El Instituto del Templo, las hijas de Zelofejad, y los derechos de las mujeres

El Instituto del Templo, las hijas de Zelofejad, y los derechos de las mujeres

Representación artística de las ‘Hijas de Zelofejad’ ante Moisés (Wikipedia)

 

COGwriter

 

El Instituto del Templo (una organización judía) envió lo siguiente:

“Las hijas de Zelofejad hablan correctamente!”

(Números 27: 7)

Tammuz 16, 5779/julio 19, 2019

La lectura de la Torah para esta semana, Pinchas, podría fácilmente llevar el subtítulo “Perfiles de Coraje”. …

El segundo acto de coraje que ocurre en nuestra parasha fue llevado a cabo por las cinco hijas de Zelofejad – Majla, Noa, Hogla, Milca y Tirsa. Su padre había muerto sin tener un hijo, y como estaban las cosas, esto es, como había estipulado la Torah, él no tenía a nadie que heredara su porción en la tierra de Israel. Las cinco hermanas se acercaron a Moisés y cuestionaron esta ley, diciendo a Moisés, “Nuestro padre murió en el desierto, pero él no participó con los del grupo de Coré que se juntaron contra Jehovah, sino que murió por su propio pecado; y no tuvo hijos. 4 ¿Por qué ha de ser quitado el nombre de nuestro padre de su clan, por no haber tenido un hijo varón? Danos heredad entre los hermanos de nuestro padre.” (ibid 27: 3-4) Las cinco hermanas mostraron valor simplemente presentándose ante Moisés, puesto que esto no tenía precedentes. Nosotros no habíamos escuchado una cosa semejante en la sociedad patriarcal del campamento del desierto. Si Miriam hubiera estado viva ellas podrían haber pedido primero a ella su ayuda, pero Miriam ya no estaba más. Ellas fueron directamente a Moisés. Pero incluso más valerosamente, ellas apelaron directamente a D-ios, vía los buenos oficios de Moisés. Como Pinchas, las cinco hermanas, Majla, Noa, Hogla, Milca y Tirsa, eran de la inconmovible convicción de que su deseo era el deseo de D-ios, que lo que ellas estaban pidiendo era lo que D-ios deseaba para ellas. Y, como en el caso de Pinchas, D-ios testificó directamente a su justicia: “Las hijas de Zelofejad hablan correctamente!” (ibid 27: 7) Y así fue. En respuesta a su queja D-ios dictó a Moisés un addendum a las leyes de herencia de la Torah, que como la entrada de Pinchas al kehunah, permanecería, desde ese día en adelante, para siempre.

(Estas mujeres son llamadas las “hijas de Zelofejad” en Números 27: 1, NKJV.)

Sí, las mujeres tienen derechos – y el Nuevo Testamento también muestra que muchas mujeres tuvieron valor (cf. Hebreos 11).

Tristemente, si usted cree a muchos de los políticos de los EE.UU., el “derecho fundamental” de una mujer es el derecho a matar a cualquier niño que ella pueda concebir – y aunque una mujer tiene derecho a escoger si casarse o no, ella no tiene el derecho a matar por la vía del aborto o del infanticidio.

Jesús entendía los verdaderos roles y derechos de las mujeres.

Ahora, en el tiempo de Jesús, una de las tres declaraciones de rutina que los varones judíos hacían en la sinagoga en sus oraciones de la mañana era, “Gracias a Dios yo no soy una mujer”.

Adicionalmente, en una exposición rabínica de la ley judía, fueron escritas estas palabras:

“Un hombre debería incluso evitar a las mujeres; de esta manra él nunca debería hacerles a ellas ningún gesto, sea con sus manos o con sus pies, ni guiñarles el ojo, ni charlar con ellas.

“Un hombre no debe saludar a una mujer bajo ninguna circunstancia, y le está prohibido dirigir sus saludos a ellas incluso a través de su esposo” (Ganzfried S. Traducido por Hyman Goldin. Code of Jewish Law. Volume IV, Chapter 152, Verses 8,9, Hebrew Publishing Company, NY, 2004, p. 20).

No obstante estas “leyes” no se encontraban en la Biblia, pero fueron a menudo generalmente entendidas como tradiciones inapropiadas de los hombres en el tiempo de Cristo.

Jesús denunció las tradiciones judías que estaban en conflicto con los mandamientos de Dios (p. ej. Mateo 15: 3) y trató a las mujeres de manera diferente a como los líderes judíos de Sus días hacían.

Algunos de los líderes judíos veían limitadamente bien a las mujeres:

Rabbi Hiya enseñó: Una mujer es sólo para la belleza, o sólo por causa de los hijos que ella puede tener. (Gemara como citado en El Talmud de Babilonia en selección, por Leo Auerbach, [1944], pp. 164-165. http://www.sacred-texts.com/jud/bata/bata10.htm viewed 08/15/13)

Pero las mujeres son más valiosas que simplemente por ser objetos de belleza para tener hijos.

La Biblia dice que Jesús fue sin pecado (Hebreos 4: 15; 1 Pe4dro 2: 22), y a menudo mostró que Él rehusó tomar parte en varias leyes añadidas de tradición judía (Marcos 7: 5-13).

Y esto incluía las tradiciones judías que involucraban a las mujeres.

Note Juan 4: 7-19:

7 Una mujer de Samaria vino a sacar agua. Jesús le dijo a ella, “Dame de beber”. 8 Pues sus discípulos se habían ido a la ciudad a comprar alimentos.

9 Entonces la mujer de Samaria le dijo a Él: “Cómo es que Tú, siendo judío, me pides de beber a mí, una mujer samaritana?” Pues los judíos no tienen ningún trato con los samaritanos.

En el relato anterior, Jesús violó dos tradiciones judías no bíblicas al mismo tiempo: Él saluda a una mujer y tiene interacciones con una extranjera. E incluso esta mujer extranjera sabía que esta no era la práctica usual de los judíos.

Jesús incluso fue un paso más allá y comenzó a hablar con ella acerca de temas relacionados con la religión y la salvación. Por lo tanto, Él consideraba que las mujeres eran tan dignas y capaces como los hombres en el área. Y aunque esto puede parecer auto-evidente, esto no parece haber sido la práctica usual entre los líderes religiosos judíos de Sus días.

Adicionalmente, esa mujer, una extranjera, se dio cuenta de que Jesús era el Mesías antes de que muchos hombres lo hicieran:

10 Jesús le respondió y le dijo a ella, “Si tu conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice a ti ‘Dame de beber’, tu le pedirías a Él, y Él te daría a ti agua viva”.

11 La mujer le dijo: —Señor, no tienes con qué sacar, y el pozo es hondo. ¿De dónde, pues, tienes el agua viva? 12 ¿Acaso eres tú mayor que nuestro padre Jacob quien nos dio este pozo y quien bebió de él, y también sus hijos y su ganado? 13 Respondió Jesús y le dijo: —Todo el que bebe de esta agua volverá a tener sed. 14 Pero cualquiera que beba del agua que yo le daré, nunca más tendrá sed, sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna. 15 La mujer le dijo: —Señor, dame esta agua, para que no tenga sed, ni venga más acá a sacarla. 16 Jesús le dijo: —Vé, llama a tu marido y ven acá. 17 Respondió la mujer y le dijo: —No tengo marido. Le dijo Jesús: —Bien has dicho: “No tengo marido”; 18 porque cinco maridos has tenido, y el que tienes ahora no es tu marido. Esto has dicho con verdad. 19 Le dijo la mujer: —Señor, veo que tú eres profeta. 20 Nuestros padres adoraron en este monte, y vosotros decís que en Jerusalén está el lugar donde se debe adorar. 21 Jesús le dijo: —Créeme, mujer, que la hora viene cuando ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre. 22 Vosotros adoráis lo que no sabéis; nosotros adoramos lo que sabemos, porque la salvación procede de los judíos. 23 Pero la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre busca a tales que le adoren. 24 Dios es espíritu; y es necesario que los que le adoran, le adoren en espíritu y en verdad. 25 Le dijo la mujer: —Sé que viene el Mesías—que es llamado el Cristo—. Cuando él venga, nos declarará todas las cosas. 26 Jesús le dijo: —Yo soy, el que habla contigo.” (Juan 4: 10-26)

Jesús claramente sintió que la mujer tenía el derecho a que se le diera respuesta a algunas preguntas.

Esa mujer dio testimonio de Jesús que otros creyeron:

39 Y muchos de los Samaritanos de esa ciudad creyeron en Él a causa de la palabra de la mujer que testificó, “Él me dijo todo lo que yo había hecho alguna vez”.

40 Así cuando los Samaritanos hubieron venido a Él, ellos le urgieron a permanecer con ellos; y Él permaneció allí dos días. 41 Y muchos creyeron a causa de Su propia palabra. (Juan 4: 39-41)

Así una mujer extranjera, y otros extranjeros, que tenían alguna familiaridad con las Escrituras, creyeron.

Note que Jesús tuvo que enseñar algo a los Saduceos, quienes tendían a ser sacerdotes, que ellos no habían captado. Él corrigió su pobre entendimiento doctrinal:

23 Aquel día se le acercaron unos saduceos, quienes dicen que no hay resurrección, y le preguntaron diciendo: 24 —Maestro, Moisés dijo: Si alguno muere sin tener hijos, su hermano se casará con su mujer y levantará descendencia a su hermano. 25 Había, pues, siete hermanos entre nosotros. El primero tomó mujer y murió, y como no tenía descendencia, dejó su mujer a su hermano. 26 De la misma manera sucedió también con el segundo y el tercero, hasta los siete. 27 Después de todos, murió también la mujer. 28 En la resurrección, puesto que todos la tuvieron, ¿de cuál de los siete será mujer? 29 Entonces respondió Jesús y les dijo: —Erráis porque no conocéis las Escrituras, ni tampoco el poder de Dios; 30 porque en la resurrección no se casan ni se dan en casamiento, sino que son como los ángeles que están en el cielo. 31 Y acerca de la resurrección de los muertos, ¿no habéis leído lo que os fue dicho por Dios? 32 Yo soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob. Dios no es Dios de muertos, sino de vivos. (Mateo 22: 23-32)

De esta forma, muchas personas estuvieron sorprendidas de que Jesús NO relegara a una mujer resucitada a ser inferior a un hombre. Este era un radical apartamiento de las tradiciones no bíblicas que ellos mantenían.

Las mujeres tienen el mismo potencial espiritual que los hombres (p. ej. vea ¿Cuál es su Destino? ¿La Deidificación? ¿Enseñaba la primera Iglesia que los cristianos llegarían a convertirse en Dios?).

Aquellos que no reconocen esto no conocen “las Escrituras ni el poder de Dios”.

En cuanto al papel de las mujeres en la iglesia y más derechos específicos, revise el artículo: Las mujeres y la Iglesia del Nuevo Testamento. Un sermón relacionado también está disponible: Los papeles de las mujeres en la Iglesia.

 

 

 

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