadero evangelio, y la conversión espiritual del mundo, se dirigirán a escala mundial desde esta sede, bajo Elias y con la supervisión general y directa de Jesucristo.
El propósito principal con el cual Cristo regresará a la tierra será el de efectuar el desarrollo espiritual del carácter divino en el hombre y salvar al mundo. La mayoría de los religiosos y evangelistas (fiindamentalistas) han creído que la era actual constituye el único día de salvación. El versículo de las Sagradas Escrituras que invocan es una traducción errónea de II Corintios 6:2, que dice “el día de salvación” en vez de “un día de salvación”, o simplemente “día de salvación”. (Esta es una cita tomada de Isaías 49:8 donde el sentido también es un día, no el día.)
Si Cristo hubiera querido “salvar” al mundo, lo habría salvado. Pero el mundo no está “salvo”. Dios no utiliza, como instrumentos suyos, una Babilonia de organismos religiosos confusos y contradictorios, divididos en centenares de credos.
La verdadera tarea evangelizadora del mundo será administrada por esta Iglesia en la sede compuesta de seres inmortales resucitados y bajo la supervisión directa y personal de Cristo mismo.
Habrá también otra función importantísima dirigida desde esta jefatura: la dirección de todas las iglesias locales alrededor del mundo. Estas iglesias estarán compuestas de personas que se habrán convertido, que habrán sido engendradas por Dios al recibir su Espíritu Santo, aunque todavía serán mortales.
El milenio: conocimiento y superación
Los cristianos conversos en el milenio, al igual que los convertidos en esta era, deberán seguir una vida de superación, de crecimiento y desarrollo espiritual (II Pedro 3:18). Felizmente, no tendrán que vencer a Satanás, pero sí tendrán que vencer todos los malos impulsos, hábitos o tentaciones que tengan en sí mismos.
Habrá una sola Iglesia, una religión, una fe, pero muchas congregaciones en cada ciudad y otras dispersas por las zonas rurales. Habrá superintendentes distritales, así como pastores, ministros, diáconos y diaconisas en cada iglesia local.
Esto, pues, nos da una idea de cómo estará organizado el mundo.
Esto muestra cómo se puede establecer — y de hecho se establecerá — un supergobierno mundial en la tierra.
El propósito primordial de la Iglesia de esta era es proveer una escuela de capacitación donde mediante la educación, la enseñanza espiritual y el desarrollo del carácter divino, se prepare el personal que ha de llenar todos los cargos al comienzo del maravilloso reinado milenial de Cristo.
Al cabo de mil años de gobierno divino en la tierra, vendrá el juicio final.
Hemos mencionado en este libro que cuando el primer Adán pecó, Dios vedó a la humanidad en general el acceso al “árbol de la vida”, símbolo del don divino del Espíritu Santo y del engendramiento de la vida divina e inmortal, hasta que Cristo (el segundo Adán) haya remplazado a Satanás en el trono de la tierra y hasta que venga a reinar sobre todas las naciones.
Mientras tanto, hemos hablado de cómo los profetas fueron un prefundamento de la Iglesia de Dios. El apóstol
Pedro mencionó que el JUICIO había comenzado con la Iglesia (I Pedro 4:17). Aquellos que Dios ha llamado para que vengan a Él por medio de Jesucristo en esta era de la Iglesia son juzgados en esta vida. Pero el juicio no ha venido al mundo en general.
¿Significa esto que el mundo está libre para cometer pecado? De ninguna manera. Dios permite que las personas pequen, mas todavía no las ha llamado a juicio por sus pecados.
Después del milenio
Después del reinado milenial de Cristo y la Iglesia en la tierra, vendrá el momento en que Dios juzgará a este mundo. Un criminal puede cometer un crimen atroz, un asesinato, pero no es juzgado ni condenado hasta que se le aprehenda y se le llame a juicio ante un juez.
En el juicio final, con Cristo como juez, todo humano que haya vivido recobrará la vida (Apocalipsis 20:11-12) y tendrá que dar cuenta de los pecados cometidos en su primera vida.
Cuando Jesús regrese, los muertos en Cristo resucitarán a la vida divina inmortal y los que estén vivos y EN Cristo a su venida, siendo guiados por su Espíritu Santo, se convertirán instantáneamente en seres divinos inmortales. Estos gobernarán y enseñarán con Cristo y bajo El durante los mil años.
Los demás que hayan muerto no vivirán de nuevo hasta finalizado el milenio (Apocalipsis 20:5).
El capítulo 37 de Ezequiel también muestra la resurrección en el momento del juicio. Este capítulo contiene la profecía de los “huesos secos”. La Biblia misma interpreta el significado de dichos huesos en el versículo 11, donde dice que son la casa de Israel: “He aquí, ellos dicen: Nuestros huesos se secaron, pereció nuestra esperanza…” La profecía dice: “Me dijo entonces: Profetiza sobre estos huesos, y diles: Huesos secos, oíd palabra del Eterno. Así ha dicho el Eterno el Señor a estos huesos: He aquí, yo hago entrar espíritu en vosotros, y viviréis. Y pondré tendones sobre vosotros, y haré subir sobre vosotros carne, y os cubriré de piel, y pondré en vosotros espíritu, y viviréis; y sabréis que yo soy el Eterno” (versículos 4-6).
Luego esta profecía habla del juicio ante el gran trono blanco, cuando resucitará toda esta casa de Israel que tanto pecó contra Dios.
La profecía continúa: “Profeticé, pues, como me fue mandado; y hubo un ruido mientras yo profetizaba, y he aquí un temblor; y los huesos se juntaron cada hueso con su hueso, miré, y he aquí tendones sobre ellos, y la carne subió, y la piel cubrió por encima de ellos; pero no había en ellos espíritu. Y me dijo: Profetiza al espíritu, profetiza, hijo de hombre, y di al espíritu: Así ha dicho el Eterno el Señor: Espíritu, ven de los cuatro vientos, y sopla sobre estos muertos, y vivirán. Y profeticé como me había mandado, y entró espíritu en ellos, y vivieron, y estuvieron sobre sus pies; un ejército grande en extremo” (versículos 7-10). Esto muestra un regreso a la vida mortal, que se sostiene por la respiración del aire (en hebreo, la misma palabra rúaj significa “espíritu”, “soplo” y “viento”), tal como en la primera vida, esto es, vida mortal sin que la persona esté convertida espiritualmente.
Luego dice Dios: “He aquí yo abro vuestros sepulcros, pueblo mío, y os haré subir de vuestras sepulturas, y os traeré a la tierra de Israel” (versículo 12). Esta es la resurrección a juicio delante del gran trono blanco. Todos los antiguos israelitas resucitarán como seres mortales, tal como fueron en la primera vida. Entonces ¿qué?
“Y sabréis que yo soy el Eterno, cuando abra vuestros sepulcros, y os saque de vuestras sepulturas, pueblo mío. Y pondré mi Espíritu en vosotros, y viviréis, y os haré reposar sobre vuestra tierra; y sabréis que yo el Eterno hablé, y lo hice, dice el Eterno” (versículos 13-14).
En otras palabras, en el juicio ante el gran trono blanco después del milenio, la Israel del Antiguo Testamento resucitará y “conocerá al Eterno”. El conocimiento de Dios llegará a ellos. Entonces los resucitados leerán esto: “Y allí os acordaréis de vuestros caminos, y de todos vuestros hechos en que os contaminasteis; y os aborreceréis a vosotros mismos a causa de todos vuestros pecados que cometisteis. Y sabréis que yo soy el Eterno, cuando haga con vosotros por amor de mi nombre, no según vuestros caminos malos ni según vuestras perversas obras, oh casa de Israel, dice el Eterno el Señor” (Ezequiel 20:43-44).
Al arrepentirse así, dice Ezequiel 37:14: “Pondré mi Espíritu en vosotros, y viviréis, y os haré reposar sobre vuestra tierra; y sabréis que yo el Eterno hablé, y lo hice, dice el Eterno”.
Así, en el juicio ante el gran trono blanco se enterarán de que Cristo el Salvador vino y murió por ellos. Al arrepentirse recibirán el Espíritu Santo y con él la salvación y la vida eterna.
Todos los que han vivido sin ser juzgados (no sólo Israel sino todas las naciones) resucitarán a la vida física y MORTAL, como la que tuvieron antes hasta el momento de su muerte. Las personas en este juicio serán mortales. Darán cuenta y serán juzgadas. Respecto de este juicio Jesús dijo: “Los hombres de Nínive se levantarán en el juicio con esta generación, y la condenarán; porque ellos se arrepintieron a la predicación de Jonás, y he aquí más que Jonás en este lugar. La reina del Sur se levantará en el juicio con esta generación, y la condenará; porque ella vino de los fines de la tierra para oír la sabiduría de Salomón, y he aquí más que Salomón en este lugar” (Mateo 12:41-42; Lucas 11:31-32). Y también: “Os digo que en aquel día será más tolerable el castigo para Sodoma, que para aquella ciudad … en el juicio será más tolerable el castigo para Tiro y Sidón, que para vosotras” (Lucas 10:12, 14).
Habrá castigos. Los que hayan pecado poco recibirán pocos azotes; pero los que hayan pecado mucho conociendo la voluntad de Dios, recibirán muchos (Lucas 12:47-48).
Mas el castigo por el pecado es la muerte en el juicio final. Como todos han pecado, todos serán juzgados culpables y sentenciados. Pero se enterarán de que Cristo pagó la pena en su lugar. Al arrepentirse, y al demostrarlo con hechos, recibirán una oportunidad de escoger la vida y convertirse en seres inmortales.
¡Cuán misericordioso es el Dios creador, cuya misericordia es tan grande con nosotros como son altos los cielos sobre la tierra! Él puede alejar de nosotros nuestras transgresiones como lejos está el oriente del occidente (Salmos 103:12). ¡Pero hay más! ¡Mucho más!
Revelación del increíble potencial humano
En la Epístola a los Hebreos leemos: “Porque [Dios] no sujetó a los ángeles el mundo venidero, acerca del cual estamos hablando” (Hebreos 2:5). El tema que se está tratando aquí es el “mundo venidero”.
Hay un solo planeta Tierra, pero la Biblia habla de tres mundos o siglos, es decir, tres eras o civilizaciones en la tierra: el “mundo antiguo” (el antediluviano, que comprende desde Adán hasta Noé), el “presente siglo malo” (desde el diluvio hasta el regreso de Cristo) y el “mundo venidero” (que empezará cuando Cristo venga y establezca el mundo de Dios).
Este versículo habla de los ángeles como si el mundo hubiera estado sujeto a ellos. El comienzo de este libro de los Hebreos, el primer capítulo, habla de Cristo y los ángeles y de la relación que existe entre los ángeles y los seres humanos. Esto lo explicamos ya en el capítulo II de este libro.
Téngase presente que el tema general aquí es “el mundo venidero, acerca del cual estamos hablando”, no el mundo actual, la presente era que se acerca velozmente a su fin. Continuemos con el versículo 6: “Pero alguien testificó en cierto lugar, diciendo..Luego viene una cita del Salmo 8, del versículo 4 hasta la mitad del versículo 6, pero en ese punto se interrumpe la cita.
En este salmo David siguió mostrando específicamente que Dios ha sujetado la tierra, la atmósfera (el aire) y el mar bajo el hombre. Mas el autor de la epístola a los Hebreos amplía la profecía de David por inspiración agregando algo radicalmente diferente, ¡algo que ocurrirá en el mundo venidero!
Este conocimiento revelado del propósito de Dios para el hombre, del increíble y excelso potencial humano, es algo arrollador. La ciencia nada sabe de ello, ninguna religión lo revela, hasta donde yo sepa, y la educación superior lo ignora del todo. Sin embargo, es lo que Dios tiene preparado para los que le aman (I Corintios 2:9-10).
Hemos dicho antes que Dios reveló a nuestros primeros padres los conocimientos que les eran necesarios, ¡pero ellos no le creyeron! Cuatro mil años más tarde Jesucristo, el segundo Adán, vino a la tierra con un mensaje traído directamente de Dios el Padre en el cielo y que revelaba el mismo conocimiento necesario. Pero sólo un puñado de personas creyeron lo que Él dijo, si bien muchos decían “creer en Él” (ver Juan 8:30-31, 37-38, 40, 45-46).
Hoy la ciencia, la religión y la educación tampoco creen lo que Él dijo.
Veamos ahora el resto del pasaje de Hebreos, comenzando con el punto donde se suspende la cita del Salmo 8: “Todo lo sujetaste bajo sus pies [del hombre]. Porque en cuanto [Dios] le sujetó todas las cosas, nada dejó que no sea sujeto a él [al hombre]” (Hebreos 2:8).
¿Es posible que Dios diga tal cosa en serio? ¿Todo? ¿Sin excluir nada?
Algunas versiones de la Biblia traducen como universo la palabra griega que aquí aparece como todo.
En otras palabras, para quienes estén dispuestos a creer lo que Dios dice, Él asevera que ha decretado que el universo entero — con sus galaxias, sus incontables soles y planetas — sí todo — estará sujeto al hombre.
Pero ¡alto allí! Antes de negarlo, lea usted las siguientes palabras del mismo versículo 8: “Pero todavía no vemos que todas las cosas [el universo ilimitado] le sean sujetas”. Recordemos que esto se refiere al “mundo venidero”, no al mundo de hoy. ¿Qué es lo que vemos hoy? “Pero vemos a aquel que fue hecho un poco menor que los ángeles [o “menor por un poco de tiempo”], a Jesús, coronado de gloria y de honra, a causa del padecimiento de la muerte” (versículo 9).
Ningún hombre fuera de Cristo ha sido “coronado de gloria y de honra” TODAVÍA. Pero Cristo sí ha sido coronado de gloria y de honra. Ahora prosigamos: “Porque convenía a aquel por cuya causa son todas las cosas [todo el universo], y por quien todas las cosas subsisten, que habiendo de llevar muchos hijos a la gloria, perfeccionase por aflicciones al autor de la salvación de ellos… Por lo cual [Cristo] no se avergüenza de llamarlos hermanos” (versículos 10-11).
En otras palabras, los cristianos que tienen el Espíritu de Dios son coherederos con Cristo y recibirán todo lo que Cristo ya ha heredado. ¡Él ya está glorificado! Ya ha recibido el universo en herencia y lo sostiene con su poder. El hombre convertido, que tiene el Espíritu Santo de Dios (Romanos 8:9), es HEREDERO, pero todavía no ha recibido la herencia.
Vemos ahora cómo Cristo ya ha sido coronado de gloria y honra, cómo ya entró a poseer la herencia y ya la recibió. Empecemos con el capítulo 1 de Hebreos:
“Dios… en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo; el cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia, y quien sustenta todas las cosas [el universo] con la palabra de su poder.. (versículos 1-3).
El Cristo viviente ya sostiene el universo con su poder divino e ilimitado. Este pasaje nos muestra su superioridad sobre los ángeles, como Hijo engendrado y nacido de Dios, mientras que los ángeles son sólo seres creados individualmente. Los ángeles son ahora espíritus ministradores (invisibles para nosotros) que nos sirven. Nosotros tenemos un nivel inferior al de los ángeles por ahora, pero somos herederos de la salvación, y seremos, al igual que Cristo, hijos nacidos de Dios (versículos 4-14).
El espacio cósmico: planetas muertos
Ahora vinculemos esto con lo revelado en el capítulo 8 de Romanos, donde se habla de Cristo como Hijo de Dios: “… para que él sea el primogénito entre muchos hermanos” (versículo 29).
Los humanos, con el Espíritu Santo de Dios, son herederos de Dios y coherederos con Cristo, el único entre todos los humanos que ya nació como Hijo de Dios mediante una resurrección de la muerte (Romanos 1:4). Él es el primero de la familia humana que nació dentro de la familia de Dios, o sea el reino de Dios. Es el pionero que nos antecedió. Nosotros lo seguiremos en la resurrección de los justos cuando Él regrese a la tierra con supremo poder y gloria.
Este capítulo 8 de Romanos dice en el versículo 9 que si tenemos el Espíritu Santo de Dios en nosotros, somos sus hijos engendrados; pero que si no tenemos su Espíritu no somos suyos, no somos cristianos. El versículo 11 dice que si el Espíritu de Dios está creciendo dentro de nosotros y nos está guiando, nos levantaremos de la muerte por el poder de su Espíritu (o si estamos vivos cuando Cristo regrese nos convertiremos de mortales en inmortales).
Ahora prosigamos: “Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios … El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de
Dios. Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo … para que juntamente con él seamos glorificados. Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse” (versículos 14-18).
Continuemos: “Porque el anhelo ardiente de la creación es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios. Porque la creación [todos los soles, planetas, estrellas, lunas] fue sujetada a vanidad, no por su propia voluntad, sino por causa del que la sujetó en esperanza; porque también la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios. Porque sabemos que toda la creación [estrellas, soles y lunas ahora en estado de descomposición e inutilidad] gime a una, y a una está con dolores de parto hasta ahora; y no sólo ella, sino que también nosotros mismos [los humanos engendrados por el Espíritu], que tenemos las primicias del Espíritu [los poquísimos que son llamados a la salvación ahora, los “primeros frutos”], nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopción [el nacimiento]” (versículos 19-23).
¡Qué maravillosa e increíble revelación de conocimiento! ¡No podría haber un pasaje más hermoso, más asombroso, más revelador que éste! Es tan inconcebible que difícilmente captamos su significado a la primera lectura.
Cité el versículo 29 de Romanos 8, el cual dice que Jesucristo fue el primogénito entre muchos hermanos. En Hebreos 1 vemos que Cristo, el primer humano que ha nacido por una resurrección de la muerte, ha sido glorificado y ahora sustenta todo el universo. Es el pionero que forjó el camino. Cuando regrese a la tierra con poder y gloria, los que hayan sido convertidos y hayan recibido el Espíritu Santo nacerán en la familia de Dios mediante una resurrección. Entonces todo el universo será sujeto a ellos.
Luego, Romanos 8 nos muestra que si tenemos el Espíritu Santo de Dios y somos guiados por él, resucitaremos a la inmortalidad compuestos de espíritu en la familia de Dios, tal como Cristo cuando resucitó en el año 31 de nuestra era.
Ahora volvamos al versículo 19: “Porque el anhelo ardiente de la creación es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios”. Esto ocurrirá después del momento de la resurrección, cuando los humanos, al resucitar o al transformarse instantáneamente, se convertirán de carne mortal en espíritu inmortal: en hijos de Dios.
¿Increíble? El universo renovado
Ahora, por favor entendamos. ¿Por qué será que el universo, la creación, anhela el nacimiento y la manifestación de los hijos de Dios nacidos como miembros de la familia divina? Los siguientes versículos muestran un universo lleno de planetas en estado de descomposición e inutilidad, pero sujetos a este estado ¡en esperanza! “Porque también la creación misma [el universo que no puede sostener vida ahora] será libertada de la esclavitud de corrupción, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios” (Romanos 8:21).
¿Cómo llegaron los planetas a semejante estado de “esclavitud de corrupción”? ¡Dios no los creó así!
Corrupción significa un estado o condición ocasionada por la degeneración y la descomposición de un estado anterior. Dios, pues, creó estos planetas en un estado diferente del actual, un estado de NO corrupción. Pero algo causó su deterioro.
¿Qué pudo haber causado esta “esclavitud de corrupción”?
¡Este no puede ser el estado en que Dios creó las cosas! Todo lo que leemos en su Palabra revelada muestra que la creación fue perfecta. La tierra fue hecha como una obra perfecta de gloriosa hermosura.
Vemos que los ángeles habitaron la tierra antes del hombre. Los ángeles, que fueron perfectos desde la creación hasta que se halló en ellos iniquidad, hicieron que toda la superficie terrestre se transformara en un estado de corrupción, confusión y caos, como aprendimos en el capítulo II.
¿Acaso el universo, con sus incontables planetas, fue creado para que sustentara vida? La Palabra de Dios no nos dice específicamente si esto fue así, pero lo que nos dice arroja luz sobre el propósito que tuvo Dios al crear al hombre.
Continuemos leyendo este pasaje en Romanos 8:22: “Porque sabemos que toda la creación [el universo] gime a una, y a una está con dolores de parto hasta ahora”. La creación se compara aquí con una madre que va a dar a luz un hijo. La creación se presenta gimiendo con dolores de parto, pero con esperanza (versículo 20), esperando el nacimiento de los hijos de Dios por la resurrección a la inmortalidad. Es como si esta creación (el universo) fuese la madre y Dios el padre.
Sea como fuere, la esencia de este pasaje es que cuando nosotros (los humanos conversos) nazcamos de Dios y poseamos su poder y su gloria, haremos lo que Dios hizo cuando esta tierra quedó “desordenada y vacía” (tohu y bohu en hebreo: Génesis 1:2). Cristo, quien renovó la faz de la tierra (Salmos 104:30), renovó lo que había sido destruido por la rebelión de los ángeles pecadores.
Estos pasajes maravillosos indican y dan a entender mucho más de lo que revelan específicamente. Lo que dejan entrever es algo que coincide con todos los hallazgos de la astronomía y la ciencia. Los soles son como bolas de fuego que emiten luz y calor; mas los planetas, con excepción de la Tierra, se encuentran en estado de desorden, descomposición y muerte. Pero no será así para siempre, sino que están esperando que los humanos convertidos nazcan como hijos de Dios, que nazcan dentro de la familia divina para formar el reino de Dios.
El evangelio de Jesús fue acerca del reino de Dios. Lo que estoy demostrando aquí es que el evangelio de Cristo acerca del reino incluye todo el conocimiento aquí revelado, aun el hecho de que el universo será gobernado por nosotros, quienes formaremos el reino de Dios junto con el Padre y con Jesucristo.
Dios es ante todo Creador, pero también es Gobernante. Es Educador. Revela conocimientos que la mente humana no alcanza a comprender por sí sola.
Uniendo todos los pasajes de las Escrituras que hemos citado en este capítulo, empezamos a vislumbrar el increíble potencial humano. Nuestro potencial es nacer dentro de la familia de Dios dotados de poder absoluto. Tendremos jurisdicción sobre todo el universo.
¿Qué haremos entonces? Estas escrituras indican que impartiremos vida a miles de millones de planetas muertos, tal como se impartió vida a nuestra tierra. Crearemos de acuerdo con la dirección y las instrucciones de Dios.
¡Gobernaremos por toda la eternidad! Apocalipsis 21 y 22 muestran que no habrá dolor ni sufrimiento ni mal, porque habremos aprendido a elegir el camino divino del bien. Será una vida eterna repleta de realizaciones, en que siempre tendremos la enorme felicidad de llevar a cabo nuevos proyectos creativos y de mirar atrás las realizaciones con alegría por lo alcanzado. Jamás nos cansaremos ni nos fatigaremos. Viviremos para siempre, llenos de alegría, energía y vitalidad, de exuberancia, fuerza y poder.
La Tierra, sede del universo
Por último, aun Dios el Padre vendrá al planeta Tierra y establecerá aquí su trono sobre el universo. Nótese I Corintios 15:24, que después de hablar de las distintas resurrecciones dice: “Luego el fin, cuando [Cristo] entregue el reino al Dios y Padre, cuando haya suprimido todo dominio, toda autoridad y potencia”.
En Apocalipsis 21:3 leemos: “Y oí una gran voz del cielo que decía: He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios”.
Luego en Apocalipsis 22:3: “Y no habrá más maldición; y el trono de Dios y del Cordero estará en ella, y sus siervos le servirán”.
Cuando habla de Dios y del Cordero, el Cordero representa a Cristo y Dios se refiere al Padre.
Por último, todos seremos uno. Dios el Padre y el Hijo Jesucristo en nosotros, y nosotros unidos con ellos como la única y suprema familia de Dios.
¡Cuán extraordinaria e inefable es la gloria de Dios y su excelso propósito que ahora mismo se está cumpliendo! ¡Loor, honor y gloria sean a Dios y a Jesucristo por siempre!
Completado el extraordinario plan maestro de 7.000 años, revelado por fin el gran misterio de los siglos, y con la renovación del vasto universo y la eternidad ante nosotros, llegamos por fin al… COMIENZO.
HERBERT W. ARMSTRONG fue reconocido y respetado mundialmente por jefes de estado, industriales y educadores. Hasta su muerte en enero de 1986, fue el pastor general de la Iglesia de Dios Universal y el director ejecutivo de la revista La Pura Verdad, la cual empezó a publicar en 1934. En 1947 el Sr. Armstrong fundó la Institución Ambassador en Pasadena, California, EE.UU. Fue también el fundador y director de la Fundación Cultural Internacional Ambassador, conocida por sus actividades culturales, caritativas y humanitarias. Herbert W. Armstrong visitó más de 70 países proclamando el evangelio del reino de Dios y recibió altos honores por parte de los dirigentes de naciones tan diversas como Japón, India, Tailandia, Egipto, China, Israel y varios países del Africa y la América Latina. Aun con más de 90 años de edad, Herbert W. Armstrong siguió trabajando infatigablemente, no sólo como orador y escritor sino en sus programas de radio y televisión. Durante más de medio siglo anunció las buenas noticias de la ya próxima intervención de Dios, en la presente generación, para evitar la aniquilación del género humano.
Spanish: Mystery of the Ages
ISBN 0-943093-10-4
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Acerca de la CCOG
La Continuación de la Iglesia de Dios, que intenta representar al remanente más fiel de la porción de Filadelfia (Apocalipsis 3: 7) de la Iglesia de Dios, basa sus creencias en la Sagrada Biblia. Lea la Declaración de Creencias de la CCOG para más información Declaración de las Doctrinas de la Continuación de la Iglesia de Dios.