¿Procede el cargo de ‘Cardenal’ de la Biblia o de alguna otra parte?

¿Procede el cargo de ‘Cardenal’ de la Biblia o de alguna otra parte?

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Vestimentas de Cardenal

COGwriter

Los Cardenales tienen una posición alta en la Iglesia de Roma.

En tiempos recientes, los papas han tenido el cargo de cardenales antes de su elección como pontifex maximus (un título no bíblico que vino del paganismo).

El término ‘cardenal’ no se encuentra en ninguna versión de la Sagrada Biblia.

En cuanto hace a los cardenales, la palabra procede de un término que significa gozne de acuerdo al diccionario Hoghton Mifflin y a La Enciclopedia Católica:

Latín, servir como gozne, de card, cardin-, gozne [bisagra] (http://education.yahoo.com/reference/dictionary/entry/cardinal)

Por el término cardenal (Cardinalis) …un cardo eclesiástico (Lat. para gozne). cyclopedia. Vol. 3. New York: Robert Appleton Company, 1908. 22 Feb. 2014 <http://www.newadvent.org/cathen/03333b.htm>.)

¿Por qué es eso importante?

Dos razones.

Primer, este término no viene de la Biblia (yo también hice una investigación en la Douay Rheims, y no está allí tampoco).

Segundo, él procede del paganismo.

Aquí está algo de lo que Alexander Hislop reportó acerca de eso:

Si hay algunos que crean que hay alguna virtud oculta y misteriosa en una sucesión apostólica que ha pasado por el papado, que consideren seriamente entonces el verdadero carácter de las disposiciones emanadas del Papa y de sus obispos y clerecía. Puede demostrarse que todo, del Papa hacia abajo, es ahora radicalmente babilónico. El Colegio de Cardenales, con el Papa a la cabeza, es apenas el duplicado del pagano Colegio de los Pontífices, con su ‘Pontifex Maximus’, o ‘Soberano Pontífice’, que existió en Roma desde tiempos muy remotos, y que se sabe que había tomado como modelo original el gran Concilio de los Pontífices de Babilonia. El Papa pretende tener ahora la supremacía en la Iglesia como sucesor de Pedro, a quien se alega que nuestro Señor le entregó exclusivamente las llaves del Reino del Cielo. Pero el hecho importante está en que, hasta que el Papa fue investido con el título, al que durante mil años se le había atribuido el poder de las llaves de Jano y Cibeles, ningún derecho papal preeminente, o algo que se le pareciera, se hizo público alguna vez por parte suya, por ser el poseedor de las llaves dadas a Pedro…

Fue solamente en el siglo segundo de la era cristiana cuando se introdujo en Roma, con tal nombre, el culto de Cibeles; pero la misma diosa con el nombre de Cardea y con el “poder de la llave” era adorada en Roma, junto con Jano, desde muchos siglos antes. — OVIDIO, Fastos, vol. III. l. 101, p. 340.

Muy pronto, en verdad, los obispos de Roma hicieron gala de un espíritu soberbio y ambicioso; pero durante los tres primeros siglos, su pretensión a un honor más alto, se fundamentaba simplemente en la dignidad de su sede, por ser ésta la de la ciudad imperial, la capital del mundo romano. Sin embargo, cuando la sede del imperio fue trasladada al Oriente, y Constantinopla amenazaba con eclipsar a Roma, debía buscarse un nuevo asidero para mantener la dignidad del Obispo de Roma. Ese nuevo asidero se encontró cuando, hacia el año 378 D.C., le correspondió al Papa ser el heredero de las llaves que eran los símbolos de las bien conocidas divinidades paganas de Roma. Jano llevaba una de las llaves, y Cibeles la otra; y estas son las dos llaves que el Papa ostenta en su escudo de armas como insignias de autoridad espiritual. A continuación se verá de qué manera llegó a ser considerado el Papa como el usufructuario de dichas llaves, siendo indudable lo que él logró en la creencia popular al ser investido de tal poder en el período señalado. Cuando en concepto de los paganos, él había llegado a ocupar el lugar de los representantes de Jano y Cibeles y, por tanto, estaba autorizado para usar sus llaves, el Papa vio entonces que podía hacer creer entre los cristianos que únicamente Pedro tenía el poder de las llaves, y que él era el sucesor de Pedro, manteniendo el engaño con la exhibición de dichas llaves; y así, aunque hubiera decaído la dignidad temporal de Roma como ciudad, su propia dignidad como Obispo de Roma se había establecido más firmemente que nunca. Es evidente que él actuó siguiendo esta política. Se dejó que pasara algún tiempo; y después, cuando la obra secreta del Misterio de Iniquidad hubo preparado el camino para ello, el Papa hizo por primera vez la afirmación pública de su preeminencia, fundamentada en las llaves dadas a Pedro. Hacia el año 378 fue elevado al lugar a que le daba derecho, según el concepto pagano, el poder de las llaves mencionadas. En el año 431, y no antes, hizo pública manifestación laica de la posesión de las llaves de Pedro. Seguramente, sea esta una coincidencia sorprendente. El lector se preguntará, ¿cómo fue posible que los hombres pudieran dar crédito a tal presunción? Con respecto a este asunto, las palabras de las Escrituras dan una solemnísima y satisfactoria respuesta (2 Tesalonicenses 2:10,11): “Por cuanto no recibieron el amor de la verdad para ser salvos. Por esto Dios les envía un poder engañoso, para que crean la mentira.” Y pocas mentiras podrían ser más grandes; pero, con el paso del tiempo, llegó a ser creída ampliamente. Ahora, cuando en Roma se adora la estatua de Júpiter como la imagen verdadera de Pedro, así también se cree devotamente que las llaves de Jano y Cibeles representan las llaves del mismo apóstol…

Al sacerdote que explicaba los Misterios a los iniciados se le llamaba a veces con el nombre griego de Hierofante; pero en caldeo primitivo, que era el verdadero lenguaje de los Misterios, su título, pronunciado sin los puntos, era “Pedro”, es decir, “el Intérprete”. Como revelador de lo que estaba oculto, nada más natural que ese nombre; mientras que, para abrir la doctrina esotérica de los Misterios, sería condecorado con las llaves de las dos divinidades cuyos misterios revelaba…

Así, por un mero juego de palabras, se mezclaron personas y cosas esencialmente diferentes; y se revolvió paganismo con cristianismo, para que pudiera ser gratificada la dominante ambición de sacerdotes perversos; y así, mientras que para los enceguecidos cristianos de la apostasía, el Papa era el representante de Pedro, el apóstol; para los paganos iniciados, sólo era el representante de Pedro, el intérprete de sus bien conocidos Misterios. De este modo, el Papa se convirtió en la copia exacta de “Jano, el dios de las dos caras.” ¡Cuán significativa resulta la enfática expresión bíblica “el Misterio de Iniquidad” aplicada al papado!

El lector estará preparado ahora para comprender la razón por la cual el Gran Departamento de Estado que asiste al Papa en el gobierno de la Iglesia, ha llegado a llamarse Colegio de Cardenales. El término cardenal se deriva de Cardo, bisagra. Jano, cuya llave lleva el Papa, era el dios de las puertas y de las bisagras, y se le llamó Patulcius y Clusius, “el que abre y el que cierra”. Esto tenía un significado blasfemo, porque a él se le adoraba en Roma como el gran mediador. Para cualquier negocio importante que se llevara a cabo entre los romanos, para invocar a cualquier deidad, primero que todo debía hacerse una invocación dirigida a Jano,15 que era reconocido como el “Dios de los dioses”, en cuya misteriosa divinidad se combinaban los caracteres del padre y del hijo, y sin lo cual no podía ser escuchada ninguna oración, pues no podía ser abierta la “puerta del cielo2. Este era el mismo dios cuyo culto predominaba en Asia Menor en el momento en que el Señor envió, por medio de su siervo Juan, los siete mensajes del Apocalipsis a las iglesias establecidas en esa región. Y, por esto, encontramos en uno de esos mensajes que El reprocha tácitamente el que se hubiera atribuido paganamente Su propia y particular dignidad a dicha divinidad, y hace valer Su derecho exclusivo a la prerrogativa atribuida generalmente a Su rival. Así que, en Apocalipsis 3:7, se dice: “Y escribe al ángel de la iglesia que está en Filadelfia: El Santo y Verdadero, que tiene la llave de David; que abre, y ninguno cierra; que cierra, y ninguno abre”. A este Jano, adorado en Asia Menor, e igualmente en Roma, desde tiempos remotos, como mediador, le pertenecía el gobierno del mundo, y tenía absolutamente “todo poder en el cielo, en la tierra, y en el mar”, según las ideas paganas. En tal carácter, se decía que él tenía “jus vertendi cardinis”, “el poder de hacer girar la bisagra” – de abrir y de cerrar las puertas de la paz o de la guerra sobre la tierra. Por tanto, el Papa cuando fue establecido como sumo sacerdote de Jano asumió también el “jus vertendi cardinis”, “el poder de hacer girar la bisagra”,– de abrir y de cerrar en el blasfemo sentido pagano. Al principio, este poder se hizo valer lenta y cautelosamente, pero al imponerse con constancia, siglo tras siglo, su establecimiento, se convirtió en la gran superestructura del poder sacerdotal erigido sobre él. Los paganos, que veían las grandes zancadas que estaba dando el cristianismo profesado en Roma, bajo la dirección del Papa, hacia el paganismo, estaban más que satisfechos, y reconocían al Papa como el poseedor de tal poder; lo animaban de buena gana para que alcanzara, paso a paso, la plena estatura de las pretensiones blasfemas dignas del representante de Jano, pretensiones que, como lo saben todos los hombres, se le reconocen ahora, con el beneplácito unánime de la cristiandad apóstata occidental, como inherentes al oficio del Obispo de Roma. Sin embargo, se necesitó de la cooperación de otros para animar al Papa con el fin de que alcanzara la total plenitud del poder que él hace valer ahora. Cuando se incrementó su poder, cuando su dominio se extendió y, especialmente, después de que llegó a ser un soberano temporal, la llave de Jano se hizo demasiado pesada para sus solas manos, necesitando de alguien que compartiera con él el poder de la “bisagra”. De aquí que sus consejeros privados, sus altos funcionarios de estado, asociados con él en el gobierno de la Iglesia y del mundo, tomaron el ahora bien conocido nombre de “Cardenales”, o los sacerdotes de la “bisagra”. Este título lo habían llevado antes los altos funcionarios del emperador romano quien, como “Pontifex Maximus”, era de por sí el representante de Jano, y delegaba sus poderes en sus siervos. Aun en el reinado de Teodosio, el emperador cristiano de Roma, su primer ministro llevaba el título de Cardenal. Pero ahora, tanto el nombre como el poder asignados a tal título, han desaparecido, desde hace tiempos, para los funcionarios civiles de los soberanos temporales; y únicamente aquellos que ayudan al Papa a empuñar la llave de Jano – los que abren y cierran – se conocen por el nombre de Cardenales, o sacerdotes de la “bisagra”…

¿Recibe el Papa la adoración de los Cardenales? El rey de Babilonia, como Soberano Pontífice, era adorado de igual manera…

La mitra del Papa es totalmente diferente a la mitra de Aarón y de los sumos sacerdotes judíos, pues esa mitra era un turbante. La mitra de dos puntas que usa el Papa cuando se sienta en el trono elevado de Roma para recibir la adoración de los Cardenales, es la misma mitra usada por Dagón, el dios-pez de los filisteos y de los babilonios. De dos maneras se representaba antiguamente a Dagón. Una era cuando se le representaba como medio hombre y medio pez; la parte superior completamente humana, y la inferior terminada en la cola de un pez. La otra era cuando, para usar las palabras de Layard, “la cabeza del pez formaba una mitra sobre la del hombre, mientras su escamosa cola, a modo de abanico, caía por detrás como una túnica, dejando al descubierto los miembros y los pies”. Esta es la representación de Dagón que Layard trae en su última obra, y que aparece aquí (Fig. 48) para el lector. Y nadie que examine esta mitra y la compare con la del Papa, tal como se da en Horae de Elliot, podrá dudar ni por un momento, que de esa fuente y de ninguna otra, se ha tomado la mitra pontifical.

La mitra/sombrero mostrada en la foto al comienzo de este correo es una versión del ‘sombrero de pez’ que Alexander Hislop dice que vino del paganismo.

La Biblia muestra que los adoradores de Dagón fueron destruidos por Sansón (Jueces 16: 23-30).

Algunos de sus ornamentos no fueron adoptados hasta más de 1000 años después de que murió Jesús de acuerdo a La Enciclopedia Católica:

Principal entre las insignias del cardenal está el sombrero rojo, usado primero por el legati a latere (cardenal enviado del papa). Él fue concedido a los cardenales seculares por Inocencio IV en el Sínodo de Lyon en 1245, y a los cardenales religiosos por Gregorio XIV en 1591; los últimos, debe anotarse, continúan usando el hábito distintivo de su orden (Barmgarten, “Die Übersendung des rothen Hutes” en “Hist. Jahrbuch”, XXVI, 99 ss.). Ellos también usan la biretta roja (escarlata), que fue concedida a ellos, probablemente, por Pablo II (1464-71). Ellos también tienen el derecho a usar el escarlata, particularmente un manto escarlata, que de acuerdo a la tradición fue probablemente concedido a ellos por Bonifacio VIII (1294-1303). Ellos también usan un anillo con una piedra de zafiro, y usan el ombrellino que es sostenido sobre ellos cuando quiera que ellos dejan sus carruajes para acompañar con la cabeza descubierta al Santísimo Sacramento, si por casualidad ellos se lo encuentran en su camino. En sus iglesias titulares un baldacchino cubre el trono cardenalicio, y ellos tienen el derecho de usar en estas iglesias los ornamentos episcopales, p. ej., la mitra de seda de damasco (desde Pablo II), el báculo y la cruz pectoral. (Sägmüller, Johannes Baptist. “Cardinal.” The Catholic Encyclopedia. Vol. 3. New York: Robert Appleton Company, 1908. 22 Feb. 2014 <http://www.newadvent.org/cathen/03333b.htm>.)

Los cardenales proceden del paganismo. Las vestimentas que ellos usan no fueron adoptadas hasta al menos el siglo cuarto por la Iglesia de Roma (ver también ¿Eran los primeros deberes de los ancianos/pastores principalmente sacramentales? ¿Cuál era su vestido?). Esencialmente, ellos son una combinación de restos de adoración de Mithras y Dagón, y tomó incluso más centurias para que ellos se desarrollaran en la posición que ellos tienen ahora. Por supuesto, eso también ayuda a probar que esa precisa posición no vino de la Biblia y que tales vestimentas que ellas usan no eran usadas por los apóstoles originales ni por ningún otro primer líder cristiano.

Los cardenales, y sus ornamentos, fueron adaptados del paganismo. Esta es una de las principales razones para considerar que el final Anticristo reclamará lazos con la Iglesia de Roma. Me gustaría enfatizar que este líder RECLAMARÁ lazos con Roma, pero finalmente traicionará a la Iglesia sobre las Siete Colinas puesto que eso parece estar establecido en Apocalipsis 13, 17 y 19.

El oficio de Cardenal no viene de la Biblia. Él viene del paganismo. Los cardenales también se visten en la forma como lo hacían líderes paganos, y no como lo hacían los primeros apóstoles.

Publicado en: Enseñanzas